Tras los pasos de Homero

Heinrich Schliemann, el descubridor de Troya

Con la Ilíada bajo el brazo, Heinrich Schliemann dedicó todos sus recursos y energías a descubrir la mítica ciudad cantada por Homero. A pesar de sus métodos, hoy en día muy cuestionados, Schliemann se convertiría en el primer arqueólogo aficionado en pasar a la historia por descubrir la mítica y misteriosa Troya.

Retrato de Heinrich Schliemann, arqueólogo alemán, (1822-1869).

Retrato de Heinrich Schliemann, arqueólogo alemán, (1822-1869).

Foto: iStock

Recorrió Turquía con un ejemplar de la Ilíada bajo el brazo con el sueño de encontrar la mítica Troya y devolver a la vida a los legendarios héroes que se batieron en feroces batallas ante las imponentes murallas de la vieja Ilión. Heinrich Schliemann fue una mezcla de loco soñador y de genio que desarrolló métodos de investigación que aún son utilizados hoy en día. Tras morir el 26 de diciembre de 1890, su cuerpo fue enterrado en un suntuoso mausoleo en la ciudad de Atenas.

El sueño de Schliemann

La historia de amor de Heinrich Schliemann con Troya empezó a fraguarse en la Navidad del año 1829, cuando su padre le regaló una historia ilustrada de la humanidad. Entre los capítulos de tan memorable libro se encontraba "El auge y la caída de Troya", y aunque no era la primera vez que el joven escuchaba aquella historia, la prefería antes que las que aparecían en el libro de historias para leer antes de dormir que sus padres le habían regalado por Navidad. La historia de la guerra de Troya no estuvo exenta de debate entre padre e hijo, ya que para el primero el incendio devastador que sufrió la ciudad cuando fue tomada, debería haberla arrasado por completo, pero para Heinrich un incendio como el que se describía en el libro no tendría porque haber acabado con las murallas de Troya. En todo caso, estas potentes fortificaciones habrían sido vencidas por el tiempo, pero no por los hombres.

El joven Schliemann prefería escuchar una y mil veces la historia de Troya que las narraciones que aparecían en un libro que sus padres le regalaron

El tiempo y el esfuerzo convirtieron a Heinrich Schliemann en una persona inmensamente rica, lo que aprovechó para aprender idiomas, algo que desde joven se le daba muy bien. Tanto es así que en menos de un año dominó el holandés, el inglés, el francés, el italiano, el portugués y el español. Tras aprender ruso, fue nombrado representante en jefe de una compañía en San Petersburgo, lo que multiplicó aún más su fortuna.

¿Fue Frank Calvert el auténtico descubridor de Troya?

Cuando por fin pudo dedicarse a su gran pasión y dejar a un lado los negocios, Schliemann viajó a Ítaca, patria de Ulises, en 1868, y allí conoció a Frank Calvert que por entonces era cónsul británico en los Dardanelos y propietario de la mitad de la colina de Hisarlik, que se encontraban en la región de Burnarbashi, en la actual Turquía, un lugar donde algunos estudiosos de la época situaban la posible ubicación de Troya. Durante sus estancias en Grecia, Schliemann realizó pequeñas excavaciones en emplazamientos micénicos como Micenas, Orcómeno y Tirinto, logrando resultados sorprendentes.

Durante un viaje a Grecia conoció al cónsul británico Frank Calvert, quien al parecer le indicó la posible ubicación de Troya.

Cuando por fin se pudo divorciar de su primera esposa, Ekaterina Petrovna Lishin, una aristócrata rusa, Schliemann se casó con Sofía Engastromenos, la sobrina de un sacerdote ortodoxo que había conocido durante su estancia en San Petersburgo. Así, tras obtener los permisos pertinentes del gobierno turco para excavar, en 1870, Schliemann empezó los primeros trabajos en Hisarlik que contaron con la inestimable ayuda del arquitecto y y arqueólogo alemán Wilhelm Dörpfeld. A pesar de que fuera Frank Calvert quien indicara a Schliemann la posible ubicación de Troya, éste nunca reconoció tal hecho en ninguno de sus libros y memorias.

Primeros hallazgos y El tesoro de Príamo

Schliemann siempre estaba a pie de excavación supervisando los trabajos que se llevaban a cabo. Los picos, las palas y las azadas empezaron a exhumar los primeros hallazgos: la base de un muro, vasos, armas... A pesar de que los descubrimientos evidenciaban que allí podía haberse alzado una gran ciudad, a Schliemann le pareció poca cosa y ordenó seguir excavando. Los primeros reveses se manifestaron en forma de lluvias torrenciales y con la declaración de un pavoroso incendio que a punto estuvo de arrasarlo todo, incluidos los planos, libros y ensayos que Schliemann había ido acumulando a lo largo del tiempo.

