Explosión catastrófica

Una erupción volcánica en Alaska se sintió en Roma y en Egipto

Un estudio recientemente publicado vincula la explosión del volcán Okmok II, en Alaska, en el año 43 a.C., con un período inexplicable de frío extremo en el Mediterráneo que pudo contribuir a la caída de algunos regímenes políticos en la región.

Vista del volcán Okmok II, tomada en 2014

U. S. Geographical Survey

Durante mucho tiempo, los historiadores han sospechado que la erupción de un enorme volcán pudo estar detrás del inexplicable cambio climático que provocó un largo período de frío extremo en todo el Mediterráneo. Hubo fuertes lluvias, y las bajas temperaturas provocaron malas cosechas y hambrunas que causaron graves enfermedades y disturbios durante años. Muchos investigadores consideran que estos problemas podrían incluso haber desencadenado la caída de la República romana y del reino Ptolemaico de Egipto. Pero qué volcán fue el causante de tal desastre y dónde se encontraba ha sido hasta ahora un misterio.

Un enorme volcán pudo estar detrás de un inexplicable cambio climático que provocó un largo período de frío extremo en todo el Mediterráneo.

Un equipo internacional compuesto por científicos e historiadores de diversas universidades de Gran Bretaña, Estados Unidos, Suiza, Irlanda, Alemania, Dinamarca y Alaska ha publicado esta semana en Proceedings of the National Academy os Sciences (PNAS) un estudio en el que apuntan una solución a este enigma milenario. Creen que el culpable del frío extremo que azotó el Mediterráneo hace más de dos mil años pudo haber sido el volcán Okmok II, ubicado en la isla Unmak, en Alaska. El volcán entró en erupción en el año 43 a.C. y la colosal explosión dejó una caldera de 10 kilómetros de ancho. Los análisis de las cenizas descubiertas en los núcleos de hielo del Ártico han llevado a los estudiosos a esta conclusión.

Núcleo de hielo que formó parte del estudio.

Núcleo de hielo que formó parte del estudio.

Dorthe Dahl-Jensen

Lo que revelan los núcleos de hielo

Los investigadores hicieron nuevas mediciones en núcleos de hielo de Groenlandia y Rusia, y también estudiaron algunas que fueron realizadas en la década de 1990 y se encontraban archivadas en Estados Unidos Dinamarca y Alemania. Con este material pudieron detectar con claridad dos erupciones distintas: una de corta duración a principios del año 45 a.C. y un evento mucho más potente y extendido a principios del año 43 a.C. con precipitaciones volcánicas que duraron más de dos años. Asimismo, el equipo llevó a cabo un análisis geoquímico de las muestras de tefra (fragmentos sólidos de material volcánico). "Comparamos la huella dactilar química de la tefra encontrada en el hielo con la tefra de los volcanes que se cree que estallaron en ese momento y estaba muy claro que la fuente de la lluvia ocurrida en el año 43 a.C. en el hielo fue la erupción del Okmok II", señala Gill Plunkett, de la Queen's University de Belfast.

Los investigadores hicieron nuevas mediciones en núcleos de hielo de Groenlandia y Rusia, y también estudiaron algunas que fueron realizadas en la década de 1990.

El equipo buscó asimismo pruebas de registros climáticos en los anillos de árboles de Escandinavia, Austria y las Montañas Blancas de California, así como en un espeleotema (depósitos minerales secundarios) de la cueva Shihua, en el noreste de China. Después usaron el modelado del sistema de la Tierra para desarrollar una mejor comprensión del tiempo y magnitud del vulcanismo en esa época y sus efectos sobre el clima y la historia. Los hallazgos sugieren que los dos años posteriores a la erupción del Okmok II fueron de los más fríos que se vivieron en el hemisferio norte en los últimos 2.500 años, y la década siguiente fue la cuarta más fría. Los resultados muestran también que las temperaturas promedias podrían haber sido de hasta siete grados por debajo de lo normal en el verano y otoño siguientes a la erupción, con lluvias en verano entre un 50 y un 120 por ciento por encima de lo normal en todo el sur del continente europeo, y un 400 por ciento más de lo normal en otoño.

Cambios climáticos y políticos

Según Andrew Wilson, de la Universidad de Oxford, "en la región mediterránea, estas condiciones húmedas y extremadamente frías durante la importante temporada agrícola de la primavera al otoño probablemente redujeron el rendimiento de los cultivos y agravaron los problemas de suministro. Estos hallazgos dan credibilidad a los informes de resfriados, hambrunas, escasez de alimentos y enfermedades descritas por fuentes antiguas". Por su parte, el investigador Joe McConnell, del Instituto de Investigación del Desierto en Reno, Nevada, afirma: "Encontrar evidencia de que un volcán al otro lado de la Tierra entró en erupción y contribuyó efectivamente a la desaparición de regímenes políticos en Roma y Egipto, y ayudó al surgimiento del Imperio romano es fascinante. Ciertamente muestra cuán interconectado estaba el mundo incluso hace 2.000 años". Asimismo, para Joe Manning, de la Universidad de Yale en Connecticut, "la gravedad de las inundaciones del Nilo en el momento de la erupción de Okmok II, y la hambruna y la enfermedad que citan las fuentes egipcias fueron realmente sorprendentes".

Encontrar evidencia de que un volcán al otro lado de la Tierra entró en erupción y contribuyó a la desaparición de regímenes políticos en Roma y Egipto es fascinante.

El estudio también muestra que la actividad volcánica ayuda a explicar ciertos fenómenos atrmosféricos inusuales que fueron descritos en los textos de la época. Por ejemplo, en la narración sobre la muerte de Julio César se mencionan algunos fenómenos que fueron interpretados por los antiguos romanos como signos o presagios: halos solares, el sol que se oscurece en el cielo, e incluso tres soles juntos que surgen en el firmamento. Pero no todos estos fenómenos están relacionados con la erupción del Okmok II en 43 a.C. Un año antes hubo una erupción del monte Etna, en Sicilia, que pudo ser la causa de los mismos.

Asesinato de Julio César. Vincenzo Camuccini.

Asesinato de Julio César. Vincenzo Camuccini.

Los autores de este estudio concluyen reconociendo que, efectivamente, fueron numerosas las causas que provocaron el hundimiento tanto de la República romana como del reino Ptolemaico egipcio, pero creen que los efectos climáticos causados por la erupción catastrófica del Okmok II jugaron un papel importante y su descubrimiento puede contribuir a llenar algunos huecos en la historia que hasta ahora han desconcertado a los investigadores. "Se ha especulado mucho sobre el tema durante años, por lo que es emocionante poder proporcionar algunas respuestas", concluye satisfecho McConell.

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