Relato de la gloria de Atenas

Las historias que nos cuentan los frisos del Partenón

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El Partenón es uno de los monumentos más icónicos del mundo y su silueta es reconocible en casi todos los rincones del planeta. Igual de célebre es el friso que ahora está repartidos entre varios museos de todo el mundo, sobre todo en el Museo Británico. Periódicamente surge la cuestión de si las piezas deberían ser retornadas al Estado griego o estarán mejor conservadas en Londres. 

La polémica llena páginas de periódicos y revistas y minutos de radio y televisión aunque casi nadie sabe qué significan los relieves que tanto debate generan. Los frisos del Partenón son una monumental obra de arte continua de 160 metros de longitud que recrea las mayores fiestas conocidas en el mundo griego, las Grandes Panateneas –celebradas cada cuatro años en honor a Atenea– dedicada a la diosa protectora de su ciudad por el demos (pueblo) ateniense, que aparece representado al completo en la monumental obra.

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Esplendor en ruinas

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Esplendor en ruinas

En los templos clásicos, el friso era la banda de bloques de piedra situada entre las columnas y la cornisa. El gran friso del Partenón era una escultura continua en bajorrelieve de 160 m de longitud formada por 115 bloques de mármol de 1,02 m de lado que recorría el perímetro de la cella –el templo propiamente dicho– a 12 m de altura. Una explosión en el siglo XVII destruyó esta estancia casi por completo y es la responsable de que el aspecto actual del templo sea el de una construcción en ruinas en la que apenas se conserva el períptero de columnas dóricas que daba acceso al templo.

Una obra disgregada

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Una obra disgregada

Gran parte de ese friso fue rescatado en el siglo XIX de las ruinas de esa explosión por lord Elgin, que lo vendió al Estado británico, que en la actualidad custodia 80 m en el Museo Británico, las piezas más polémicas y que Atenas reclama con periodicidad. El museo de la Acrópolis (arriba) cuenta con 50 metros de friso. El paso de los milenios, la explosión, pero también la acción iconoclasta de cristianos y musulmanes (que convirtieron el templo en iglesia y mezquita y destruyeron las imágenes paganas) han hecho que el friso haya perdido parte de su esplendor. Pero aun así sigue siendo una obra de arte notable de la escultura antigua.

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Trasancos 3D

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Un templo multicolor

El Partenón fue concebido como un emblema de Atenas y su diosa protectora. Su decoración estaba al servicio de la exaltación de la ciudad como representante de la cultura helénica y su papel como defensora de la civilización frente a la barbarie, pintada de vivos colores que destacaban sobre el blanco mármol pentélico. Sobre la entrada principal, al este –recreada en 3D sobre estas líneas– se representó el nacimiento de Atenea en el Olimpo en presencia de Zeus, su padre, y los demás dioses. Debajo, escenas de una gigantomaquia, dioses luchando contra los gigantes que habían intentado asaltar el Olimpo y eliminar el orden cósmico.

Un templo multicolor

Trasancos 3D

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La casa de Atenea

Hace 2.500 años el Partenón era un espacio majestuoso donde se custodiaba una estatua criselefantina (esto es, de oro y marfil) de 12 m de altura de Atenea, como puede apreciarse en esta sección. El gran friso del Partenón estaba situado en las paredes de la cella a 12 metros de altura e, igual que el resto de la decoración escultórica del templo, estaba pintado de vivos colores. Estas llamativas tonalidades debían jugar un papel importante a la hora de reconocer las figuras y las situaciones representadas ya que la altura en la que estaban situadas hacía difícil apreciar las escenas desde el angosto pasillo de poco más de un metro que separaba el templo de la columnata.

Trabajo in situ

World History Archive / Cordon Press

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Trabajo in situ

El gran friso representaba en relieve la procesión hacia la Acrópolis que tenía lugar el último día de las fiestas de la Gran Panatenea, el 28 de hekatombeón (en verano) considerado el día del nacimiento de la divinidad. El responsable del proyecto, y de toda la decoración del Partenón y la colosal estatua que albergaba en su interior, fue Fídias, el más grande escultor griego de época clásica. Aunque no se sabe a ciencia cierta, se supone que los grandes bloques (de 60 cm de profundidad) formaban parte del muro de la cella y fueron esculpidos in situ por el taller de Fídias. La pintura de Lawrence Alma-Tadema, sobre estas líneas, muestra al escultor sobre los andamios recibiendo la visita de ciudadanos que acudían a admirar su obra maestra.

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Trasancos 3D

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Decoración continua

En la enorme escena aparecen 378 figuras de humanos y dioses y 220 de animales. La escena se desarrolla desde la fachada oeste y se bifurca hasta converger sobre la entrada principal. Rerecrea la procesión que arrancaba en el barrio del Cerámico, a las afueras de la ciudad, ascendía a la acrópolis y acababa en el templo para llevar a la diosa el presente ritual de
un manto, el peplo, y otras ofrendas y cien reses para el sacrificio.

