Pintor, arquitecto e historiador

Giorgio Vasari, el gran historiador del arte del Renacimiento

Artista polifacético y muy prolífico, el toscano Giorgio Vasari es conocido sobre todo por ser el primer historiador del arte de la era moderna y el padre del término Renacimiento

Giorgio Vasari autorretrato

Imagen: Galleria degli Uffizi (CC)

“Al ilustrísimo y excelentísimo señor Cosimo de' Medici, duque de Florencia:

Puesto que Vuestra Excelencia (...) no deja de favorecer y exaltar toda clase de virtud, dondequiera que se encuentre, y tiene una especial protección de las artes del dibujo, inclinación a sus creadores, conocimiento y deleite de sus bellas y raras obras, creo que agradecerá este esfuerzo realizado por mí para escribir las vidas, obras, costumbres y condiciones de todos aquellos que, ya extinguidas, las han resucitado (...) y finalmente llevado a ese grado de belleza y majestuosidad en el que hoy se encuentran”.

Con estas palabras empieza el que puede definirse como el primer tratado moderno de historia del arte: Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, escrito a mediados del siglo XVI por el toscano Giorgio Vasari. Este artista, que se ganó la vida como pintor y arquitecto, pasó a la historia principalmente como historiador: hombre de una amplísima cultura para su época y condición -era hijo de un simple mercader de telas y pasó penurias económicas en más de una ocasión-, la cristalizó en una obra que todavía hoy es una de las principales fuentes de información acerca de la vida de los más importantes artistas del Renacimiento italiano.

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La dura juventud del artista

Giorgio Vasari nació en Arezzo el 30 de julio de 1511 en el seno de una familia de comerciantes modestos. Durante su infancia frecuentó los talleres de varios artistas de la ciudad de los que aprendió pintura y arquitectura y adquirió una cierta formación en humanidades. Llegado a la adolescencia se marchó a Florencia para proseguir sus estudios, donde entró en contacto con el cardenal Silvio Passerini, gran mecenas que lo recomendó a la poderosa familia Medici.

La prometedora carrera de Vasari se vio interrumpida bruscamente por la muerte de su padre en 1527. Con apenas 16 años, tuvo que dedicarse enteramente a la pintura para mantener a su familia.

Sin embargo, su prometedora carrera se vio interrumpida bruscamente por la muerte de su padre en 1527. Con apenas 16 años, se convirtió en el cabeza de familia y recayó en él la responsabilidad de ocuparse de su madre y sus cuatro hermanos menores. Fue el inicio de una época difícil para Vasari, que tuvo que dedicarse enteramente a la pintura para mantener a su familia, en especial a la producción de retablos para iglesias de Arezzo y los alrededores. En aquellos tiempos conoció al Rosso Fiorentino, un pintor que influyó notablemente en su estilo de dibujo.

Su trabajo dio frutos hasta el punto que pudo hacerse construir una casa bellamente afrescada, hoy habilitada como el Museo Casa Vasari. Aun así, el artista sufría de una profunda melancolía y decidió retirarse durante unos meses a una ermita, pintando para los monjes y buscando serenidad en una vida sencilla en medio de la naturaleza. En 1538, habiendo dejado a su familia en una situación estable y recuperado de su crisis personal, pero también decidido a procurarse una seguridad económica, decidió dejar sus modestos trabajos en Arezzo para probar suerte con encargos más ambiciosos.

"Seis poetas toscanos" (1569), óleo sobre tabla

"Seis poetas toscanos" (1569), óleo sobre tabla

En esta obra Vasari retrató a seis grandes exponentes del humanismo renacentista; de izquierda a derecha: Marsilio Ficino, Cristoforo Landino, Francesco Petrarca, Giovanni Boccaccio, Dante Alighieri y Guido Cavalcanti.

Foto: Minneapolis Institute of Art

Artista errante

Durante los quince años siguientes Vasari viajó a lo largo y ancho de la península italiana: pasó mucho tiempo en Roma, donde se estableció durante periodos largos; regresó frecuentemente a la Toscana, especialmente en Arezzo, donde su reputación estaba bien cimentada; y viajó también a Nápoles, Venecia y los territorios de la Llanura Padana. En sus viajes estudió las diversas escuelas de arte a la vez que se ganaba la vida con trabajos bien pagados, especialmente frescos para palacios privados, gracias a lo cual pudo ampliar sus conocimientos de arquitectura.

Aunque desde entonces nunca le faltó trabajo ni mecenas, la posteridad ha situado el estilo pictórico de Vasari en un modesto segundo plano, una obra de calidad pero ceñida a las normas de su tiempo y sin el espíritu de innovación que caracterizó a los grandes artistas. Probablemente esto se deba a que durante mucho tiempo tuvo que pintar para sobrevivir, por lo que priorizaba la rapidez en la ejecución y, de hecho, esta celeridad a la hora de entregar los encargos era un rasgo apreciado por sus clientes. Su estilo era manierista, aunque relativamente sencillo para los estándares de este movimiento que se caracterizaba por su dramatismo a menudo exagerado.

La obra pictórica de Vasari, a pesar de su calidad, está ceñida a las normas de su tiempo y carece del espíritu de innovación que caracterizó a los grandes artistas.

