Una escultura pintada

Un estudio fotográfico recupera los colores de la Dama de Baza

Un equipo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Sevilla junto a personal del Museo Arqueológico Nacional han recuperado el verdadero aspecto de la estatua mediante el uso de iluminación controlada y filtros.

Tras eliminar el exceso de luz reflejada, la escultura muestra su verdadero aspecto.

Foto: Pedro Saura

El 20 de julio de 1971 el arqueólogo Francisco Presedo realizó un impresionante hallazgo en el interior de una cámara sepulcral de Baza (Granada), una estatua ibérica casi de tamaño natural que representaba a una mujer noble ricamente ataviada. Sin embargo, al desenterrar la obra Presedo comprobó alarmado que los colores con los que estaba pintada se apagaban y desaparecían poco a poco. Reaccionando rápidamente, Francisco cubrió la pieza con laca para el pelo, preservando así su pigmentación hasta su llegada al laboratorio de restauración en Madrid.

Francisco Presedo posa junto a la dama de Baza.

Foto: Francisco Presedo

Recuperar los colores

Aunque en época ibérica todas las esculturas se pintaban, el paso del tiempo y el agua han erosionado en la mayoría de los casos esta capa exterior de pintura. Sin embargo, sí existen unos pocos ejemplos excepcionales, como la dama de Baza, que sí han conservado trazas de su decoración.

Además, ahora, cinco décadas después de su hallazgo, una nueva técnica conocida como fotografía polarizada ha permitido captar los colores originales de la escultura, al eliminar el exceso de luz que impide apreciarlos como realmente son.

Gracias al uso de filtros lumínicos se han podido fotografiar los detalles de la obra con mucha más nitidez que hasta ahora.

Foto: Pedro Saura

La parte posterior fue pintada con los mismos tonos que el resto de la obra.

Foto: Pedro Saura

Para hacer los colores más visibles se debe eliminar la luz reflejada, que se sobrepone a la pintura y da a la escultura un aspecto excesivamente blanco. Así pues los investigadores primero han situado la imagen en un entorno controlado para luego cubrir con unos filtros las fuentes de luz y el objetivo de la cámara. De este modo han conseguido reducir el exceso de luz y captar los verdaderos colores de la obra, revirtiendo el desgaste causado por la erosión y el ambiente.

Una representación realista

El anónimo autor de la escultura se preocupó por dotarla del mayor realismo posible, no solo esculpiendo fielmente el rostro de la retratada sino también recreando los colores de su piel y atuendo.

Sobre una base blanca de yeso, azufre, potasio y calcio de 0,5mm de grosor se pintaron sus ropas con azul egipcio, un pigmento obtenido mediante la mezcla de silicato de cobre y calcio. El borde de estas prendas se decoró asimismo con un ajedrezado rojo sacado de un mineral llamado cinabrio, que fue emblanquecido con yeso para pintar con tonos rosados la cara las orejas y las manos.

En esta instantánea se pueden observar algunos desconchones producidos en la capa de yeso y pintura que dejan a la vista la piedra con la que se talló la escultura

Foto: Pedro Saura

Al mismo tiempo su rostro fue maquillado: los labios se pintaron de rojo, las mejillas fueron decoradas con un rosado subido de tono y un perfilado negro cubría cejas, pestañas y párpados. Este último color, hecho con carbón de hueso o algún pigmento vegetal, se empleó igualmente para pintar los mechones de pelo que enmarcan su cabeza.

Dentro del trono hay una cavidad en la que se encontraron los huesos incinerados de una mujer, lo que convierte a la escultura una espléndida urna funeraria para la dama representada. 

Foto: Pedro Saura

Otro detalle curioso es que las joyas fueron recubiertas con una fina capa de estaño, lo que les daría un brillo similar al de la plata. Del mismo modo el trono sobre el que se sienta la dama fue pintado de blanco y rojo, aunque con un tono más oscuro a base de tierra ocre para diferenciarlo de las prendas de vestir.

Esta nueva técnica permitirá sacar a la luz la coloración original de muchas esculturas, que en la Antigüedad tenían un aspecto más vistoso del que presentan actualmente.

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