El hombre que cambió el desayuno

John Harvey Kellogg, el gurú de la vida sana

A finales del siglo XIX, John Harvey Kellogg defendió un estilo de vida sano y una dieta equilibrada en la que los cereales fueran la base principal. Pero Kellogg también tenía un lado oscuro: era un firme defensor de la eugenesia e ideó distintos métodos para eliminar el deseo sexual en sus pacientes ya que consideraba que perjudicaban seriamente la salud.

Imagen de John Harvey Kellogg tomada en 1915.

Foto: PD

Conocido, sobre todo, por ser el inventor junto con su hermano Will Keith de los famosos cereales corn flakes, un producto que millones de personas en todo el mundo aún siguen tomando en sus desayunos diarios, John Harvey Kellogg fue también un famoso nutricionista que asumió la dirección del Sanatorio de Battle Creek, fundado por miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Pero existen muchas otras facetas en torno a este curioso personaje (fallecido el 14 de diciembre de 1943) que nos resultan bastante desconocidas, como por ejemplo su apoyo decidido a la eugenesia (es decir, la utilización de las leyes biológicas de la herencia para perfeccionar la especie humana) y su profunda convicción de que la abstinencia sexual era el camino adecuado para alcanzar una vida más saludable. En ese contexto, John Harvey Kellogg lanzó una intensa campaña encaminada a promover incluso la mutilación genital de los niños como medida adecuada para evitar la masturbación, un acto que consideraba totalmente aberrante y la causa de casi todos los males.

Controlar la "autocontaminación"

John Harvey Kellogg nació el 26 de febrero de 1852, justo cuando en Estados Unidos empezaba la que sería conocida como la "revolución de la higiene" y cuando, al mismo, tiempo, comenzaron a surgir en el país algunos grupos religiosos como los Adventistas del Séptimo Día, cuyos principales preceptos eran la lucha contra el alcohol y el sexo. Licenciado en Medicina, en 1879 Kellogg se casó con Ella Ervilla Eaton, con la que, siguiendo al pie de la letra sus propios preceptos, nunca llegó a consumar el matrimonio. En posteriores escritos, Kellogg afirmaría que la abstinencia fue consentida, y que para no tener que mantener relaciones sexuales, algo que ensuciaba el cuerpo, él y su esposa decidieron adoptar a siete niños (aunque llegarían a criar a más de cuarenta). Pero a pesar de su pensamiento abiertamente eugenista (llegó a afirmar que "la inferioridad intelectual de los varones negros en comparación con los varones europeos es algo universalmente reconocido") y de abogar por la esterilización de los delincuentes, la mayoría de niños a los que crió y adoptó fueron afroamericanos.

A pesar de su pensamiento abiertamente eugenista y de abogar por la esterilización de los delincuentes, la mayoría de niños a los que crió y adoptó fueron afroamericanos.

Imagen de John Harvey Kellogg tomada el 17 de julio de 1914.

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Estados Unidos era a finales del siglo XIX un país donde la media de edad era de 41 años, y donde las calles de la mayoría de ciudades estaban inundadas de basura y excrementos. En ese ambiente, Kellogg, junto con su hermano, se hizo cargo del Sanatorio de Battle Creek, un balneario donde pensó que podría poner en práctica lo que se conoce como "medicina holística", un método que hacía especial énfasis en la nutrición, el ejercicio físico y el uso terapéutico de los enemas. El objetivo final de estas sorprendentes terapias era, en palabras textuales del propio Kellogg, "disminuir la estimulación sexual de los pacientes". De este modo, para liberar a sus pacientes de lo que llamaba "autocontaminación", Kellogg planeó una dieta vegetariana y una serie de tratamientos que ahora nos parecerían de lo más extravagantes. Así, vestido íntegramente de blanco (y a menudo con una cacatúa sobre su hombro), Kellogg ideó lo que denominó "programa biológico", destinado a eliminar todas las impurezas del cuerpo humano. Para ello no dudo en administrar enemas de ¡57 litros! También incentivó el consumo de medio litro de yogur al día, la mitad administrado vía oral y la otra mitad vía anal. En el balneario también se realizaron curas basadas en baños de agua fría e hizo usar a sus pacientes una silla vibratoria diseñada por él mismo.

Menos conocidas son, sin embargo, las mejoras que hizo Kellogg de varios dispositivos médicos empleados en Battle Creek durante las intervenciones quirúrgicas. En su libro El manual de higiene doméstica y medicina racional, Kellog intentó popularizar la electroterapia, la hidroterapia y la terapia motora. El sanatorio también se especializó en ciertas cirugías ginecológicas y en cirugías gastrointestinales para las que Kellogg desarrolló varios instrumentos como ganchos y retractores especializados, una mesa de operaciones con calefacción y un tubo de drenaje para las cirugías abdominales.

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Desayunos no muy sanos

El Sanatorio de Battle Creek, bajo la supervisión de los hermanos Kellogg, pasó a ser conocido como el pequeño "instituto de reforma de la salud" de la iglesia adventista, y a ser un destino nacional de bienestar integral. En él, John Harvey dio conferencias, escribió libros e incluso editó una revista, convirtiéndose en una celebridad entre cuyos admiradores y pacientes estuvieron varios presidentes de Estados Unidos, inventores como Thomas Edison, magnates como Henry Ford o incluso la famosa aviadora Amelia Earhart, entre otros personajes conocidos. Por el balneario de Kellogg también pasaría Ida Tarbell, la reportera de investigación más importante de su época.

