¿La guerra más absurda de la historia?

La gran guerra del emú, un conflicto surrealista

En 1932, una operación llevada a cabo por el ejército australiano contra los emús, unas enormes aves que causaban estragos en la agricultura, puso inesperadamente en jaque a las fuerzas armadas del país oceánico que, literalmente, entró en guerra contra un ave inteligente y que casi le ganó la partida.

Un agricultor sostiene por el cuello un emú muerto durante el conflicto que enfrentó a estos animales contra el ejército australiano.

Foto: CC

De cabeza y pico pequeños, cuerpo robusto y voluminoso y una altura aproximada de dos metros, el emú (Dromaius novaehollandiae) es, después del avestruz africano, el ave de mayor tamaño que existe. A pesar de que no vuela, compensa esa carencia siendo una extraordinaria corredora: puede alcanzar una velocidad de 50 kilómetros por hora. Y fue precisamente esta característica, y sus hábiles y rápidos movimientos, lo que las ayudó a salir airosas de lo que aún se conoce, en tono satírico, como "La gran guerra del emú", una singular operación militar que, a finales de 1932, se llevó a cabo en Australia Occidental con la intención de contener a la creciente población de emús que poblaba la región.

A pesar de que esta especie de ave no tiene la capacidad de volar, posee dos patas con tres dedos y largas uñas perfectamente adaptadas para correr a gran velocidad. Pueden recorrer grandes distancias al trote e incluso corriendo, pues alcanzan los 50 km/h. Algunos ejemplares llegan a medir 2 m y pesan 45 kg.

A pesar de que esta especie de ave no tiene la capacidad de volar, posee dos patas con tres dedos y largas uñas perfectamente adaptadas para correr a gran velocidad. Pueden recorrer grandes distancias al trote e incluso corriendo, pues alcanzan los 50 km/h. Algunos ejemplares llegan a medir 2 m y pesan 45 kg.

Foto: CC

¿Una plaga con plumas?

Sucedió a finales de 1932, cuando muchos veteranos australianos y británicos de la Primera Guerra Mundial se convirtieron en agricultores y se vieron obligados a trabajar la tierra a menudo en áreas marginales y en unas condiciones deplorables. Estos colonos construyeron en un territorio desértico un extenso sistema de riego que les permitió dedicarse con éxito al cultivo del trigo. Pero, desgraciadamente para ellos, su prosperidad se vio alterada con la llegada de 20.000 emús, cuyas rutas migratorias los llevaban regularmente hacia la costa desde las regiones interiores del continente después de la época de cría. Las enormes aves descubrieron que las tierras cultivadas suponían un excelente hábitat donde instalarse y conseguir alimento con facilidad, y de esta manera empezó la pesadilla para los agricultores que vieron amenazadas sus cosechas. Al problema del emú se añadió asimismo el de la caída en picado del precio del trigo consecuencia de la Gran Depresión de 1929, originada en la otra punta del globo. El emú se convirtió en una plaga y los campesinos, nerviosos, veían cómo estas aves de gran envergadura destrozaban los cultivos y las cercas, con lo que además otros animales más pequeños y dañinos, como los conejos, se colaban en los sembrados, destrozándolo todo.

Las enormes aves descubrieron que las tierras cultivadas suponían un buen hábitat donde encontrar alimento fácilmente, y de esta manera empezó la pesadilla para los agricultores que vieron amenazadas sus cosechas.

Los agricultores transmitieron su preocupación al Gobierno australiano, y una delegación de agricultores se reunió con un excompañero de armas que por aquel entonces era ministro de Defensa: sir George Pearce, a quien solicitaron acabar con la plaga de emús. El ministro accedió de inmediato, aunque puso algunas condiciones: las armas debían ser utilizadas sólo por personal militar, el transporte de tropas debía ser financiado por el gobierno de Australia Occidental y los agricultores se encargarían de proporcionar la comida y el alojamiento a los soldados, así como del pago de la munición. Pearce pensó que aquel podía convertirse en un incentivo propagandístico para los desolados agricultores de Australia Occidental y para ello envió a cubrir la operación a un fotógrafo del noticiario Fox Movietone.

Actuando bajo el cargo de Ministro de defensa y consciente de la gravedad de la situación para los agricultores, sir George Pearce autorizó la participación del ejército y el uso de armas de fuego en la operación contra los emús.

Actuando bajo el cargo de Ministro de defensa y consciente de la gravedad de la situación para los agricultores, sir George Pearce autorizó la participación del ejército y el uso de armas de fuego en la operación contra los emús.

Foto: CC

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La "estrategia" de los emús

La "operación" contra los emús debía haber empezado en octubre de 1932, pero las lluvias retrasaron la misión, que estaba dirigida por el mayor Gwynydd Purves Wynne-Aubrey Meredith, el sargento S. McMurray y el artillero J. O'Halloran. Con los emús dispersos tuvieron que esperar a que mejorase el tiempo para que las dos ametralladoras Lewis y los 10.000 cartuchos de munición que habían traído consigo pudieran entrar en acción y, de este modo, acabar con la "invasión". Finalmente, el 2 de noviembre la lluvia cesó y los militares hicieron la primera incursión seguros de que aquellas aves no les opondrían ningún tipo de resistencia. Con la ayuda de los colonos, y debido a que la distancia entre las aves y las armas era considerable, los militares intentaron que cincuenta emús cayeran en una trampa, pero las aves se dieron cuenta; se dividieron en pequeños grupos y se dispersaron haciendo imposible apuntarlas con las armas. En un segundo intento se logró acabar con la vida de varias aves y el mismo día se descubrió otro grupo. Según el informe diario de los militares, se abatieron "quizás a una docena".

