Harald III, el batallador rey de Noruega

El 25 de septiembre de 1066, caía abatido en la batalla de Stamford Bridge, en Inglaterra, el rey noruego Harald III, que se convertiría en un héroe nacional. El soberano vikingo fue abatido por una flecha mientras combatía con valentía ayudado por un gigantesco guerrero berserker

Foto: CC

Harald III, apodado Hardrada (soberano duro), murió el 25 de septiembre de 1066 al ser atravesado en la garganta por una flecha durante la batalla de Stamford Bridge, al norte de Inglaterra. Cuando uno de sus hombres le preguntó si estaba gravemente herido, Harald le contestó: "Sólo es una pequeña flecha, pero está haciendo su trabajo".

Exilio en tierras rusas

Su auténtico nombre era Harald Sigurdsson y nació en Ringerike (Noruega) hacia el año 1015 (o posiblemente en 1016). En su juventud, Harald se mostró rebelde y muy ambicioso. Para Harald, su medio hermano, el rey Olaf Haraldsson, se convirtió en el modelo a seguir. Este rasgo lo diferenció de sus otros dos hermanos mayores, más parecidos a su padre y preocupados por mantener la prosperidad de la granja familiar.

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En el año 1028, el rey danés Canuto el Grande invadió Noruega, y en la batalla de Stiklestad, que tuvo lugar en el año 1030, Olaf perdió la vida –más tarde sería canonizado–. Su hermano Harald, que por entonces tenía 15 años, marchó al exilio junto con un grupo de hombres fieles.

Con la ayuda de Rögnvald Brusason (más tarde conde de Orkney ), Harald permaneció escondido en una granja remota al este de Noruega para posteriormente viajar por las montañas hasta Suecia. Un año después, en 1031, llegó a Kievan Rus' (la actual Kiev), donde Harald y sus hombres fueron recibidos por el Gran Príncipe Yaroslav el Sabio cuya esposa, Ingegerd, era pariente lejana de Harald. Yaroslav reconoció enseguida el potencial militar de Harald y, necesitado de un líder militar, lo convirtió en capitán de sus fuerzas. De este modo, Harald participó en las campañas que Yaroslav mantuvo contra los polacos en 1031, y posiblemente también luchó contra otros enemigos y rivales como los chudes en Estonia, los bizantinos, los pechenegos y otros nómadas de las estepas.

Dueño del mediterraneo

Harald se vio obligado a huir a Constantinopla cuando Yaroslav se enteró de que su hija Elisif y él estaban manteniendo una relación. Harald atravesó con sus hombres Ucrania y el mar Negro hasta llegar a Constantinopla, donde se alistó en la guardia varega, una unidad integrada exclusivamente por mercenarios suecos, daneses, noruegos e islandeses. Harald se hizo famoso en todo el Mediterráneo, y se ganó el apodo de "devastador de Bulgaria". Tras sus victoriosas campañas en el norte de África, Siria, Palestina, Jerusalén y Sicilia, Harald amasó una inmensa fortuna personal procedente del saqueo, y con el tiempo llegó a convertirse en jefe de la guardia varega, almirante de la flota bizantina (la más poderosa del Mediterráneo) y además se le concedió autonomía para llevar a cabo ataques contra los enemigos de Bizancio. En el año 1038 se unió a una expedición bizantina para reconquistar Sicilia a los sarracenos, los cuales habían establecido allí un emirato en el año 965. Las sagas nórdicas cuentan que Harald y sus hombres lograron capturar cuatro ciudades sicilianas hasta 1041, año en que la expedición terminó y la guardia varega fue enviada a sofocar una revuelta normanda en el sur de Italia.

Tras huir de su tierra, Harald se convirtió en jefe de la guardia varega bizantina, conquistó cuatro ciudades sicilianas y salió victorioso en diversas campañas por África y Oriente Medio

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Harald estuvo al servicio de Bizancio hasta 1042, cuando regresó a Kievan Rus'. Allí, al final logró casarse con la hija de Yaroslav, Elisif. Según cuentan las crónicas, Yaroslav permitió la boda porque Harald había vuelto rico. Durante el tiempo que el noruego pasó en la corte de Yaroslav, le proporcionó valiosa información sobre su estancia en Constantinopla para que le fuese de ayuda cuando decidiera atacar al Imperio bizantino.

