El rugir de la 'fauve'

Henri Matisse, el genio del color

La obra de Matisse, considerado una de las figuras artísticas fundamentales en la historia del arte moderno del siglo XX, brilla por su gran expresividad y colorido, y ha influido en muchos artistas de vanguardia, como el mismo Andy Warhol.

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Para los coleccionistas Gertrude y Leo Stein, si Picasso fue el Sur, Henri Matisse (considerado uno de los pintores más importantes del siglo XX) fue definitivamente el Norte. Fallecido el 3 de noviembre de 1954, tras una larga enfermedad, la infancia del genial pintor fue muy poco inspiradora: "En mi pueblo si había un árbol en el camino lo arrancaban, porque arrojaba sombra a cuatro plantas de remolacha", y cuando su padre le sorprendía pintando "tonterías" recibió más de una paliza.

De conservador a vanguardista

Matisse empezó a pintar en 1889, cuando su madre le regaló pinturas y pinceles para hacer sus primeras obras. En aquel momento de su vida, el pintor dijo haber "descubierto una especie de paraíso". Desde entonces quiso dedicarse al arte, lo que decepcionó enormemente a su padre que le llegó a decir: "¡Te vas a morir de hambre!, ¿Me oyes, Henri…? ¡Es una carrera para vagabundos…!". Matisse hizo sus pinitos en el arte copiando reproducciones en color de la caja de óleos que le había regalado su madre, y continuó más tarde con la decoración de la casa de sus abuelos. En 1891, abandonó su empleo en el bufete de abogados para el cual trabajaba, y en 1892 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de París, donde recibió clases en el taller del pintor Gustave Moreau. Allí coincidió con otros artistas como Rouault, Camoin y Marquet, además también se relacionó con el artista Raoul Dufy, discípulo de Pierre Bonnard.

En 1891, Matisse abandonó su empleo en el bufete de abogados para el cual trabajaba, y en 1892 se matriculó en la École des Beaux-Arts, donde recibió clases en el taller del pintor Gustave Moreau.

En aquella época, y según sus palabras, "tenía el cabello como el de Absalón, y estaba lejos de ser el típico estudiante de arte bohemio de la margen izquierda. Me puse de cabeza en el trabajo". Matisse había recibido la típica educación de clase media del norte de Francia que lo marcaría para siempre: "Según el principio que había escuchado toda mi joven vida, expresado por las palabras '¡Date prisa!'. Como mis padres, me apresuré en mi trabajo, empujado por no sé qué, por una fuerza que hoy percibo como ajena a mi vida de hombre normal". Su aspecto se asemejaba más al de un burgués que al de un miembro destacado de la vanguardia parisina: gafas con montura de oro, barba corta y cuidadosamente recortada y ropa de corte conservador.

Matisse retratado hacia 1913 con sus utensilios de pintor.

Matisse retratado hacia 1913 con sus utensilios de pintor.

Foto: CC

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Amor/odio

En 1896, Matisse exhibió cuatro de sus pinturas en el Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes de París, y obtuvo un rotundo éxito. Su cuadro Mujer leyendo, pintado en 1894, fue comprado por el gobierno francés para decorar el castillo de Rambouillet. Durante los dos años siguientes, Matisse viajó por la Bretaña y conoció al veterano pintor impresionista Camille Pissarro y también al escultor Auguste Rodin. Fue en esa época cuando descubrió las obras maestras impresionistas de la colección del mecenas Gustave Caillebotte. Gracias a su influencia, los colores de sus obras se volvieron, durante un tiempo, más claros, y, al mismo tiempo, más intensos. En 1897, Matisse daría su primer gran paso en el mundo del arte al pintar el cuadro La mesa de la cena, donde combinó una luminosidad similar a la utilizada por Pierre-Auguste Renoir con una composición de estilo clásico en rojo intenso y verde.

Una versión de la obra Mujer leyendo hecha por Henri Matisse en 1939.

Una versión de la obra Mujer leyendo hecha por Henri Matisse en 1939.

Foto: Cordon Press

Matisse viajó durante dos años por la Bretaña y conoció al veterano impresionista Camille Pissarro y al escultor Auguste Rodin, que influyeron en su obra.

La relación entre Picasso y Matisse, que se conocieron en 1906 y eran como el día y la noche, también dio mucho que hablar. Mientras los que conocían a Pablo Picasso decían que era un tipo peculiar, egoísta y grosero, quienes conocían a Matisse, por su parte, hablaban de un hombre educado y reservado. El caso es que entre ellos surgiría una de las mayores rivalidades de la historia del arte. En realidad, los dos artistas sentían gran admiración a la vez que envidia el uno del otro, y sus obras respectivas les sirvieron de inspiración en numerosas ocasiones.

