Edad del Bronce en Europa

Hallstatt, la gran necrópolis de la Edad del Bronce

En 1846, Johann Georg Ramsauer halló una rica necrópolis datada entre los siglos VIII y V a.C. en el interior de las minas de sal de la localidad austríaca de Hallstatt, cerca de Salzburgo.

Ilustración que muestra a hombres de la Edad del Bronce fabricando armas y utensilios.

Ilustración que muestra a hombres de la Edad del Bronce fabricando armas y utensilios.

Ilustración que muestra a hombres de la Edad del Bronce fabricando armas y utensilios.

Foto: Cordon Press

Hallstatt es un pequeño pueblo situado al borde de un lago (el Hallstätter See), en la cabecera de un impresionante y bellísimo valle alpino de la vertiente norte de la Alta Austria, cincuenta kilómetros al sureste de Salzburgo. Junto al pueblo se encuentra el Salzberg, la "Montaña de Sal", un enorme depósito de sal gema que no solo constituye el principal recurso de la economía del lugar, sino que también conserva la huella de sus primeros pobladores de época protohistórica.

Desde el siglo XVI hay noticias de exhumaciones fortuitas de restos humanos, ropas y objetos en las galerías de la mina, procedentes de lo que hoy sabemos que era una necrópolis de la primera Edad del Hierro. Estos cuerpos desenterrados, momificados por la sal, fueron llamados en la región "hombres de la sal", y se les trató de acuerdo con los prejuicios e ideas de la época. En 1734, por ejemplo, uno de estos mineros prehistóricos fue desenterrado casualmente y sometido a una ceremonia de exorcismo por considerarlo pagano, antes de volver a enterrarlo en el cementerio católico junto a la iglesia, tan solo un día después de haber sido descubierto. 

El descubrimiento

Los hallazgos de la mina no solo suscitaban aprensión: también despertaban interés. Diversos aficionados reunieron algunas colecciones de objetos antiguos encontrados dentro de la mina y en la necrópolis; la más importante fue donada antes de 1815 al monasterio de la cercana localidad de Krems, que desde mediados del siglo XVIII venía desarrollando una gran actividad científica.

Entre 1824 y 1831, el jefe de la mina de sal, Karl Pollhammer, realizó diversos hallazgos aislados en las cercanías de su residencia –el director de la mina de Hallstatt solía vivir en la Rudolfsturm, una torre construida a finales del siglo XIII– y finalmente "excavó" una superficie de unos 2.000 metros cuadrados al noreste del aún ignoto cementerio prehistórico. Los restos por él atesorados acabaron en el museo de Linz junto a las colecciones de objetos reunidas por otros aficionados de la época, como la del concejal Moriz von Az o la del sacerdote Johann Hoffmeister von Pichl.

Entre 1824 y 1831, el jefe de la mina de sal, Karl Pollhammer, realizó diversos hallazgos aislados en las cercanías de su residencia.

Escalera de la Edad de Bronce en las minas de sal de Hallstatt.

Escalera de la Edad de Bronce en las minas de sal de Hallstatt.

Escalera de la Edad del Bronce en el interior de las minas de sal de Hallstatt.

Foto: Andreas W. Rausch (CC BY 3.0)

Finalmente, en noviembre de 1846, durante la excavación de una gravera, los mineros abrieron otra tumba prehistórica. El nuevo jefe de la mina, Johann Georg Ramsauer (1795-1874), comprendió de inmediato la importancia del hallazgo y durante los dos días siguientes ordenó agrandar el pozo; en una superficie de apenas trece metros cuadrados se encontraron siete cuerpos. Ramsauer acababa de descubrir la necrópolis de Hallstatt, cuyas tumbas suelen estar solo a metro y medio de profundidad.

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Un trabajo concienzudo

Entre esa fecha y septiembre de 1863, Ramsauer excavó cerca de una hectárea y exhumó 980 tumbas, en cortas campañas. Durante todo ese tiempo, el lugar fue visitado por numerosos personajes atraídos por la noticia de los importantes hallazgos. Todos acudían con la ilusión de que se les ofreciera alguno de los objetos aparecidos como recuerdo de su visita. Por otra parte, el valor de estos objetos atrajo también a los patrocinadores que podían aportar los fondos necesarios para proseguir las labores de excavación.

El lugar fue visitado por numerosos personajes atraídos por la noticia de los importantes hallazgos.

Pico con punta de bronce procedente de las minas prehistóricas de Hallstatt.

Pico con punta de bronce procedente de las minas prehistóricas de Hallstatt.

Pico con punta de bronce procedente de las minas prehistóricas de Hallstatt.