A la conquista de Inglaterra

A su regreso a Noruega en 1045, con sus curtidos veteranos y sus impresionantes riquezas, Harald se convirtió de inmediato en una amenaza para el sucesor de Canuto, Magnus I, sobrino de Harald. Magnus I había vuelto del exilio en 1035 para reclamar la corona como descendiente de Olaf II. Sin embargo, el tiempo pasado en el extranjero había otorgado a Harald ciertas dotes políticas y no tardó mucho en conseguir gobernar el reino junto a su sobrino. Con el tiempo, las tensiones entre ambos fueron en aumento, y en 1047 Magnus murió en extrañas circunstancias. De esta manera, Harald consiguió la ansiada corona convirtiéndose en Harald III Sigurdsson. Los súbditos daneses de Magnus I no aceptaron a Harald como sucesor y se alzaron contra él, aupando al trono de Dinamarca a Svend II. Durante los siguientes doce años de reinado, Harald III bañó en sangre las costas de Noruega y Suecia, limpiándolas de toda presencia danesa.

En 1066, Harald puso su mirada en Inglaterra. Las islas británicas habían sido el destino de numerosas expediciones nórdicas desde el siglo V y Harald reclamó el trono inglés aprovechando que había existido en el pasado un reino danés-inglés-noruego. Reunió 300 drakkars, sus veloces barcos, para enfrentarse a las tropas anglosajonas del rey Haroldo II de Inglaterra. Tras varias escaramuzas y saqueos, el 25 de septiembre el ejército de Harald III se dirigió a York pensando seguir la misma estrategia militar que habían practicado los vikingos desde hacía más de dos siglos: remontar el curso de los ríos con sus barcos y aparecer por sorpresa tierra adentro obteniendo victorias rápidas que les permitieran saquear a placer. Habiendo dejado a la mitad de su ejército en Ricall, una población a seis kilómetros de Yorkshire, Harald y un hermano de Haroldo, Tostig (que daba su apoyo al ejército noruego), vieron que las fuerzas inglesas eran superiores a las suyas. Mientras el ejército anglosajón se iba acercando al campamento de Harald situado en la otra orilla del río Derwent, en Stamford Bridge, éste arengó a sus tropas diciendo: "En la batalla nunca debemos escondernos detrás de los escudos. Mi armadura me dice: alza la cabeza, donde la espada encuentra al cráneo". Dicho esto, mandó un contingente de su ejército a combatir a los anglosajones, mientras él y el resto de sus soldados tenían el tiempo justo para formar filas.

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En dicha batalla tuvo un destacado papel un gigante berserker noruego, a cuyo lado el mismo Harald (que medía más de dos metros) parecía un enano. Los berserkers eran unos guerreros vikingos de élite que, según se dice, luchaban medio desnudos y tomaban alucinógenos para potenciar su arrojo. Este enorme berserker noruego defendió el puente durante una hora, matando a todo el que se cruzaba en su camino y sin sucumbir ante las flechas enemigas. Durante el combate, un guerrero anglosajón pudo situarse debajo del puente bajando por el río dentro de un barril y, a través de una grieta entre las tablas, atravesó con una lanza al gigante, que cayó desplomado. Eso abrió las puertas a los anglosajones, pero la resistencia del héroe había dado tiempo a que sus compatriotas (que habían sido tomados por sorpresa) organizasen una línea de escudos que a los anglosajones les fue muy difícil de romper. Tras la muerte del gigante noruego y la del propio Harald III tras ser atravesada su garganta por una flecha, el rey Haroldo II consiguió una efímera victoria, ya que sería vencido el 14 de octubre de ese mismo año por el normando Guillermo el Conquistador en la batalla de Hastings.

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Un año después de su muerte en Stamford Bridge, el cuerpo de Harald fue llevado a Noruega y enterrado en la catedral de Nidaros (Trondheim). Cien años después de su entierro, sus restos fueron trasladados al priorato de Helgeseter, el cual fue demolido en el siglo XVII. El 25 de septiembre de 2006, en el 940 aniversario de la muerte de Harald III, el periódico noruego Aftenposten publicó un artículo denunciando el pobre estado de los antiguos entierros reales de Noruega, incluido el de Harald III, que, según dichos informes, se encuentra bajo una carretera construida donde antes se había alzado el antiguo monasterio. Al día siguiente, el ayuntamiento de Trondheim reveló que examinaría la posibilidad de exhumar el cuerpo del monarca y de volver a trasladarlo a la catedral de Nidaros, lugar donde están enterrados nueve reyes noruegos, entre ellos Magnus I el Bueno y Magnus II Haraldsson, el predecesor y el sucesor de Harald III, respectivamente. Un mes después se informó de que la propuesta para exhumar al rey había sido descartada, por lo que, por el momento, Harald deberá seguir descansando bajo la carretera que lo cubre a la espera de tiempos mejores...

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