Asentamientos vikingos

El estudio de un barco enterrado revela un importante enclave vikingo

Un grupo de arqueólogos noruego ha publicado un estudio con los resultados de la investigación sobre un barco vikingo enterrado en el yacimiento de Gjellestad, que fue descubierto en 2018.

Barcos vikingos navegando.

iStock

Un equipo de arqueólogos descubrió en 2018, en el yacimiento de Gjellestad, en el sureste de Noruega y gracias al estudio del terreno con un radar de penetración terrestre (GPR), un barco vikingo que fue enterrado allí siglos atrás. Pero el barco no estaba solo bajo la tierra. Junto a él también fueron enterrados una sala de banquetes y lo que parece ser un santuario de culto. Desde entonces, nuevas exploraciones y excavaciones han revelado más pistas sobre el yacimiento. Los resultados de estos dos años de investigaciones acaban de ser publicados en la revista Antiquity.

Situación del yacimiento de Gjellestad, en Noruega.

Situación del yacimiento de Gjellestad, en Noruega.

Kartverket/CC-BY-4.0; figure by L. Gustavsen

Un barco cerca de un gran túmulo

Numerosos montículos funerarios salpican el paisaje de Gjellestad, pero muchos de ellos fueron arados y, por lo tanto, destruidos por agricultores durante el siglo XIX. Sin embargo, incluso después de su destrucción, el GPR aún puede revelar datos sobre su ubicación anterior y lo que estaba enterrado allí.

En el transcurso de sus trabajos, los investigadores descubrieron el barco enterrado al norte de un gran montículo de la Edad del Hierro excavado previamente, conocido como Jell Mound, que data de hace unos 1.500 años (la datación por radiocarbono reveló que el barco fue enterrado cientos de años después, probablemente alrededor del siglo IX) y es el segundo túmulo más grande de la Edad del Hierro en Escandinavia.

Los investigadores descubrieron el barco enterrado al norte de un gran montículo de la Edad del Hierro excavado previamente, Jell Mound, que data de hace unos 1.500 años.

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Un año antes, en 2017, un adorno de oro encontrado cerca del Jell Mound ya hizo pensar a los arqueólogos que Gjellestad era un sitio de cierta importancia, puesto que colgantes como estos a menudo se incluían en los entierros de mujeres de alto estatus durante la Edad del Hierro, entre el año 1 d.C. al 400 d.C. El hecho de vincular Jell Mound a una red más grande de enterramientos sugiere que Gjellestad fue una necrópolis importante que se mantuvo en uso durante siglos, según se explica en el estudio.

Pendiente de oro hallado en 2017 cerca de Jell Mound.

Pendiente de oro hallado en 2017 cerca de Jell Mound.

2020 Kirsten Helgeland, Museum of Cultural History, University of Oslo

Conjunto de montículos

Cerca del barco enterrado en Gjellestad, el GPR ubicó un total de trece túmulos. Dos grandes montículos circulares y siete montículos más pequeños agrupados hacia el norte y cuatro "estructuras de asentamiento" rectangulares que se encuentran al oeste; la más larga tiene 38 m de longitud. Uno de los edificios más pequeños pudo haber sido una granja; otro tal vez fue un lugar donde se llevaron a cabo rituales, y el edificio más grande es similar en estructura y tamaño a los salones de banquetes que se encuentran en otros asentamientos vikingos, según los investigadores.

"La única estructura que se puede fechar con seguridad en la era vikinga en Gjellestad es el entierro del barco, pero, teniendo en cuenta todo el yacimiento, probablemente podamos decir que era importante para la élite exhibir su estatus a través de rituales de entierro lujosos y cuidadosamente planificados", ha explicado el autor principal del estudio, Lars Gustavsen, arqueólogo del Instituto Noruego de Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU). Según Gustavsen, "creemos que la inclusión del entierro de un barco en lo que probablemente era un cementerio de montículos anterior y de larga duración fue un esfuerzo por asociarse con una estructura de poder ya existente".

A la izquierda, representación de los montículos de Gjellestad. Derecha, imagen de GPR.

A la izquierda, representación de los montículos de Gjellestad. Derecha, imagen de GPR.

Kartverket/CC-BY-4.0; figure by L. Gustavsen

Probablemente podamos decir que el entierro del barco era importante para la élite, una forma de exhibir su estatus a través de rituales de entierro lujosos y cuidadosamente planificados, según Lars Gustavsen.

El entierro del barco ya es de por sí bastante inusual. Los entierros vikingos de barcos que miden menos de 12 m son comunes, pero encontrar un barco tan grande –20 m de longitud– es excepcional. "De hecho, sólo se conocen unos pocos de esos entierros en Noruega", afirma Gustavsen. Las últimas excavaciones de grandes barcos vikingos tuvieron lugar hace más de un siglo, a finales del siglo XIX y principios del XX. Éste es el primer barco de este tipo que se encuentra a través de la tecnología de escaneo GPR, lo que para los investigadores es un buen augurio para descubrir más entierros de este tipo que aún se encuentran ocultos.

¿Símbolo de riqueza?

Pero ¿por qué los vikingos enterraron sus barcos? "No lo sabemos con certeza", contesta Gustavsen. "Dado que se trataba de sociedades cuya identidad estaba estrechamente ligada al mar y la navegación, el barco podría, en este contexto específico, ser visto como un navío que transporta las almas de los difuntos del reino de los vivos al reino de los muertos", sugiere. "O podría ser simplemente una muestra de riqueza, o tal vez serviría para demostrar que uno pertenecía a una determinada clase social y política", remacha.

Imágenes tomadas por GPR del barco enterrado en Gjellestad.

Imágenes tomadas por GPR del barco enterrado en Gjellestad.

L. Gustavsen

Después del descubrimiento del barco en 2018, el equipo lo excavó parcialmente y rápidamente se dio cuenta de que las condiciones de humedad combinadas con períodos de sequía lo habían dejado en muy malas condiciones y plagado de hongos. Durante el verano de 2020, los arqueólogos promovieron una excavación completa para recuperar y preservar lo que se pudiera del barco en descomposición.

Las condiciones de humedad combinadas con períodos de sequía habían dejado el barco en muy malas condiciones y plagado de hongos.

En octubre, el equipo halló algo inesperado: huesos de animales, según un comunicado publicado por el Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo. "Estos huesos son de un tamaño relativamente grande, por lo que pensamos que se trata de los restos de un buey o de un caballo que fue sacrificado para formar parte del entierro. Aunque las capas superiores de los huesos están muy descompuestas, parecen estar mejor conservadas más abajo. Esto indica que es bastante probable que las cosas se conserven mejor en las profundidades del entierro del barco", concluyen esperanzados los investigadores.

Las excavaciones en el yacimiento siguen su curso y se espera que los trabajos finalicen en diciembre de 2020.

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