Miles de años de simbología

La evolución del corazón como símbolo del amor

¿Por qué el corazón es el símbolo del amor por excelencia? ¿En qué momento se popularizó su uso en todo el mundo? Repasamos la historia de la evolución del corazón como símbolo del amor.

'Venus' (1849). De la Edad Media y el Renacimiento, de Paul Lacroix.

Foto: Cordon Press

El corazón es y ha sido profusamente representado a lo largo de la historia en cualquier cultura o religión. A este órgano vital se le han asignado cualidades, sentimientos y emociones de todo tipo: el valor, la razón, la fuerza, el alma, el sufrimiento, la propia vida; pero el más habitual, o al menos al que más solemos asociarlo en nuestras representaciones actuales, es al amor.

Pero eso no ha sido siempre así. Esa equiparación «amor» = «corazón» es algo que hoy damos por hecho pero que ha ido evolucionando a lo largo de los siglos, especialmente esa asociación del amor con el icono del corazón; esa versión esquemática, simétrica y plana que en realidad dista mucho de una representación realista y anatómica de dicho órgano. Hay que distinguir, por tanto, la representación del corazón como tal y la historia del símbolo. Empecemos por este último.

La equiparación «amor» = «corazón» es algo que ha ido evolucionando a lo largo de los siglos.

El diseño geométrico del corazón se puede encontrar desde la prehistoria y uno de los mejores ejemplos de este símbolo lo encontramos precisamente en España, en la cueva de Los Letreros en Vélez-Blanco (Almería). Aparece junto a la pintura rupestre del Neolítico Tardío conocida como El Hechicero o El Brujo, una figura antropomorfa pero también con rasgos animales como cuernos y rabo. Porta lo que parecen dos hoces y en el extremo de una de ellas adivinamos un corazón. No obstante, este símbolo primigenio tendríamos que relacionarlo con algún elemento vegetal como hojas, frutos o tubérculos.

El hechicero porta dos hoces y en el extremo de una de ellas aparece un corazón.

El hechicero porta dos hoces y en el extremo de una de ellas aparece un corazón.

Imagen: Juan Cabré Aguiló

Un símbolo alejado del amor

De hecho, este símbolo se continuará reproduciendo durante la Antigüedad en el Mediterráneo, pero no relacionado con ninguna metáfora del amor, sino con esa idea vegetal. Representaría pues hojas de hiedra, nenúfares o similares o incluso semillas. Una buena muestra de ello son las monedas griegas de Cirene (en la costa de la actual Libia) representando una semilla de silfio, una planta parecida al hinojo y extinta actualmente pero apreciada en su momento por sus cualidades medicinales, especialmente las contraceptivas. Es decir, el primer símbolo del corazón existe desde hace mucho pero no haría referencia a un corazón humano e iría más bien ligado a la prosperidad, la amistad, la salud y el sexo que con el amor.

Moneda de Cirene (siglo VI a.C. aprox.) representando una semilla de silfio.

Moneda de Cirene (siglo VI a.C. aprox.) representando una semilla de silfio.

Foto: CC

Hasta finales del siglo XV ese «corazón» geométrico sin relación con el amor siguió usándose como elemento decorativo como filigranas en documentos, como marca de fábrica en productos exportados, en la heráldica…

Las representaciones del órgano del corazón como tal también son lejanas en el tiempo, pero en este caso más ligadas a la forma anatómica real del mismo. Un ejemplo de ello puede ser el corazón-recipiente del antiguo Egipto con forma de vasija. En el Antiguo Egipto, el corazón era el lugar donde se contenían el pensamiento y los sentimientos humanos. Esa forma de vasija resume la forma del corazón con la salida de las principales venas y arterias como los brazos y boca de la vasija. En este caso se compara con un objeto físico pero aún no se establece ninguna metáfora respecto a un sentimiento como el amor.

Entonces, ¿cuándo aparece la idea del corazón como manera de representar el amor? ¿En qué momento se empezó a usar el símbolo esquemático del corazón? Pues habría que esperar a la Edad Media en Europa y al concepto del amor cortés para responder a ambas cuestiones. Si bien es difícil precisarlo, se podría fijar la representación que aparece en el romance medieval Le roman de la poire, una novela de caballería atribuida a un tal Thibaut, como primera metáfora del corazón como amor romántico. En este contexto medieval surge el amor caballeresco y cortés donde este sentimiento tiene un papel central en las narraciones literarias y en el ideal de cortejo. En una de las miniaturas el protagonista ofrece el corazón a la amada separándose así por primera vez el corazón idealizado del corazón físico. En esta ilustración parisina de mediados del siglo XIII el corazón aún tiene la forma de piña propia de otros corazones representados anteriormente pero empieza a apreciarse cierta simetría y parecido con el corazón actual.

Le roman de la poire fue una novela de caballería donde apareció la primera metáfora del corazón como amor romántico.

Para confirmar la tendencia y la consolidación del corazón esquemático en este estilo literario existe un ejemplo de principios del siglo XV bastante paradigmático. Se trata de una de las obras de Christine de Pizán. En su obra Las epístolas de Otea, una colección de alegorías, se muestra a una serie de hombres y mujeres que ofrecen sus corazones a Venus como alegoría del amor. Esta imagen se repetirá de forma recurrente durante todo el siglo.

La visión religiosa del corazón

Desde un punto de vista sacro el nacimiento de la representación del Sagrado Corazón de Jesús contribuyó a adscribirle al corazón sentimientos relacionados con el amor: en este caso no hablamos de un amor romántico tal y como lo entendemos hoy pero la experiencia de distintas místicas como Santa Catalina de Siena a mediados del siglo XIV, en cuyas visiones entrega su corazón a Jesús y, posteriormente, ya a mitad del siglo XVI, Santa Teresa de Jesús, ayudaron a relacionar el corazón con la pasión, la entrega, el fervor y el martirio. La representación del corazón de Jesús y de las cinco llagas se llegó a representar con el corazón esquemático. No obstante, no sería hasta mitad del siglo XVII cuando se popularizó en el catolicismo el Sagrado Corazón como tal a través de las manifestaciones de Santa Margarita María de Alacoque, la cual describe un corazón más parecido al real, con corona de espinas, con una llaga y con luz o fuego saliendo del mismo).

Ilustración de un manuscrito con las Cinco Llagas (Libro de oraciones de Waldburg). 1486. Alemania.

Ilustración de un manuscrito con las Cinco Llagas (Libro de oraciones de Waldburg). 1486. Alemania.

Foto: CC

Desde el siglo XVII en adelante el símbolo geométrico del corazón se generalizará con ese significado amoroso teniendo su máximo apogeo a finales del siglo XIX, con la popularización del intercambio de tarjetas en el día de San Valentín, sobre todo en Reino Unido. A partir de la aparición en estas postales la presencia de este corazón plano no ha dejado de aumentar en la cultura popular como símbolo del amor romántico y ya forma parte de la semiótica actual en todo tipo de representaciones como los «me gusta» en las redes sociales o como ideograma sinónimo de «amar» derivado del logotipo de I♥NY (I love New York).

* El Grupo Ad Absurdum está formado por los historiadores Isaac Alcántara, Juan Jesús Botí y David Omar Saéz, que asesora históricamente al programa de televisión El Condensador de Fluzo.