Festín invernal el Neolítico

Las heces fosilizadas de Stonehenge demuestran que sus habitantes comieron carne en mal estado

Según una reciente investigación, algunas de las personas que participaron en la construcción de Stonehenge y que habitaban en el cercano poblado de Durrington Walls se infectaron con parásitos intestinales posiblemente al consumir carne de vacuno mal cocinada.

Stonehenge, tal vez el monumento megalítico más famoso del mundo.

Foto: iStock

Tomar alimentos en mal estado o cocinados de una manera incorrecta puede llevar a tener problemas intestinales de diversa gravedad. Y en el pasado, hace miles de años, ya sufrían de estos problemas. Precisamente acaban de descubrir que aquellos que construyeron Stonehenge, lo sufrieron. El poblado de Durrington Walls, situado a 2,8 kilómetros de Stonehenge, fue el hogar de los constructores del monumento megalítico más famoso del mundo y en este emplazamiento, los expertos han llevado a cabo una investigación muy particular: el análisis de diecinueve coprolitos, o heces fosilizadas, con una antigüedad de 4.500 años. El resultado del análisis de estos elementos orgánicos publicado en la revista Parasitology fue que un coprolito de origen humano y cuatro caninos contenían huevos de parásitos intestinales, concretamente gusanos capillaridos; además, uno de los coprolitos de perro contenía, también, huevos de tenia de pescado.

"Esta es la primera vez que se recuperan parásitos intestinales de la Gran Bretaña neolítica, y encontrarlos en el entorno de Stonehenge es realmente interesante. El tipo de parásitos que encontramos es compatible con la evidencia previa de un festín invernal con animales durante la construcción de Stonehenge", ha declarado Piers Mitchell, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Cambridge y autor principal del estudio.

Humanos y perros infectados

Pero curiosamente, los capillaridos no acostumbran a infectar a los seres humanos, y en las raras ocasiones en que lo hacen depositan sus huevos en el hígado del huésped, pero no aparecen en las heces. Entonces ¿por qué los coprolitos de Durrington Walls presentan evidencias de este parásito? Según los expertos, eso sugiere que los habitantes del poblado ingirieron los pulmones o el hígado crudos o poco cocinados de algún animal infectado, con lo que los parásitos acabaron infestando a los consumidores. "Encontrar huevos de gusanos capillaridos en coprolitos humanos y caninos indica que las personas habían estado comiendo los órganos internos de los animales infectados y les habían dado las sobras a sus perros", explica Evilena Anastasiou, una de las participantes del estudio.

En el basurero de Durrington Walls, los arqueólogos hallaron restos de cerámica y útiles de piedra, además de 38.000 huesos de animales de los cuales un noventa por ciento pertenecía a cerdos y el diez por ciento restante era de bovinos. En este lugar se recuperaron también los coprolitos que han sido objeto de estudio. Según Mitchell, estos parásitos localizados en las heces halladas en el yacimiento pueden afectar a los animales rumiantes, por lo que lo más probable es que la fuente de origen de la infección fuera el consumo de carne de vacuno infectada.

Fragmentos de uno de los coprolitos humanos analizados de Durrington Walls.

Foto: Los autores

Carne mal cocinada

Los investigadores también han llevado a cabo un análisis isotópico de los dientes de vacuno descubiertos en el basurero y el resultado sugiere que la mayoría de estos animales fueron traídos desde Devon o Gales, a más de cien kilómetros de distancia, muy posiblemente para ser consumidos en un gran banquete comunal durante el solsticio de invierno. Los patrones de corte analizados revelan que la carne de vacuno se cortó para ser asada y también se extrajo la médula ósea. Lo que asimismo está claro es que no toda la carne se asó del modo adecuado. "Esta nueva evidencia nos aporta nueva información sobre las personas que acudieron aquí para las fiestas de invierno durante la construcción de Stonehenge. El cerdo y la ternera se asaban al espetón o se hervían en cazuelas de barro, pero parece que las vísceras no siempre estaban tan bien cocidas como deberían", apostilla Mike Parker Pearson, del Instituto de Arqueología del University College de Londres.

Los patrones de corte analizados revelan que la carne de vacuno se cortó para ser asada y también se extrajo la médula ósea.

Y en cuanto a los huevos de tenia de pescado hallados en un coprolito canino, los investigadores afirman que evidencia que el animal consumió pescado de agua dulce crudo. Pero posiblemente lo hizo en otro lugar puesto que en el yacimiento no se han hallado otras evidencias de consumo de pescado. "Durrington Walls estuvo ocupado en gran parte por temporadas, principalmente en los períodos de invierno. El perro probablemente llegó ya infectado con el parásito", concluye Pears Mitchel.

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