Hecho histórico

Fuenteovejuna: el porqué de una revuelta

Convertido por Lope de Vega en un símbolo de la lucha contra la tiranía, el motín de un pueblo cordobés en 1476 fue en realidad producto de intrigas nobiliarias y políticas.

Vista de la actual población de Fuente Obejuna, situada al noroeste de la provincia de Córdoba.

Foto: María Galán / Alamy / ACI

A principios del siglo XVII, Lope de Vega compuso una de sus obras más célebres: Fuenteovejuna. En ella, el dramaturgo madrileño cuenta una historia sucedida a comienzos del reinado de los Reyes Católicos en una población del norte de la actual provincia de Córdoba, cuyos vecinos, cansados de las tropelías de Fernán Gómez de Guzmán, comendador mayor de la orden militar de Calatrava, se rebelan contra él y le dan cruel muerte.

A la manera de un típico drama de honor, Lope de Vega cuenta cómo los aldeanos se alzan porque el comendador intenta forzar a una joven paisana, Laurencia, que los incita a vengarla. Tras el salvaje asesinato del comendador, el juez que llega al pueblo y al preguntar quién mató al comendador no obtiene de los villanos más que una respuesta: «Fuenteovejuna lo hizo». ¿Quién es Fuenteovejuna? «Todo el pueblo a una». Al final, el rey da por justo el derecho del pueblo a defender su honor.

Félix Lope de Vega Carpio, por Eugenio Cajés. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

Félix Lope de Vega Carpio, por Eugenio Cajés. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

Félix Lope de Vega Carpio, por Eugenio Cajés. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

Foto: Album

La historia de Lope estaba basada en un episodio real, relatado en detalle en algunas crónicas de finales del siglo XV y del siglo XVI, en particular la Crónica de Enrique IV, de Alonso de Palencia, y la Crónica de las tres Órdenes y Caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara, de Francisco de Rades y Andrada. Gracias a estas fuentes sabemos incluso el día en que el hecho tuvo lugar: el 22 de abril de 1476.

Lope se inspiró directamente en algunos pormenores de estas crónicas, como los referidos a la personalidad del comendador Fernán Gómez, al que Rades presenta como un personaje tiránico y depravado que «hizo grandes agravios a los vecinos, tomándoles por la fuerza a sus hijas y mujeres, y robándoles sus haciendas». Como se ve, el móvil sexual está ya presente en esta crónica, lo que explicaría la participación activa de las mujeres en el linchamiento del comendador: «Después de caído en tierra, le arrancaron las barbas y cabellos con grande crueldad; y otros con los pomos de las espadas le quebraron los dientes; todos, hombres y mujeres, le hicieron pedazos, arrastrándole y haciendo con él grandes crueldades y escarnios».

Cruz de Alcántara y Calatrava. Casa de los Abarca, Salamanca.

Cruz de Alcántara y Calatrava. Casa de los Abarca, Salamanca.

Cruz de Alcántara y Calatrava. Casa de los Abarca, Salamanca.

Foto: Oronoz / Album

Estallido de ira

Alonso de Palencia, por su parte, daba una imagen más favorable del comendador y en cambio destacaba la violencia ciega de la turba. «El 22 de abril –escribía– los de la villa levantaron repentino tumulto; acudieron a calmarlo los criados del Comendador, y acometiéndoles la muchedumbre, pocos lograron acogerse al portal de la casa de su amo, y resistieron durante toda la noche los ataques de los rústicos, sedientos de la sangre del Comendador. En el corredor defendía valientemente el paso el Guzmán, armado de todas sus armas».