Preparativos

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Preparativos

El comienzo, en el friso occidental, representa la preparación de los jinetes en el Cerámico y el inicio de la procesión. La placa sobre estas líneas (de la esquina noroeste), en el Museo Británico, muestra a dos jóvenes jinetes al galope. El primer jinete, desnudo, melena al viento, lleva sujeta al cuello una clámide, capa que lo identifica como un efebo. El segundo jinete viste una coraza modelada sobre un quitón (túnica interior) corto y luce el peinado y la barba característicos del ciudadano ateniense adulto.

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Un pequeño "expolio"

Los bloques con escenas de acción se intercalan con escenas tranquilas. Las vestimentas son variadas, cosa que se ha interpretado por la voluntad de representar a las tribus del Ática. En esta placa dos jinetes intentan calmar un caballo que  se ha desbocado y girado en contra del curso de la procesión. que continua tranquilamente por detrás. La réplica de yeso (en blanco) sustituye una pieza que Lord Elgin se llevó a Londres.

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Camino a la acrópolis

En el friso norte, la acción se desarrolla gradualmente y desde una preparación tranquila se acelera hasta el galope de los caballos. Esta primera pieza de la cara septentrional (hacía esquina con la pareja de jinetes de más arriba) refleja una escena cotidiana: los jinetes aún no han montado. A la derecha está un pequeño criadolleva el himation de su amo al hombro mientras abrocha el cinturón del último jinete, que se ajusta la ropa. Otro joven, un efebo desnudo, agarra la brida de su caballo al tiempo que se ajusta la banda alrededor de su cabeza.

Aguadoras

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Aguadoras

En el lado norte, tras la procesión de caballos y jinetes, el friso muestra otros personajes, como estos cuatro hidriaphoroi, porteadores de jarras de agua. Son hombres jóvenes con  himatia. Los tres primeros llevan sus cántaros de agua sobre el hombro izquierdo y el cuarto parece disponerse a levantar el suyo tras haberlo apoyado en el suelo para descansar a levantarlo nuevamente. El agua de las vasijas estaba destinada a rociar el altar y abrevar a los animales. Por detrás se intuye el final de la procesión de los flautistas, de cuyos bloques apenas se conservan fragmentos. 

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Camino al sacrificio

El costado sur es el que peor se conserva, ya que su superficie resultó gravemente dañada en la tremenda explosión de 1687. En esta banda, la procesión continua con gran cantidad de jinetes, carros y caballos, pero también otros animales, como este buey que es arrastrado a la fuerza por dos jóvenes pastores vestidos con himation, manto, detrás del funcionario, que da indicaciones con la mano extendida.

Hacia la apoteosis final

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Hacia la apoteosis final

El friso este se compone de nueve bloques considerablemente más largos que de los otros lados. Los bloques y fragmentos supervivientes se encuentran dispersos en varios museos. El final de la procesión es simétrico en las esquinas norte y sur. En el centro convergen las procesiones de los otros bandos. Este bloque representa el final de la procesión que avanza por el sur: muestra cinco doncellas. Sus cabezas están vandalizadas, seguramente por las autoridades cristianas que ocuparon el templo en la Edad Media.

El friso del Louvre

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El friso del Louvre

A continuación del anterior, este fragmento muestra seis mujeres vestidas con peplo y un velo sobre los hombros. Llevan objetos destinados a prácticas rituales. Las jóvenes, escogidas por ser las más hermosas de Atenas, habían tejido los peplos ofrecidos en Atenea. Dos figuras masculinas las ayudan y asesoran en el ceremonial. Esta tabla tiene la originalidad de que es la única en posesión del Museo del Louvre. Fue recogida por Louis François en 1789 al pie del Partenón.

REunión divina

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Reunión divina

Toda la escena convergía en el centro del friso este, en el que se situaba la reunión de los dioses del Olimpo. Este fragmento conservado en el Museo de la Acrópolis pertenece a un bloque del que se conservan partes en Palermo y el Museo Briitánico. Muestra a Poseidón, Apolo y Artemisa conservados en muy buen estado, incluso con sus rostros intactos que celebraban el cumpleaños de Atenea.

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Los presentes a la diosa

Sobre estas líneas se muestra la escena culminante de todo el conjunto, la entrega de los peplos. Dos doncellas. Se trataba de niñas de entre 7 y 11 años que participaron en la ceremonia de inicio del tejido de los peplos destinados al xoanon de la diosa, una estatua de madera de olivo que se creía había sido arrojada desde el cielo por el propio Zeus.

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