Foto: Andreas W. Rausch (CC BY 3.0)

Ramsauer, consciente de que sus conocimientos sobre arqueología no eran suficientes, buscó enseguida el patrocinio y la guía científica del barón Eduard von Sacken, que llegó a ser director del Gabinete de Antigüedades de Viena. Con una meticulosidad poco corriente para su época, Ramsauer documentó escrupulosamente sus excavaciones y realizó un registro completo de las mismas, incluyendo un listado de los objetos donados a los dignatarios que visitaron la excavación. Destaca sobremanera la documentación gráfica –sobre todo acuarelas pintadas– realizada por su ayudante Isidor Engel, en un momento en el que la fotografía aún no estaba al alcance de los arqueólogos.

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Una nueva cultura

A pesar de todo, la arqueología mundial estaba aún en sus inicios y muchas piezas reunidas por Ramsauer se perdieron. En particular, solo se conservaron algunas cerámicas que destacaban por motivos poco comunes y un único esqueleto. Gracias a la información publicada por el barón Von Sacken sabemos que de las 1.244 piezas de cerámica encontradas en las primeras 933 tumbas, solo se conservaron cuarenta; y de los cientos de esqueletos exhumados solo se guardó uno y unos pocos cráneos. Los manuscritos originales de la excavación de Ramsauer se conservan en Viena, aunque existen copias en Linz y en Saint-Germain-en-Laye. Nunca llegaron a publicarse y solo han sido consultados parcialmente por los arqueólogos posteriores. 

De las 1.244 piezas de cerámica encontradas en las primeras 933 tumbas, solo se conservaron cuarenta.

Cuencos de cerámica encontrados en las minas de sal de Hallstatt.

Cuencos de cerámica encontrados en las minas de sal de Hallstatt.

Cuencos de cerámica encontrados en las minas de sal de Hallstatt.

Foto: Prähistorische Abteilung des Naturhistorischen Museums Wien (CC BY 3 0)

En 1874, la riqueza y abundancia de los restos encontrados en Hallstatt llevaron a un arqueólogo sueco, Hans Hildebrand, a acuñar el término "cultura de Hallstatt" para referirse a la Primera Edad del Hierro en Europa (750-450 a.C.); es el período en que el hierro comienza a sustituir al bronce en la fabricación de armas e instrumentos, mucho más fuertes y duraderos que los hechos en bronce. Hoy sabemos que la de Hallstatt es la primera cultura que puede considerarse celta, y constituye la base sobre la que surgirá más tarde una sociedad céltica bien desarrollada: la denominada cultura de La Tène, que se expandirá por gran parte de Europa a principios del siglo V a.C. 

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Riqueza y variedad

La investigación en el yacimiento de Hallstatt continuó tras la muerte de Ramsauer. Las innovaciones técnicas facilitaron una mejor comprensión de  los restos y, sobre todo, se perdió menos material. Se recuperaron otros 290 enterramientos y, entre los años 1937 y 1939, Friedrich Morton exhumó 62 entierros más. Desde entonces, los arqueólogos han supervisado la actividad minera en el interior de las galerías de sal; y a partir de 1994, además, el cementerio de Hallstatt ha vuelto a ser excavado bajo la dirección de Anton Kern, del Museo de Historia Natural de Viena, que ha identificado al menos otros 53 enterramientos.

Entre los años 1937 y 1939, Friedrich Morton exhumó 62 entierros más.

Zapatos de cuero descubiertos en las minas de sal de Hallstatt.

Zapatos de cuero descubiertos en las minas de sal de Hallstatt.

Zapatos de cuero descubiertos en las minas de sal de Hallstatt.

Foto: Andreas W. Rausch (CC BY 3.0)
Bolsa de la Edad de Bronce hecha de piel de vaca sin curtir. Minas de sal de Hallstatt.

Bolsa de la Edad de Bronce hecha de piel de vaca sin curtir. Minas de sal de Hallstatt.

Bolsa de la Edad de Bronce hecha de piel de vaca sin curtir. Minas de sal de Hallstatt.

Foto: Andreas W. Rausch (CC BY 3.0)

Hasta la fecha se han encontrado unas dos mil tumbas de un total calculado en cuatro mil, pues muchas se destruyeron a lo largo de siglos de actividad minera moderna y otras fueron destruidas involuntariamente por Ramsauer, quien en sus manuscritos indica que los enterramientos por cremación no se entendieron como tales en un primer momento y no fueron estudiados convenientemente. 

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La necrópolis de Hallstatt abarca un período de trescientos años, entre 700 y 400 a.C.  Las tumbas pertenecen a hombres, mujeres y niños, y en conjunto parecen corresponder a una comunidad formada por entre doscientas y cuatrocientas personas. El número de inhumaciones y de cremaciones es similar, y los ajuares funerarios se componen de armas (puñales, espadas, hachas y yelmos) y objetos de lujo adquiridos seguramente a través de contactos comerciales con el norte de Europa, Grecia o Italia; incluso hay mangos de espada de marfil procedentes de África. La riqueza del yacimiento y la relevancia de las investigaciones en él realizadas llevaron a la Unesco, en 1997, a declarar Hallstatt Patrimonio de la Humanidad.