El 2 de noviembre, cuando la lluvia cesó, los militares hicieron la primera incursión seguros de que aquellas aves no les opondrían ningún tipo de resistencia.

El 4 de noviembre, el mayor Meredith planeó emboscar a un grupo de unos mil emús que habían sido avistados cerca de una presa, y para aquella misión los artilleros decidieron esperar hasta que las aves se encontraran a tiro para abrir fuego. Pero la ametralladora se atascó después de disparar tan sólo a doce aves, y el resto se dispersó antes de que los soldados pudieran volver a disparar. Ese día no se pudo atacar a más emús. Poco después, unos informes dirigidos al mayor Meredith informaban de que se había avistado un grupo de aves, que parecían "bastante más mansas" hacia el sur, por lo que el militar decidió trasladarse hasta allí para darles caza.

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"Sin bajas"entre los soldados

En los días posteriores, los rastreadores observaron con sorpresa que cada manada parecía tener un líder al que describieron de esta manera: "Un gran pájaro de plumas negras que mide casi dos metros de altura y vigila mientras sus compañeros llevan a cabo su trabajo de destrucción, y les advierte de nuestro enfoque". El mayor Meredith planeó entonces montar una de las ametralladoras en un camión, pero el método resultó ineficaz porque la velocidad del vehículo era inferior a la de las aves y al no poder adelantarlas, el artillero encargado del arma no pudo disparar ni un solo cartucho. El 8 de noviembre, seis días después del primer enfrentamiento, se habían disparado 2.500 cartuchos, pero el número de aves abatidas seguía siendo incierto. En el informe de Meredith se informaba de la muerte de 50 aves (también se señalaba que sus hombres no habían sufrido bajas), pero según otras cuentas ofrecidas por los colonos la cifra variaba entre 200 a 500.

Dos soldados sostienen una ametralladora Lewis mientras avanzan tratando de apuntar a un emú. Estas armas fueron las escogidas para enfrentarse a la amenaza animal, sin embargo la lejanía respecto el objetivo junto con la agilidad de sus movimientos redujeron su efectividad.

Dos soldados sostienen una ametralladora Lewis mientras avanzan tratando de apuntar a un emú. Estas armas fueron las escogidas para enfrentarse a la amenaza animal, sin embargo la lejanía respecto el objetivo junto con la agilidad de sus movimientos redujeron su efectividad.

Foto: CC

El mayor Meredith planeó montar una de las ametralladoras en un camión, pero resultó ser ineficaz porque la velocidad del vehículo era inferior al de las aves y al no poderlas adelantar, el artillero no pudo disparar ni un solo cartucho.

El 8 de noviembre, miembros de la Cámara de Representantes de Australia discutieron sobre la idoneidad de seguir con la operación. Las noticias publicadas por los medios locales afirmaban que "sólo unos pocos de los emús cazados habían muerto", por lo que no parecía tener mucho sentido continuar. Al leer la prensa, el 8 de noviembre sir George Pearce retiró el apoyo militar ofrecido así como las armas, y el mayor Meredith comparó a los emúes con los zulús, y llegó a hacer comentarios sorprendentes acerca de la maniobrabilidad de estas aves, incluso cuando estaban gravemente heridas: "Si tuviéramos una división militar con la capacidad de carga de balas de estas aves se enfrentaría a cualquier ejército del mundo... Pueden enfrentarse a ametralladoras con la invulnerabilidad de los tanques. Son como zulús a quienes ni siquiera las balas tontas pueden detener".

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¡Los emús en internet!

Unos días después de la retirada de los militares, las aves reanudaron sus "actividades" y, el 12 de noviembre, a solicitud de los granjeros, el ministro de Defensa aprobó la reanudación de la operación militar que encabezó de nuevo el mayor Meredith. En poco tiempo se causó un centenar de bajas a la semana entre las filas del plumífero enemigo. Al final, el 10 de diciembre, cuando el ejército se retiró, se estimaba que habían muerto 986 emúes durante las refriegas y que otros 2.500 lo hicieron como consecuencia de las heridas recibidas. En un articulo publicado años más tarde, el 23 de agosto de 1935, el periódico Coolgardie Miner informó que: "Aunque el uso de ametralladoras había sido criticado en muchos sectores, el método demostró ser eficaz y salvó lo que quedaba de trigo".

Cuando el ejército se retiró el 10 de diciembre, se estimaba que habían muerto 986 emúes durante las refriegas y que otros 2.500 lo hicieron como consecuencia de las heridas recibidas.

Durante los años 1934, 1943 y 1948, los agricultores volvieron a pedir la ayuda del ejército contra los emús, aunque tan sólo para ahuyentar a las aves, no para matarlas. En diciembre de 1932, la noticia de la Guerra del emú trascendió las fronteras australianas y llegó al Reino Unido donde algunos conservacionistas protestaron por el "exterminio del raro emú". A lo largo de las décadas de 1930 y 1940, las cercas de barrera de exclusión se convirtieron en un medio popular de mantener no sólo a los emús, sino también a otros animales como los dingos y los conejos alejados de las áreas agrícolas. En los últimos años, las referencias a la Guerra del emú se han convertido en un meme popular en Internet, y en 2020 este singular acontecimiento inspiró un videojuego titulado Emu War.

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