Orígenes misteriosos

Los etruscos no fueron un pueblo invasor

Pese a que muchas teorías los habían identificado con inmigrantes llegados de Oriente, el análisis del genoma de 86 individuos ha demostrado que, pese a su extraña lengua y avanzada cultura, los etruscos eran al fin y al cabo originarios de Italia. El estudio ha sido realizado por un equipo internacional perteneciente al prestigioso Instituto Max Plank de Jena (Alemania).

Al contrario que sus vecinos romanos que se incineraban, los etruscos eran enterrados en sarcófagos como este del Museo Arqueológico de Chiusi.

Foto: Wikimedia Commons

Ya desde época clásica los historiadores se preguntaron cual era el origen de los etruscos, un pueblo de la Toscana que hablaba una curiosa lengua totalmente diferente a la de sus vecinos y cuya cultura era mucho más refinada que la de los toscos romanos.

Un tema polémico

La corriente mayoritaria encabezada por Heródoto defendía que los etruscos procedían del área de Asia Menor o quizás del Egeo, y sostenía estas afirmaciones con las similitudes entre su cultura y la de los griegos. A esta tendencia se adscribieron en tiempos más recientes los lingüistas, quienes encontraron paralelismos entre su idioma no indoeuropeo y la lengua de la isla griega de Lemnos.

Las sepulturas etruscas se solían decorar con frescos para acompañar a los difuntos en la otra vida. Tumba de los Leopardos, Tarquinia.

Foto: Cordon Press

Por otra parte había quienes defendían que se trataba de una población autóctona, cuyas extraordinarias características se debían a influencias externas. El mayor defensor de esta idea en la antigüedad fue el historiador Dionisio de Halicarnaso, a quien se le unieron en los últimos dos siglos muchos arqueólogos, que veían en su cultura material una continuación de los artefactos de la Italia arcaica, algo que no era compatible con la llegada de una migración extranjera.

Los bellos objetos que producían los etruscos como este anillo grabado con un Hércules yaciente eran muy superiores a los fabricados por el resto de itálicos.

Foto: Wikimedia Commons

Así, a fin de esclarecer este misterio de una vez por todas, la Universidad de Tübingen, con la colaboración del Instituto Max Planck y la Universidad de Florencia, reunió una importante colección de esqueletos etruscos a fin de obtener su ADN.

Lo que nos cuentan los huesos

Para el estudio se usaron los restos de un total de 86 individuos, divididos por radiocarbono entre una etapa primigenia (800-0 a.C) y otra romana (1-1000 d.C), de este a manera podrían comprobar a la vez los cambios que se habían producido a lo largo del tiempo.

La mayoría de individuos estudiados provienen de necrópolis y túmulos como este de Banditaccia.

Foto: Wikimedia Commons

Las muestras óseas se obtuvieron taladrando las raíces de los dientes y el interior de los huesos temporales. Este polvo óseo fue procesado luego en el laboratorio hasta que se obtuvo su genoma. Los resultados fueron sorprendentes: lejos de tratarse de una población invasiva llegada del extranjero los etruscos arcaicos eran similares a sus vecinos itálicos, con un ADN prácticamente idéntico al de los habitantes de la Península Ibérica.

Según los investigadores su origen fue similar al del resto de pueblos de la zona, con una primera llegada de nómadas eurasiáticos a los que luego se unieron los pueblos indoeuropeos, que juntos conformarían las diversas etnias del Mediterráneo. De este modo su lengua sería la hablada originariamente por estos nómadas y habría sobrevivido a migraciones posteriores igual que el vasco, diferenciándose así de las habladas por sus vecinos (surgido de la mezcla del indoeuropeo con el dialecto local de cada zona).

Imperio y migraciones

Otro aspecto que llamó la atención de los estudiosos fue que el genoma de estos primeros etruscos apenas se había conservado, con solo algunos ejemplos en las áreas más remotas de la Toscana actual. Por el contrario el ADN de la segunda fase mostraba una incorporación masiva de rasgos del Mediterráneo oriental durante el Imperio Romano, a los que posteriormente se les añadieron elementos germánicos y nórdicos a lo largo de la Edad Media.

Gracias a este estudio genético se ha resuelto la controversia sobre el orígen de los etruscos de manera definitiva.

Foto: Cordon Press

De esta manera la identidad etrusca se fue diluyendo a partir de su integración en los dominios de Roma, cuya paz y seguridad impulsó la llegada de poblaciones foráneas con quienes se mezclaron los indígenas hasta producir los toscanos actuales. Curiosamente la misma dinámica ocurrió en Hispania, donde los indígenas recibieron la llegada de inmigrantes que alteraron fundamentalmente su código genético.

A la espera de nuevos estudios que confirmen si esta tendencia se repitió por todo el Imperio este trabajo constituye una prueba irrefutable en favor del origen autóctono, echando por tierra las teorías que veían en ellos invasores llegados de oriente a mediados del siglo XIII, identificados por muchos con los micénicos o los pueblos del mar.

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