Fútbol y fascismo, el deporte rey como herramienta propagandística

Hablamos con el historiador Cristóbal Villalobos, autor de un curioso libro que analiza cómo las dictaduras de Hitler, Mussolini o Franco, entre otros, utilizaron el fútbol como un vehículo para diseminar y justificar sus ideales políticos.

Portada del ensayo "Fútbol y fascismo", publicado por la editorial Altamarea.

Foto: Altamarea

Sin duda alguna, el fútbol es uno de los deportes más populares de las últimas décadas. Y precisamente, gracias a su popularidad, ha sido usado por diversos sistemas políticos como arma ideológica para inocular ideas en la sociedad. Los primeros en darse cuenta del poder de las pasiones que levanta el conocido como "deporte rey" fueron los regímenes totalitarios del siglo XX, en los cuales el marketing político tuvo una importancia vital.

Recientemente el profesor de Historia, escritor y articulista Cristóbal Villalobos ha publicado su ensayo titulado Fútbol y fascismo, en el que recoge ejemplos de estas prácticas tanto en los gobiernos de Hitler, Mussolini y Franco como en las dictaduras de Pinochet, Videla y tantos otros en el continente americano. Hablamos con él sobre el fútbol, la política y la propaganda, pero sobre todo, hablamos sobre la historia y cómo el deporte puede llegar a convertirse en una herramienta con la que manipular al pueblo.

Historia National Geographic: La primera pregunta es casi obligada… ¿Te gusta el fútbol?

Cristóbal Villalobos: Me gusta el fútbol pero, más allá de los resultados, lo que más me interesa es la épica de los grandes partidos, las apasionantes historias que hay tras los campeonatos y los grandes clubes.

¿En qué momento decidiste escribir un libro dedicado a algo tan específico?

Cristóbal Villalobos: Investigando para un reportaje sobre Mussolini y el Mundial de 1934, que escribí para una revista con ocasión de un campeonato del mundo, vi que existían muchísimos ejemplos de cómo los regímenes dictatoriales habían usado el fútbol para promover sus oscuros intereses y que éstos no se habían estudiado de forma global.

Cristóbal Villalobos leyendo "Panenka", una de las revistas de referencia del mundo del fútbol.

Cristóbal Villalobos leyendo "Panenka", una de las revistas de referencia del mundo del fútbol.

Foto: Altamarea
















En tu ensayo te centras en los fascismos… ¿Acaso no hubo regímenes de izquierdas que usaran el fútbol para manipular a la gente? ¿Puedes ponernos algún ejemplo?

Cristóbal Villalobos: Decidí acotarlo a los regímenes fascistas y a algunos de extrema derecha, por puro practicismo, ya que si lo hubiese extendido a los de izquierda tendría que haber escrito una enciclopedia. Así que los dejé para investigaciones futuras.

En el otro extremo político, quizás el caso más conocido fue el de Stalin. Para conocer los tejemanejes soviéticos sobre el mundo del fútbol os recomiendo Fútbol y poder en la URSS de Stalin, que ha publicado también la editorial Altamarea.

Más recientemente, dentro de los fenómenos populistas, los casos de Berlusconi en Italia, o de Jesús Gil en España son otra cara de este poliedro que es la relación entre el fútbol y el poder y que, como vemos, no solo alcanza a las dictaduras, sino también a las democracias.

La selección nacional italiana realizando el saludo fascista en un partido de 1934.

La selección nacional italiana realizando el saludo fascista en un partido de 1934.

Foto: Altamarea
















De manera más concreta, ¿cuál dirías que aprovechó mejor el fútbol para sus fines políticos, el Duce, el Führer o Franco?

Cristóbal Villalobos: Mussolini fue el pionero y el que tuvo más éxito, dos mundiales lo atestiguan, mientras que el papel del fútbol durante el franquismo fue, como es lógico, más persistente en el tiempo. Por eso mismo, pasó por diferentes etapas: de la imitación de la organización hitleriana, militarizando el fútbol, al “nacionalismo banal” de la quiniela, el Marca o los partidos en RTVE, que adormecían a la sociedad a la vez que la hacían partícipe de un sentimiento nacionalista, sin contenido político, fácilmente asumible por todos.

Existen muchos deportes y sin embargo parece que el fútbol ha sido más usado que ningún otro en la historia. ¿Existe algún otro deporte en el mundo que haya podido manipular tanto a las masas como el fútbol?

Cristóbal Villalobos: No creo que haya un deporte que, de forma global, tenga la influencia del fútbol. Sí es posible que, en países concretos, haya deportes que puedan usarse de la misma manera que el fútbol durante el franquismo o el nazismo. Me viene ahora a la cabeza Fidel Castro intentando jugar al béisbol, o el caso de algunos deportes de invierno en las antiguas Repúblicas Soviéticas.

El 9 de agosto de 1942 tuvo lugar en plena Segunda Guerra Mundial el conocido como "partido de la muerte".

El 9 de agosto de 1942 tuvo lugar en plena Segunda Guerra Mundial el conocido como "partido de la muerte".

Foto: Altamarea


Me viene a la mente el ajedrez, durante la Guerra Fría, pero me parece que es un juego antagónico respecto al fútbol, ¿es así?