Cuando éste vio que se ensañaban con los suyos y daban cruel muerte a dos de ellos, les preguntó «la causa de aquella saña, o si deseaban la restitución de las rentas que había cobrado, pues estaba pronto a devolver la parte que estimaran justa. Le contestaron que aplacarían la cólera si le veían sin el casco en la cabeza». Cuando lo hizo, uno «torció el hierro de la lanza en el cráneo del Comendador, y los feroces rústicos hundieron sus puñales en el pecho y en el rostro del herido, que cayó al suelo sin vida. Luego arrojaron el cuerpo medio destrozado a la calle, donde las turbas acabaron de despedazarle a golpes y pedradas. Una vieja que intentó recoger los informes restos en una espuerta fue azotada».

En contra de lo que plantea Lope, el levantamiento de Fuenteovejuna no fue tan sólo la reacción frente a la violación de una muchacha, sino que tenía causas más profundas. Hay que recordar que, tan sólo dieciséis años antes de la revuelta, la población había quedado sometida al dominio señorial de la orden de Calatrava, por lo que era administrada por Fernán Gómez de Guzmán como comendador mayor, una dignidad inmediatamente inferior a la de maestre de la orden militar. Ello trajo aparejado un mayor control y cargas tributarias más gravosas que las que el pueblo tenía cuando formaba parte del alfoz de Córdoba, lo que sin duda creó un gran malestar entre la población.

El levantamiento de Fuenteovejuna no fue tan sólo la reacción frente a la violación de una muchacha, también tenía otras profundas causas que lo alimentaron

Además, este malestar fue alentado por las autoridades de Córdoba, deseosas de recuperar un pueblo que suponía una importante fuente de ingresos fiscales. Según el hispanista Joseph Pérez, el concejo cordobés fue el verdadero autor de la revuelta. La Crónica de Rades destaca que el alzamiento estuvo capitaneado por las élites locales –«los alcaldes, regidores, justicias y regimiento, con los otros vecinos, con mano armada entraron por fuerza en las casas de la Encomienda Mayor, donde el dicho comendador estaba»– y que su objetivo era abolir el señorío de la orden de Calatrava: «Los de Fuenteovejuna, después de haber muerto al comendador, quitaron las varas y cargos de justicia a los que estaban puestos por esta orden, cuya era la jurisdicción, y diéronla a quienes quisieron».

Guzmanes y Girones

Otro factor fue la vieja enemistad política entre los linajes de Guzmán y de Girón por el control de la rica y poderosa orden de Calatrava. Juan Ramírez de Guzmán, guerrero afamado y comendador de la orden, vio malogradas sus aspiraciones al maestrazgo cuando en 1445 resultó elegido maestre Pedro Girón, hermano del influyente marqués de Villena. La frustración de Juan Ramírez debió de compartirla su hijo Fernán Gómez, a raíz del acceso al maestrazgo de Rodrigo Téllez Girón, que, siendo aún menor de edad, sucedió a su padre Pedro Girón en 1466. Cuando, a la muerte de Enrique IV en 1474, estalló una guerra civil entre los partidarios de su hermana Isabel la Católica y de su hija Juana la Beltraneja, Rodrigo Téllez puso sus armas al servicio de esta última, mientras que Fernán Gómez guerreó en el bando de Isabel con la esperanza de obtener como recompensa el cargo de maestre.

Batalla de Toro en 1476, episodio de la guerra civil en Castilla que fue trasfondo de la revuelta de Fuenteovejuna. Por F. de Paula Van Halen.

Batalla de Toro en 1476, episodio de la guerra civil en Castilla que fue trasfondo de la revuelta de Fuenteovejuna. Por F. de Paula Van Halen.

Batalla de Toro en 1476, episodio de la guerra civil en Castilla que fue trasfondo de la revuelta de Fuenteovejuna. Por F. de Paula Van Halen.

