Dioses, héroes y ritos

Esculturas del Partenón de Atenas

Los frontones y frisos del gran templo de la Acrópolis contienen escenas mitológicas al servicio de la grandeza de Atenas.

friso del partenón

Foto: Konstantinos Tsakalidis / Alamy / ACI

Emblema del poderío de Atenas, el Partenón fue promovido a mediados del siglo V a.C. por el gran líder de la ciudad en esos años, Pericles, quien no reparó en gastos para erigirlo. Constituye, en efecto, todo un alarde arquitectónico y escultórico. Es el único templo períptero –rodeado de columnas– de toda Grecia, con 8 columnas en el frente (por lo que se denomina octásilo) y 17 en los lados largos. En números redondos, ocupa una superficie de 70 por 30 metros, y alcanza una altura máxima de 14 metros. Es un templo anfipróstilo, es decir, con un pórtico en cada lado corto, integrado en el peristilo, y cuenta con una cella o espacio interior dividida en dos cámaras. Fue construido enteramente con el mármol blanco de la vecina cantera del monte Pentélico, el mejor que se podía encontrar. El emplazamiento, coronando la Acrópolis de Atenas, contribuía a su grandiosidad.

Cronología

El gran templo de Atenea

480 a.C.

Los persas destruyen la Acrópolis, pero son vencidos por los atenienses en Salamina.

469 a.C.

Pericles accede al cargo de estratego y se convierte en la máxima autoridad ateniense.

447-432 a.C.

En estos años se lleva a cabo la construcción y la fabulosa decoración del Partenón de Atenas, cuyo objetivo era didáctica y cultual.

431 a.C.

La guerra del Peloponeso, entre Atenas y Esparta, detiene las obras en la Acrópolis.

1687 d.C.

Un bombardeo veneciano casi destruye el Partenón, que aloja un polvorín.

Los arquitectos Calícrates e Ictino trabajaron en su construcción entre los años 447 y 438 a.C. El responsable de toda la parte escultórica, concluida en 432 a.C., fue el mejor artífice de la época, Fidias. Éste se centró en la realización de una gran estatua crisoelefantina –es decir, recubierta por placas de oro y marfil– de Atenea Parthenos («virgen»), de dimensiones colosales y colocada en la cella del templo. De hecho, todo el edificio del Partenón funcionaba como una gigantesca hornacina de esa extraordinaria imagen cultual. Ella misma constituía una parte importante de las reservas económicas de los atenienses, que protegía con su sagrada inviolabilidad. El resto se albergaba en la cámara trasera de la cella, junto con los exvotos, algunos de ellos también de gran valor.

La gloria de Atenas

El Partenón corresponde a la época del apogeo político y económico de la polis ateniense que siguió a la victoria sobre el gran Imperio persa en las llamadas guerras médicas, que tuvo como momentos álgidos las dos invasiones persas de 492-490 a.C. y 480-479 a.C. Atenas se convirtió en adalid de la cultura helénica, la ciudad capaz de defender el mundo griego en una guerra defensiva y, por lo tanto, legítima, civilizada: la que representaba Atenea frente al belicoso Ares. Convertida en gendarme del Mediterráneo oriental frente a la continua amenaza persa, Atenas impuso unas contribuciones onerosas a sus aliados griegos para sufragar los gastos militares y de otro tipo, como los que permitieron la construcción del Partenón.

Esta situación de Atenas explica la importancia de la decoración escultórica del templo y la naturaleza de su programa iconográfico. Las calidades artísticas de esa escultura resultan impactantes, pero no hay que olvidar que sus objetivos son didácticos y cultuales, no de experiencia estética. De hecho, parte de las esculturas del Partenón eran difíciles de ver. La cámara en la que se encontraba la estatua de Atenea, con el gran pedestal esculpido, no era de libre acceso. El friso de 160 metros que discurre por los costados de la cella y los dos pórticos, en el que se representa la procesión de las Grandes Panateneas, la principal celebración religiosa ateniense, apenas se veía desde fuera, porque lo impedían las columnas, y una vez dentro lo separaban del suelo doce metros en un corredor muy estrecho. Se ha sugerido considerarlo como una especie de relieve votivo, dedicado por el demos de los atenienses, que aparece representado al completo, en clave generacional y en clave de género.