En 1554 cedió a la insistencia de Cosimo de Medici, duque de Florencia, para que volviera a la ciudad y pusiera su talento a su servicio. Al duque le interesaba Vasari por sus conocimientos de arquitectura y le encargó sucesivamente tres grandes proyectos: la renovación del antiguo Palacio de la Señoría, hoy conocido como Palazzo Vecchio, para convertirlo en un edificio de gobierno más fastuoso; la construcción de una galería anexa destinada a albergar las oficinas administrativas -de ahí su nombre, los Uffizi, hoy una de las galerías de arte más importantes del mundo-; y finalmente, un corredor que conectara dichas oficinas con los nuevos aposentos que se estaban preparando para la corte ducal en el Palazzo Pitti, al otro lado del Arno -el Corredor Vasariano, que discurre por encima del Ponte Vecchio-. Cosimo le encargó también la realización de los frescos de la cúpula de la catedral de Santa Maria del Fiore, pero la muerte de Vasari el 27 de junio de 1574 interrumpió este trabajo cuando apenas había empezado.

La galería de los Uffizi

La galería de los Uffizi

Los Uffizi eran en su origen las oficinas administrativas del gobierno. Posteriormente se convirtieron en la sede de la gran colección de arte de los Medici y bajo el reinado de sus sucesores, la dinastía Lorena, se transformaron en un museo abierto al público.

Foto: iStock/Givaga
El Corredor vasariano a su paso sobre el río Arno y el Ponte Vecchio

El Corredor vasariano a su paso sobre el río Arno y el Ponte Vecchio

El Corredor vasariano fue usado por los duques Medici para desplazarse desde su residencia a la sede de gobierno. Actualmente alberga una colección de retratos.

Foto: iStock / Artem Bolshakov

El gran biógrafo del arte

A pesar de su copiosa producción artística, la obra más conocida de Giorgio Vasari es un libro: Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, considerado el primer tratado moderno de historia del arte. Recoge las biografías de unos 150 artistas desde el siglo XIII hasta el XVI, empezando por el pintor Cimabue y terminando con su propia autobiografía -que no fue añadida hasta la segunda edición, revisada y ampliada hasta el triple de su extensión original-, además de una larga introducción a las técnicas de las tres artes mayores: arquitectura, pintura y escultura.

El tratado de Vasari es aún a día de hoy una de las fuentes primarias más importantes para la historia del arte renacentista y, en muchas ocasiones, la única de la que se pueden obtener datos biográficos sobre los artistas de ese periodo. Aunque hoy sean personajes de estudio, en su época los artistas eran artesanos y la mayoría de la información oficial que se conservaba de ellos era la relativa a sus trabajos, como la fecha de entrega y la cantidad pagada. En tal contexto, un tratado de este tipo era una obra de documentación y divulgación impresionante que sentó un precedente importantísimo y da cuenta de la gran cultura que había adquirido el autor en sus viajes.

Portada de "Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos" en su edición de 1568

Portada de "Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos" en su edición de 1568

Foto: CC

Sin embargo, la información aportada es de una fiabilidad relativa: Vasari a menudo se pierde en anécdotas, leyendas y cotilleos de dudosa credibilidad, que van a más cuanto más tiempo separa al escritor del personaje sobre el que escribe. Además, para agradar al duque de Florencia o tal vez por sus propios orígenes toscanos, Vasari concede una importancia preponderante a los artistas de su tierra respecto a los de otras escuelas -algunas igual de influyentes, como la véneta-, presentándolos como los únicos artífices de haber roto las cadenas del “torpe y escabroso” arte bizantino y haber llevado las artes a una nueva edad de oro. Esta tendencia resulta especialmente presente en la edición original, publicada en 1550, mientras que la revisión de 1568 resulta más completa aunque todavía muy “toscanocéntrica”.

Vasari es, de hecho, el primero en hablar de un Renacimiento -rinascita- del arte que supera casi milagrosamente un pasado al que califica de forma muy poco amable: en la biografía de Giotto, por ejemplo, dice que “en verdad, fue un gran milagro que aquella época grosera e incapaz tuviese el poder de obrar en Giotto tan sabiamente que el dibujo, del cual poco o ningún conocimiento tenían los hombres de esos tiempos, mediante tan buen artífice volviese enteramente a la vida”.

Vasari es el primero en hablar de un Renacimiento artístico que supera casi milagrosamente un pasado al que califica de forma muy poco amable

A pesar de sus carencias y parcialidad, Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos sigue siendo a día de hoy una piedra angular para el estudio del Renacimiento y uno de los tratados de historia del arte más publicados y traducidos. Su versión completa consta de más de 3000 páginas divididas en tres volúmenes, pero la mayoría de ediciones hacen una selección de los nombres más representativos. Originalmente venía acompañada de una obra complementaria, llamada comúnmente el Libro de dibujos de Giorgio Vasari, que podría considerarse el primer catálogo de obras de arte de la historia: contenía casi 2000 dibujos y esbozos que el artista coleccionó durante sus viajes; una colección única que, sin embargo, fue vendida poco a poco por sus herederos y hoy se encuentra dispersa por todo el mundo.