Guerras y conflictos del siglo XIX

El incidente de la tajada de sandía, una violenta disputa entre Panamá y Estados Unidos

El 15 de abril de 1856 tuvo lugar un singular incidente que ya forma parte de la historia de Panamá: un estadounidense se negó a pagar una tajada de sandía que se había comido a un vendedor ambulante. Aquello provocó un violento conflicto entre norteamericanos y panameños que se extendió a lo largo de tres días y en el que murieron varias personas.

Litografía que muestra los enfrentamientos en la estación de ferrocarril.

Foto: PD

El 15 de abril de 1856 tuvo lugar en Panamá un violento enfrentamiento entre panameños y norteamericanos, un acontecimiento que ha pasado a la historia con el curioso y descriptivo nombre de "el incidente de la tajada de sandía". Y todo ocurrió de la manera más inesperada. Era un día como cualquier otro en Panamá, cuando un norteamericano llamado Jack Oliver, que había bebido más de la cuenta, se comió una tajada de sandía y se negó a abonar su importe al tendero. Aquello que en un principio podría parecer algo totalmente nimio acabó convirtiéndose en una autentica batalla campal que acabó con el trágico balance de dieciséis norteamericanos y dos panameños muertos.

En Panamá, el 15 de abril de 1856, hubo un violento enfrentamiento entre panameños y norteamericanos, un acontecimiento que ha pasado a la historia con el curioso y desxriptivo nombre del incidente de la tajada de sandía.

Este episodio es un fiel reflejo del estado de tensión que se vivía en el istmo en aquella época. De hecho, el conflicto tuvo graves repercusiones políticas, diplomáticas y también de carácter económico para la República de la Nueva Granada (formada por las actuales Colombia y Panamá), y sería el principio de las numerosas intervenciones militares que Estados Unidos llevaría a cabo en Panamá a lo largo de la historia.

El tratado de la discordia

En 1846, mediante la promulgación del conocido como tratado Mallarino-Bidlack, firmado entre la República de la Nueva Granada y Estados Unidos, este último se aseguró el derecho de tránsito a través de istmo de Panamá, una alternativa que en aquel momento resultaba menos costosa ya que aún no se había construido el canal para cruzar ambos océanos, el Atlántico y el Pacífico. Poco después, hacia 1850, Estados Unidos estaba construyendo el ferrocarril de Panamá, lo que provocó una gran afluencia de estadounidenses a la zona. Muchos de ellos mostraban un comportamiento extremadamente arrogante, y en algunos casos incluso violento y agresivo con la población local. De hecho, se sentían respaldados en su actitud por el enunciado del artículo 35 de dicho tratado, que otorgaba un tratamiento preferente a todos los ciudadanos estadounidenses frente a la población local y a otros extranjeros residentes en la zona. En su primer párrafo, el artículo 35 decía lo siguiente: "Los ciudadanos, buques, mercancías de los Estados Unidos disfrutarán en los puertos de Nueva Granada, incluso los del istmo de Panamá, de todas las franquicias, privilegios e inmunidades en lo relativo a comercio y navegación de que ahora gozan los ciudadanos neogranadinos".

Hacia 1850, Estados Unidos estaba construyendo el ferrocarril de Panamá, lo que provocó una gran afluencia de estadounidenses a la zona. Muchos de ellos mostraban un comportamiento extremadamente arrogante e incluso violento.

Litografía del año 1916 que representa la antigua estación del ferrocarril de Panamá.

Foto: PD

Así las cosas, las tensiones en Panamá iban creciendo sin control. En 1854, el encargado de negocios estadounidense James Green y José de Obaldía, vicepresidente de la República de la Nueva Granada, preocupados por la situación, enviaron al gobernador de Panamá (que por entonces era una provincia de la República de la Nueva Granada), José María Urrutia Añino, un comunicado en el que le sugerían que tomara medidas a fin de prevenir cualquier desgracia ya que "en la provincia de Panamá continúan las desavenencias entre novogranadinos y anglo-estadounidenses, proveniente del cobro que se hace a los últimos del derecho denominado de pasajero". Aquellas desavenencias implicaron un aumento del resentimiento de la población local hacia todos los estadounidenses que se encontraban allí de paso, la mayoría de los cuales llevaba consigo armas de fuego y en numerosas ocasiones provocaba problemas debido al consumo excesivo de alcohol.

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La sandía, un motivo de disputa

El 15 de abril de 1856 era un día como otro cualquiera en Panamá. Al puerto llegó un buque procedente de California, cargado de pasajeros, del cual desembarcó un estadounidense llamado Jack Oliver. Como era costumbre, Jack se dirigió al barrio de la Ciénaga, cercano a la playa Prieta, y acudió a un puesto ambulante de frutas atendido por un hombre llamado José Manuel Luna. Oliver iba con unos compañeros en evidente estado de embriaguez cuando decidió coger una tajada de sandía del puesto de José. Sin mediar palabra se la comió y se marchó sin pagar. José entonces exigió el pago de la fruta, que era de un real (unos cinco centavos de dólar), pero, sin mediar provocación alguna, Oliver le insultó y le amenazó con una pistola que llevaba al cinto. Luna, por su parte, sacó un puñal y los dos hombres estuvieron muy cerca de enzarzarse en una pelea si no hubiera sido porque uno de los compañeros de Oliver decidió después de todo pagar el trozo de sandía.

