Carrera armamentística

La guerra con armas de fuego en la Edad Moderna

La Edad Moderna en Europa fue la época en que las armas de fuego se adueñaron de los campos de batalla. Los diferentes tipos de armas tenían sus fortalezas y debilidades, y dieron como resultado diversas unidades especializadas.

Tercios españoles en el siglo XVII

Foto: Biblioteca Virtual de Defensa

La caída de Constantinopla frente a los ejércitos otomanos en 1453 es para muchos historiadores el verdadero comienzo de la Edad Moderna, antes incluso que la llegada de Cristóbal Colón a América. Ese suceso, que fue traumático para las monarquías europeas, desató una serie de cambios impulsados por la necesidad de defenderse del Gran Turco: entre otras cosas, dio inicio a una verdadera carrera armamentística que introdujo a gran escala las armas de fuego en el campo de batalla.

Estas no eran completamente desconocidas: las primeras habían aparecido en China ya en el siglo XII y hacia el XIV eran ampliamente usadas por los ejércitos chinos e indios. Los europeos habían tenido noticias de ello gracias a los relatos de Marco Polo, pero su uso había sido muy limitado, salvo por parte de algunos estados italianos. No fue hasta que el enemigo otomano puso los pies en Europa cuando los reyes se plantearon seriamente la necesidad de modernizar sus ejércitos.

Grabado de un grupo de mosqueteros de China durante la dinastía Ming (1368-1644)

Grabado de un grupo de mosqueteros de China durante la dinastía Ming (1368-1644)

Foto: Miborovsky

Arcabuceros, mosqueteros y dragones

Cuando las armas de fuego llegaron a Europa, ya habían experimentado una cierta evolución desde los primitivos cañones de mano del siglo XII. La primera en ser empleada por los ejércitos europeos fue el arcabuz, relativamente ligero pero de una precisión limitada: a corto alcance era efectivo y podía incluso perforar armaduras, pero a distancias mayores de 50 metros se volvía ineficaz. Era, pues, un arma de infantería pensada como sustitución de la ballesta, con un manejo más fácil y que por lo tanto podía ser usada sin necesidad de mucha instrucción por soldados relativamente novatos.

En el siglo XVI apareció un nuevo tipo de arma llamada mosquete, pensada como una evolución del arcabuz pero que, por sus propias limitaciones, se convirtió más bien en un complemento de este. Tenía el doble de calibre y alcance que el arcabuz, pero en sus primeros modelos era mucho más pesado y para apuntar hacía falta algún tipo de soporte, haciéndolo inadecuado como arma de infantería; era más bien una suerte de artillería portátil, adecuada para combates de trinchera o defensa de ciudades desde las murallas. Además, para dominarla se requería experiencia.

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Seguramente la imagen típica de los mosqueteros se corresponde con la de las novelas de D'Artagnan escritas por Alejandro Dumas. Lo cierto es que varios países europeos, entre ellos Francia, incorporaron las armas de fuego como un complemento a la infantería tradicional equipada con espadas, debido a la limitada precisión de las primeras. Los Tercios españoles fueron la primera unidad militar en usar mosqueteros y arcabuceros especializados en conjunción con piqueros, una combinación que durante un siglo los hizo amos de los campos de batalla.

Estos soldados especializados en armas de fuego formaban en un principio unidades complementarias, debido a las limitaciones de cada tipo de arma. Sin embargo, la evolución del mosquete desplazó progresivamente al arcabuz a lo largo del siglo XVII y en el XVIII el segundo ya estaba totalmente obsoleto. Además, a medida que el mosquete e volvía más ligero surgió también el dragón, un tipo de soldado a caballo equipado con sable, mosquete y en algunos casos incluso un hacha.

Evolución de los uniformes de la compañía francesa de Mosqueteros del Rey

Evolución de los uniformes de la compañía francesa de Mosqueteros del Rey

En Francia, los mosqueteros fueron introducidos como una guardia personal del rey y, por ello, formar parte de ellos era considerado un gran honor.

Foto: Charles Vernier

¿La mejor defensa es un buen ataque?

Una consecuencia colateral del predominio de las armas de fuego fue la desaparición progresiva de las corazas. El motivo principal es que a corta distancia resultaban inútiles contra las balas de arcabuz y mosquete, pero además su peso hacía inviable transportar también armas tan pesadas. Los cuerpos de mosqueteros fueron los primeros en renunciar a la armadura en favor de una ligera casaca de cuero, lo que les dotó de una mayor movilidad y favoreció su predominio frente a los arcabuceros.

Le Trophée, Édouard Detaille (1898)

Le Trophée, Édouard Detaille (1898)

Esta pintura muestra un grupo de dragones franceses en la batalla de Jena (1808).

Foto: Musée de l'Armée, París

A lo largo del siglo XVII muchas unidades tradicionales de arma blanca o arrojadiza, como los ballesteros o los lanceros, fueron desapareciendo de los ejércitos europeos en favor de los mosqueteros. La invención de la bayoneta, que era a la vez arma punzante y de fuego; y del fusil, más ligero, preciso y fácil de cargar, terminó de apartar las armas tradicionales del campo de batalla. Su relativa facilidad de uso supuso además un incentivo para formar ejércitos mediante el reclutamiento de civiles sin preparación -ya fuese de manera voluntaria o mediante levas militares-, cuando históricamente la guerra en Europa había sido una ocupación de especialistas o nobles que dedicaban su vida al combate y se entrenaban para ello.

La consecuencia de todos estos factores fue que la mortalidad en los conflictos se elevó a niveles muy altos por la mayor disponibilidad de soldados, que los gobernantes ambiciosos veían como un recurso abundante. La guerra moderna elevaría el concepto “sanguinario” a cotas desconocidas.

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