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Crímenes que cambiaron la historia: episodio 20

Hipatia: el asesinato de una filósofa

Amante del conocimiento desde bien pequeña, Hipatia fue desacreditada por ocupar una posición alejada del rol tradicional de madre y esposa. De hecho, tristemente es más conocida por su terrible muerte que por su obra.

Amante del conocimiento desde bien pequeña, Hipatia fue desacreditada por ocupar una posición alejada del rol tradicional de madre y esposa. De hecho, tristemente es más conocida por su terrible muerte que por su obra.

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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

Hoy vamos a hablar de la trágica muerte de Hipatia de Alejandría, la mente más brillante de su tiempo, y una víctima inocente de las intrigas políticas de su entorno. Su brutal asesinato marcó el ocaso de la cultura pagana en la Antigüedad.

Hipatia fue la matemática, astrónoma y filósofa más importante de Alejandría entre los siglos IV y V después de Cristo, y la primera mujer conocida de la historia que estudió y enseñó en un centro cultural de gran prestigio. En una época en la que las mujeres no tenían el mismo estatus que los hombres, por más brillantes que fuesen, Hipatia desafió a una sociedad profundamente sexista, y se ganó el respeto y la admiración de sus contemporáneos.

Con estas credenciales, Hipatia de Alejandría debería haber pasado a la historia como lo que fue: una de las figuras intelectuales más sobresalientes de la Antigüedad, y la única mujer que consiguió una posición tan elevada en ese período histórico. Pero, triste e injustamente, la muerte horrible que sufrió a manos de una turba salvaje parece haber eclipsado sus logros y ensombrecido su figura…

Ella era vista como pagana

¿Pero qué hizo Hipatia para merecer un final tan terrible? Durante siglos se dijo que Hipatia había sido asesinada por una masa de fanáticos cristianos que la odiaba por sus creencias filosóficas. Y es cierto que en aquel período cristianos, judíos y paganos estaban enfrentados, y ella era vista como pagana. Pero hay indicios que sugieren que el asesinato de Hipatia no fue un acto impulsivo, sino que pudo ser parte de una maniobra política.

Cuando nació Hipatia, alrededor del año 360, el esplendor cultural e intelectual de Alejandría se estaba desvaneciendo. Fundada por Alejandro Magno en el año 331 antes de Cristo, la ciudad podía presumir de tener el famoso Faro de Alejandría -una de las siete maravillas del mundo antiguo-. También estaba allí el Museion, el centro cultural que acogía la Biblioteca de Alejandría, y por donde se dice que pasaron los escritores, médicos, científicos y filósofos más relevantes de la antigüedad.

En el año 48 antes de Cristo, Julio César conquistó Alejandría. Durante el asedio, César ordenó quemar la flota enemiga. El incendio desatado se extendió por la ciudad y arrasó la Biblioteca. A partir de entonces, Alejandría fue cayendo poco a poco en decadencia. En el año 364 después de Cristo, el Imperio romano se dividió en dos, y Alejandría permaneció en la parte oriental, controlada por Constantinopla (que hoy es Estambul).

Dieciséis años después, el emperador romano Teodosio I declaró el cristianismo como religión oficial del Imperio -incluyendo Alejandría-, e impuso castigos a los no creyentes. Entonces, empezaron a surgir tensiones entre cristianos y no cristianos.

Una vida dedicada al conocimiento

A pesar de la inestabilidad que empezaba a amenazar a Alejandría, Hipatia recibió una educación exquisita. Su padre era el gran matemático y astrónomo Teón, que enseñaba en el Museion. Se sabe muy poco sobre la vida familiar de Hipatia; ni siquiera tenemos su fecha de nacimiento, y la identidad de su madre es un misterio.

Lo que sí sabemos es que Teón se encargó de la educación de su hija, y le enseñó todo tipo de materias, como matemáticas, astronomía, filosofía y literatura. Ella pronto demostró su inteligencia excepcional y su gran pasión por aprender. Teón fue conocido sobre todo por sus estudios de la obra de Claudio Ptolomeo, un científico griego que escribió el tratado de astronomía más completo de la Antigüedad. Hipatia participó en estos estudios, y continuó el trabajo de su padre.

