Conquistas y alianzas

El imperio azteca

Los mexicas, como se llamaban a sí mismos, o aztecas, como se les ha denominado por Aztlán, su lugar de origen según el mito, construyeron entre 1325 y 1521 un poderoso imperio desde su capital, Tenochtitlán

aztecas 1

Foto: Kenneth Garrett

Cuando Hernán Cortés, al comienzo de la conquista de México, preguntaba a los indígenas dónde podía conseguir más oro, éstos le solían responder con dos palabras: «culua» y «Moctezuma». La primera se refería al nombre «oficial» del Imperio culhua-mexica, y dio nombre a una de las primeras poblaciones fundadas por los españoles en el actual México: San Juan de Ulúa. La segunda era el nombre de Motecuhzoma Xocoyotzin, el emperador que admitió a los españoles en la capital imperial, Tenochtitlán.

Cronología

El imperio azteca

1325

Hacia esta fecha, los mexicas o aztecas fundan en un islote del lago Texcoco la ciudad de Tenochtitlán, que se convertirá en la capital de su futuro imperio.

1428

Las ciudades de Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán derrotan a la ciudad de Azcapotzalco. Unidas en la Triple Alianza, comienzan su expansión territorial.

1440

Moctezuma I es elegido huey tlatoani («orador»), esto es, gobernante de los mexicas. Con él comienzan las guerras floridas contra Tlaxcala y Huexotzingo.

1486

Ahuitzotl ocupa el cargo de tlatoani. Será el artífice de la expansión militar de Tenochtitlán; en su época, los ejércitos mexicas llegarán al territorio de la actual Guatemala.

1502

Tras la muerte de Ahuitzotl, los nobles eligen como nuevo tlatoani a Moctezuma II, bajo quien el imperio mexica alcanzará su máxima extensión.

1519

Desembarca en Veracruz Hernán Cortés, quien, aliado con los totonacas y otros pueblos, se impone a los aztecas. En 1520 captura a Moctezuma II, que muere prisionero.

El nacimiento de un imperio

La historia de los protagonistas principales de este imperio es un buen ejemplo de propaganda a largo plazo: la mayoría de la documentación que ha llegado hasta hoy tiene su origen en los mexicas o aztecas, y en ella aparecen como un pueblo predestinado, que tras numerosas hazañas consiguió hacerse con el poder en Mesoamérica (la vasta región histórica que comprende México y la mayor parte de América Central). Su historia empezaba en un lugar llamado Aztlán, que los arqueólogos aún no han identificado. Desde ese lugar, tras una larga peregrinación, llegaron al lago de Texcoco, en el valle de México, y se establecieron allí, sujetos a la autoridad del señor de la ciudad de Azcapotzalco, en sus orillas. Sirvieron como mercenarios en las continuas guerras y se labraron una justificada reputación de ferocidad en el combate.

Hacia 1325, los mexicas fundaron su propia ciudad: Tenochtitlán, y aunque no dejaron de prosperar seguían sometidos a Azcapotzalco

Hacia 1325, los mexicas fundaron su propia ciudad: Tenochtitlán, y aunque no dejaron de prosperar seguían sometidos a Azcapotzalco, como otras ciudades, entre ellas Texcoco. Pero a comienzos del siglo XV, el señor de Azcapotzalco falleció y se abrió un período de disputas por su sucesión que se saldó con el final del dominio de aquella ciudad y la formación, en 1428, del Imperio de la Triple Alianza, formado por Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopan.

Al inicio, Texcoco y Tenochtitlán ocupaban un nivel similar en la jerarquía y Tlacopán estaba supeditada a ellas, pero, con el tiempo, el poder de Tenochtitlán fue en aumento, de modo que cuando llegaron los españoles, a comienzos del siglo XVI, el gobernante mexica Motecuhzoma Xocoyotzin (Moctezuma II) era el personaje más prominente de la federación. Esto ha hecho que se hable habitualmente de Imperio mexica o azteca aunque propiamente sea el de la Triple Alianza.

imperio azteca

La expansión de los mexicas o aztecas se orientó a controlar las zonas productoras de materias primas y rutas comerciales, aunque en el crecimiento de sus dominios la religión tuvo un papel fundamental, ya que exigía sacrificios humanos para mantener el orden cósmico.

