Arte y colonialismo

Francia devuelve los tesoros expoliados a Benín hace más de un siglo

26 objetos del tesoro del reino de Dahomey sustraídos durante la etapa colonial por las tropas francesas han sido devueltos al país africano en un gesto sin precedentes de una expotencia colonial. La restitución ha reabierto el debate sobre la conveniencia o no de la devolución de las obras de arte expoliadas y actualmente expuestas en grandes centros de historia y arte como el British Museum.

trono gélé net

Foto: Thierry Olivier / Michel Urtado

El 10 de noviembre aterrizaba en el aeropuerto internacional de Cotonou, en Benín, un avión que fue recibido a pie de pista por los ministros de Exteriores y de Cultura de la república africana. Esperaban una caja que contenía 26 piezas que formaban parte del tesoro real de Abomey, sustraído del país durante la dominación francesa. Los objetos fueron trasladados en una comitiva solemne hasta el palacio presidencial y allí fueron recibidos con honores de jefe de Estado por el presidente de Benín, Patrice Talon, y por las más altas autoridades del país.

Entre los objetos que viajaron de vuelta de Europa a África se encuentran tres estatuas, mitad hombre, mitad animal que representan a los tres últimos monarcas del reino de Dahomey, el trono del último rey, Behanzin, varios altares portátiles, tres bastones de danza de guerreros y cuatro puertas de palacio de Abomey, capital del reino. Las piezas formaban parte de las colecciones nacionales francesas desde hacía 130 años y hasta ahora pertenecían a la colección del Museo del Quai Branly de París, dedicado a la exhibición del arte de las culturas de África, Asia y Oceanía.

Esta estatua mitad hombre, mitad tiburón representa al último rey de Dahomey, Behanzin.

Foto: Thierry Olivier / Michel Urtado

El regreso de las obras de arte fue vivido por el gobierno y la población de Benín en un ambiente festivo y de orgullo nacional, no en vano habían logrado algo que hasta hace poco parecía impensable para una pequeña nación africana: que una antigua potencia colonial devuelva parte del patrimonio histórico y artístico tomado de sus antiguos dominios y que reconozca que fue sustraído con malas artes –nunca mejor dicho– de su lugar de origen.

Expolio colonial

El reino de Dahomey fue un estado que floreció en el golfo de Guinea ente los siglos XVII y XIX y conoció su momento de mayor esplendor en el siglo XVIII, al abrirse al comercio con las naciones europeas. Su espíritu guerrero –contaba con un inusual regimiento formado exclusivamente por mujeres– le permitió dominar el tráfico de esclavos en la región, que obtenía gracias a razzias e incursiones en zonas vecinas.A finales del siglo XIX, Francia decidió extender su control directo sobre la región y se lanzó a una guerra de conquista. El reino de Dahomey fue derrotado en 1892 y el palacio real de Abomey saqueado por las tropas francesas.

Bastones para realizar la danza guerrera.

Foto: Thierry Olivier / Michel Urtado

La reclamación de las piezas comenzó en 2016, cuando el presidente de la república africana se dirigió a su homólogo francés, entonces Françoise Hollande, para reclamar la "restitución de los bienes culturales de Benín presentes en diversas colecciones francesas". La respuesta francesa fue negativa, escudándose en que esas obras formaban ya parte de las colecciones francesas y que las leyes impedían desgajarlas del resto de Patrimonio del Estado.

Las obras devueltas ahora a Benín engrosaron durante más de un siglo las colecciones francesas y ha habido que cambiar algunas leyes para permitir su repatriación.

La llegada de Macron a la presidencia de la República cambió este punto de vista y el nuevo jefe de Estado francés se comprometió en 2017 a devolver los tesoros saqueados del palacio de Abomey. Promovió una ley para que se pudiera restituir el patrimonio africano a sus lugares de origen y encargó un informe a los historiadores del Arte Felwine Sarr y Bénédicte Savoy para conocer cuántas obras de arte de origen africano están repartidas por los museos de todo el país y de qué forma fueron obtenidas.

