el ángel de la muerte

Josef Mengele, el cruel médico nazi de Auschwitz

Obsesionado por mejorar la raza aria, el médico nazi Josef Mengele realizó crueles y espantosos experimentos en su laboratorio del campo de exterminio de Auschwitz. Su frialdad y falta de compasión le valieron el sobrenombre de El Ángel de la Muerte. Pero este criminal nazi nunca pagó por sus crímenes. Tras lograr escapar de quienes le buscaban para juzgarle, Mengele pasaría el resto de su vida oculto en Argentina y Brasil.

Imagen de Josef Mengele tomada el campo de exterminio de Auschwitz alrededor de los años 40.

Foto: Cordon Press

El nombre del médico nazi Josef Mengele, nacido el 16 de marzo de 1911 en Günzburg, Baviera, ha pasado por derecho propio a formar parte de la nómina de personajes siniestros de la historia, caracterizados por su sadismo y maldad. Apodado por los presos en los campos de exterminio como el Ángel de la Muerte, Mengele realizó, durante años, crueles e inhumanos experimentos con la firme intención no solo de hacer desaparecer lo que él consideraba "razas inferiores", sino también de perpetuar y acrecentar el desarrollo de la "raza aria".

¿Nazi por interés?

En su novela La desaparición de Josef Mengele, el escritor francés Olivier Guez presenta al lúgubre médico nazi más como un hombre tremendamente arrogante que como un psicópata. Según declaró Guez en una entrevista al diario El Mundo en 2018, para él "Mengele no fue exactamente un jefe nazi. Fue un capitán entre miles; un médico nazi entre cientos de ellos. Lo veo como a un hombre sin propiedades, un tipo mediocre, con aspiraciones mediocres. No fue un nazi por vocación; sólo cuando vio que el Reich iba a durar, entró en el partido para medrar. Bastante tarde. Sus motivaciones son siempre egoístas: como quiere tener éxito en su carrera, va a Auschwitz a trabajar con humanos en vez de con cobayas. Era un atajo hacia la cátedra, que era su objetivo. Así que no creo que estuviera predestinado al mal. Si hubiese nacido 15 años más tarde, habría sido un bastardo, un mal marido, un mal profesor, un mal padre... Pero como tantos. No hubiese sido un asesino en masa".

Mengele no fue exactamente un jefe nazi. Fue un capitán entre miles; un médico nazi entre cientos de ellos. Lo veo como a un hombre sin propiedades, un tipo mediocre, con aspiraciones mediocres, declaró el escritor Olivier Guez en una entrevista.

En la época en que Mengele cursó sus estudios en la Universidad de Múnich, el Partido Nazi ya era la segunda fuerza en el parlamento alemán. En 1937 se convirtió en asistente del genetista Otmar Von Verschuer, cuyas investigaciones con gemelos eran uno de los principales campos de interés del joven Mengele. Pronto se dio cuenta de que si quería prosperar debía mostrar todas sus simpatías por los que posiblemente pronto serían los dueños de Alemania. Mengele plasmó en su autobiografía su pensamiento político en esa época: "Los estudiantes de la universidad, los que ya tenían edad para votar, contribuyeron a este éxito (la ascensión de los nazis). Yo entonces no era lo suficientemente mayor. Mis inclinaciones políticas de entonces eran, creo que por razones de tradición familiar, nacionalconservadoras… No me había afiliado a ninguna organización política. Aunque, sin embargo, me sentía fuertemente atraído por el programa y por toda la organización de los nacionalsocialistas. Pero, de momento, seguía siendo una persona particular, sin organizarme. De todas maneras, a largo plazo, era imposible quedarse al margen durante esos tiempos políticamente turbulentos o nuestra patria sucumbiría al ataque marxista y bolchevique. Este sencillo concepto político se convirtió finalmente en el factor decisivo de mi vida", concluía.

Fotografía de Josef Mengele tomada para un documento de identidad en Buenos Aires el año 1956.