Cartografía: eosgis.com

El poder de los mexicas

En los primeros años del Imperio, los tres aliados, vencedores de Azcapotzalco, debieron «convencer» a los pueblos dominados por esta ciudad de que no se habían emancipado, sino que habían cambiado de señor. Algunos aceptaron de buen grado ese cambio de dominio, pero a otros hubo que convencerlos por la fuerza, y algunos, como Chalco, tardaron muchos años en ser sometidos.

Las conquistas del Imperio no se extendieron a tierras lejanas hasta después de una gran hambruna que hubo en el valle de México entre 1450 y 1454, lo cual indica que la razón última de la expansión era la necesidad de controlar más áreas de producción de alimentos. Las conquistas se aceleraron bajo Axayacatl, el primer tlatoani o gobernante del Imperio cuyo poder empezó a extenderse por toda Mesoamérica. Sin embargo, no todo fueron victorias. Una campaña contra el Imperio tarasco acabó con una derrota tan sonora que los mexicas no tuvieron más remedio que reconocerla: de un ejército de 24.000 hombres solamente volvieron 4.000. Tampoco pudieron conquistar la ciudad de Tlaxcala, un fracaso que se justificó con el pretexto de que la dejaban libre para tener cerca con quien combatir y conseguir prisioneros para los sacrificios humanos a los dioses en el curso de guerras rituales, las llamadas «guerras floridas». No es de extrañar que Tlaxcala se convirtiera en el principal aliado de Hernán Cortés en su campaña contra los mexicas.

Los mexicas sirvieron como mercenarios a los señores de Azcapotzalco, y se ganaron una justificada reputación de ferocidad en el combate

A Axayacatl lo sucedió su hermano Tizoc, asesinado por no cumplir las expectativas de conquista. Durante mucho tiempo, el único monumento conocido en el que se mostraban las conquistas de un emperador fue la Piedra de Tizoc, donde aparecía este gobernante sometiendo a 14 pueblos. Ahora contamos también con la Piedra de Motecuhzoma o del Arzobispado, de estilo similar, en la que aparecen otras conquistas; cada tlatoani debía tener un monumento de este tipo. A Tizoc lo sucedió un tercer hermano, Ahuitzotl, un gran conquistador que llegó a la frontera con la actual Guatemala, entrando en contacto con tierras mayas. A su muerte llegó al poder Motecuhzoma Xocoyotzin, hijo de Axayacatl, que gobernaba el Imperio cuando Cortés llegó a México.

Fundación de Tenochtitlán

Fundación de Tenochtitlán. El pintor mexicano José María Jara muestra al sacerdote Cuauhtloquetzqui enseñando al líder de los mexicas, Tenoch, los trozos de nopal y los despojos de una serpiente y un ave que indican que ése era el lugar donde debían fundar su ciudad. 1889. Museo Nacional de Arte, Ciudad de México.

Foto: Dagli Orti / Aurimages

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Un águila sobre un tunal indica a los mexicas dónde debían fundar Tenochtitlán, según el dios Huitzilopochtli. Códice Mendoza.

Foto: Dagli Orti / Aurimages

La organización del Imperio

El documento fundamental para el estudio del Imperio culhua-mexica es el Códice Mendoza, conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, escrito con glifos aztecas acompañados de textos en latín y castellano. En su primera parte se detallan una serie de guerras o conquistas agrupadas por cada gobernante, y en la segunda se enumeran los tributos que Motecuhzoma recibía, agrupados en lo que hemos dado en llamar provincias.

Conquistas y tributos dieron lugar a la idea de que los mexicas controlaban un imperio tributario, es decir, un conjunto de dominios sometidos por las armas que pagaban tributos a sus señores. Sin embargo, ahora sabemos que esa era solamente una parte del Imperio, ya que había territorios que se integraban en él no mediante la conquista militar, sino a través de alianzas y herencias.

