Un error afortunado

El estrepitoso fracaso ante Hitler que salvó la carrera de Herbert von Karajan

El director de orquesta Herbert von Karajan está considerado uno de los mejores de la historia. Es conocido por muchos, pero menos conocido es que un histórico fracaso ante Adolf Hitler pudo ser el fin su carrera. Sin embargo, irónicamente, le salvó tras la caída del nazismo.

Herbert von Karajan

Herbert von Karajan

Foto: Lebrecht/Cordon Press

Hay ocasiones en las que el dicho de que “no hay mal que por bien no venga” parece profético. Así le sucedió a Herbert von Karajan. Considerado uno de los mejores directores de orquesta de la historia, hay dos cosas que se le han criticado siempre: su vinculación con el nazismo y su actitud soberbia. Pero fue este segundo defecto el que le redimió del primero, puesto que el mayor fracaso de su vida profesional, debido a su exceso de confianza se convirtió, al cabo de los años, en un inesperado salvavidas.

El gran tropiezo de Karajan

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, parecía indudable que la carrera de Karajan estaba destinada al éxito. No solo muchos directores de orquesta se habían marchado del país desde que los nazis se habían hecho con el poder, sino que otros tantos se mantenían prudentemente apartados del régimen. Karajan, en cambio, era miembro del partido desde 1935, tenía buenas relaciones personales con algunos de los máximos dirigentes nazis y era además el director preferido del mismísimo Adolf Hitler. Al menos, hasta un incidente que en su momento debió de parecerle el fin de su carrera.

En junio de 1939, Hitler invitó a los reyes de Yugoslavia a asistir al Festival de Bayreuth, un evento anual dedicado a Richard Wagner, el compositor favorito del Führer. El festival era organizado por Winifred Wagner, nuera del compositor, que era amiga personal de Hitler: escribió a muchos de los grandes directores de orquesta de la época para pedirles que dirigieran el festival, pero la mayoría rechazaron tocar para el dictador alemán. Excepto Karajan.

Winifred Wagner y Adolf Hitler en la inauguración del Festival de Bayreuth

Winifred Wagner y Adolf Hitler en la inauguración del Festival de Bayreuth

A pesar de la amistad que los unía, Winifred Wagner se mostró disgustada por las políticas antisemitas de Hitler. El dictador la apreciaba tanto como para impedir en alguna ocasión el arresto de personas judías bajo petición "a la carta" de Winifred.

Foto: Ullstein - Ullstein Bild / Cordon Press

El escenario era el Festpielhaus de Bayreuth, un teatro ideado por el propio Wagner para estrenar sus obras y uno de los pocos templos de la música alemana en los que Karajan no había debutado. Era pues la ocasión perfecta para lucirse, y tal vez por ello el director se envalentonó y, en un gesto de confianza desmesurada, decidió dirigir sin partitura. La obra elegida era Los maestros cantores de Núremberg, una de las óperas más largas del repertorio wagneriano, con una duración de cuatro horas y media aproximadamente.

Karajan quería demostrar que era capaz de llevar el concierto a buen término incluso sin partitura y consagrarse como el mejor director de orquesta de su tiempo, pero sobrevaloró su memoria o bien los nervios le jugaron una mala pasada. Perdió el hilo de la obra a medio concierto, sembrando la confusión entre la orquesta y los cantantes, que finalmente se detuvieron; por si fuera poco, la cortina del teatro se rompió y hubo que parar la actuación. Hitler, enfurecido por la vergüenza que le habían hecho pasar ante unos invitados tan importantes, le dijo a Winifred Wagner: “El señor von Karajan jamás dirigirá en Bayreuth mientras yo viva”. Y efectivamente, no lo volvió a hacer.

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Un error no tan fatal

Desde entonces Karajan, que había sido el director preferido de Hitler, perdió el favor del dictador, que lo recibía con frialdad, cuando lo hacía. Sus relaciones se complicaron aún más cuando en 1942 se casó con Anita Gütermann, una mujer que tenía un abuelo judío. Aun en este momento Karajan no perdió del todo el favor del régimen nazi, ya que el propio Joseph Goebbels intervino para cerrar una investigación sobre la ascendencia judía de Gütermann.

A pesar del fracaso en Bayreuth y de la pérdida de favor de Hitler, Karajan no cayó completamente en desgracia, puesto que siguió dando conciertos e incluso dirigiendo la Orquesta Estatal de Berlín. Solo en febrero de 1945, cuando la guerra se acercaba a su final, decidió irse de Alemania e instalarse en Milán invitado por su amigo Victor de Sabata, director de la orquesta del Teatro alla Scala.

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Herbert von Karajan dirigiendo un concierto en 1941 con la Orquesta Estatal de Berlín

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Foto: German Federal Archives

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el pasado nazi de Karajan lo colocó en una posición muy delicada. Fue juzgado por un tribunal de desnazificación austríaco, ante el que declaró que se había afiliado al partido nazi para que su carrera no se viera comprometida. Algo que podría ser puesto en duda, ya que él era austríaco y se afilió antes de que su país se anexionara al Tercer Reich, además de haber mostrado actitudes claramente antisemitas en su juventud. En cualquier caso, el tribunal finalmente lo absolvió teniendo en cuenta, irónicamente, su caída en desgracia ante Hitler; aquel sonado fracaso en 1939 se convirtió entonces en el mayor golpe de suerte de su vida.

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Karajan pudo retomar su carrera profesional, tras un breve veto de las autoridades soviéticas en Austria. Pero muchos no se mostraron tan dispuestos a olvidar su pasado: muchos músicos judíos se negaron a tocar bajo su batuta y varios directores no querían ni saludarle cuando dirigía fuera de Alemania. Especialmente conflictiva fue su gira por los Estados Unidos en 1955 al frente de la Orquesta Filarmónica de Berlín, en la que algunas ciudades se negaron a acoger sus conciertos y en otras fue recibido con manifestaciones y abucheos. A pesar de estos problemas la gira fue un éxito y se repitió en años sucesivos.

Herbert von Karajan dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Viena en el Musikverein

Herbert von Karajan dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Viena en el Musikverein

Foto: Lebrecht/Cordon Press

La sombra de su pasado nunca lo abandonó, pero a Karajan parecía no importarle demasiado, puesto que gozaba del favor del público y la tranquilidad que le brindaba su carácter soberbio. En 1957 incluso se atrevió a repetir aquel desafío que había marcado su vida: dirigir Los maestros cantores de Núremberg sin partitura. Esta vez no se equivocó; quién sabe qué habría sido de su vida si tampoco lo hubiera hecho en 1939.

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