Historia de España

Isabel II de España, "la reina de los tristes destinos"

Apodada también "la reina castiza", Isabel II de España tuvo que lidiar con un reinado prematuro y con un matrimonio no deseado, al que oficialmente se le atribuyen doce hijos, entre ellos el futuro Alfonso XII. Tras un reinado convulso, en 1868, un levantamiento contra ella la obligó a marchar al exilio. En París pasaría sus últimos años y moriría a consecuencia de las complicaciones de una gripe en 1904.

Retrato de la reina Isabel II de España por Ángel María Cortellini, 1852. Museo del Romanticismo, Madrid.

Foto: PD

Calificada por el escritor Benito Pérez Galdós como "la reina de los tristes destinos", Isabel II reinó en España entre los años 1833 y 1868, fecha en que fue destronada y enviada al exilio tras el estallido de la llamada "Revolución Gloriosa". Durante su reinado, España experimento profundos cambios políticos en uno de los períodos más convulsos del siglo XIX, cambios que trajeron consigo el desarrollo del liberalismo político junto con grandes transformaciones socioeconómicas.

Isabel II fue obligada a asumir responsabilidades desde muy temprana edad: fue coronada a los trece años forzada por la situación política, obligada a casarse con su primo Francisco de Paula a los dieciséis años y finalmente destronada a los 38 años, hecho que la condujo inexorablemente al exilio en París. Isabel II, también conocida como la "reina castiza" por su interés por las costumbres populares de su tiempo, pasó de gozar de la popularidad y el cariño del pueblo, que la veía como un bastión frente al absolutismo y un símbolo de libertad y progreso, a ser considerada un ejemplo de frivolidad, lujuria e incluso crueldad.

Cuestionada antes de nacer

María Isabel Luisa de Borbón nació el 10 de octubre de 1830 en el Palacio Real de Madrid y fue bautizada al día siguiente de su nacimiento bajo la tutela de sus padrinos, que fueron sus abuelos: el rey Francisco I de las Dos Sicilias y su esposa María Isabel de Borbón. Meses antes de su nacimiento, su padre, Fernando VII, pensando que el recién nacido podría ser una niña, decretó la Pragmática Sanción, por la cual si un monarca fallecía sin hijos varones, su primogénita podía reinar inmediatamente tras su muerte. En virtud de aquella norma, Isabel II fue jurada como princesa de Asturias en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid en 1833 y proclamada reina al morir su padre aquel mismo año.

Isabel II fue jurada como princesa de Asturias en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid en 1833.

Isabel II jurando la constitución de 1837. Museo de Historia de Madrid.

Foto: PD

A pesar de la indiscutible legalidad de su proclamación, su tío Carlos María Isidro de Borbón, hermano del difunto monarca, no reconoció la legitimidad de Isabel como soberana y reclamó su derecho al trono en virtud de la legislación anterior, lo que acabaría provocando la Primera Guerra Carlista (1833-1840), que finalizó con el convenio de Vergara de 1839. Así, con el trono asegurado y hasta que Isabel II alcanzara la mayoría de edad, la regencia de España recayó en manos de su madre, la reina consorte María Cristina de Borbón, que lideró la defensa de los derechos dinásticos de su hija en contra de los partidarios de don Carlos. Para lograrlo, la regente tuvo que formar una alianza con los liberales, que vieron en la joven Isabel una oportunidad para el triunfo de sus ideas frente al absolutismo monárquico que representaba don Carlos.

Para saber más

Fernando VII

El rey que se negó a jurar la constitución

Leer artículo

La Regencia de Espartero y una boda no deseada

Con los liberales en el Gobierno, María Cristina de Borbón aceptó el régimen semiconstitucional del Estatuto Real en 1834 por el que se creaban unas nuevas Cortes. Presionada por los liberales más entusiastas, la regente dio luz verde a la nacionalización de los bienes de la Iglesia (la conocida como desamortización de Mendizábal) y al establecimiento de un régimen propiamente liberal (la Constitución de 1837). Sin embargo tras varios intentos fallidos de intentar poner de acuerdo a progresistas y moderados, y al estallido de diversos escándalos de corrupción, María Cristina se vio obligada a ceder la regencia al general Baldomero Espartero y a exiliarse el 17 de octubre de 1840. Pero después de tres años de ejercer su propia regencia, Espartero fue derrocado y tuvo que marchar también al exilio. Finalmente, las Cortes, el día 8 de noviembre de 1843, adelantaron la mayoría de edad de Isabel II a los trece años.

