Arte contemporáneo

Joan Miró, el gran maestro del arte abstracto

Los cuadros de Joan Miró son únicos a pesar de haberse visto influenciada por los movimientos artísticos más predominantes de principios del siglo XX. El legado del artista catalán es extenso y uno de los mas importantes de su época. De hecho, su obra ha ido más allá de la pintura ya que Miró hizo importantes incursiones en disciplinas artísticas como la escultura, la cerámica o los tapices, y su estilo ha influido posteriormente en técnicas tan diversas como el diseño gráfico o la publicidad.

Imagen de Joan Miró tomada alrededor del año 1950.

Foto: Cordon Press

Joan Miró, uno de los artistas más internacionales de nuestro país, nació en Barcelona el 20 de abril de 1893. El pintor, uno de los máximos representantes de la pintura abstracta, está considerado un maestro en este arte, sobre todo por el uso tan particular que hace en su obra de los colores primarios. Además de por la pintura, el artista catalán se interesó por diversas disciplinas artísticas como la escultura, la cerámica y el arte textil. En su obra, Miró logró reflejar un estilo onírico con una mirada infantil además de mostrar un gran interés por las tradiciones de su Cataluña natal.

A pesar de que la obra de Joan Miró se ha asociado principalmente con el arte abstracto, su estilo de formas estilizadas y llenas de imaginación tuvo marcadas influencias fauvistas, cubistas y expresionistas, sobre todo a partir de su estancia parisina. Pero Miró también estaba en contra de los convencionalismos que marcaban los diferentes estilos artísticos. En diversas entrevistas concedidas durante la década de 1930, el artista catalán afirmó estar decidido a abandonarlos, y para referirse a ello utilizó palabras un tanto agresivas como "matarlos, asesinarlos o violarlos". Su objetivo final era que su estilo fuera contemporáneo, pero sin que se hallase sometido a las exigencias y la estética que planteaban el surrealismo y otras tendencias artísticas.

Miró, el cubismo y otras expresiones artísticas

Siguiendo los deseos de su padre, Miquel Miró i Adzeries, hijo de un herrero de Cornudella, Joan estudió en la Escuela de Comercio de Barcelona y asistió también a la Escuela de Bellas Artes. A pesar de que durante una temporada trabajó como contable en la droguería Dalmau y Oliveres, Joan no consiguió adaptarse a la rutina que este trabajo de oficina comportaba, lo que le acabaría provocando una crisis nerviosa. Para reponerse de su ansiedad, el joven se traslado a la casa que la familia poseía en Mont-Roig, Tarragona, donde muy pronto se dio cuenta de que su auténtica vocación era la pintura. Tras recuperarse regresó a Barcelona, y allí se matriculó en la Academia Galí, cuya metodología de enseñanza era muy novedosa: consistía en tocar los objetos y a las personas de manera que el artista pudiera plasmar en el lienzo toda su experiencia sensorial.

Durante una temporada, Joan Miró trabajó como contable en la droguería Dalmau y Oliveres, pero no consiguió adaptarse a la rutina que este trabajo de oficina comportaba, lo que le acabaría provocando una crisis nerviosa.

Óleo titulado El arlequín, realizado por Joan Miró entre los años 1924 y 1924.

Foto: Cordon Press

Óleo de Joan Miró titulado La casa de la palmera, pintado en el año 1918 y expuesto en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.

Foto: PD

La primera exposición de Joan Miró a nivel individual tuvo lugar entre el 16 de febrero y el 3 de marzo de 1918 en las Galerías Dalmau, ubicadas en el barrio gótico de Barcelona. El artista presentó en la muestra obras de clara influencia francesa, sobre todo del posimpresionismo, el fauvismo y el cubismo. En sus pinturas Ciurana, el pueblo y Ciurana, la iglesia(ambas de 1917), el trazo de Miró se aproxima al de Van Gogh y el paisaje semeja a los pintados por Cézanne. Pero uno de los cuadros que más llamó la atención de público y crítica fue el titulado Nord-Sud, nombre que el artista tomó de la revista del mismo nombre y en cuyo primer número el artista francés Pierre Reverdy publicó un articulo acerca del cubismo. En la primavera de aquel mismo año, Miró también expuso en el Círculo Artístico de Sant Lluc junto a los miembros del grupo artístico catalán Agrupació Courbet, cuyo objetivo era renovar el novecentismo.

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La primera exposición de Miró en París

Tras finalizar su primera exposición en Barcelona, el galerista Josep Dalmau se convirtió en su marchante y Miró decidió trasladarse a París en 1920. En la capital francesa, el artista conocería al escultor y pintor aragonés Pablo Gargallo, con quien llegó a un acuerdo para alquilarle el taller durante el invierno. Gracias a las gestiones realizadas por Dalmau, Miró consiguió exponer en la parisina Galerie La Licorne el 29 de abril de 1921, y a pesar de que no pudo concretar ninguna venta, la crítica fue muy favorable. Durante su estancia en París, Miró hizo visitó en diversas ocasiones a la comunidad de artistas de la ciudad, que residía principalmente en el barrio de Montparnasse. Allí Miró conoció al escritor, dramaturgo, pintor y crítico francés Max Jacob y también a Pablo Picasso, quien le compró el cuadro Autorretrato (y más adelante la Bailarina española). Aquellos fueron años llenos de efervescencia artística para Miró, en los que conoció a artistas y escritores de la talla de Ernst Hemingway, André Breton y Paul Éluard. El pintor colaboró asimismo con el artista de origen alemán Max Ernst para diseñar el vestuario y la escenografía del ballet Romeo y Julieta.