El Códice Mendoza señala la existencia de gobernadores y otros oficiales conocidos con el nombre náhuatl de calpixqui, que solemos traducir por «mayordomo», pues su significado literal es «el que guarda la casa». En cada localidad principal citada en el códice había uno, pero las ciudades que no pagaban tributo en especie también tenían un gobernador. La clave del Imperio es que no era un sistema territorial, sino señorial: no se conquistaban pueblos, sino señores, y los señores locales pasaban a formar parte de la administración del Imperio. Cuando uno se resistía, era sustituido por un pariente cercano más «comprensivo», y siempre había un candidato adecuado.

templo de Tlatelolco

El templo de Tlatelolco. Tlatelolco, que también era una ciudad mexica, estaba separada de Tenochtitlán por una acequia. Fue independiente hasta que el tlatoani xayacatl la anexionó al Imperio de Tenochtitlán en 1473. En ella se concentró el comercio, y la ciudad se convirtió en el principal mercado del Imperio mexica.

Foto: Cavan / Alamy / ACI

Pirámide de Ehécatl

Pirámide de Ehécatl. Este monumento circular, dedicado al dios del viento, se alza en Calixtlahuaca, ciudad de los mallatzinca que se sublevó contra el dominio azteca tanto en tiempos del tlatoani Tizoc como en época de Moctezuma II.

Foto: Cavan / Alamy / ACI

Señores y parientes

A la muerte de cada señor se producía un momento clave, el de la sucesión. Los candidatos buscaban apoyos y quien reunía los más importantes solía ganar; cuando llegaron los españoles, el apoyo más importante con que podía contar un señor local era Motecuhzoma. Muchas veces, ese apoyo se lograba mediante alianzas sancionadas por matrimonios. De hecho, los matrimonios entre señores de distintos lugares formaron la columna vertebral del sistema político mesoamericano. Lo ideal era tener un hijo y una hija en cada matrimonio para continuar el intercambio en la siguiente generación. De esta forma, los esposos solían ser primos y siempre estaban emparentados con la familia gobernante en su lugar de destino, lo que facilitaba su aceptación; todos se convertían en una única familia.

Los matrimonios entre señores de distintos lugares formaron la columna vertebral del sistema político en el Imperio mexica

Este sistema permitía que un pretendiente local al trono fuera al mismo tiempo pariente del poderoso señor de Tenochtitlán, lo cual facilitaba las cosas. El problema surgía cuando varios candidatos tenían el mismo parentesco con el señor principal y éste debía elegir. Así pasó poco antes de la llegada de Cortés, cuando murió Nezahualpilli, señor de la segunda ciudad más importante del Imperio, Texcoco. Hubo tres pretendientes, cuyas madres pertenecían a la aristocracia de Tenochtitlán. Cuando Motecuhzoma apoyó a uno de ellos, Cacamatzin, los otros dos se enfadaron, aunque Motecuhzoma los pudo calmar.

A la muerte de Cacamatzin en 1520, Motecuhzoma apoyó a Cohuanacochtzin, pero el tercer pretendiente, Ixtlilxochitl, no se conformó y se pasó al bando de Hernán Cortés, y con su apoyo se convirtió en señor de Texcoco. Las otras dos partes del Imperio, Texcoco y Tlacopán, procedían del mismo modo, de forma que el sistema señorial se plasmó en lo que el antropólogo Pedro Carrasco llamó «entreveramiento de territorios»: en un mismo lugar podía haber señores súbditos de Tenochtitlán, otros señores súbditos de Texcoco y también súbditos de Tlacopán.

