Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

Howard Carter y la visita "clandestina" a la tumba de Tutankamón

Tras el impactante descubrimiento de una nueva tumba en el Valle de los Reyes, Carter tuvo que esperar al regreso de su mecenas lord Carnarvon desde Inglaterra para proceder a la excavación. Tras comprobar que, en efecto, se trataba de una tumba real, se cree que Carter, Carnarvon y la hija de este, lady Evelyn, penetraron la noche del 26 de noviembre en secreto en el interior de la tumba, unos días antes de la apertura oficial.

El Valle de los Reyes, en la orilla occidental de Luxor, en Egipto. A la derecha de la imagen, la entrada a la tumba de Tutankamón en la actualidad.

Foto: iStock

Lord Carnarvon apenas podía creer lo que estaba leyendo. Sentado en una confortable butaca en su biblioteca del castillo de Highclere, en Inglaterra, el aristócrata sostenía en sus manos un telegrama procedente de Egipto. Su excavador, Howard Carter, le informaba de un hallazgo increíble en el Valle de los Reyes. Carnarvon había pasado varios años financiando las excavaciones de Carter en el lugar, sin éxito alguno, y precisamente ahora que él no se encontraba allí, el arqueólogo hacía un descubrimiento sensacional.

Sin pensarlo dos veces, el conde ordenó llevar a cabo de inmediato los preparativos necesarios para su regreso a Egipto. Esta vez le acompañaría su hija, la joven lady Evelyn Herbert. Padre e hija llegaron a El Cairo lo más rápido que pudieron, el 20 de noviembre de 1922, tres semanas después del descubrimiento. Prosiguieron su viaje hasta Luxor, donde llegarían cuatro días después.

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Una serie de hallazgos desconcertantes

Tras los saludos y felicitaciones iniciales, Carter, consumido por la impaciencia, ordenó de inmediato la reanudación de los trabajos. Los obreros despejaron lo que habían vuelto a cubrir a la espera de la llegada de lord Carnarvon hasta volver a dejar al descubierto la puerta sellada. Las huellas de los sellos eran muy claras en la parte inferior y se leía sin dificultad el nombre de Tutankamón. Tras la puerta, un pasadizo descendente de unos ocho metros, cubierto hasta arriba de cascotes, llevaba ante otra puerta con los sellos de Tutankamón y de la necrópolis.

Las huellas de los sellos eran muy claras en la parte inferior de la puerta y se leía sin dificultad el nombre de Tutankamón.

Fotografía realizada el 4 de noviembre de 1922, tras el hallazgo del primer escalón que llevaba a la entrada de la tumba de Tutankamón.

Foto: Cordon Press

La tarea de desescombro del pasadizo fue ardua y difícil. Entre los elementos que se fueron extrayendo aparecieron fragmentos de madera, marfil, sellos de jarras, restos de cerámica... así como partes de una caja con el nombre de Meritatón (hija de Akhenatón y Nefertiti, y hermana mayor de Tutankamón). También aparecieron otros nombres reales, como los de Akhenatón, Smenkhare y Tutankamón, y, lo que era más extraño, un escarabeo de Tutmosis III y un fragmento con el nombre de Amenhotep III, todo lo cual desconcertó bastante a Carter. De hecho, el arqueólogo temía que finalmente la tumba resultara ser un simple escondrijo, como el descubierto anteriormente en Deir el-Bahari o la tumba KV55, en el mismo Valle de los Reyes.

Una mirada al abismo del tiempo

Para acabar de desanimar al arqueólogo, una vez despejado el lugar, en la esquina superior izquierda de la puerta aparecieron evidencias de que los antiguos saqueadores habían abierto allí un boquete para penetrar en la sepultura poco después del entierro real, aunque luego se volvió a rellenar. ¿Estaría la tumba vacía? A última hora de la tarde del 26 de noviembre, Carter, acompañado de lord Carnarvon, su hija Evelyn y su colaborador Arthur Callender, estaba listo para retirar los bloques superiores de la entrada y echar un vistazo al interior. El mismo lugar que habían utilizado los antiguos ladrones. A continuación, Carter introdujo una vela a través del agujero y miró. Lo que pasó después ya forma parte de los anales de la historia de la egiptología. El propio Carter lo describe así:

En la esquina superior izquierda de la puerta aparecieron evidencias de que los antiguos saqueadores habían abierto allí un boquete para penetrar en la sepultura poco después del entierro real.

De izquierda a derecha, lady Evelyn Herbert, lord Carnarvon, Howard Carter y Arthur Callender delante de la entrada de la tumba de Tutankamón.