Durante su estancia en París, Miró hizo varias visitas a la comunidad de artistas de la ciudad, que residía principalmente en el barrio de Montparnasse. Allí Miró conoció al escritor, dramaturgo, pintor y crítico francés Max Jacob y también a Pablo Picasso.

La Granja, óleo de Joan Miró realizado entre los años 1921 y 1922.

Foto: Cordon Press

Estudio de Joan Miró en Palma de Mallorca.

Foto: Cordon Press

Durante 1921 y 1922, Miró pintó uno de sus cuadros más famosos: La masía. Esta obra, que evidencia una clara transición de su estilo hacia el surrealismo, presenta la granja de su familia en Mont-Roig. El artista pintó cada uno de los motivos del cuadro para que sean vistos de una manera muy distinta. Miró varió la disposición convencional de las figuras (eliminó la pared del establo para que el espectador pudiera ver lo que hay en el interior) y cambió las perspectivas de los objetos de forma que unos aparecieran de frente y otros de perfil. Pero al no conseguir vender la pintura, Miró la puso en manos del escritor y escenógrafo Jacques Viot, secretario del galerista Pierre Loeb, que la acabaría vendiendo al escritor Ernest Hemingway. En la actualidad la obra se conserva en la Galería Nacional de Washington.

Retrato de Joan Miró tomado en el año 1935.

Foto: PD

El 12 de octubre de 1929, Miró se casó con Pilar Juncosa en Palma de Mallorca, y tras pasar la luna de miel en el Port de Pollença, la pareja se trasladó a París, donde se instalaron en un apartamento que el pintor convirtió en vivienda y taller. El 17 de julio de 1931, la pareja tuvo a su única hija, a la que llamaron Dolors.

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Miró y el uso de la cerámica y los textiles

En 1930, Miró empezó a interesarse por otras disciplinas artísticas, como el bajorrelieve y la escultura, algo que más adelante irá en detrimento de la pintura. Desde 1931, el artista trabajaba a caballo entre Mont-Roig, Barcelona y París, pero gracias a Pierre Matisse, hijo del famoso pintor y grabador Henri Matisse, que se ofreció representar su obra en Estados Unidos, Miró pudo viajar a Nueva York. Poco después, con el estallido de la Guerra Civil, Miró y su familia se vieron obligados a trasladarse a París, donde el artista se convirtió en un firme defensor de la causa republicana, plasmando su compromiso en una gran pintura mural (5,50 x 3,65 m) titulada El segador (también conocida como El payés catalán en rebeldía), para el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de 1937. Pero tras la muestra, la obra desapareció, y de ella solo se conservan algunas fotografías en blanco y negro.

Con el estallido de la Guerra Civil española en 1936, Miró y su familia se vieron obligados a trasladarse a París donde el artista fue un firme defensor de la causa republicana, plasmando su compromiso en una gran pintura mural titulada El segador.

Mosaico de Joan Miró ubicado en Las Ramblas de Barcelona.

Foto: Cordon Press

Dona i ocell (mujer y pájaro), escultura de Joan Miró ubicada en la calle Tarragona de Barcelona. 

Foto: PD

En 1939, poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Miró y su familia abandonaron París y se refugiaron en una población de la región de Normandia llamada Varengeville-sur-Mer, donde el artista inició una serie de 23 pinturas hechas sobre papel que tituló Constelaciones. Sobre este período Miró escribió: "Al producirse la invasión nazi en Francia, y con la victoria de los franquistas, estaba convencido de que no me dejarían pintar más, que solo podría ir a la playa a dibujar en la arena y trazar figuras con el humo del cigarrillo. Al pintar las Constelaciones tenía la sensación de trabajar en la clandestinidad, pero supuso para mí una liberación, porque de esta manera no pensaba en la tragedia que me rodeaba". En la primavera de 1940, el artista decidió volver a Cataluña y después se instaló en Mallorca con su familia, donde, según Miró, "allí no era nada más que el marido de la Pilar".

Fundació Joan Miró ubicada en la montaña de Montjuic, en Barcelona.

Foto: iStock

A finales de 1940, Miró empezó a experimentar con la cerámica junto al ceramista Josep Llorens Artigas. En 1955 realizó un mural de cerámica para la sede de la UNESCO en París, y entre 1965 y 1967 otro para el Museo Guggenheim de Nueva York. El artista asimismo se inició en el mundo textil con la realización de varios tapices. El primero es el conocido como Tapiz de Tarragona, confeccionado en 1970 junto con el artista textil Josep Royo, una pieza que se exhibe hoy en día en el Museo de Arte Moderno de Tarragona. Otro tapiz importante es el Tapiz de la Fundación, una gran pieza textil hecha en 1979, y que también contó con la colaboración de Josep Royo, que se expone en la Fundación Joan Miró de Barcelona. Precisamente en 1975, el artista inauguró la Fundación Joan Miró en la Ciudad Condal, institución que sería la encargada de gestionar y difundir el legado del artista. En 1981, se inauguró asimismo la Fundación Pilar i Joan Miró en Mallorca. Miró continuaría trabajando sin descanso el resto de su vida, hasta que murió en 1983, a los 90 años de edad, en su residencia de Son Abrines, en la Mallorca que tanto amó.