La economía del Imperio

El Imperio no se nutría sólo de tributos. El comercio estaba muy desarrollado, e incluso alguna región fue conquistada para favorecer la actividad de los comerciantes. Proveer a los habitantes de Tenochtitlán –entre 150.000 y 300.000– de los bienes que demandaban exigía una vasta red comercial. De tierras lejanas solían llegar productos de lujo, como el oro, la resina aromática del liquidámbar, las plumas preciosas, entre las que destacan las de quetzal, y el cacao. Los alimentos, las materias primas y los tejidos solían proceder de zonas próximas a la ciudad.

En definitiva, lo que sabemos de cada parte de la Triple Alianza depende de la documentación que nos ha llegado; sabemos más de Tenochtitlán porque no tenemos códices tributarios de Texcoco y Tlacopán. De ahí nuestra visión parcial del Imperio de la Triple Alianza, que no era el imperio de Tenochtitlán.

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La piedra de Tizoc

La piedra de Tizoc

Foto: Alamy / ACI
La piedra de Tizoc

La piedra de Tizoc

Ilustración: UIG / Album

La crónica en piedra de Tizoc

el museo nacional de Antropología de Ciudad de México conserva un imponente bloque circular de andesita de 94 cm de altura, 265 cm de diámetro y un peso cercano a las 9,5 t. En su cara superior, que podemos apreciar bajo estas líneas, se labró la representación del Sol, mientras que en el lateral (a la derecha) se tallaron 15 escenas que representan al tlatoani mexica Tizoc, ataviado como el dios Tezcatlipoca, agarrando por los cabellos a un guerrero sobre el cual aparece el glifo o signo de una ciudad. El monumento, pues, conmemora las conquistas de Tizoc, que estuvo al frente del Imperio culhua-mexica entre 1481 y 1486. Una franja con símbolos estelares limita la parte superior de las escenas, y otra franja con la imagen del monstruo de la tierra rodea la base del monumento.

Aunque muchos consideran que la piedra de Tizoc era un monumento conmemorativo, también se ha sugerido que fue un temalacatl, piedra donde se ataba a los cautivos destinados al sacrificio gladiatorio, en el que el prisionero, armado con armas inocuas, se enfrentaba a cuatro guerreros experimentados. Otra hipótesis es que fuera un cuauhxicalli o altar de sacrificios, donde se ofrecían los corazones de los sacrificados.

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Códice Mendoza - Folio 1

Códice Mendoza - Folio 1

Fotos: Bodleian Libraries / Dagli Orti / Aurimages
Códice Mendoza - Folio 2

Códice Mendoza - Folio 2

Fotos: Bodleian Libraries / Dagli Orti / Aurimages

Las conquistas de los mexicas

El códice mendoza, conservado en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, fue encargado poco después de la conquista por Antonio de Mendoza, primer virrey de Nueva España, para que el emperador Carlos V conociera la historia de los mexicas. Es obra de un tlacuilo o escriba azteca, y utiliza los glifos o signos de esta cultura; para que el soberano pudiera leerlo, un sacerdote familiarizado con el náhuatl, la lengua de los aztecas, escribió una explicación en castellano. La primera parte del códice es una lista de los tlatoanis o señores de Tenochtitlán, con las ciudades que sometieron. Aquí vemos los dos folios que corresponden al sexto tlatoani, Axayacatzin (1469-1482), en los que se representa cada una de las 37 ciudades que conquistó.

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Chimalli

Chimalli o escudo. Museo del Estado de Württemberg, Castillo Antiguo de Stuttgart.

Fotos: Bodleian Libraries / Dagli Orti / Aurimages

Tributos para los mexicas

La segunda parte del Códice Mendoza recoge los tributos que más de 400 ciudades debían pagar a Moctecuhzoma Xocoyotzin, que gobernó Tenochtitlán entre 1502 y 1520. En los dos folios del códice que vemos aquí, los glifos de la columna de la izquierda corresponden a nombres de ciudades, y el resto de imágenes representa los bienes que estas ciudades debían ofrecer al tlatoani como tributo, así como su cantidad; sobre las imágenes figura la transcripción al castellano de los glifos o signos aztecas.

Este artículo pertenece al número 203 de la revista Historia National Geographic.

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