La lucha por la Tierra Santa

Los Estados Cruzados del Levante mediterráneo

En la Edad Media las Cruzadas en el Levante mediterráneo tuvieron como consecuencia la creación de varios territorios, conocidos comúnmente como Estados Cruzados, que fueron gobernados como feudos privados de los principales líderes cristianos.

Crac des Chevaliers

Foto: iStock/WitR

Cuando en 1095 el emperador bizantino Alejo I Comneno solicitó al papa Urbano II que le ayudara a reunir apoyo militar contra los selyúcidas que amenazaban sus fronteras, su intención era recuperar el territorio arrebatado al Imperio Bizantino. Poco debía de imaginar el impacto que iba a tener su petición, que daría inicio a la época de las Cruzadas.

El territorio reconquistado ya no volvió a sus manos, sino que se convirtió en el botín de los principales líderes militares y estados que participaron en las diversas cruzadas. Alguna sospecha debía de tener Alejo puesto que, antes de que los caballeros partieran, les hizo jurar que cualquier territorio capturado que hubiera pertenecido con anterioridad al Imperio Bizantino le sería devuelto. No obstante, en la práctica carecía del poder para hacer efectiva esa reclamación y los líderes cruzados se los quedaron para sí.

Algunos Estados Cruzados existieron durante algunas décadas, mientras que otros sobrevivieron durante casi dos siglos.

Algunos Estados Cruzados, como han sido llamados convencionalmente en la historiografía, existieron durante algunas décadas, mientras que otros sobrevivieron durante casi dos siglos. Aunque sus señores los gobernaron como feudos privados, se limitaron a ocupar el poder sin interferir demasiado en la vida de las comunidades ya asentadas. En cambio, tuvieron un papel importante como punto de entrada a la Europa occidental de ideas e innovaciones desarrolladas en Oriente durante el apogeo de los califatos.

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Tierra de conquista

Tras el final de la Primera Cruzada en 1099, algunos de los principales nobles francos que habían liderado la campaña se repartieron los territorios arrebatados a los selyúcidas en el Levante: así nacieron el Condado de Edesa, el Principado de Antioquía, el Condado de Trípoli y el más importante de todos, el Reino de Jerusalén. El emperador Alejo, al que habrían debido devolverlos, había abandonado la Cruzada prematuramente durante el sitio de Antioquía, por lo que la mayoría de los líderes francos consideraron que tenían derecho a conservarlos como botín.

La élite franca reemplazó a los gobernantes vasallos de los selyúcidas sin que ello supusiera una gran transformación política. Durante toda la existencia de los Estados Cruzados hubo una fuerte separación entre la élite de origen franco y los habitantes locales, con los que raramente se mezclaban: los nobles los gobernaban como feudos privados, recaudando impuestos y ocupándose casi únicamente de los asuntos que concernían a su propia esfera.

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La población del Levante en aquella época se componía principalmente de árabes, judíos, sirios y antiguos súbditos cristianos del Imperio Bizantino. Estas comunidades funcionaban como entidades autónomas, cada una con sus propias instituciones, leyes y costumbres. Los nuevos señores no interfirieron demasiado en estas prácticas, salvo cuando estas involucraban a la población cristiana.

A pesar de que los consideraban unos invasores y a menudo unos sanguinarios que no respetaban las normas de la guerra, los gobernantes musulmanes de los territorios vecinos optaron en muchas ocasiones por llegar a pactos y treguas con los francos. Su división y las tensiones internas explican la supervivencia longeva de varios de los Estados Cruzados, hasta la llegada de Saladino.

Los monjes guerreros

Los Estados Cruzados fueron la cuna de órdenes religiosas militares como los caballeros templarios, hospitalarios y teutónicos, entre otras órdenes menores. Los gobernantes francos encargaron a estos monjes guerreros la defensa de los territorios conquistados y en particular de los Santos Lugares que habían sido testigos de la vida de Jesucristo. Levantaron enormes castillos, como el imponente Crac des Chevaliers en Siria, desde los cuales gobernaban como verdaderos feudatarios.

Crac des Chevaliers

Crac des Chevaliers

El Crac des Chevaliers (Crac de los Caballeros), en Siria, es una de las fortalezas más famosas de la época de las Cruzadas. En origen un fuerte kurdo, fue ampliado por los caballeros Hospitalarios.

Foto: iStock/WitR

Con el tiempo llegaron a acumular un gran poder, motivo por el cual empezaron a ser vistos con desconfianza por los reyes. La orden del Temple, la más poderosa, terminó siendo perseguida de la noche a la mañana; los caballeros hospitalarios se beneficiaron de su desaparición, recibiendo la donación de muchas propiedades confiscadas a los primeros y llegaron a gobernar islas enteras como Malta y Rodas.

Este florecimiento de las órdenes religiosas no tuvo solo impacto en Tierra Santa, sino también en el resto del mundo. En la península Ibérica los templarios y hospitalarios participaron en la lucha contra los andalusíes, no solo directamente sino también financiando con su riqueza las campañas de los reyes cristianos; los teutónicos tuvieron un papel relevante en las guerras del norte de Europa; y en el siglo XVII algunos caballeros hospitalarios incluso establecieron bases en el Caribe.

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La autopista del mar

La Cuarta Cruzada, entre los años 1202 y 1204, tuvo como grandes protagonistas las Repúblicas Marítimas italianas, que obtuvieron grandes privilegios comerciales en los puertos del Levante. Venecia, Génova y Pisa proporcionaban a los gobernantes francos su experiencia naval y su financiación. Los mercaderes de estas y otras grandes ciudades comerciales como Barcelona y Marsella instalaron sus propias comunidades en los puertos de Acre, Tiro, Trípoli y Sidón, desarrollando instituciones políticas y mercantiles ampliamente independentes de los francos, que se beneficiaban de la riqueza que el comercio les aportaba.

Venecia fue una de las principales difusoras del conocimiento cultivado en Oriente durante la Edad Media, propiciando el alba del Renacimiento en Italia

Venecia en particular tuvo un papel importantísimo que fue más allá del ámbito económico. El control veneciano sobre el Mediterráneo oriental redujo la amenaza de los piratas, haciendo más seguro el intercambio de productos e ideas por todo el mar. Esta potencia marítima fue una de las principales difusoras del conocimiento cultivado en Oriente durante la Edad Media, propiciando el alba del Renacimiento en Italia. El enriquecimiento de la burguesía gracias al comercio y la banca también produjo un importante cambio social, dando a la gente sin títulos nobiliarios la posibilidad de ascender socialmente gracias al mecenazgo y la compra de influencias.

La caída del Reino de Jerusalén -el más longevo de los que habían nacido de la Primera Cruzada- en 1291 y el posterior ascenso del Imperio Otomano marcaron el fin del Levante franco. Los caballeros hospitalarios, que conservaban una gran influencia, se instalaron sucesivamente en Chipre, Rodas y Malta, donde gobernaron hasta la llegada de Napoleón en 1798: siglos después, los descendientes de los francos volvían para reclamar el poder que un día les habían cedido.