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Las "fieras"

Matisse pasó el verano de 1905 en compañía del artista André Derain en Colliure, un pequeño puerto pesquero del sur de Francia. Bajo el deslumbrante sol del Mediterráneo, Matisse se liberó rápidamente de lo que llamó "la tiranía" del puntillismo, una técnica artística que consiste en pintar un cuadro mediante el uso de puntos diminutos. En Colliure, Matisse revolucionó su propio arte: sus cuadros se convirtieron en una explosión de color: rojo contra verde, naranja contra azul y amarillo contra violeta. De aquella época son La ventana abierta y Mujer con sombrero, un cuadro en el que retrató a su esposa Amelie. Ese otoño, las dos pinturas se exhibieron en el Salón de Otoño, junto con obras de André Derain y Maurice de Vlaminck. Tras la exposición, el crítico de París Louis Vauxcelles bautizó a ese grupo de artistas como les fauves "las fieras", y así nació el fauvismo, el primero de los "ismos" importantes de la pintura del siglo XX. Casi de inmediato, Matisse se convirtió en su líder más reconocido.

El pintor francés pasó el verano de 1905 en la localidad de la costa mediterránea francesa de Colliure. Durante ese periodo pintó esta obra, "Interior en Colliure".

El pintor francés pasó el verano de 1905 en la localidad de la costa mediterránea francesa de Colliure. Durante ese periodo pintó esta obra, "Interior en Colliure".

Foto: Cordon Press

En Colliure, Matisse revolucionó su arte: los colores explotaron en una exhibición nunca vista hasta el momento: rojo contra verde, naranja contra azul y amarillo contra violeta.

En 1910, Matisse viajó a España. En Madrid visitó el Museo del Prado y durante su estancia en Granada y Sevilla entró en contacto con el estilo orientalista. Entre 1912 y 1913, Matisse se trasladó a Marruecos, donde, inspirado por la luz, pintó Los marroquíes. Hacia 1916, Matisse se vio influenciado por el cubismo, un estilo artístico en el que se simplifican aún más las formas (y del que Picasso es uno de los máximos exponentes). De aquella época destaca su cuadro El pintor y su modelo. Instalado en Niza, en 1917 conoció a Renoir, y su estilo ganó en sutileza. En este periodo pintó Ventana en Niza y la serie de las Odaliscas.

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Color hasta el final

En La blusa rumana y El gran interior rojo, el colorido empleado por Matisse se vuelve aún más atrevido. Pero a partir de la década de 1940, el deterioro de su salud y las consiguientes dificultades para pintar llevaron a Henri Matisse a iniciar una nueva fase en su arte, en la que el collage con papiers découpés (papeles recortados de colores) se convirtió en su principal medio de expresión. A este último capítulo de su carrera pertenece Jazz, un "manuscrito con pinturas modernas, el más hermoso libro jamás realizado sobre el color", en palabras de su editor, Tériade. Otra obra de gran importancia en la vida del artista, y considerada por él mismo como su obra maestra, fue la decoración y diseño de la Capilla de Santa María del Rosario, en la localidad de Vence, en la costa azul francesa, y que finalizaría en el año 1951.

Titulada como "El caracol", esta obra de Matisse de 1953 forma parte de su última etapa como artista.

Titulada como "El caracol", esta obra de Matisse de 1953 forma parte de su última etapa como artista.

Foto: Cordon Press

A este último capítulo de su carrera pertenece 'Jazz', un manuscrito con pinturas modernas, el más hermoso libro jamás realizado sobre el color, en palabras de su editor, Tériade.

Henri Matisse tuvo la suerte de ser un artista reconocido en vida. Así pudo disfrutar del éxito e incluso recibir la Legión de Honor y otros muchos premios. Un hecho fundamental en esta etapa final de su vida fue la inauguración en el año 1952 del Museo de Henri Matisse en su localidad natal, Cateau-Cambrésis. El genial artista moriría dos años después de la inauguración, el 3 de noviembre de 1954, en Cimiez, cerca de Niza, dejando tras de sí una ingente obra pictórica. De hecho sería en Niza, donde transcurrió buena parte de su vida, donde en 1963 se inauguraría el Museo monográfico de Henri Matisse, un espacio de gran interés para todos aquellos que quieran disfrutar y profundizar en la obra del pintor. Tal y como dijo el propio Matisse: "Una obra consigue crear el efecto de un cómodo sillón en un hombre de negocios cansado".

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