Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

Los extranjeros en el antiguo Egipto, ¿aceptados o repudiados?

Libios, nubios, gentes procedentes del Próximo Oriente, hititas, mittanios... Los egipcios estaban convencidos de la superioridad de su país respecto a los pueblos vecinos, y aunque lucharon a menudo contra ellos, también aceptaron la presencia de extranjeros (sobre todo en su ejército). Estas personas pudieron trabajar en los mismos oficios que los locales, e incluso ascender socialmente, siempre que se integraran completamente en la cultura egipcia.

Un grupo de sirios acude a pagar tributo al faraón de Egipto. Pintura de la tumba de Rekhmire, en Tebas. 

Un grupo de sirios acude a pagar tributo al faraón de Egipto. Pintura de la tumba de Rekhmire, en Tebas. 

Un grupo de sirios acude a pagar tributo al faraón de Egipto. Pintura de la tumba de Rekhmire, en Tebas. 

PD

Los antiguos egipcios tenían una visión muy particular del mundo. En ella, su país era el centro, el territorio más importante, el escogido por los dioses. Para ellos, Egipto era mejor que los demás países, tenía una cultura más avanzada y sus dioses también superaban a los de los panteones extranjeros. De hecho, de los cuatro pueblos que, según los egipcios, existían en la Tierra, nubios, libios y asiáticos, el egipcio era el principal sin lugar a dudas. Todos los demás debían ser vencidos y sometidos por él.

Esta visión, que hoy podríamos calificar incluso de xenófoba y etnocéntrica, era vista con normalidad en el antiguo Egipto, y era un modo de mostrar seguridad frente a posibles enemigos. No hay más que fijarse en la representación tradicional del faraón derrotando a sus enemigos, los llamados Nueve Arcos, que se muestran maniatados, de rodillas y pisoteados por el monarca, que los agarra con fuerza por los cabellos y con su maza se prepara para asestarles el golpe definitivo.

 

Estos Nueve Arcos también podían ser representados en el escabel donde el faraón apoyaba los pies, e incluso en su calzado, como en el caso de las sandalias descubiertas en la tumba de Tutankamón. Era un modo de "pisotear" a los enemigos de Egipto y representaba la victoria sobre los adversarios del faraón.

Artículo recomendado

Prisioneros libios representados en un relieve del templo de Ramsés III en Medinet Habu.

Los grandes enemigos del antiguo Egipto: nubios, libios, asiáticos, hititas...

Leer artículo

vivir y morir en egipto

Esta supuesta superioridad era ampliamente aceptada entre la sociedad egipcia, y llegaba al extremo de que un egipcio no podía concebir la vida en otro sitio que no fuera Egipto, ni tampoco la muerte. Y es que morir lejos del país del Nilo y, peor, aún, no poder ser enterrado allí constituía una auténtica pesadilla para cualquier egipcio, sobre todo para aquellos que debían ausentarse de su hogar, como mercaderes o soldados. O para aquellos que, por el motivo que fuera, se veían obligados a abandonar su patria.

Morir lejos del país del Nilo y, peor, aún, no poder ser enterrado allí constituía una auténtica pesadilla para cualquier egipcio.

Relieve que representa al faraón Ramsés II derrotando a sus enemigos, un nubio, un libio y un sirio. Museo Egipcio, El Cairo. 

Relieve que representa al faraón Ramsés II derrotando a sus enemigos, un nubio, un libio y un sirio. Museo Egipcio, El Cairo. 

Relieve que representa al faraón Ramsés II derrotando a sus enemigos, un nubio, un libio y un sirio. Museo Egipcio, El Cairo. 

Speedster (CC BY-SA 4.0 DEED)

Es el caso de Sinuhé, tal vez uno de los exiliados más famosos de la literatura egipcia. Su peripecia se recoge en la llamada Historia de Sinuhé, de la cual se han conservado copias en diversos papiros y óstracos. La narración comienza con el asesinato del faraón Amenemhat I (1985-1956 a.C.), víctima de una conjura. Sinuhé, un alto dignatario de la corte, que escucha el plan de los conjurados, huye de Egipto para no ser acusado de participar en el magnicidio. Tras muchos años fuera de su país, posiblemente en Siria, añora el regreso, y sobre todo quiere morir en su patria.

Finalmente Sesostris I (1956-1911 a.C.), hijo y sucesor de Amenemhat, le permite volver a Egipto con todos los honores, y para ello le escribe: "No morirás en tierra extranjera, los asiáticos no te enterrarán; no se te colocará en la piel de un carnero y no se te hará un (simple) túmulo. Es un vagabundeo demasiado largo por la tierra. Piensa en la enfermedad y ven". 

Artículo recomendado

DA07376D

Sinhué, aventuras de un egipcio en el exilio

Leer artículo

el "ascensor social"

Pero a pesar del desprecio que según las fuentes pudieran haber sentido los egipcios por quienes no eran oriundos del país del Nilo, el hecho es que también había extranjeros viviendo en Egipto. ¿Cómo los veían y cómo los trataban los egipcios? Al parecer, si estas personas adoptaban nombres egipcios, aprendían el idioma, rendían culto a los dioses y se integraban totalmente en la cultura local normalmente eran aceptados sin reservas. De este modo, el "ascensor social" también podía funcionar para ellos.