Kellogg empezó a animar a sus pacientes a comer alimentos saludables ricos en fibra, yogur y frutos secos, elementos que consideraba que nunca deberían faltar en una dieta saludable.

En aquel entonces, los desayunos de los estadounidenses no eran como en la actualidad. La mayoría de la gente desayunaba principalmente carne, ya fuera fría, en gelatina, ahumada, salada o frita en grasa. Fue entonces cuando Kellogg, fiel a sus ideas vegetarianas, empezó a animar a sus pacientes a comer alimentos saludables ricos en fibra, yogur y frutos secos, elementos que consideraba que nunca deberían faltar en una dieta saludable. Por aquella época, junto con su hermano William, John empezó a trabajar en una fórmula encaminada a perfeccionar un cereal que fuera absolutamente sano, según su criterio.

Publicidad de los Kellogg's Toasted Corn Flakes emitida en el año 1906.

Foto: PD

Publicidad realizada en el año 1920 de los cereales Kellogg. 

Foto: PD

Un afortunado "accidente"

Pero el descubrimiento de los cereales para el desayuno tal como los conocemos hoy en día fue accidental. Los hermanos Kellogg desarrollaron una mezcla de trigo, avena y maíz que se horneaba a altas temperaturas durante un largo período de tiempo para descomponer o "dextrinizar" las moléculas de almidón del grano. Una vez, mientras tenía lugar este el proceso, los hermanos tuvieron que ausentarse y cuando regresaron vieron que lo que se había acabado "cocinando" era una especie de larga y fina lámina, que cortaron en pequeñas porciones. Al principio, los Kellogg comercializaron el producto con el nombre de Granula, pero para evitar problemas legales con el inventor del primer cereal de desayuno integral, James Caleb Jackson (que lo inventó en 1863), tuvieron que cambiar el nombre y lo llamaron Granola.

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El 14 de abril de 1896 se patentó el invento de los hermanos Kellogg bajo la definición de "cereales en copos y proceso de preparación de los mismos", pero la patente se realizó solo a nombre de uno de ellos: John Harvey. Esto acabaría provocando una amarga discusión entre ambos, ya que William se sintió agraviado al no recibir el mismo reconocimiento que su hermano. Con todo, el primer año de producción de Granola fue excepcional, ya que se vendieron miles de kilos. En 1898, los hermanos lanzaron al mercado el primer lote de copos de maíz con el nombre de Sanitas. Pero con el paso del tiempo, a John dejó de interesarle el negocio de los cereales y William (que había discutido con su hermano la posibilidad de añadir azúcar a los cereales del desayuno, recibiendo una rotunda negativa como respuesta) compró la parte de hojuelas de maíz de su hermano y fundó la empresa Battle Creek Toasted Corn Flake Company en 1906. Pero John demandó a su William por el uso, según él, fraudulento, del apellido, y tras años de agrias disputas William ganó la demanda y pudo usar su propio nombre en 1920 para la Kellogg's Corn Flakes.

Imagen de una cadena de producción de la compañía Kellogg tomada en 1934.

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Un reconocimiento empañado

Aunque hoy en día algunas de las ideas de John Harvey Kellog, como su firmeza en la promoción de la abstinencia sexual y su cruzada contra el onanismo (llegó a aconsejar a los padres atar a sus hijos a las patas de la cama para que no realizaran "practicas impuras"), nos puedan parecer de lo más extravagantes, peregrinas y fuera de lugar, eso no es óbice para reconocer su contribución al desarrollo de una alimentación sana. De hecho, intentó por todos los medios cambiar la hasta aquel momento "tóxica" dieta de los norteamericanos por otra más saludable y con innegables beneficios. Pero analizar su legado es ciertamente complicado. Aunque intentó llevar la nutrición y la higiene a la vida cotidiana de sus compatriotas, no hay duda de que sus teorías acerca de la sexualidad y la raza han acabado empañando su nombre.

Su firmeza en la abstinencia sexual y su cruzada contra el onanismo fueron algunas de sus ocurrencias más extravagantes, pero eso no es óbice para reconocer su contribución al desarrollo de una alimentación sana.

Al final de su vida, John intentó, sin lograrlo, reconciliarse con su hermano. Murió el 14 de diciembre de 1943 a la edad de 91 años, una edad más que avanzada para la época(curiosamente, la misma edad a la que moriría su hermano William en 1951). Tal vez la causa de su longevidad podamos encontrarla en una privilegiada genética o en que realmente sus métodos funcionaron. Nunca lo sabremos. La vida de Kellogg fue llevada a la gran pantalla en el año 1994 con la película The Road to Wellville, traducida en España como El balneario de Battle Creek. Unos años después, en 2006, el nombre de John Harvey Kellogg fue incluido en el Salón de la Fama de los Inventores Nacionales por la invención del primer cereal de desayuno en copos secos (conseguido mediante el método del "templado", también descubierto por él) y que "transformó el desayuno típico estadounidense" para siempre.