Foto: Alamy / ACI

Alonso de Palencia, en la Crónica de Enrique IV, presenta al malogrado Fernán Gómez como un caballero culto, virtuoso y afecto a la causa de los Reyes Católicos. Le exculpa de cualquier responsabilidad en la rebelión y lo juzga víctima de una conspiración tramada por sus enemigos políticos. «Mensajeros enviados por don Rodrigo Girón y don Alfonso de Aguilar [alcalde mayor de Córdoba] para preparar sus dañados fines les excitaron a dar muerte al Comendador en secretas reuniones», escribía el cronista. De esta disputa entre linajes nobiliarios se encuentra un eco en la comedia de Lope de Vega, pues el dramaturgo era un protegido del duque de Osuna, descendiente de Pedro Girón, y utilizó como fuente principal la Crónica de Rades y Andrada, la que da una imagen más negativa del rival de Girón, el comendador Fernán Gómez.

La razón de los fuertes

El desenlace de la revuelta de 1476 no fue favorable al pueblo, en contra de lo que cuenta Lope en su obra. Es cierto que la monarquía, debilitada por la guerra sucesoria y necesitada del apoyo de las ciudades, renunció a aplicar un castigo ejemplar y perdonó a los culpables de la muerte del comendador. Pero la gran beneficiada fue Córdoba, que se apresuró a retomar su antiguo dominio sobre Fuenteovejuna, truncando el deseo de la villa de obtener una plena autonomía.

En 1480 se volvió incluso a la situación de partida, cuando la reina Isabel ordenó entregar nuevamente Fuenteovejuna a la orden de Calatrava. El maestre Rodrigo Girón, por su parte, obtuvo el perdón real por haber apoyado a la Beltraneja y un hermano del comendador asesinado recibió los bienes que éste había obtenido de la orden de Calatrava. Una revuelta popular fracasada, como tantas otras, que sin embargo inspiró a Lope de Vega un alegato universal en defensa del derecho del pueblo a rebelarse contra la opresión.

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La villa rica en miel y ovejas

Comendador de Calatrava. Personaje de Fuenteovejuna de Lope de Vega. Ilustración por Ivan Bilibin.

Comendador de Calatrava. Personaje de Fuenteovejuna de Lope de Vega. Ilustración por Ivan Bilibin.

Comendador de Calatrava. Personaje de Fuenteovejuna de Lope de Vega. Ilustración por Ivan Bilibin.

Foto: Fine Art / AGE Fotostock

Fuenteovejuna –o Fuente Obejuna, como se escribe hoy– debe su nombre al ganado ovino que constituyó su máxima riqueza en la Edad Media. De su importancia como centro ganadero da idea que el precio de la lana (el producto más rentable de Castilla) se fijara en todo el término de Córdoba según las tarifas de Fuenteovejuna. «El lugar más grande que había en tierra de Córdoba» contaba a mediados del siglo XV con unos 4.500 habitantes, cifra importante pues Córdoba apenas rebasaba los 25.000. Eran famosas sus colmenas, de donde procede el topónimo romano Mellaria, alusivo a su riqueza en miel.

El pueblo en armas

Fotograma de una versión televisiva de Fuenteovejuna de Lope de Vega, filmada en 1972.

Fotograma de una versión televisiva de Fuenteovejuna de Lope de Vega, filmada en 1972.

Fotograma de una versión televisiva de Fuenteovejuna de Lope de Vega, filmada en 1972.

Foto: TVE / Album

Olvidada durante largo tiempo, la Fuenteovejuna de Lope de Vega fue desempolvada por el romanticismo del siglo XIX y pronto se leyó como una apología de la lucha del pueblo por sus derechos. Durante la II República española alcanzó notoriedad el montaje dirigido por Federico García Lorca con su compañía de teatro popular La Barraca. En la Rusia soviética, la revuelta de la villa castellana en 1476 se comparó con la insurrección del acorazado Potemkin en 1905, anticipo de la revolución de 1917, y las adaptaciones de la obra de Lope obtuvieron resonantes triunfos en la cartelera teatral entre 1919 y 1939.

Para saber más

Isabel I la Católica, reina de Castilla

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Este artículo pertenece al número 200 de la revista Historia National Geographic.