Hipatia pasó de alumna a maestra del Museion, y se convirtió en la matemática y astrónoma más relevante de su época, un estatus que ninguna mujer había alcanzado antes, y que parecía impensable. Hipatia escribió extensamente sobre matemáticas y astronomía, e inventó objetos útiles como el astrolabio -un instrumento de navegación para orientarse- y varios artefactos para medir la densidad de los fluidos.

Pero fue su faceta como filósofa lo que la lanzó al estrellato intelectual del momento. Hipatia representaba al neoplatonismo, una escuela de pensamiento que reinterpretaba las ideas de Platón más de siete siglos después de su muerte. Combinando espiritualidad y ciencia, la teoría neoplatónica aplicaba las matemáticas y la astronomía a la filosofía para entender el funcionamiento del universo, y el papel del individuo en él.

El conflicto entre paganos y cristianos era cada vez más tenso en Alejandría, pero Hipatia estaba consiguiendo mantenerse al margen. Sus lecciones en la Escuela Neoplatónica de Filosofía atraían a multitud de estudiosos de todos los rincones del Imperio romano, tanto paganos como cristianos.

Muchos autores de la época hablan de ella con gran estima y admiración; sin ir más lejos, Sócrates el Escolástico escribió que Hipatia había llegado tan alto que había superado a todos los filósofos de la época. Sus discípulos la veían como a una figura sabia y benefactora, y su integridad estaba fuera de toda duda. En sus clases, Hipatia vestía el tipo de túnicas que llevaban sus compañeros académicos; un privilegio que solo estaba al alcance de los hombres en aquel momento, pero que nadie ponía en duda que ella mereciese.

Su filosofía hizo que abrazase la castidad, así que nunca se casó ni tuvo hijos. Hipatia dedicó su vida a conservar, proteger y divulgar el patrimonio científico de la Antigua Grecia, en unos tiempos en los que el dogma religioso amenazaba con dominarlo todo.

Según el pensamiento neoplatónico, las matemáticas y la astronomía eran vías que llevaban a un ser supremo del cual emanaban todas las cosas. Aunque la filosofía de Hipatia se consideraba pagana, los cristianos identificaban a este ser supremo con su Dios; esto ayudaba a suavizar sus discrepancias, al menos en el plano filosófico, y convertía las clases de Hipatia en un pequeño oasis de concordia y conocimiento.

¿Fruto de una guerra ideológica?

En el año 391, el patriarca Teófilo -la máxima autoridad cristiana en Alejandría- ordenó destruir el Serapeum, el gran santuario pagano de la ciudad dedicado al dios greco egipcio Serapis. En una demostración de fuerza y desprecio, los seguidores de Teófilo cogieron la estatua del dios que había en el templo, la decapitaron, la desmembraron, y quemaron sus restos.

Al arrasar el templo, también destruyeron una colección irreemplazable de literatura clásica que pertenecía a la Biblioteca de Alejandría. Ante este ataque, algunos intelectuales paganos tomaron parte en el conflicto, y hasta alardearon de haber asesinado a cristianos. Hipatia, en cambio, no dejó que la rabia empañase su juicio; prefirió ser prudente y no pronunciarse sobre la revuelta.

Pero si Hipatia actuó con tanta cautela y se mantuvo fuera del conflicto, ¿por qué la versión tradicional de la historia cuenta que su asesinato fue fruto esta guerra ideológica? Durante años, los historiadores han estudiado el caso, y muchos han llegado a la conclusión de que hay otra explicación al asesinato de Hipatia que tiene mucho más sentido.

Hipatia mantuvo la distancia entre ella y el conflicto entre paganos y cristianos para protegerse. Pero es cierto que estaba involucrada en un enfrentamiento entre dos hombres que, por cierto, eran cristianos: el patriarca Cirilo y el gobernador romano de la ciudad, Orestes.

Cirilo había heredado el cargo de patriarca de Alejandría de su tío, Teófilo, el mismo que había encargado la destrucción del Serapeum. Este no había sido un episodio aislado: con el permiso del emperador romano, Teófilo había llevado a cabo una intensa campaña de destrucción de templos no cristianos en el norte de África. Su objetivo era claro: acabar con el paganismo e imponer el cristianismo.