El estadounidense Jack Oliver, acompañado de unos compinches en estado de embriaguez, decidió coger una tajada de sandía que estaba a la venta. Sin mediar palabra se la comió y se marchó sin pagar.

Ilustración del Frank Leslie's Illustrated que acompañaba la noticia del incidente de la sandía.

Foto: PD

Cuando ya parecía que la aguas iban a volver a su cauce apareció en escena un peruano llamado Miguel Abraham que logró quitarle la pistola a un sorprendido Oliver y salió huyendo con ella. Oliver y sus compañeros rápidamente le persiguieron a punta de pistola, y fue entonces cuando se desencadenó un tiroteo. Los vecinos, alertados por el ruido, salieron a la calle armados con machetes iniciándose una batalla campal. Los estadounidenses, que se vieron superados en número por los locales, rápidamente buscaron refugio en la estación de ferrocarril, que estaba muy cerca del mercado. Justo en ese momento hizo su entrada un tren procedente de la ciudad de Colón con casi mil pasajeros norteamericanos que debían embarcarse rumbo a California, muchos de los cuales se sumaron a la trifulca. Los panameños, airados, empezaron a incendiar todos los edificios donde supuestamente podían esconderse los estadounidenses, pero entonces un regimiento de soldados norteamericanos acantonado cerca de allí acudió a la zona rápidamente para reprimir el alboroto.

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Panamá, obligado a reconocer su responsabilidad

Una hora después de que estallase el altercado, llegó la guardia acompañada del gobernador de Panamá, que en aquel entonces era Francisco de Fábrega. Durante la refriega, un sorprendido Fábrega recibió un balazo en su sombrero, que pasó a pocos centímetros de su cabeza, y uno de sus acompañantes resultó herido por las balas del ejército estadounidense, desconocedor de que estaba disparando a la guardia panameña. Finalmente, la población y la propia guardia lograron entrar en la estación donde siguieron produciéndose enfrentamientos con un trágico balance de víctimas. Tras estos lamentables acontecimientos, los gobiernos de ambos países se acusaron mutuamente de lo que había ocurrido, y los estadounidenses rechazaron los testimonios de los cónsules de Reino Unido, Francia y Ecuador, que los acusaban de ser ellos los iniciadores del conflicto.

Una hora después de que estallase del altercado, llegó la policía con el gobernador de Panamá, Francisco de Fábrega. Durante la refriega, Fábrega recibió un balazo en su sombrero y uno de sus acompañantes fue herido por las balas del ejército estadounidense.

Portada del Frank Leslie's Illustrated, donde se informa de los violentos incidentes de Panamá.

Foto: PD

En el informe oficial sobre el incidente, redactado el 18 de julio de 1856 por Amos B. Corwine, comisionado especial designado por el Gobierno estadounidense, este afirmaba que había sido la población "de color" la que con el pretexto de defender al vendedor de fruta aprovechó la ocasión para atacar a los ciudadanos estadounidenses y saquear sus propiedades, algo para lo que, según el mismo informe, ccontaron con la complicaidad de la policía y la población local. El comisionado llegaba a la conclusión de que el Gobierno de la República de la Nueva Granada era incapaz de mantener el orden y ofrecer la protección adecuada a los ciudadanos, y recomendaba la ocupación inmediata del istmo a menos que las autoridades se comprometieran a restablecer la seguridad y ofrecieran a su país una indemnización adecuada.

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Estados Unidos, de este modo, insistió en que el gobierno granadino se hiciera responsable de los disturbios de aquel día y puso sobre la mesa las siguientes condiciones para no ocupar el territorio: que las ciudades de Panamá y Colón se gobernaran por sí mismas bajo la soberanía de Nueva Granada, que Nueva Granada cediese a los Estados Unidos varias islas en la bahía de Panamá para usarlas como bases navales, que Nueva Granada transfiriese a Estados Unidos sus derechos sobre el ferrocarril transístmico y que pagase además una indemnización por daños y perjuicios por la pérdida de vidas y la destrucción de propiedades. Tras varias desavenencias diplomáticas, el 10 de septiembre de 1857 se acabaría firmando el tratado Herran-Cass por el cual la República de la Nueva Granada admitía su responsabilidad en los incidentes provocados aquel fatídico 15 de abril de 1856 y aceptaba el pago a Estados Unidos de una indemnización de 412.394 dólares en oro.