Una de las maravillas de la Antigüedad

Eróstrato, el pastor que destruyó el templo de Artemisa

Para que su nombre fuera conocido a lo largo de los siglos este pastor griego destruyó el magnífico templo de Artemisa en Éfeso, una de las siete maravillas de la antigüedad.

El santuario maravillaba a todos los griegos con su impresionante tamaño y magnificencia.

Foto: Cordon Press

En el año 356 a.C. Éfeso contaba con numerosos recintos en los que se rendía culto a las divinidades tutelares de la ciudad, pero ninguno era tan grandioso como el dedicado a Artemis. Sobre él Plinio el Viejo cuenta en su Geografía que medía 115 metros de largo por 55 de ancho y contaba con un total de 127 columnas jónicas de 18 metros de altura, que soportaban un inmenso tejado en medio del cual se abría el patio donde se veneraba la imagen de la diosa.

Esta moderna reconstrucción da buena idea de las dimensiones del edificio.

Foto: NeoMam Studios

Al margen de su enorme tamaño, el edificio había sido construido con lujosos materiales como cedro importado del Líbano o mármol, a lo que se le añadían las espléndidas tallas que decoraban las columnas de la parte exterior. El templo era el segundo levantado en el lugar, pues el anterior había sido destruido por una inundación 200 años antes. Erigido bajo el reinado del rico rey Creso, el santuario era un importante centro de peregrinación y una obligada parada turística para todos aquellos que visitaban la costa de Asia Menor.

Crimen y castigo

Según cuentan las fuentes, Eróstrato era un pobre pastor de la ciudad que decidió destruir esta joya de la arquitectura helena para salir del anonimato. Algunos autores añaden incluso que lo hizo motivado por la venganza, al habérsele rechazado la entrada en la casta de sacerdotes emasculados a cargo del recinto.

No se sabe gran cosa de Eróstrato, conocido solo por incendiario.

Foto: Cordon Press

Un castigo ejemplar

Sea como fuere, según las fuentes antiguas, se introdujo el templo una noche y prendió fuego al techo de madera. El incendio pronto devoró toda la cubierta, que al derrumbarse arrastró consigo los muros y las columnas, convirtiendo el edificio en un montón de ruinas. Por semejante sacrilegio Eróstrato fue ejecutado y se prohibió mencionar su nombre en cualquier circunstancia bajo pena de muerte. De este modo las autoridades pretendían censurar su papel en la catástrofe y evitar que alcanzara así la infamia póstuma. Con todo, su acción fue pronto conocida por todos los griegos, y el historiador Teopompo fue el primero de muchos en ponerla por escrito.

Sin embargo existen algunas teorías divergentes, que ya desde antiguo suscitaron una cierta polémica sobre el caso. Según Aristóteles el fuego fue provocado por un rayo, ya que el templo contaba con una guardia que impedía el acceso a los intrusos día y noche. Tampoco faltaron los rumores maliciosos que acusaban a los propios sacerdotes de provocar el incendio, a fin de levantar un santuario mayor con los donativos de los fieles conmocionados. El hecho de que sonsacaran a Eróstrato sus motivaciones bajo tortura no hizo sino enturbiar el asunto, pues este habría dicho cualquier cosa con tal de librarse del tormento.

Artemis era venerada en Éfeso como protectora de los animales, además de diosa de la fertilidad y la guerra.

Foto: Wikimedia Commons

Un ejemplo a seguir

Pese a su renombre, el templo tuvo que esperar unos 150 años a ser reconstruido, en una versión todavía mayor de 137 metros de largo que resistiría los embates del tiempo hasta su derribo a manos del arzobispo Juan Crisóstomo en el siglo III d.C.. Al respecto existe una leyenda según la cual Alejandro Magno se ofreció a sufragar los costes de su propio bolsillo, pero los aduladores sacerdotes se negaron aduciendo que un dios no podía dedicar un templo a otro.

Tras la destrucción del tercer templo a manos de fanáticos religiosos hoy solo quedan en Éfeso estos tristes restos

Foto: Wikimedia Commons

Apenas se han conservado algunos fragmentos del segundo templo, como este tambor de columna guardado en el British Museum.

Foto: Wikimedia Commons

Tristemente esta atrocidad ha contado con numerosos imitadores: desde los ataques con ácido contra la Mona Lisa de Leonardo y la Ronda Nocturna de Rembrandt, pasando por el atentado a martillazos contra La Piedad de Miguel Ángel hasta la destrucción de Palmira por el Estado Islámico, muchos han sido aquellos deseosos de conseguir un titular sin importarles las consecuencias.

En psicología este tipo de comportamientos se han dado en llamar síndrome de Eróstrato: una patología asociada con mentes inseguras, necesitadas de reconocimiento social a cualquier precio. Al sentirse ignoradas por sus semejantes, estas personas buscan en las acciones rompedoras un trampolín a la atención que creen que merecen, protagonizando sonados episodios como los del pastor efesio para conseguir un breve momento de fama.

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