Fue justo en 1873 cuando la expedición obtuvo su primer gran éxito al desenterrar un gran tesoro de objetos de oro y plata. Schliemann contaría que había sido su esposa Sofía quien recogió el tesoro envolviéndolo en su chal. Al parecer la historia de la participación de Sofía en el descubrimiento fue exagerada por su marido para enfatizar la importancia de Grecia en las excavaciones –más tarde, el propio Schliemann desmentiría esta versión–.

En 1873, la expedición obtuvo su primer gran éxito al desenterrar un gran tesoro de objetos de oro y plata: el Tesoro de Príamo.

El sensacional descubrimiento fue bautizado por Schliemann como Tesoro de Príamo (aunque investigaciones posteriores datan las piezas algunos cientos de años antes de los que la tradición situaba al mítico rey de Troya) y constaba de objetos de cobre, varias copas de plata y dos de oro, una jarra del mismo material y un florero de plata en cuyo interior aparecieron dos diademas, 8.750 anillos, seis pulseras, dos copas, una gran variedad de botones y otros objetos; todos ellos finamente labrados.

Caballo de Troya

Caballo de madera utilizado en la película de Troya que fue entregado a la ciudad de Canakkale como regalo en 2004 y que actualmente está ubicado en un parque público cerca de la costa.

Foto: iStock

El tesoro oculto y la máscara de un rey

El Tesoro de Príamo se convirtió en el mayor hallazgo arqueológico del siglo XIX, y mientras Schliemann ponía diademas de oro en la cabeza de su esposa Sofia, exclamaba: "El adorno usado por Helena de Troya ahora engalana a mi propia esposa". La noticia del descubrimiento corrió como un reguero de pólvora, y para poder eludir a los guardias y al gobierno turco, Schliemann se llevó en secreto el tesoro a Grecia, donde lo escondió en las granjas de unos familiares de su esposa. El enfado del gobierno turco fue de tal magnitud que formularon diversas quejas al gobierno griego. Algunos escépticos dijeron que este tesoro fue reunido en diferentes niveles de la excavación, e incluso hubo quien afirmó que Schliemann había recopilado las piezas en diferentes mercados de antigüedades. Sea como fuere, el Tesoro de Príamo, fue donado posteriormente a un museo de Berlín. Tras la Segunda Guerra Mundial desapareció y años después, en 1993, reapareció en los almacenes del Museo Pushkin de Moscú, adonde fue llevado en 1945 como botín de guerra por las tropas soviéticas.

De regreso a Grecia en 1876, Schliemann reanudó sus excavaciones en Micenas, y allí las palas de los obreros dieron nuevamente en el blanco: descubrieron seis tumbas reales, que fueron bautizadas como Círculo Funerario A, que contenían una veintena de cadáveres. En una de las sepulturas (la numero V) apareció una máscara de oro que Schliemann, eufórico, atribuyó erróneamente al mítico rey Agamenón, el líder de la expedición griega contra Troya y hermano de Menelao, el rey de Esparta y despechado marido de Helena, por cuya causa se desató el conflicto según Homero. Al ser analizada, la "máscara de Agamenón" fue datada unos siglos antes de la supuesta existencia del propio Agamenón. Aparte de las máscaras funerarias de oro, el equipo arqueológico halló en las restantes cinco tumbas ricos ajuares funerarios y un grupo de sellos con escenas incisas de tipo religioso, de luchas o de caza, entre otros muchos objetos.

En una de las sepulturas de Círculo A de Micenas apareció una máscara de oro que Schliemann, eufórico, atribuyó erróneamente al mítico rey Agamenón.

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Schliemann estaba en lo cierto

Muchos consideran a Schliemann el primer arqueólogo moderno, a pesar de su limitada preparación académica y de sus bruscos métodos a la hora de excavar. Creyendo que la Troya de Homero se encontraría en las capas inferiores de la colina de Hisarlik, sus trabajadores utilizaron, según algunas versiones, dinamita y maquinaria pesada para llegar hasta ella, lo que destruyó buena parte de los estratos superiores, más recientes en el tiempo, y causó la pérdida irreversible de información de gran importancia histórica.

Las excavaciones posteriores que arqueólogos como Wilhelm Dörpfeld o Carl William Blegen llevaron a cabo en el yacimiento demostrarían la existencia de nueve ciudades superpuestas a lo largo de los siglos en el mismo emplazamiento, siendo Troya VII, la principal candidata a ser la legendaria Ilión cantada por Homero.

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