Mujeres pioneras

Frederica Montseny, la primera mujer ministra de Europa

De formación familiar y política anarquista, esta mujer de origen humilde se irguió como un referente político de primera línea en la convulsa España de la década de 1930. El gobierno republicano del Frente Popular le propuso un ministerio que ella aceptó renunciando a algunos de sus valores con la voluntad de frenar el avance del fascismo en el país. La dictadura franquista no le permitió regresar a su país hasta 38 años más tarde.

Foto: Cordon Press

El bagaje político familiar tuvo una influencia incuestionable en la formación ideológica, y por extensión en toda la vida, de la que iba a convertirse en la primera mujer que se puso al frente de un ministerio del Gobierno de España. Su madre, Teresa Mañé, fue una maestra y periodista referente del anarquismo español, pionera feminista y defensora de una pedagogía laica. Su padre, Joan Montseny, fue otro destacado militante anarquista que también participó en numerosas publicaciones y reivindicaciones por las que fue detenido en más de una ocasión. Juntos editaron La Revista Blanca, una publicación de corte anarquista que trataba temas alrededor de la sociología, ciencias y artes. Esta voluntad de cambiar el mundo mediante las ideas anarquistas fue de la que bebió desde pequeña Federica Montseny.

Nacida en 1905 en el madrileño barrio de Chamberí en el que se había instalado la familia huyendo de la represión por haber participado en los disturbios de la Semana Trágica barcelonesa, Montseny fue educada por su madre en casa. Pero ya en 1914 la familia se instaló de nuevo en Barcelona, donde sus padres retomaron el activismo político.

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Montseny destacó desde muy joven como una escritora precoz. A los 16 años escribió su primera novela, Horas trágicas, un drama que trataba las problemáticas de la clase obrera catalana. Desde entonces, Federica nunca abandonó la escritura. Publicó de manera frecuente artículos que defendían el anarquismo o la libertad y la plenitud de derechos de las mujeres, entre otros en la nueva Revista Blanca, desde 1923 editada en la Ciudad Condal.

Militancia y activismo

Con el golpe de estado del general Primo de Rivera en 1923 se inauguró una dictadura que duró siete años, un periodo durante el cual Montseny no dejó de lado su activismo, sino al contrario. En 1923 se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y publicó las novelas La Victoria, El Hijo de Clara (segunda parte de La Victoria) y La Indomable, tres obras que revolucionaron el debate social por tratar temas como la liberación de la mujer o el rechazo a la institución del matrimonio. Su amplia producción literaria –llegó a publicar hasta 34 novelas– se convirtió, en definitiva, en un escaparate accesible para sus ideas libertarias.

A medida que su pensamiento se fue afianzando, Federica Montseny se fue convirtiendo en un personaje público. Aparecía en mítines y conferencias, donde se hacían evidentes sus grandes habilidades oratorias. El hecho de que una mujer desempeñara con firmeza y seguridad un rol tradicionalmente asociado a los hombres sorprendía y atraía la atención de la audiencia.
La resistencia de la CNT durante la dictadura de Primo de Rivera, convirtió a la organización en un agente importante de la política española de principios de 1930 y, con ello, a Federica Montseny en una de sus principales referentes.

Federica Montseny en un mitin en Valencia en 1936. 

Foto: CordonPress

El 14 de abril de 1931 fue proclamada la Segunda República española y desde entonces se inició un debate interno en organizaciones como la CNT o FAI respecto a la colaboración con el gobierno progresista. A pesar de las contradicciones que podía suponer para estas organizaciones y para ella misma, y aunque no siempre fue así, Federica Montseny tuvo un papel fundamental abogando por la colaboración entre los agentes políticos y sociales de todo el sector izquierdista. Especialmente a medida que se acercaba el Levantamiento del 18 de julio y la tensión social aumentaba.

A raíz del golpe de estado contra el gobierno de la República, en el verano de 1936, se incorporó a los órganos de gobierno de la CNT y la FAI. Y en noviembre de ese mismo año, con Largo Caballero al frente del gobierno, fue propuesta como Ministra de Sanidad y Asistencia Social. Montseny aceptó el cargo, no sin antes haber asumido la contradicción que suponía para un ácrata de pensamiento incorporarse en un puesto de poder. Pero, igual que ocurrió con la militancia, la extraordinaria situación de guerra civil a la que se había visto abocado el país tras el golpe era un motivo suficiente para intentar cambiar la realidad desde dentro.

Una mujer anarquista en el gobierno

Federica Montseny se había convertido en la primera mujer que accedió a un cargo de ministra en el ámbito europeo. Sin embargo, su mandato no fue ni largo ni fácil, ya que los seis meses que estuvo al frente del ministerio transcurrieron en plena guerra. Aún así, sus acciones fueron firmes. Quiso introducir un organigrama ministerial de inspiración sindical, y puso en marcha una política sanitaria basada en la prevención. Uno de sus proyectos más ambiciosos fue la ley de interrupción del embarazo, aunque nunca llegó a ver la luz. Pero también consiguió, entre otras cosas, difundir el uso de anticonceptivos por primera vez en España, inauguró el primer centro de rehabilitación para personas con drogadicción y lideró una campaña que ofrecía asilo a mujeres que se dedicaban a la prostitución, así como posibilidades y recursos para cambiar de oficio.

Como ministra, trató de introducir un organigrama ministerial de inspiración sindical, y puso en marcha un proyecto de ley de aborto

Los llamados Hechos de mayo de 1937 en Cataluña, donde las fuerzas de orden público se enfrentaron a las milicias anarquistas, terminaron con la trayectoria de Federica Montseny en el gobierno. Dos años después, con la victoria del bando sublevado, Montseny tuvo que abandonar España y emprender el camino hacia el exilio.

En 1941, fue perseguida y apresada por las autoridades nazis en la Francia ocupada, en plena Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El gobierno franquista reclamó su extradición, pero fue denegada debido a su avanzado estado de gestación de su tercera hija, Blanca. Tras el final de la contienda, vivió en Toulouse, donde organizó la ayuda a los refugiados españoles y nunca abandonó su militancia anarquista, participando en congresos y en diferentes publicaciones como Espoir.

Cerca de 100.000 personas escucharon el discurso que dio Frederica Montseny en el mitin celebrado en Montjuïc, Barcelona, en julio de 1977. 

Foto: CC

Tras el final de la dictadura española con la muerte de Franco en 1975, Federica Montseny regresó a España por primera vez en 1977. Fue con motivo de la reconstrucción de la CNT y para participar en el gran mitin que se celebró en Barcelona en julio de ese mismo año. Sin embargo, mantuvo su residencia en Toulouse hasta el fin de sus días. Murió el 15 de enero de 1994.