Ejemplo de ello es la presencia en Egipto de altos funcionarios y gobernadores de origen extranjero. Este sería el caso del visir Aperel, de origen asiático, que fue un alto dignatario en la corte de Amenhotep III (1390-1352 a.C.). El mismo origen tuvo Paser, visir de Seti I (1294-1279 a.C.) y de su hijo Ramsés II (1279-1213 a.C.).

El "ascensor social" también podía funcionar para los foráneos. Un ejemplo es la presencia en Egipto de altos funcionarios y gobernadores de origen extranjero.

Relieve policromado que muestra a un grupo de guerreros asiáticos derrotados. Reinado de Amenhotep II. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York. 

Relieve policromado que muestra a un grupo de guerreros asiáticos derrotados. Reinado de Amenhotep II. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York. 

Relieve policromado que muestra a un grupo de guerreros asiáticos derrotados. Reinado de Amenhotep II. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York. 

PD

De hecho, durante el Reino Nuevo (1550-1069 a.C.), los faraones implantaron la costumbre de tomar como rehenes a príncipes extranjeros para asegurarse la lealtad de sus familias. Estos jóvenes eran bien tratados y educados al modo egipcio (una estrategia política que sería usada más tarde por otros pueblos, como los romanos) con el objetivo de que desarrollaran afinidad y lealtad para con su país de "acogida".

También fueron habituales en ese período los matrimonios de algunos faraones con princesas extranjeras, sobre todo procedentes de Mitanni y del país de Hatti, con el propósito de establecer lazos diplomáticos, como en el caso de Amenhotep III, casado con varias princesas mittanias, o de Ramsés II, que se casó con dos princesas hititas (posiblemente, algunos miembros del séquito de estas princesas extranjeras también acabasen casándose con egipcios).

Artículo recomendado

Harenes

El harén de los faraones, tráfico de princesas en la Antigüedad

Leer artículo

obreros, artesanos, soldados...

Y, a todo esto, ¿de dónde procedían y a qué se dedicaban los extranjeros que vivían en Egipto? La afluencia de extranjeros a Egipto procedente del Próximo Oriente fue especialmente fluida sobre todo en épocas de hambrunas o epidemias, ya que la agricultura en el país del Nilo era más estable y el Estado faraónico también contaba con abundantes reservas de grano. Estos extranjeros (llamados asiáticos por los egipcios) también trajeron sus propios dioses, algunos de los cuales fueron incorporados al panteón egipcio, como Astarté, Baal o Anath.

La afluencia de extranjeros a Egipto procedente del Próximo Oriente fue especialmente abundante sobre todo en épocas de hambrunas o epidemias.

En cuanto a la forma de ganarse la vida, una vez integrados en la sociedad egipcia, estos extranjeros podían llegar a ejercer los mismos oficios que los locales. Está documentado el caso de extranjeros que trabajaron como orfebres, arquitectos (como un hombre llamado Pasbaal, empleado en el templo de Karnak) o escribas. 

Varios guerreros nubios, tocados con pelucas cortas y armados con hachas, arcos y carcajs con flechas. Relieve del templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari.

Varios guerreros nubios, tocados con pelucas cortas y armados con hachas, arcos y carcajs con flechas. Relieve del templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari.

Varios guerreros nubios, tocados con pelucas cortas y armados con hachas, arcos y carcajs con flechas. Relieve del templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari.

Cordon Press

Pero una actividad en la que los extranjeros que vivían en Egipto destacaron especialmente fue la milicia. En el ejército se alistaron principalmente libios y nubios, cuya presencia está documentada ya desde el Reino Antiguo (2686-2125 a.C.). Los medjay, de origen nubio, por ejemplo, constituyeron un cuerpo de élite dentro del ejército egipcio, donde destacaban como arqueros. Asimismo, en las últimas etapas de la historia egipcia se reclutaron numerosos guerreros del Próximo Oriente, e incluso de Grecia. Aunque los extranjeros no solamente se emplearon como soldados en el ejército; muchos de ellos trabajaron como intérpretes en el transcurso de campañas militares en tierras lejanas.

Finalmente, ya en la Baja Época (664-332 a.C.), muchos extranjeros se asentaron en Egipto, sobre todo mercaderes y comerciantes procedentes de lugares remotos. Uno de los centros comerciales más importantes habitado por extranjeros, en este caso griegos, fue la ciudad de Náucratis, situada en el delta del Nilo. La ciudad fue un crisol de culturas y gentes, y sentaría las bases del cosmopolitismo que caracterizaría en época ptolemaica a la ciudad de Alejandría, la gran metrópoli que fue capital de Egipto y que se convertiría, posiblemente, en el mejor ejemplo de "globalización" de todo el mundo antiguo.

Recuerda que ya puedes seguirnos en nuestro de Canal de WhatsApp. ¡Únete ahora!