 
Foto: PD

Para saber más

El "putsch" de Hitler, un golpe de Estado en una cervecería

El golpe de estado de Hitler

Leer artículo

Un asesino condecorado

En el mes de mayo de 1937, Josef Mengele presentó su solicitud para afiliarse al partido nazi, y en 1938 a las SS. Ya como miembro del partido y habiendo ingresado en la élite de las SS, el médico intentaría ser destinado a alguna de sus divisiones. Mengele recibió formación militar por parte de la infantería de montaña y en 1940 fue reclutado por la Wehrmacht, las fuerzas armadas del Tercer Reich. De inmediato se presentó voluntario en el servicio médico de las SS obteniendo la graduación de alférez y fue destinado a un batallón de la reserva médica. Más tarde sería trasladado a la Oficina de la Raza y el Reasentamiento de las SS en Poznan, en Polonia. Destinado a Ucrania en 1941, Mengele fue condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda Clase y al año siguiente se unió a la Quinta División Panzergrenadier SS Wiking como oficial médico. A lo largo de su servicio recibió numerosas condecoraciones, entre ellas la Cruz de Hierro de Primera Clase, la Medalla de Herido y la Medalla por el Cuidado del Pueblo Alemán, que le fue concedida por rescatar a dos soldados del interior de un carro de combate en llamas. Durante el verano de 1942, Mengele resultó herido de gravedad cerca de Rostov y fue declarado no apto para el servicio activo.

Imagen de una película soviética sobre la liberación de Auschwitz, filmada alrededor del 27 de enero de 1945 por Alexander Voronzow. 

Foto: PD

Destinado a Ucrania en 1941, Mengele fue condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda Clase y al año siguiente se unió a la Quinta División Panzergrenadier SS Wiking como oficial médico.

Mengele ostentaba en aquel momento el cargo de capitán de las SS, y fue destinado como médico al campo de exterminio de Auschwitz. Para Mengele aquel destino era un sueño hecho realidad. Nada más llegar, Eduard Wirths, el jefe del cuerpo médico del campo, lo nombró director médico del Zigeunefamilienlager, un módulo dedicado exclusivamente a familias gitanas (más de un millón y medio de personas de esta etnia murió en los diferentes campos donde fueron internadas. Aquellos crímenes se conocen con el término porrajmos, palabra que en lengua romaní significa literalmente "devastación" o "aniquilación").

Para saber más

Maria Mandel, la "bestia" antijudía de Auschwitz

Maria Mandel, la "bestia" antijudía de Auschwitz

Leer artículo

Pragmático con la muerte

Cuando Mengele llegó a Auschwitz, el lugar estaba atestado de prisioneros; se ha calculado que unas 140.000 personas se hacinaban en aquel inmenso campo protegido con todas las medidas de seguridad y del cual resultaba prácticamente imposible escapar. En palabras del comandante del campo, Rudolf Hoess, su finalidad era "la reclusión y el exterminio a escala industrial". En efecto, en Auschwitz en un solo día podían ser asesinadas unas nueve mil personas en las cámaras de gas. Este horror queda perfectamente descrito por Miklós Nyiszli, un prisionero que ejercía como médico en el campo: "Una inmensa chimenea cuadrada hecha de ladrillo rojo se elevaba como un huso hacia lo alto. Estaba especialmente atacada por las enormes lenguas de fuego que se elevaban entre las barras de iluminación. Intenté imaginarme qué guiso infernal requeriría ese fuego tan tremendo. Una ligera brisa trajo el humo hasta mí. La nariz y luego la garganta se me llenaron del hedor nauseabundo de carne quemada y de pelo chamuscado".

Cuando Mengele llegó a Auschwitz, el lugar estaba atestado de prisioneros; se calcula que podía haber unas 140.000 personas que se hacinaban en aquel inmenso campo rodeado de alambradas, torretas de vigilancia y soldados que patrullaban todo el recinto con perros.

"Selección" de judíos húngaros en la rampa de Auschwitz-II (Birkenau), Polonia, durante la ocupación alemana. Mayo-junio de 1944.

