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Napoleón Bonaparte regresó a París a finales de junio de 1815, tras la derrota en la batalla de Waterloo, y abdicó por segunda vez. Marengo, su famoso caballo, conocido por su coraje y resistencia, resultó herido en el campo de batalla y fue hallado por el teniente británico Henry Petre, quien reconoció los motivos imperiales que portaba el caballo. Marengo fue vendido en Inglaterra al teniente coronel William Angerstein, de los Guardias Granaderos, quien lo conservó hasta que el animal murió en 1831. Su esqueleto se exhibe actualmente en el Museo del Ejército Nacional, en Londres, mientras que sus dos cascos delanteros fueron transformados por Angerstein en sendas cajitas de rapé trabajadas en plata.
"Angerstein se quedó una caja y la otra, que entregó a los oficiales de los Guardias Granaderos, se encuentra actualmente en el Palacio de St. James. Este primer casco desapareció durante 100 años hasta que fue redescubierto por un descendiente de Angerstein en el cajón de una cocina en una finca de Somerset y fue llevado al Museo de la Caballería Real en Londres, donde se exhibe actualmente", explica Christopher Joll, un escritor especializado en temas militares, a National Geographic.
"Estoy convencido de que ambos cascos pertenecen al mismo caballo", dice Joll
Ambas cajas contienen inscripciones: la del Palacio de St. James cuenta la rocambolesca historia del objeto y en la del Museo de la Caballería Real aparece la palabra "Marengo". "Estoy convencido de que ambos cascos pertenecen al mismo caballo", sostiene Joll, quien ha conseguido reunir ambas piezas y fotografiarlas para ilustrar su libro Britannia’s Spoils. "Marengo es un caballo célebre, pero es sumamente improbable que Napoleón utilizara un solo caballo en sus principales campañas; tenía reputación de poseer varios caballos blancos en los establos imperiales", concluye.