Pintura del siglo XX

Giorgio de Chirico, el misterioso pintor metafísico

Conocido sobre todo por ser uno de los mayores exponentes de la pintura metafísica, las obras del artista italiano Giorgio de Chirico son el reflejo de un universo misterioso lleno de sombras, sueños y una profunda soledad. Al final de su carrera, el pintor, que dejó su estilo metafísico para sumergirse en el clasicismo, sufrió el rechazo y la incomprensión de la crítica.

Imagen del pintor italiano Giorgio de Chirico, tomada en 1950.

Foto: Cordon Press

Si hablamos de pintura, se podría afirmar que existen dos tipos de artistas: aquellos que muestran al espectador el mundo tal como es, con un detallismo cercano a la fotografía, y quienes lo envuelven en un halo de misterio que le otorga un aspecto onírico, tan solo accesible para unos pocos. A este último grupo pertenece, sin lugar a dudas, el artista italiano Giorgio de Chirico, nacido en Volos, Grecia, el 10 de julio de 1888. Los mundos creados por De Chirico se engloban en un movimiento artístico que se conoce como arte metafísico. Pero ¿en qué consiste? Pues de hecho el arte metafísico va más allá de lo físico y tangible, y en el caso de De Chirico se basa en atmósferas oníricas con iluminaciones irreales y unas perspectivas arquitectónicas imposibles en las que el artista siempre yuxtapone objetos de uso cotidiano, aunque representados fuera de su contexto habitual. Los historiadores del arte consideran a De Chirico el principal precursor de la pintura surrealista y su período metafísico tendría una influencia determinante en corrientes artísticas posteriores, como la Nueva Objetividad o el Realismo Mágico.

Si bien la paternidad de la pintura metafísica sigue siendo objeto de un acalorado debate entre los especialistas, hay quienes la atribuyen sin dudarlo a De Chirico (aunque otros la otorgan al artista italiano Carlo Carrà). De hecho, la primera pintura metafísica de Chirico, El enigma de una tarde de otoño (1910), surgió después de una "revelación" que el artista tuvo en la Piazza Santa Croce de Florencia. Él mismo lo cuenta así: "Había superado una enfermedad intestinal, larga y dolorosa, y me encontraba en un estado de sensibilidad enfermiza. Todo a mi alrededor parecía encontrarse en un estado de convalecencia, incluso el mármol de los edificios y fuentes […]. El sol de otoño, frío y sin amor, bañaba la estatua y la fachada de la iglesia. Tuve entonces la extraña impresión de que veía las cosas por primera vez".

La nueva realidad de De Chirico

Girogio de Chirico estudió dibujo y pintura en la Politécnica de Atenas bajo la dirección de dos grandes artistas griegos: Georgios Roilos y Georgios Jakobides. Pero tras la muerte de su padre en 1905, el joven se trasladó junto a su familia a Múnich, donde entre 1906 y 1909 estudiaría en la Academia de Bellas Artes, teniendo como profesores al pintor historicista alemán Gabriel von Hackl y a Carl von Marr, un pintor que reunía en su obra influencias realistas, impresionistas y simbolistas. Fue durante esos años cuando De Chirico entró también en contacto con la obra de filósofos como Schopenhauer o Nietzsche. En 1910, de nuevo en Italia, De Chirico se instaló en Florencia junto a su madre, y en la ciudad del Arno empezó a reflejar en sus obras el sentimiento y el misterio que la filosofía de Nietzsche había dejado en él. Plaza de Italia, El enigma de una tarde de otoño y El enigma del oráculo son tres de las primeras obras que pintó el artista durante su estancia en Florencia. También pasó unos días en Turín, ciudad que le "conmovió" por su aspecto "tan metafísico".

Tras la muerte de su padre en 1905, el joven De Chirico se trasladó junto a su familia a Múnich, donde entre 1906 y 1909 estudiaría en la Academia de Bellas Artes.

Plaza de Italia, obra del artista italiano Giorgio de Chirico pintada en el año 1913.

Foto: CC

Enigma de una tarde de otoño, cuadro pintado por Giorgio de Chirico en 1909.

Foto: CC

A partir de entonces, De Chirico empezó a pintar escenas inquietantes y melancólicas. En cuanto a colores, en ellas predominaban el verde, el ocre y el gris. En sus paisajes urbanos y de influencia mediterránea los objetos, cuyo propósito era perturbar al espectador, llegaban a cobrar vida propia. Eso era más habitual cuando los espacios amplios y solitarios creados por el artista eran ocupados por unos personajes fantasmales que acabarían protagonizando muchas de sus pinturas: los maniquíes de sastre, figuras sin rostro cuya presencia anónima y enigmática animaba al espectador a percibir una nueva realidad. En realidad, De Chirico se inspiró en las emociones que le producían las sensaciones inesperadas que a veces descubría en los lugares o las cosas más familiares. En 1909, el propio pintor escribió: "Hay una multitud de cosas extrañas, desconocidas y solitarias que pueden traducirse en pintura [...]. Lo que se requiere, sobre todo, es una sensibilidad exacerbada".

