negocios y filantropía

John Davison Rockefeller, el rey del petróleo

Recordado como uno de los hombres más ricos y poderosos de Estados Unidos, John D. Rockefeller, el magnate del petróleo, se convirtió en un hombre admirado por sus obras filantrópicas, pero también denostado por los métodos que utilizó para enriquecerse

Foto: CC

John Davison Rockefeller era un niño que ya apuntaba maneras cuando un compañero de colegio le preguntó qué quería ser de mayor. Ni corto ni perezoso, el muchacho respondió sin dudarlo ni un momento: "Quiero tener cien mil dólares, y voy a tenerlos". Ese joven ambicioso, en el futuro se convertiría en el hombre más rico de su época y edificaría un imperio basado en el petróleo. El fundador de la Standard Oil Company fue, además, un hombre devoto tanto de los negocios como de su fe cristiana, y destinaría parte de los beneficios de su imperio a causas sociales.

Con el dinero en mente

John nació en Richford, en el estado de Nueva York, el 8 de julio de 1839. Era hijo de William Avery Rockefeller, un vendedor ambulante que, entre otras cosas, afirmaba poder curar el cáncer con sus pócimas y cobraba a sus clientes hasta veinticinco dólares por tratamiento. John veía a su padre viajar de pueblo en pueblo durante meses y luego regresar a casa con importantes sumas de dinero en los bolsillos. Su madre, Eliza Davison Rockefeller, era una mujer muy religiosa que inculcó en su hijo la pasión por el trabajo, el ahorro y la ayuda a los demás. Con tan solo doce años, John había logrado ahorrar cincuenta dólares trabajando para sus vecinos y criando pavos para su madre. Sería su propia progenitora la que le instó a que prestara cincuenta dólares al siete por ciento de interés a un granjero vecino suyo, pagaderos en un año. Rockefeller confesaría más tarde que cuando por fin el granjero le devolvió el préstamo junto con los intereses, "en aquel momento decidí que el dinero trabajase para mí, y no yo para el dinero".

Fue su propia progenitora la que instó al futuro millonario a que prestara cincuenta dólares al siete por ciento de interés a un granjero vecino suyo, pagaderos en un año.

John D. Rockefeller en 1857, con 18 años. 

Foto: CC

El 26 de septiembre de 1855, Rockefeller obtuvo su primer trabajo como ayudante de contabilidad en la empresa Hewitt and Tuttle de Cleveland. Tres años más tarde, el joven ya ganaba seiscientos dólares al año. Pero eso no era suficiente para él y pidió un aumento de sueldo, que le fue denegado. Fue entonces cuando empezó a pensar en montar su propio negocio. Junto a un británico llamado Maurice Clark, John creó una empresa comisionista al por mayor de productos agrícolas con los mil dólares que había podido ahorrar fruto de su trabajo, pero para poder establecerse por su cuenta necesitaba otros mil. Para ello recurrió a su padre, que se los prestó. Pero a un diez por ciento de interés. El padre del ambicioso joven lo reconocía sin ambages: "Timo a mis hijos siempre que puedo. Quiero que se curtan".

Para saber más

Templarios, los banqueros de Europa

Templarios, los banqueros de Europa

Leer artículo

¡Petróleo!

Al final de su primer año de andadura, la empresa Clark & Rockefeller había obtenido unos beneficios de 4.400 dólares. En 1861, durante la Guerra de Secesión, los precios de los cereales se dispararon en todo el país y con ellos las comisiones gracias a la gran oleada de pedidos que realizaba el ejército federal. Pero lo que realmente iba a cambiar la vida de Rockefeller sería un hallazgo que había tenido lugar en la ciudad de Titusville, Pensilvania: el perforador Edwin Drake había encontrado petróleo.

En 1861, durante la Guerra de Secesión, los precios de los cereales se dispararon en todo el país y con ellos las comisiones gracias a la gran oleada de pedidos que realizaba el ejército federal.

Aquel descubrimiento desencadenó un frenético boom en el noroeste de Pensilvania. Edwin Drake trabajaba para la Pennsylvania Rock Oil Company, un grupo de inversores de New Haven, Connecticut. Un químico de la Universidad de Yale analizó una muestra del crudo extraído en Pensilvania y determinó que ese petróleo era de muy alta calidad y que una vez refinado podían obtenerse una gran variedad de productos. El químico inglés Samuel Andrews convenció entonces a Rockefeller para que invirtiera en una refinería que tenía proyectada, y en 1863 nacería la empresa Andrews, Clark and Co., pero el proyecto fracasó. A pesar de este revés, Rockefeller no se arredró y pidió un préstamo para fundar la Rockefeller and Andrews en 1865. Un año antes, en 1864, John se había casado con Laura Spelman, con quien tendría cinco hijos.

Para saber más

La Guerra de Secesión estadounidense: bocetos del campo de batalla

Ilustraciones de la Guerra de Secesión de Estados Unidos

Leer artículo

El futuro magnate se casó en 1864 con Laura Spelman, un matrimonio fruto del cual nacerían cinco hijos. En la imagen, Rockeffeler junto a su primogénito, John Rockefeller Jr., en 1915.