Foto: Cordon Press

"El momento decisivo había llegado. Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda. Oscuridad y vacío en todo lo que podía alcanzar una sonda demostraba que lo que había detrás estaba despejado y no lleno como el pasadizo que acabábamos de despejar. Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero coloqué la vela dentro y miré, teniendo detrás de mí a lord Carnarvon, lady Evelyn y Callender, que aguardaban el veredicto ansiosamente.

Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro. Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y cuando lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, preguntó ansiosamente: '¿Puede ver algo?', todo lo que pude hacer fue decir: 'Sí, cosas maravillosas'. Luego, agrandando un poco más el agujero para que ambos pudiésemos ver, colocamos una linterna". Estaba claro que aquello era mucho más que un simple escondrijo.

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¿Una visita "furtiva y secreta"?

Lo que ocurrió a continuación es todavía hoy objeto de controversia. De hecho, no existe total acuerdo entre los historiadores al respecto. Según el propio Carter, él y sus tres acompañantes estuvieron observando el interior de la Antecámara durante un buen rato, después sellaron el boquete a través del cual habían mirado y se fueron, a la espera de la apertura oficial de la tumba, cuando estuviesen las autoridades egipcias presentes. De hecho, era lo que debía hacerse según el acuerdo con el Servicio de Antigüedades egipcio. Pero hoy en día la mayoría de investigadores cree que no fue eso lo que realmente ocurrió. Al parecer, y según una crónica aparecida entre los papeles del Museo Metropolitano de Nueva York, Carter y su grupo pasaron toda aquella noche en el interior de la tumba, en secreto.

Al parecer, y según una crónica aparecida entre los papeles del Museo Metropolitano de Nueva York, Carter y su grupo pasaron toda la noche del 26 de noviembre en el interior de la tumba.

Curioso dibujo de una cajetilla de cigarillos que recrea la entrada "furtiva" de Carter y sus acompañantes a la tumba de Tutankamón.

Foto: Cordon Press

Si fue así, los anonadados visitantes se habrían movido por la atestada antecámara repleta de hermosos objetos apilados de cualquier manera, que apenas dejaban espacio para moverse. Lechos funerarios sobre los cuales se amontonaba jarrones de alabastro, cajas talladas, tableros de juegos de marfil y ébano, un increíble trono dorado y un batiburrillo de carros ceremoniales desmontados. Pero la sorpresa aumentaría cuando se topasen con las dos estatuas de tamaño natural que parecían custodiar un muro sellado tras el cual se ocultaba la Cámara Funeraria del faraón. En una esquina inferior de ese muro había una pequeña abertura, que había sido enyesada posteriormente. Eso parecía indicar que los saqueadores habían logrado acceder a la Cámara Funeraria y que los encargados de la necrópolis arreglaron posteriormente los desperfectos.

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Una tarea para toda la vida

Pues bien, parece ser que Carter y su grupo volvieron a abrir aquella milenaria abertura y penetraron furtivamente en el lugar más sagrado de la tumba aquella noche, contemplando las capillas doradas que protegían el sarcófago real y accediendo a una pequeña sala adyacente conocida como el Tesoro, donde, entre otros objetos, se guardaba el maravilloso cofre que contenía los vasos canopos del faraón. Al parecer, cuando salieron, Carter, para disimular su visita, colocó una vieja cesta y un montón de ramas delante de la pared norte, entre las estatuas de los guardianes.

Carter y sus acompañantes penetraron furtivamente en el lugar más sagrado de la tumba aquella noche, contemplando las capillas doradas que protegían el sarcófago real.

Imagen de la Antecámara de la tumba de Tutankamón tal como la vieron sus descubridores.

Foto: Cordon Press

Finalmente, la apertura oficial de la tumba tuvo lugar tres días después, el 29 de noviembre de 1922, ante la expectación de las autoridades allí reunidas. Tras la emoción inicial, Carter por fin fue plenamente consciente de la ingente tarea que le esperaba. "Hasta entonces la excitación se había apoderado de nosotros, sin darnos una pausa para reflexionar, pero ahora por primera vez empezamos a darnos cuenta de la fantástica tarea a la que nos enfrentábamos y de las responsabilidades que suponía. Éste no era un hallazgo corriente con el que pudiéramos disponer en una campaña normal; tampoco había ningún precedente que pudiera servirnos de guía. Era algo de lo que no se tenía experiencia, algo apabullante y por el momento pareció como si hubiera allí tanto por hacer que ningún medio humano pudiera llevarlo a cabo". En efecto, Carter tenía por delante un trabajo que podríamos catalogar de "faraónico". Los diez años siguientes serían para el arqueólogo tal vez los más duros, pero también los más apasionantes de toda su vida...