la vida en el salvaje Oeste

La Fiebre del Oro de California en 1848

La noticia de un sensacional hallazgo de oro al noreste de San Francisco dio inicio en todo el mundo a una frenética carrera para hacerse con el metal precioso, lo que provocó en la costa oeste de Estados Unidos la llegada de varias oleadas de miles de personas dispuestas a cualquier cosa con tal de enriquecerse.

Un grupo de buscadores de oro en California. Grabado de Underground Life.

Un grupo de buscadores de oro en California. Grabado de Underground Life.

Un grupo de buscadores de oro en California. Grabado de Underground Life.

Foto: Cordon Press

A principios de 1848, James W. Marshall se encontraba en Coloma, un pequeño pueblo de Sierra Nevada, 80 kilómetros al noreste de San Francisco. Desde que había partido de su casa en Nueva Jersey, en 1834, llevaba catorce años intentando robar un pedazo del "sueño americano" a su destino. Durante aquel tiempo había trabajado de agricultor, ganadero y oficial de aserradero, y había servido de voluntario en la guerra

contra México de 1846, que supuso la anexión de California a Estados Unidos. Marshall se estableció luego en Coloma para buscar fortuna en la industria de la madera. En asociación con un empresario local, John Sutter, inició la construcción de un aserradero.

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Marshall encuentra oro

El 24 de enero de 1848, Marshall se levantó por la mañana con la idea de solucionar los problemas de la bomba hidráulica para el aserradero. Al acercarse al río se puso a observar los reflejos del sol en el agua cristalina, hasta que unos centelleos en el fondo le hicieron lanzarse directamente a la corriente. Cuando sus dedos temblorosos limpiaron la tierra de la mano, un metal parecido al cobre brilló con fuerza bajo la luminosa mañana. Marshall salió del río empapado y se dirigió corriendo hacia uno de los hombres de la serrería, llamado Scott. "Lo he en- contrado", le dijo, con las manos extendidas. "¿Qué es esto?", preguntó su compañero. "Es oro", respondió Marshall.

Sin saberlo, acababa de dar el pistoletazo de salida a la mayor "fiebre del oro" del siglo XIX. Nada volvería a ser lo mismo en California, y más de 300.000 hombres, mujeres y niños recorrerían mares, océanos, desiertos y bosques para conseguir su pequeño pedazo de felicidad dorada.

El Gobierno federal construyó una casa de la moneda en Dahlonega para intentar regular las importantes cantidades de oro extraídas.

Buscadores de oro en un río. Grabado.

Buscadores de oro en un río. Grabado.

Buscadores de oro en un río. Grabado.

Foto: iStock

El gold rush o fiebre del oro no era nada nuevo en la corta historia de Estados Unidos. En 1828, el descubrimiento de oro en el estado de Georgia produjo un éxodo masivo hacia el norte de Blairsville, una pequeña localidad situada al sur de las montañas Apalaches, en pleno territorio cherokee. Las autoridades de Georgia no dudaron en crear una Lotería del Oro para repartir las tierras de los indios entre los miles de mineros que habían llegado al estado. El Gobierno federal construyó una casa de la moneda en Dahlonega para intentar regular las importantes cantidades de oro extraídas. Los indios fueron arrancados de sus tierras y enviados en condiciones infrahumanas a Oklahoma. En el "sueño americano" no había espacio para los habitantes aborígenes de Estados Unidos.

¡Todos a por el oro!

La primera reacción de Marshall fue llevar sus pepitas a Fort Sutter para con- firmar con su socio su autenticidad. Temía que la noticia se difundiera y que sus sueños de crear una plantación agrícola se vieran frustrados por una avalancha indiscriminada de aventureros y buscadores de oro. Pero, pese a sus precauciones, los rumores se extendieron rápidamente por Sutter hasta llegar a oi��dos de algunos periodistas de la ciudad de San Francisco.

Marshall temía que la noticia se difundiera y llegase una avalancha indiscriminada de aventureros y buscadores de oro.

Samuel Brannan, editor y comerciante, descubrió su propio filón y publicó una noticia sobre el descubrimiento de oro en California. El 19 de agosto de 1848, el New York Herald informó en un amplio artículo sobre el hallazgo de oro en California y el presidente de Estados Unidos, James Polk, presentó poco después un informe al Congreso confirmando el hecho.

Dos hombres criban tierra junto a un río en busca del preciado oro. Fotografía tomada en 1898.

Dos hombres criban tierra junto a un río en busca del preciado oro. Fotografía tomada en 1898.

Dos hombres criban tierra junto a un río en busca del preciado oro. Fotografía tomada en 1898.