Foto: PD

Apodado el "Ángel de la Muerte" por los presos, Mengele se paseaba frente a ellos impecablemente vestido y blandiendo un bastón con el que indicaba quién debía ir directamente a las cámaras de gas o quien tenía la "suerte" de ser destinado a trabajos forzados. Todo ello lo hacía con total frialdad, mientras silbaba y miraba fijamente a los prisioneros con el fin de encontrar algo interesante, como alguna pareja de gemelos, que en aquel entonces era su principal fuente de investigación. De la crueldad de que hacía gala Mengele da fe su actuación durante un brote de tifus que estalló en el campo. El despiadado médico solventó rápidamente la situación enviando a la cámara de gas a unas 1.600 personas entre hombres, mujeres y niños de etnia judía y gitana. Posteriormente los barracones fueron desinfectados y ocupados por otros presos que iban llegando al campo.

Para saber más

Rudolf Höss, "el animal de Auschwitz"

Rudolf Höss, "el animal de Auschwitz"

Leer artículo

Prófugo de la ley

Refugiado en el tristemente célebre pabellón número diez, Mengele llevó a cabo allí toda una serie de despiadados experimentos con seres humanos, a cual más espantoso. El médico experimentaba con personas con enanismo, pero sobre todo con gemelos. Quería conocer su génesis para, de esta manera, potenciar el nacimiento de niños arios con los que reforzar el futuro Reich que debía durar mil años. Uno de sus objetivos era modificar la pigmentación del iris con el fin de lograr más niños con ojos azules. Para ello, Mengele les inyectaba en los ojos diversas soluciones, lo que acababa produciéndoles graves infecciones e incluso la ceguera. Evidentemente no todos sobrevivían a tan cruel tratamiento. Los ojos de sus víctimas, así como algunos de sus órganos internos, eran enviados al Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia de Berlín. La etiqueta del contenedor estaba marcada como "Material de Guerra-Urgente". Otro de sus espeluznantes experimentos consistía en inseminar artificialmente a las prisioneras que presentaban antecedentes familiares de gemelos. Tras el parto, si la pobre mujer solo paría un bebé, este era depositado aún con vida en el horno donde se arrojaban los desechos biológicos y la madre era llevada de inmediato a la cámara de gas.

Uno de sus objetivos era modificar la pigmentación del iris con el fin de lograr más niños con los ojos azules. Para ello, Mengele les inyectaba en los ojos diversas soluciones, lo que acababa produciéndoles graves infecciones e incluso la ceguera.

Al finalizar la guerra, y a pesar de que Mengele fue detenido por el ejército norteamericano y trasladado a un campo de internamiento, este no pudo ser identificado entre otras cosas por no llevar tatuado su grupo sanguíneo en el brazo como era preceptivo al ingresar en las SS. Logró escapar a tiempo con una identidad falsa y así evitó ser juzgado por sus terribles actos en los Juicios de Nuremberg (sus crímenes también serían juzgados en diversos procesos que tuvieron lugar años después en la Alemania Occidental, como el famoso Juicio de Auschwitz en la ciudad alemana de Fráncfort entre 1963 y 1965). Mengele fue buscado con insistencia. Tanto los gobiernos de la República Federal Alemana como el de Israel, el Centro Simon Wiesenthal e incluso el periódico The Washington Times ofrecieron enormes sumas de dinero a quien lograra capturarlo; asimismo el Mossad, el célebre servicio de inteligencia israelí, organizó varias operaciones para capturarlo, tanto en Argentina como en Brasil, aunque todas ellas fracasaron.

Josef Mengele en el campo de concentración de Auschwitz rodeado por Richard Baer, comandante de Auschwitz, a la izquierda, y por Rudolf Hoess, excomandante del campo, a la derecha. 1944.

Foto: PD

Para saber más

El día en que se identificaron los restos de Josef Mengele en Brasil

El día en que se identificaron los restos de Josef Mengele en Brasil

Leer artículo

Protegido por la comunidad alemana filonazi de Brasil, Josef Mengele murió el 8 de febrero de 1979 ahogado en la playa de Bertioga a los 68 años a causa de un infarto cerebral. El criminal de guerra nazi falleció sin haberse visto obligado a dar ni una sola explicación por sus abominables crímenes. Mengele fue enterrado con una identidad falsa, la de Wolfgang Gerhard. Este era el nombre de un amigo austríaco que lo había acogido en Brasil y que el "Ángel de la Muerte" usaba desde el fallecimiento de aquel en 1975. Así, tras la muerte de uno de los criminales nazis más buscados de todos los tiempos empezó la odisea de la identificación de sus restos. Pero esa ya es otra historia...