La cruzada de Teófilo contra todo lo no-cristiano podría haber puesto a Hipatia en peligro de no haber sido por un detalle importante: Teófilo era amigo del obispo Sinesio de Cirene, que, aunque era cristiano, era un gran admirador y discípulo de Hipatia. Este vínculo y la reputación impecable de Hipatia la protegieron de la furia anti pagana de Teófilo. Pero con la muerte de este patriarca y la llegada de su sobrino al poder, las tornas cambiaron.

Cirilo continuó la política religiosa intolerante de su tío, y lo hizo con más crudeza todavía. No dudaba en usar la violencia para conseguir sus objetivos, y estuvo involucrado en la expulsión de los judíos de Alejandría. Por su lado, Orestes fue nombrado prefecto imperial de Alejandría poco después del ascenso de Cirilo. Orestes estaba a cargo del gobierno civil de la ciudad, y, aunque era cristiano, no quería ceder terreno a la iglesia.

Concebida como una autoridad moral

Gran parte de su trabajo consistía en preservar la estabilidad en la ciudad; y para ello necesitaba el apoyo de la aristocracia local, que, en su mayoría, adoraba a dioses paganos. Orestes también tenía que procurar evitar conflictos con la comunidad judía, y ganarse a la población cristiana que no estaba de acuerdo con los métodos violentos de Cirilo.

En resumen -y al contrario que el patriarca-, el prefecto Orestes necesitaba atraer a un grupo de gente muy diverso para ganar apoyos y contrarrestar el poder de la iglesia. Y para eso acudió a su amiga Hipatia.

Hipatia era la aliada ideal. Su estatus como filósofa le daba una autoridad moral y una capacidad de influencia al alcance de pocos; además, aunque era vista como pagana, no practicaba rituales paganos, como las consultas a oráculos o la magia, y nunca había participado en la defensa activa del politeísmo. Hipatia tenía buena imagen entre los miembros de la élite de Alejandría que no apoyaban abiertamente a ninguno de los bandos y que rechazaban la violencia.

Otro detalle clave era su red de contactos. A lo largo de los años, Hipatia había conocido a multitud de estudiantes y eruditos de círculos cristianos poderosos, tanto de Constantinopla como de Alejandría. Por todo esto, Orestes la animó a tomar parte en la política local, que necesitaba de una mediadora como ella. Pero, justamente por esto, Cirilo, el patriarca, empezó a ver en aquella intelectual pagana una amenaza a su control sobre la comunidad cristiana. Fue entonces cuando decidió quitarla de en medio.

Campaña de difamación

Para neutralizar a Hipatia, Cirilo orquestó una campaña de difamación contra ella, acusándola de practicar magia negra. Según el patriarca, Hipatia era una bruja peligrosa que utilizaba hechizos para atraer a la gente a sus clases. Corrió el rumor de que había enredado a Orestes para que faltase a misa y para que dejase entrar en su casa a personas no cristianas. Sócrates el Escolástico escribió que:

“como Hipatia tenía entrevistas frecuentes con Orestes, entre la población cristiana se propagó la información calumniosa de que era su influencia lo que estaba impidiendo que Orestes se reconciliase con Cirilo”.

Todos estos clichés se han utilizado a lo largo de los siglos para desacreditar a mujeres que ocuparon posiciones alejadas de los roles tradicionales de madre y esposa. Cleopatra, Catalina la Grande y María Antonieta son solo algunos ejemplos de víctimas de este tipo de campañas. Las calumnias lanzadas contra Hipatia buscaban señalarla como enemiga pública, y prepararon el terreno para la siguiente fase del plan.

Cirilo no podía asesinar Hipatia él mismo, ni tenía la necesidad de hacerlo. Así que se lo encargó a sus parabolanos. En su origen, los parabolanos eran una hermandad cristiana que se dedicaba a cuidar de los más necesitados. Pero durante el mandato de Cirilo, este colectivo funcionaba más como una milicia armada al servicio del patriarca que como una organización caritativa.