Foto: PD

Los primeros inmigrantes provenían de las zonas circundantes. Eran habitantes de California y de los territorios limítrofes que llegaron en diferentes oleadas a lo largo de 1848. Los Forty-Eighters, "los del 48", reunieron en pocas semanas grandes cantidades de oro. Un periódico resumía el impacto del descubrimiento en esos meses: "Desde San Francisco a Los Ángeles, desde el paseo marítimo hasta las montañas de Sierra Nevada, por todo el país resuena el grito sórdido: '¡Oro, oro!', mientras el campo queda a medio plantar, la casa a medio construir y todo se abandona excepto la fabricación de picos y palas".

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Avalancha de buscadores

Como temían Marshall y otros, la llegada de cientos de miles de personas a un territorio prácticamente despoblado destruyó la forma de vida de condados enteros. Se sabía, por la experiencia de anteriores fiebres, que detrás de la gran masa de mineros y aprendices de minero llegaban vagabundos, delincuentes y prostitutas para hacerse con su parte de la riqueza extraída. Y la Fiebre del Oro en California no fue una excepción.

Detrás de la gran masa de mineros y aprendices de minero llegaban vagabundos, delincuentes y prostitutas.

Para explicar la inmediata y masiva llegada de buscadores de oro a California hay que tener en cuenta diversos factores. Uno de ellos fue el impacto de los medios de comunicación, en una época en que las noticias corrían rápidamente de un lugar a otro gracias a la prensa escrita y el telégrafo. Contribuyó a ello, asimismo, el malestar social y el deseo de muchas personas de mejorar su situación económica. El oro, además, constituía entonces la base de la economía mundial, ya que el patrón oro sostenía el sistema monetario. Gracias a la mejora en los medios de transporte, por último, el mundo se convertía en un lugar más pequeño, y los viajes eran más rápidos y su precio resultaba más asequible.

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La segunda avalancha

Fue así como un año después llegó la segunda oleada de inmigrantes, procedente de zonas más lejanas. Los californianos los llamaron despectivamente Forty-Niners, "los del 49". La diversidad racial, cultural y social de estos aventureros era sorprendente. Gentes de Oregón, Hawái y varios países de Hispanoamérica se hacinaban en condiciones infrahumanas y a precios exorbitantes en las ciudades próximas a los yacimientos, convirtiendo de la noche a la mañana a todo tipo de propietarios sin escrúpulos en hombres ricos.

En 1849 llegó la segunda oleada de inmigrantes, procedente de zonas más lejanas.

Cartel donde se anuncia el viaje desde Nueva York a San Francisco. En él aparecen buscadores de oro.

Cartel donde se anuncia el viaje desde Nueva York a San Francisco. En él aparecen buscadores de oro.

Cartel donde se anuncia el viaje desde Nueva York a San Francisco. En él aparecen buscadores de oro.

Foto: PD

La mayor parte de los inmigrantes llegaba por mar, muchos desde la costa este de Estados Unidos; a estos se los conocía con el nombre de Argonautas, dado que debían recorrer toda la costa de Sudamérica hasta alcanzar California después de un agotador viaje en barco que duraba entre cinco y ocho meses. A lo largo de 1849 continuó la llegada masiva de mineros desde los lugares más remotos, como Nueva Zelanda, Australia o China. De Europa vinieron miles de franceses, ingleses, alemanes e italianos. Fue la primera fiebre del oro que se extendió por todo el mundo.

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El reparto de un lucrativo negocio

La Fiebre del Oro tuvo una profunda repercusión económica en toda California. San Francisco, que antes de 1848 era prácticamente una aldea de apenas 500 habitantes, se convirtió en el plazo de un año en una ciudad de 25.000. El descubrimiento del oro impulsó el desarrollo casi espontáneo de la costa oeste de Estados Unidos, contribuyendo decisivamente a la colonización del vasto territorio arrebatado a México pocos años antes. El vacío legal en que se encontraba California, anexada a EE. UU. pero no constituida en estado hasta 1850, facilitó el establecimiento de los inmigrantes y el reparto de las concesiones mineras, aunque también propició los enfrentamientos violentos entre mineros y la formación de todo tipo de mafias.

El vacío legal en que se encontraba California facilitó el establecimiento de los inmigrantes y el reparto de las concesiones mineras.

Campamento de buscadores de oro en California en 1849. Grabado.

Campamento de buscadores de oro en California en 1849. Grabado.

Campamento de buscadores de oro en California en 1849. Grabado.

Foto: Cordon Press

A partir de 1855, las cantidades de oro descubiertas disminuyeron y fueron los grandes empresarios los que se hicieron con las concesiones, puesto que la extracción, convertida en una auténtica industria, requería una inversión previa que los mineros modestos no podían afrontar. El oro de California se repartió por varias naciones, sobre todo en los países de procedencia de los mineros, pero gran parte se quedó en Estados Unidos, una joven nación a la que enriqueció enormemente y cuya moneda fortaleció.

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