Partenón

Partenón

En la fachada oriental del gran templo de la Acrópolis de Atenas se situaba el pórtico de entrada a la cella en la que se alzaba la estatua criselefantina de Atenea.

Foto: Shutterstock

En cambio, todo el mundo podía ver los dos frontones, el que cerraba la cubierta a dos aguas del edificio por encima del pórtico delantero y el que lo hacía sobre el trasero. Ambos conjuntos estaban dedicados a presentar, respectivamente, el excepcional nacimiento de Atenea en el Olimpo, directamente de la cabeza de su padre Zeus, y su toma de posesión de la Acrópolis ateniense. Atenea era así una divinidad políada, es decir, protectora de la ciudad y su territorio, de los ciudadanos y de todo cuanto poseían: sus moradas, sus instituciones y sus medios de vida.

También estaban al alcance de la vista las 92 metopas del friso dórico que decoraba todo el peristilo. Cada uno de los lados exaltaba el perfil civilizador de los griegos, humanos y divinos, frente a un enemigo de rasgos bárbaros, que se oponía al orden presidido por la justicia de Zeus. De un modo u otro, Atenas desempeñaba un papel preponderante a través de sus héroes míticos o de su diosa, a la que el mito oficial atribuía el auxilio necesario para que cualquier héroe griego consiguiera una victoria justa.

En el lado este, el principal, los dioses, con Atenea entre ellos, luchan contra los Gigantes, los hijos de la Tierra, que habían intentado asaltar el Olimpo para eliminar el orden establecido. En el lado norte, los griegos, con Atenea de su parte, combatían contra los asiáticos troyanos prefigurando la victoria de los atenienses sobre los persas. En el lado sur, el héroe ateniense Teseo se enfrenta a las Amazonas, que con su perversión de los roles de género simbolizan la amenaza de los bárbaros contra los griegos. En el lado oeste, el enemigo son los centauros, contra los que también interviene Teseo.

una diosa del partenón

una diosa del partenón

Esta figura de la diosa Iris, hoy en el Museo Británico, formaba parte del frontón oeste del Partenón.

Foto: Prisma / Album

Antefija Partenón

Antefija Partenón

Antefija de mármol colocada al final de una hilera de tejas en la cubierta del partenón.

Foto: Age Fotostock

Destrucción y reconstrucción

En 1687, el Partenón resultó casi destruido por un bombardeo veneciano contra lo que entonces era un polvorín otomano, en una época en que el Imperio turco era dueño de toda Grecia. Las esculturas sufrieron graves daños. Los mejores restos se los llevó Lord Elgin a Inglaterra a principios del siglo XIX y los vendió al Museo Británico. El resto y lo recuperado en posteriores campañas arqueológicas se encuentra en el actual Museo de la Acrópolis, en Atenas.

En las últimas décadas, se han ido sucediendo trabajos destinados a recuperar el verdadero aspecto de la escultura griega y romana, que estaba muy lejos de ser lo que sugieren las piezas de los museos. Así, se ha podido recrear de un modo orientativo la policromía original de las esculturas, inspirándose en las pinturas de Pompeya y también a partir de algunos restos recuperados con técnicas complejas. También se ha podido hacer una reconstrucción ideal de las esculturas perdidas del Partenón. Pese a que son ensayos muy hipotéticos, permiten apreciar la gran riqueza y complejidad del que fuera el templo más emblemático de la antigua Grecia.

Este artículo pertenece al número 199 de la revista Historia National Geographic.