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De Chirico y el arte metafísico

En 1914, De Chirico pintó La melancolía y el misterio de una calle, uno de los mejores ejemplos del empleo de una perspectiva profunda con el fin de producir un efecto emocional en el espectador, y entre 1914 y 1915 generó escenarios arquitectónicos tridimensionales con la intención de ofrecer una nueva experiencia visual. Durante los siguientes años, el artista pintará Canto de amor (1914) y El enigma de la fatalidad (1914). Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial cambiaría las cosas. De Chirico fue obligado a alistarse en el ejército, aunque fue declarado no apto para ejercer labores militares por lo que pasó la mayor parte del tiempo en el hospital de Ferrara, donde se dedicaría intensamente a la pintura. Durante su estancia en el hospital coincidió con los artistas Carlo Carrà, máximo exponente del Futurismo Pictórico, y Filippo de Pisis, con los que fundaría la Escuela Metafísica. De aquella época destacan obras como El gran metafísico, Las musas inquietantes y Gran interior metafísico.

Durante su estancia en el hospital de Ferrara coincidió con los artistas Carlo Carrà, máximo exponente del Futurismo Pictórico, y Filippo de Pisis, con los que fundaría la Escuela Metafísica.

El gran metafísico, cuadro de Giorgio de Chirico pintado en el año 1917.

Foto: CC

Las musas inquietantes, cuadro pintado por Giorgio de Chirico en 1916.

Foto: CC

Gran interior metafísico, cuadro de Girogio de Chirico pintado en 1917.

Foto: CC

Tras la finalización de la contienda, en 1919, De Chirico organizó una exposición individual en la Galería Anton Giulio Bragaglia, donde exhibió sus obras del período metafísico de Ferrara, y aquel mismo año la revista de arte Valori Plastici, fundada por Mario Broglio, publicó una monografía que llevaría por titulo El retorno de la artesanía, en la que se se reproducían doce de sus cuadros con comentarios de Apollinaire y Carrà, entre otros. La obra de De Chirico triunfó plenamente. No solamente cautivó a los jóvenes pintores, sino que también fascinó a artistas procedentes de otras disciplinas, como el escritor francés André Breton, que quedó deslumbrado tras contemplar uno de los cuadros del artista italiano expuesto en la galería de Guillaume, en París. En 1928, De Chirico expuso también en Nueva York y más tarde en Londres, y escribió varios ensayos sobre arte; en 1929 publicó una novela titulada Hebdomeros, el metafísico. El artista se casó dos veces, la primera en 1930, con Raisa Gourevitch, y la segunda en 1946, con Isabella Pakszwer. Al final, instalado definitivamente en Roma, De Chirico compró una casa cerca de la Plaza España que con el tiempo se convertiría en la Casa Museo Giorgio de Chirico.

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El ocaso de De Chirico

La última etapa artística de De Chirico es, curiosamente, absolutamente distinta. El artista se sumergió en el clasicismo mitológico y abandonó el arte metafísico. Pero la cosa no funcionó como él esperaba. De hecho las opiniones vertidas por los críticos de arte sobre su obra de esta época fueron bastante negativas, puesto que siempre valoraron mucho más sus obras más antiguas pertenecientes al período metafísico. Molesto porque pensaba que su obra en ese momento era mucho más madura que la de juventud, De Chirico pensó engañarlos produciendo varias obras de estilo metafísico, a las que fechó antes de 1920. De paso, también las puso a la venta.

La última etapa artística de De Chirico es, curiosamente, absolutamente distinta. El artista se sumergió en el clasicismo mitológico y abandonó el arte metafísico.

Caballos, de Giorgio de Chirico. 1952. Pinacoteca Provincial, Bari.

Foto: Cordon Press

En 1945, De Chirico publicó sus memorias, y siguió trabajando sin descanso durante toda su vida, siendo extraordinariamente prolífico incluso cuando ya tenía casi 90 años. En 1974, De Chirico fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de Francia y murió en Roma el 20 de noviembre de 1978. La obra de De Chirico influiría profundamente en el Surrealismo (aunque la relación del artista con los integrantes de este movimiento, a los que llegó a tachar de "cretinos y hostiles", no sería precisamente fluida), sobre todo en el estilo de pintores tan representativos como Salvador Dalí y René Magritte, quien describió su primera visión de La canción de amor de De Chirico como "uno de los momentos más conmovedores de mi vida". Su peculiar estilo también llegaría a la gran pantalla durante las décadas de 1950 y 1970. Incluso algunas películas de animación, como la francesa Le Roi et l'oiseau (El rey y el pájaro), de Paul Grimault y Jacques Prévert, de 1980, se basaron en las obras de su etapa metafísica para recrear algunas escenas del film.