Infancias robadas

Los "hombres lobo" nazis

Con la guerra perdida y los rusos a las puertas de Berlín, Hitler jugó su última baza reclutando a niños para que formasen parte de sus unidades especiales Werwolf.

Los comandos de la unidad Werwolf estaban formados por grupos de tres a seis hombres, mujeres o niños que se especializaron en ataques como francotiradores

Foto: CordonPress

En la novela de Hermann Löns titulada Der Wehrwolf (el hombre lobo), publicada en 1910, se narra la lucha de los campesinos durante la devastadora guerra de los Treinta Años, un conflicto que tuvo lugar entre 1618 y 1648, y en el que contabilizaron más de siete millones de muertos en los territorios alemanes. El libro cuenta la historia de un campesino llamado Harm Wulf, cuya familia había sido asesinada por soldados extranjeros y sus posesiones arrasadas. En ese momento, Wulf organizó una especie de grupo de autodefensa local que llegaría a congregar a un centenar de vecinos, y juntos buscaron, capturaron y ejecutaron sin piedad a los invasores. Vista por el público germánico como una parábola del justo y digno alemán, capaz de hacer lo que el deber le obligaba cuando el invasor extranjero asolaba sus tierras, la novela causó una profunda impresión en la jerarquía nazi. Años más tarde, en el otoño de 1941, Heinrich Himmler, mano derecha de Adolf Hitler, crearía la unidad Werwolf.

Nacionalismo folclórico

De todos es conocida la fascinación de los nazis por los sucesos paranormales, la mitología, la arqueología y las leyendas folclóricas. El nacionalismo germano había alimentado durante un siglo los mitos sobre la naturaleza mística de su territorio, de sus bosques, de las montañas y de los ríos. Todos ellos eran objeto de veneración. En ese mundo mágico vivían toda clase de criaturas fabulosas, como los hombres lobo y los vampiros. Estas leyendas tenían sentido porque forjaban una identidad común que los nazis asimilaron en la construcción de su particular nacionalismo al cual sumaron la visión extravagante de Hitler.

Estas leyendas tenían sentido porque forjaban una identidad común que los nazis asimilaron en la construcción de su particular nacionalismo.

La idea inicial de la creación de esta unidad de élite la presentó Martin Borman, jefe del partido nazi, y fue rápidamente aprobada por Adolf Hitler. En 1944, el ministro de propaganda, Joseph Goebbels, creó una emisora de radio y un periódico a los que llamó Werwolf, dedicados a difundir propaganda nacionalsolcialista. Ambos medios acuñaron el eslogan "¡Quién no está con nosotros, está contra nosotros!".

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Lobos asesinos

A mediados de septiembre de 1944, Himmler nombró al general de la división de las SS, Hans Prützmann, Inspector General para la Defensa Especial. Prützmann era un alto mando de las SS y fue jefe de la policía en Ucrania. Tenía una gran experiencia en la guerra de guerrillas y perfeccionó las tácticas de combate para pequeños grupos en las escuelas para mandos. En esta instrucción era de lectura obligada el libro Hombres lobo. Aviso para las unidades de caza.

Los comandos de la unidad Werwolf estaban formados por grupos de tres a seis hombres (y también mujeres) que se especializaron en ataques como francotiradores, así como en provocar incendios, sabotajes y cometer asesinatos de todo tipo. Entre las técnicas utilizadas se incluía matar a los centinelas enemigos ahorcándolos con una soga de un metro con nudo corredizo.

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Una de las primeras acciones llevadas a cabo por los comandos Werwolf fue organizar la Operación Carnaval, cuyo blanco era Franz Oppenhoff. Oppenhoff era un abogado católico al que los aliados habían nombrado alcalde de la ciudad fronteriza de Aquisgrán y que además era el político antinazi más respetado del país. Dos jóvenes miembros de la Werwolf, Josef Leitgeb y Herbert Wenzel, se infiltraron en territorio ocupado por las tropas estadounidenses. Al llegar a la casa de Oppenhoff, se hicieron pasar por aviadores que habían caído tras las líneas enemigas y mientras el alcalde los escuchaba, Leitgeb le pegó un tiro en la cabeza.

Oppenhof no fue el único asesinado: seis alcaldes más perdieron la vida a manos de los comandos de "hombres lobo", que causaron tal terror que se hizo casi imposible encontrar a nadie que quisiera ocupar ese cargo. En todo el país, numerosos detractores o presuntos "antinazis" fueron asesinados, con lo que se "convencía" a los demás de no "cambiar de bando".