Después de tres años de Regencia, el 10 de noviembre de 1843 Espartero fue derrocado y las Cortes decidieron adelantar la mayoría de edad de Isabel II.

Isabel II y su marido, Francisco de Asís de Borbón.

Foto: PD

En ese momento se planteó el problema de casar a la joven reina, que fue obligada a contraer matrimonio (debido sobre todo a la presión de las potencias extranjeras) a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís de Borbón, conocido popularmente como "Paquita Natillas" por sus modales afeminados. El matrimonio nunca fue feliz, y aunque oficialmente, Isabel y Francisco tuvieron doce hijos, entre ellos el futuro rey Alfonso XII, la relación entre ambos hizo aguas muy pronto. Para compensar el fracaso de su vida amorosa, la reina mantuvo relaciones con generales, intelectuales, aristócratas y políticos, algunos de los cuales tuvieron cierta influencia en las decisiones de la Corona. Asimismo, confesores y consejeros de Isabel aprovechaban los momentos en que la reina se abandonaba a sentimientos de culpabilidad y accesos religiosos para hacer sentir su influencia, algo que aumentó aún más el descrédito real ante el pueblo y los liberales.

Para saber más

Isabel II de España

La "Revolución Gloriosa" que acabó con Isabel II en 1868

Leer artículo

La "Revolución Gloriosa" y el exilio

El reinado de Isabel II fue bastante convulso e inestable. Sus preferencias políticas se inclinaban hacia los moderados, pero tomó decisiones políticas erróneas como la destitución del general Narváez, liberal moderado, en 1849, y el nombramiento en su lugar del reaccionario conde de Clonard. Pero este se mantuvo solamente un día en el cargo y la reina tuvo que volver a llamar a Narváez. La reina también tuvo que hacer frente a alzamientos como la Vicalvarada de 1854, dirigida por el general O'Donell, un liberal progresista. Esto dio lugar al llamado Bienio Progresista (unos años en los que el Partido Progresista pretendió reformar el sistema político), bajo la influencia nuevamente del general Espartero. Finalmente, un levantamiento militar restableció de nuevo la situación anterior.

Imagen del general Espartero tomada alrededor del año 1865. 

Foto: CC (J.Laurent)

Algunos autores, como Jesús Cruz, consideran asimismo que el reinado de Isabel II se podría catalogar como uno de los más corruptos de la historia de España. En realidad, la reina, que no había recibido en su infancia la formación adecuada para ejercer tan alta responsabilidad, fue fácilmente manipulada tanto por sus ministros como por miembros de la Iglesia y algunos allegados (la llamada "camarilla"). Isabel tenía asimismo la costumbre de interferir a menudo en la toma de decisiones a nivel nacional, lo que la hizo muy impopular a ojos de la clase política. De hecho, los progresistas optaron finalmente por la vía de la insurrección y exigieron el destierro de Isabel II en 1868, a la que acusaron de intervencionismo y de deslealtad.

Imagen de Isabel II durante su exilio en París.

Foto: PD

De este modo terminaría el reinado de Isabel II, que tuvo finalmente que abandonar España en 1868. Exiliada en Francia, allí recibiría la protección del emperador Napoleón III y de su esposa Eugenia de Montijo, que también era española. La reina en el exilio estableció su residencia en el palacio de Castilla, y el 25 de junio de 1870 abdicó en París en favor de su hijo, el futuro Alfonso XII. No regresó nunca a España, salvo en breves y esporádicas ocasiones ya que tras la restauración de 1874, Cánovas y su propio hijo, Alfonso XII, consideraron que era preferible para la estabilidad de la monarquía que la "reina castiza" permaneciese lejos de España. La mañana del 9 de abril de 1904, Isabel II fallecía en su residencia parisina debido a unas complicaciones pulmonares consecuencia de una gripe. Sus restos fueron trasladados al Monasterio del Escorial, donde recibirían sepultura en el Panteón de los Reyes. Allí, la "reina de los tristes destinos" descansa desde entonces junto a los monarcas de España.