Cristóbal Villalobos: No tiene el carácter popular y global del fútbol, no despierta las mismas pasiones, desde luego, aunque sí es verdad, como bien dices, que durante la Guerra Fría la rivalidad entre los grandes maestros estadounidenses y soviéticos acabó envuelta en una guerra propagandística que nos recuerda mucho a esa manipulación ideológica sobre el deporte de la que hablo en mi libro.


En cualquier caso, ¿qué hace al fútbol tan diferente a otros deportes para que sea usado de esta manera?

Cristóbal Villalobos: Quizás sea, como ha escrito recientemente Vargas Llosa, el poder de “la llamada de la tribu”. El campo de juego es un espacio en el que recuperamos el sentido de pertenencia que hoy, en un mundo tan individualista, hemos perdido en nuestra vida diaria. Un sentimiento que nuestros instintos más profundos nos reclaman y que, de alguna manera, necesitamos. El carácter colectivo de este deporte y la identificación regional o nacional de los equipos ayuda sin duda a que ser hincha de un club, o seguidor de una selección, sea, en millones de casos, una auténtica religión.

Las selecciones nacionales parecen ser el máximo exponente de este fervor nacional. De hecho en Alemania hubo gente que no había sacado nunca la bandera de Alemania hasta que no ganó el mundial en 2014. O la española en 2010. Sin embargo los equipos individuales también generan este sentimiento de pertenencia… ¿Cuál de los dos (equipos o selecciones) crees que se han usado más para manipular?

Cristóbal Villalobos: Decía Camus que la patria es la selección de fútbol. El historiador Eric Hobsbawn afirmaba que “la imaginada comunidad formada por millones parece más real si adopta la forma de un equipo de once personas con nombres y apellidos”. Esa identificación de un equipo con todo un país, hace a las selecciones más propicias a la lucha ideológica.

En el caso de Alemania y de España, tras la apropiación de los símbolos nacionales por sus respectivas dictaduras, fue el fútbol el que rescató esos símbolos para toda la sociedad. Como hemos podido vivir muchos de nosotros, el fútbol no solo sirve de herramienta para el adoctrinamiento, sino que a veces es tomado por la sociedad como una forma de expresión liberadora.

En los estadios alemanes ondeaban las banderas del partido Nazi.

En los estadios alemanes ondeaban las banderas del partido Nazi.

Foto: Altamarea
















Y hablando de selecciones, ¿crees que las olimpiadas fomentan esta idea de pertenencia a una patria y que son usadas como forma de propaganda nacional?

Cristóbal Villalobos: No era sin duda ésta la intención del barón de Coubertin cuando ideó el movimiento olímpico, que debía ser internacionalista y quedar por encima de las rivalidades nacionalistas. Sin embargo, los regímenes fascistas, Mussolini en Los Ángeles 1932 o Hitler en Berlín 1936, las usaron como altavoces de su poderío, al igual que harían americanos y soviéticos durante la Guerra Fría y otros tantos países en otros momentos. Lo que se ideó como un espacio de paz es, en el fondo, una enorme competición nacionalista.

Y actualmente, ¿se utiliza el fútbol en algún lugar del mundo de manera propagandística?

Cristóbal Villalobos: Sin duda. Quizás el ejemplo más característico de nuestro tiempo sean los llamados “clubes-estado”, aquellos que, como el Paris Saint-Germain, tienen el apoyo de países árabes que, en el fondo, usan esas inversiones futbolísticas como forma de blanquear ante la opinión pública occidental lo que no son más que estados teocráticos y liberticidas.

Mirando un poco a nuestro país, parece que por ejemplo el F.C. Barcelona parece un club más inclinado a la independencia de Cataluña, mientras que el Real Madrid parece más centralista… En España, ¿qué papel juega actualmente el fútbol en este aspecto?

Cristóbal Villalobos: Vázquez Montalbán decía que el Barça es “el ejército desarmado de Cataluña”, y así lo han entendido tanto la directiva como buena parte de la afición barcelonista, que saben que ese “más que un club” es toda una declaración de intenciones políticas. El Madrid, usado por el franquismo como su mejor embajador, ha acabado, por contraposición, representando una idea de país más centralista y de derechas. No fue siempre así, el Barça fue también usado por el franquismo y sus presidentes hacían loas a Franco y pugnaban con el Madrid por representar a la España franquista ante el mundo.

Hoy, sin duda, Barça y Athletic, desde finales del franquismo hasta nuestros días, son las armas más poderosas con las que cuentan los independentistas catalanes y vascos, como bien se demostró en la famosa final de la Copa del Rey que protagonizaron ambos equipos.


¿En qué medida coincides con las palabras de Borges: “el fútbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así. La idea de que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”?

Cristóbal Villalobos: Borges tenía toda la razón, pero igual que el fútbol puede despertar las peores pasiones, también puede hacerlo con las más nobles: Sócrates pidiendo democracia en Brasil, junto con todo el Corinthians, o un estadio entero reclamando el fin de la dictadura uruguaya, son sólo dos ejemplos, que recojo en mi libro, de cuando el fútbol es también capaz de dar voz a un pueblo oprimido.

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