Aunque no hay pruebas de que Cirilo ordenase el asesinato de Hipatia -y este tema sigue siendo objeto de debate-, hay muchos indicios que señalan que él tenía mucho que ganar con esta muerte, y que los parabolanos se encargaron del asunto por él. Cirilo había intentado asesinar a Orestes sin éxito; pero Hipatia era un blanco más fácil.

Muchos autores contemporáneos de Hipatia escribieron con detalle sobre el crimen. Los cristianos Sócrates el Escolástico y Juan de Nikiu, y algunos paganos como el filósofo griego Damascio, coinciden en sus relatos. En un día de marzo del año315, Hipatia viajaba en carro por las calles de Alejandría, cuando una turba de cristianos enloquecidos se abalanzó sobre ella.

Los atacantes agarraron a Hipatia por la fuerza, y la arrastraron al interior de una iglesia cercana. Allí, la desnudaron, la lapidaron y la golpearon hasta la muerte. Entonces, los asesinos desmembraron su cuerpo y quemaron los restos. Otras crónicas cuentan que estaba dando una clase cuando la multitud la asaltó, y que una vez muerta la arrastraron por la vía Canópica, la calle principal de la ciudad.

Este brutal maltrato no fue tan espontáneo como puede parecer: dos patriarcas alejandrinos, Jorge de Capadocia y Proterio de Alejandría, habían sufrido muertes muy similares años antes. Y curiosamente, la estatua del dios Serapis también había sido desmembrada y quemada. Este modus operandi revela una ritualización de la crueldad, un método asesino horripilante pero coreografiado… Una muestra de la parte más inhumana del ser humano.

El asesinato de Hipatia puso fin a la amenaza que su apoyo a las políticas de tolerancia de Orestes representaba para Cirilo. Su muerte marcó el punto de inflexión entre la autoridad religiosa, representada por Cirilo, y la autoridad civil, personificada en Orestes.

No se sabe qué fue de él después del asesinato de Hipatia. Lo que sabemos es que los líderes cristianos no erradicaron la filosofía pagana de Alejandría, pero vigilaron más de cerca a las autoridades seculares. Al final, el patriarca ganó la partida.

Ni el paganismo ni el academicismo murieron con Hipatia, pero su desaparición supuso un golpe muy duro. Los escritos de Hipatia se perdieron, pero su legado nos ha llegado a través de sus discípulos, y su leyenda ha perdurado. Como la de otras figuras que encontraron una muerte trágica, la imagen de Hipatia se ha ido mitificando con el paso de los siglos.

Su figura resurgió en el Renacimiento; de hecho, se cree que está retratada en la obra maestra de Rafael, La Escuela de Atenas, entre las mentes más brillantes de la historia de la humanidad. En el periodo de la Ilustración, Hipatia fue convertida en símbolo de la lucha de la razón contra la superstición y la represión de la Iglesia.

Artistas, escritores, científicos y pensadores como Voltaire se inspiraron en ella para reivindicar el poder de la mente humana libre de dogmas. En el siglo XIX, el movimiento romántico perpetuó la iconografía de Hipatia en la literatura y en las artes, idealizándola como una mujer joven y resplandeciente, aunque en el momento de su muerte tenía alrededor de sesenta años.

En su libro titulado Hipatia de Alejandría, el matemático Michael Deakin la describe así:

“Casi sola, siendo prácticamente la última académica, Hipatia apostó por los valores intelectuales, por la matemática rigurosa, por el neoplatonismo ascético, por el rol crucial de la mente, y por la voz de la templanza y la moderación en la vida pública”.

Casi dos mil años después de su muerte, y a pesar de su final trágico, la figura de Hipatia representa la victoria del conocimiento sobre la ignorancia, de la razón sobre la barbarie. Como icono feminista, es más relevante que nunca. Hipatia dedicó su vida a preservar el saber antiguo ante un mundo que quería acabar con todo aquello, y con ella misma, para sumirse en el oscurantismo…

Pero si hoy hablamos de ella es porque, mientras haya humanidad, su legado vivirá; porque, como la luz y como el agua, el saber siempre encuentra la manera de resurgir.