Foto: CC

El amo del ferrocarril

Cuando acabó la guerra civil, Estados Unidos entraría de lleno en la era industrial. Y allí estaba Rockefeller para aprovechar a fondo esa oportunidad. Con el desarrollo del ferrocarril, y con una economía que demandaba cada vez más queroseno, Rockefeller compró a los hermanos Clark su parte de la refinería, incorporó nuevos socios y amplió el negocio. Para ello tuvo que solicitar una enorme cantidad de préstamos, pero reinvirtió todas sus ganancias en el negocio para hacerlo aún más próspero. Además, todas las medidas que tomó resultaron muy acertadas para aumentar la eficiencia de la empresa. En 1866, John incorporó a su hermano William a la sociedad y ambos construyeron otra refinería en Cleveland a la que llamaron Standard Works. John Rockefeller puso al mando de su oficina de Nueva York a su hermano William como encargado del negocio de exportación, una parcela que con el tiempo se revelaría mucho más fructífera que el negocio a nivel nacional.

Con el crecimiento del ferrocarril y con una economía que demandaba cada vez más queroseno, Rockefeller compró a los hermanos Clark su parte de la refinería, incorporó a nuevos socios y amplió el negocio.

En 1870, Rockefeller fundó la Standard Oil Company con un capital de un millón de dólares, y se nombró a sí mismo presidente. Por aquel entonces, Rockefeller ya tenía una posición predominante en la industria del petróleo, y gracias a una serie de acuerdos con diversas compañías ferroviarias obtuvo unos precios excelentes para el transporte de sus productos a cambio de garantizar a estas empresas unos volúmenes que no estaban al alcance del resto de sus competidores. Por ese motivo, y para evitarse problemas con la competencia, Rockefeller hizo varios intentos de crear una especie de consorcio en el que tuvieran cabida todas las refinerías de la región. Para conseguir su adhesión, ofrecía grandes descuentos en las tarifas ferroviarias, pero las que se negaban a colaborar sufrieron graves dificultades económicas, incluso hasta el punto de llegar a arruinarse. "Vamos a comprar todos las refinerías de Cleveland. Les daremos a todos la oportunidad de incorporarse. Los que se nieguen se hundirán. Si no nos vendes tu propiedad, esta se hundirá", llegó a declarar Rockefeller.

Esta ilustración aparecida durante el periodo de expansión empresarial de Rockefeller muestra el miedo del resto de agente sociales a los monopolios como el que el magnate estaba creando.

Foto: CC

Para saber más

La curiosa historia del Monopoly

La curiosa historia del Monopoly

Leer artículo

Filantropía y beneficencia

Pero la trama de los ferrocarriles acabaría saliendo a la luz y todos los implicados se vieron obligados a dar marcha atrás. Todos menos uno: John Davison Rockefeller. En menos de cuatro meses, la empresa del magnate había absorbido a veintidós de sus veintiséis competidores en una operación que ha pasado a la historia como "la masacre de Cleveland”. Fue en aquel momento cuando el millonario sintió en sus propias carnes tanto el rechazo de la población como el de la prensa, que le reprocharon esas prácticas empresariales poco éticas. En 1890, el Congreso aprobó la ley Sherman antimonopolio y la Standard Oil Company fue declarada un monopolio ilegal. El Tribunal Superior de Justicia de Ohio ordenó su disolución, pero a pesar de ello los días de abundancia para Rockefeller estaban muy lejos de haber llegado a su fin. Rockefeller apeló el falló, pero aunque perdió, en 1899 estableció su empresa en Nueva Jersey y la presidiría hasta 1911, año en que se jubiló. Ese mismo año, el Tribunal Superior de Justicia de Estados Unidos ordenó dividir la compañía en 37 corporaciones distintas, aunque Rockefeller mantuvo el 30% de las acciones de todas ellas. Su fortuna se mantuvo intacta, e incluso se incrementaría en los diez años siguientes. De hecho, estaba tan seguro de la viabilidad de su empresa que una anécdota cuenta que un día, mientras jugaba al golf, impertérrito, aconsejó a un amigo: "Compra acciones de la Standard Oil".

En menos de cuatro meses, la empresa de Rockefeller había absorbido a veintidós de sus veintiséis competidores en una operación que ha pasado a la historia como "la masacre de Cleveland”.

Este era el aspecto que tenía una acción de la Standard Oil del empresario en 1887.

Foto: CC

En la cima de su poder y riqueza, la salud de Rockefeller empez�� a decaer y a los 53 años, aquejado de diversas dolencias digestivas, dejó a un lado la actividad empresarial limitándose a dedicar su tiempo única y exclusivamente a incrementar su riqueza con diversas inversiones. A partir de aquel momento, y con la ayuda del clérigo baptista Frederick Taylor Gates, impulsó un gigantesco sistema filantrópico, que culminaría con la creación de la Fundación Rockefeller. Sus proyectos abarcaron la construcción de universidades, centros de investigación médica e incluso donó más de quinientos millones de dólares para obras benéficas. John Davison Rockefeller murió a los 97 años de edad siendo considerado el creador de la industria petrolera tal como se la conoce hoy en día. De hecho, las grandes compañías actuales como Exxon Mobil, Chevron o ConocoPhillips descienden de la Standard Oil Company creada por el magnate. Convencido de tener la razón, Rockefeller nunca hizo autocrítica: "Creo que es mi deber hacer dinero y aún más dinero, y usar el dinero que gano por el bien de mi prójimo de acuerdo a los dictados de mi conciencia".