Junto a Oppenhof, seis alcaldes más perdieron la vida a manos de los comandos de "hombres lobo".

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El discurso Werwolf

Antes de su disolución en 1945, el grupo cometería otros crímenes sonados como el del mayor John Poston, oficial de enlace del mariscal de campo Bernard Law Montgomery; el del general Nikolai Berzarin, comandante soviético en Berlín, y el del general Maurice Rose, el más antiguo oficial judío del ejército norteamericano.

El 23 de marzo de 1945, con el final inminente de la guerra, Goebbels pronunció un discurso, conocido como El discurso Werwolf, en el que arengaba a cada alemán para que luchara hasta la muerte: "Todos los medios son correctos para dañar al enemigo. Nuestras ciudades en el Oeste, destruidas por el cruel terrorismo aéreo, las mujeres y los niños hambrientos a lo largo del Rin, nos han enseñado a odiar al enemigo. La sangre y las lágrimas de nuestros hombres asesinados, nuestras mujeres violadas y nuestros niños masacrados en los territorios ocupados en el Este, claman venganza. El movimiento Werwolf declara en esta proclamación su firme y resuelta decisión, indiferentes ante una muerte posible y tomando venganza de cada ultraje que el enemigo cometa contra un miembro de nuestro pueblo, dándole muerte. Cada bolchevique, cada inglés y cada norteamericano serán los blancos a atacar de nuestro movimiento. En donde nosotros tengamos la posibilidad de acabar con sus vidas, lo haremos con placer y sin preocupación de las nuestras. Cada alemán, en el puesto en que se encuentre, que se ofrezca a cooperar con el enemigo, sentirá nuestra venganza. Odio es nuestra plegaria.Venganza es nuestro grito de guerra".

"Todos los medios son correctos para dañar al enemigo. Nuestras mujeres y niños hambrientos a lo largo del Rin, nos han enseñado a odiar al enemigo" apuntó Goebbels en El discurso Werwolf.

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Niños sin infancia

El discurso pronunciado en ese momento ya no iba dirigido a comandos especialmente entrenados para el combate, ya que en ese momento​ los comandos Werwolf los formaban niños que no superaban el metro cincuenta. Esos niños comprendieron muy pronto el significado de la palabra muerte, y no fue cuando tuvieron enfrente a las tropas rusas y aliadas, sino cuando cada uno de ellos recibió la pastilla de cianuro que debería tomarse antes de caer en manos enemigas. La palabra derrota no cabía en el diccionario nazi y si alguno pensaba en ello debía tener la "dignidad moral" de suicidarse. A aquellos niños-soldado les esperaba otro terrible castigo: la Wehrmacht y las Waffen SS se negaron a entregar armamento y equipo a "unidades juveniles" de dudoso valor militar. A aquellos jóvenes sólo les quedó crear bombas caseras con latas de sopa de rabo de buey de la marca Heinz.

La palabra derrota no cabía en el diccionario nazi y si alguno pensaba en ello debía tener la "dignidad moral" de suicidarse.

Hay una imagen de una filmación que ha pasado a la historia: en el exterior del búnquer, Adolf Hitler saluda a un grupo Werwolf. Los niños llevaban las solapas de sus abrigos levantadas para combatir el intenso frío berlinés. Hasta sus oídos llegaban los disparos del ejercito ruso, que ya no estaba a kilómetros de distancia, sino tan solo a unos cientos de metros. Frente a su Führer, los niños temblaban y ni ellos mismos sabían si era por el frío o por el miedo. Tras el saludo, Hitler volvió a su guarida y empezó a planear cual sería el mejor momento para suicidarse junto a Eva Braun. Tras cerrarse la puerta metálica del búnquer, los niños recibieron la orden de volver a las calles a combatir. Y no era un juego, sino que luchaban contra los tanques rusos. Para ellos, su infancia había muerto hacía tiempo.

Los niños recibieron la orden de volver a las calles a combatir. Y no era un juego, sino que luchaban contra los tanques rusos.

El fin de los comandos Werwolf era inevitable. Algunos niños pudieron desertar, otros fueron masacrados por tropas francesas y soviéticas a las que no les importó la edad de sus enemigos. Nunca fueron hombres lobo. Tan solo fueron niños que tuvieron que aprender a morir antes de tiempo.

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