Final del siglo XIX

La fiebre del oro de Klondike

El río Klondike, en Yukón, fue el escenario de una de las últimas fiebres del oro de Norteamérica. Miles de personas pasaron todo tipo de penurias con la esperanza de hacerse ricas, pero solo una minoría lo consiguió.

Fiebre del oro

Foto: George G. Cantwell (CC)

Entre los años 1896 y 1899, una remota zona de Yukón (Canadá) se convirtió en la meta de miles de personas que soñaban con hacerse ricas de la noche a la mañana, buscando oro en el lecho del río Klondike. La realidad con la que se encontraron fue más dura de lo que imaginaban y el beneficio, mucho menor de lo esperado: solo una pequeña parte de ellos consiguieron la ansiada riqueza.

La de Klondike fue una de tantas fiebres del oro que vivió Norteamérica en el siglo XIX, no necesariamente la más significativa pero sí una de las que quedaron más presentes en la memoria colectiva. El mérito de esta fama recae en la cobertura que le dieron los medios de comunicación, las novelas del escritor Jack London La llamada de lo salvaje y Colmillo Blanco y, años más tarde, el cine, con la adaptación de las novelas de London y la película de Charlie Chaplin La quimera del oro.

Discovery Claim

Discovery Claim es el nombre dado a la parcela de terreno del río Klondike en la que se encontraron las primeras pepitas de oro.

Foto: CC JKBrooks85

La caza del tesoro

En agosto de 1896, un prospector de oro llamado George Carmack pidió a las autoridades canadienses la concesión de unas parcelas en las orillas del río Klondike, un afluente del Yukón, en el noroeste del país. Él, su mujer y su cuñado habían encontrado algunas pepitas de oro en un valle conocido como Rabbit Creek. Las noticias corrieron como la pólvora y en dos semanas casi toda la zona había sido ocupada por buscadores que habían pedido concesiones: según la ley, a cada uno le correspondía una parcela de unos 150 metros de largo; no era seguro que en todas hubiese oro, pero mucha gente estaba dispuesta a apostar a la ruleta de la geología la posibilidad de hacerse ricos.

En los tres años que duró aquella fiebre del oro, unos 20.000 buscadores y otras 80.000 personas se desplazaron al remoto valle de Rabbit Creek, que desde entonces fue conocido como Bonanza Creek. De toda este gente, solo unos 4.000 encontraron oro y menos de mil extrajeron el suficiente como para considerar cumplido el sueño de hacerse ricos. El resto encontró trabajo como mineros al servicio de quienes habían sido más afortunados, o se reinventaron como proveedores de servicios y bienes indispensables. Más de la mitad de los que emprendían el viaje a Klondike abandonaban antes de llegar a la meta y otros muchos se marchaban al cabo de pocos días, incapaces de ganarse la vida.

Dawson City

Caravana de suministros llegando a Dawson City en 1899.

Foto: Autor desconocido. University of Washington

Para los buscadores de oro habría sido imposible sobrevivir sin contar con los miles de personas que hicieron posible la vida en aquel remoto paraje. La zona era de difícil acceso y los mineros no podían abandonar su parcela durante más de tres días sin correr el riesgo de perder la concesión, por lo que dependían de otras personas para procurarse todo, desde alimentos hasta el material de extracción. Los conductores de trineos y los muleros eran el hilo que les conectaba con el resto del mundo, sirviendo como correos y transportistas; y los perros de trineo, los caballos y las mulas llegaron a alcanzar precios desorbitados.

Vida en el fin del mundo

Incluso cuando uno tenía la suerte de encontrar oro en su parcela, no le esperaba una tarea fácil. Durante los meses de verano se podía obtener con relativa facilidad, tamizando el agua del río para separar el mineral de la tierra y la grava. En invierno, en cambio, el río se helaba y había que excavar y derretir la capa de permafrost; esto requería a su vez cortar leña y construir una mina. El trabajo era penoso y a menudo peligroso, por los derrumbes y el riesgo de asfixia a causa de la combustión y los gases tóxicos; y muchos ni siquiera tenían experiencia previa como mineros. Quienes contaban con los recursos suficientes y un buen margen de beneficio a menudo preferían contratar a otros para hacer el trabajo pesado. Muchos mineros morían a causa de la malnutrición, las enfermedades o la hipotermia, ya que en los meses más fríos la temperatura podía caer a decenas de grados bajo cero.

Klondike libro

En 1897 se publicó el libro "Placer mining, a hand-book for Klondike and other miners and prospectors", un completo manual de bolsillo para lanzarse a la búsqueda de oro. Incluía todo tipo de información como rutas y mapas, regulaciones y permisos, ropa y equipo necesarios, técnicas de extracción ilustradas con dibujos y consejos de seguridad.

Foto: CC

Durante los primeros meses de la fiebre del oro nació Dawson City, a orillas del río. Era la entrada fluvial a la zona de prospección durante los meses de verano, cuando el hielo se fundía, y de un conjunto de cabañas se convirtió en una animada ciudad con salones y casas de entretenimiento que ayudaban a hacer más tolerable la vida en aquel remoto lugar. En sus mejores tiempos, los clientes pagaban con pepitas y polvo de oro y se decía que los propietarios podrían haber vivido solo de barrer el suelo y recoger lo que otros dejaban caer cuando ya llevaban unas cuantas copas: el whisky corría a raudales, pero a pesar de esa atmósfera los conflictos y la criminalidad eran bastante bajos.

Cuando Dawson City ya podía llamarse una ciudad empezaron a llegar las mujeres: algunas eran las esposas de los mineros, otras eran solteras que buscaban empleo. Los mineros pasaban casi todo el día trabajando y las contrataban como empleadas del hogar, leñadoras o cocineras; otras se buscaban la vida como podían en el mundo de la noche, como bailarinas o prostitutas. El desarrollo de la ciudad también atrajo a especuladores y estafadores que vieron la posibilidad de enriquecerse fácilmente a costa de los demás, vendiendo comida y productos de minería a precios abusivos en tiempos de escasez.

Dawson City

Clientes pagando con polvo de oro en una tienda de suministros, en los últimos meses de la fiebre del oro de Klondike.

Foto: Edward Larss y Joseph Duclos. Alaska Digital Archive

Al cabo de tres años, la ilusión de la riqueza fácil se había desvanecido para la mayoría. Las parcelas eran limitadas y cada vez era más difícil encontrar oro, mientras que la población crecía rápidamente y los precios de los productos se disparaban a causa de su demanda y escasez. Hacia 1899, el precioso metal ya no podía sostener la población y el ritmo de vida de Dawson City. El descubrimiento de nuevos filones en otras zonas de Canadá y Alaska vació la zona tan rápido como se había llenado. Preveyendo la fuga, muchos habían preferido vender su concesión al mejor precio que pudieran y volver a casa o marcharse a otros lugares para seguir persiguiendo la suerte. Hoy en día, la ciudad es un Sitio Histórico Nacional y permanece anclada en el tiempo como un testimonio de tiempos más ilusionantes.

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