Dicho informe concluyó que actualmente "hay al menos 88.000 objetos en colecciones públicas francesas de África al sur del Sahara". De ellos, casi 18.000 solo en el Museo del Quai Branly. El dossier estableció un protocolo para decidir qué objetos debían ser restituidos y en qué condiciones. Las 26 obras de arte de Benín son el primer conjunto de piezas devueltas en base a ese informe y para Bénédicte Savoy es una decisión importante, puesto que "es la primera vez que un antiguo país colonial, en este caso Francia, restituye a un país africano una parte importante de su patrimonio".

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Un debate recurrente

La intención de Macron y de los autores del informe es no quedarse solo en estas 26 piezas y devolver otras obras de arte a sus respectivos países de origen en cuanto puedan asegurar la integridad de las mismas. La decisión ha reabierto un viejo debate en torno al arte y a los museos. ¿Debe ser devuelto el arte conservado en los grandes museos europeos a sus países de origen? Su traslado a esas grandes instituciones, ¿fue un robo o era imprescindible para su conservación y preservar su integridad?

El trono del rey Ghezo, que gobernó Dahomey a mediados del siglo XIX, una de las piezas devueltas a Benín.

Foto: Presidencia de Benín

El debate cuenta con partidarios de cada postura que esgrimen acalorados argumentos a su favor y, aunque a todos nos vengan a la mente los frisos el Partenón de la Acrópolis de Atenas o los objetos y momias del Egipto faraónico, quienes han sufrido la mayor pérdida de objetos de su patrimonio histórico y artístico han sido las naciones subsaharianas de África. Los defensores de esta acumulación de objetos fuera de su contexto original defienden que, en otras circunstancias, estas obras habrían sido destruidas o habrían desaparecido. Los partidarios del retorno defienden que, en pleno siglo XXI, esta idea conserva una visión supremacista digna del siglo XIX.

La decisión del gobierno francés ha reabierto un viejo debate en torno al arte y a los museos. ¿Debe ser devuelto el arte conservado en los grandes museos europeos a sus países de origen?

Desde la Conferencia de Berlín de 1885, las potencias coloniales europeas se consideraron con el derecho de disponer de la población y de los recursos naturales de las distintas naciones de África a su conveniencia. Esto incluía también todo tipo de objetos y obras de arte. La inmensa mayoría del patrimonio cultural y artístico africano (tal vez un 90%) fue sacado del continente en época colonial, alguno regalado a los misioneros cristianos, adquiridos por coleccionistas o descubiertos en expediciones arqueológicas y científicas, pero la gran mayoría de objetos fueron incautados por los funcionarios civiles y militares coloniales y muchas veces fueron obtenidos mediante engaños o, directamente, robados.

Puertas del palacio real de Abomey.

Foto: Thierry Olivier / Michel Urtado

Estas piezas eran enviadas a la las metrópolis, donde sentían curiosidad por conocer los "exóticos" modos de vida y costumbres de los "indígenas". Una curiosidad no exenta de una visión racista. Estas colecciones permitieron a artistas como Pablo Picasso conocer estas formas de arte "primitivo" que inspirarían muchas de sus obras. De hecho, se da la circunstancia que el Museo del Quai Branly conserva gran parte de las máscaras que impresionaron al pintor malagueño a inicios del siglo pasado cuando las vio en el antiguo museo etnográfico del Trocadero y que inspirarían Las señoritas de Aviñón, la obra que dio origen al cubismo.

Los tesoros de Benín, antes de ser trasladados a África, fueron exhibidos por última vez en el museo parisino hasta finales de octubre. Una vez en Benín, las obras pasarán un periodo de aclimatación y serán expuestas en distintos lugares del país antes de ser transferidas a su emplazamiento definitivo, un museo construido específicamente para ellas en Abomey.

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