La gran "autopista" de Egipto

La navegación egipcia, entre el Nilo y el mar

El gran río de Egipto, el Nilo, un "don del Nilo" según el historiador griego Heródoto, regulaba tanto la vida cotidiana de los antiguos egipcios como las comunicaciones del país. En realidad, fue una auténtica "autopista" a través de la cual los habitantes de Egipto viajaron a bordo de embarcaciones de todo tipo y tamaño.

Modelo de barca del Reino Medio procedente de la tumba de Meketre. MET, Nueva York.

Modelo de barca del Reino Medio procedente de la tumba de Meketre. MET, Nueva York.

Modelo de barca del Reino Medio procedente de la tumba de Meketre. MET, Nueva York.

Foto: PD

El río Nilo, protagonista del discurrir diario de los egipcios, nace en el corazón de África, regando Egipto de sur a norte y dividiendo el país en dos mitades: la del oeste linda con el desierto del Sahara, y la del este, con el mar Rojo. Al norte, el Nilo desemboca en el Mediterráneo. Las aguas del río y de los dos mares que constituían fronteras naturales del país fueron el escenario de las navegaciones egipcias. El Nilo actuó como arteria de comunicación, como vía de transmisión cultural y de relaciones comerciales, pese a que en el sur las cataratas interrumpían su curso e impedían la navegación.

Esta configuración geográfica hizo que los barcos fueran tan habituales en la vida de los egipcios como para justificar que los llevaran al mundo del más allá, donde dioses y difuntos los utilizaban para moverse por el cielo o para salir en procesión.

Del Nilo al mar

Las embarcaciones se dividieron en dos grandes grupos: fluviales y marítimas. Tanto unas como otras existieron a lo largo de la historia egipcia, si bien es cierto que las que surcaban el Nilo se aprecian ya en los vasos de época gerzense (3500-3200 a.C.), mientras que las marítimas aparecen en representaciones posteriores. Otro tipo de embarcación sería la utilizada por pescadores, también empleada para cazar en los pantanos del Delta, poco evolucionada y elaborada con tallos de papiro o con haces de lino atados.

En el antiguo Egipto, las embarcaciones se dividieron en dos grandes grupos: fluviales y marítimas.

Las embarcaciones fluviales eran de menor tamaño que las que se hacían a la mar, más grandes y recias, y, a diferencia de éstas, carecían de quilla. Entre las embarcaciones marítimas distinguimos naves de transporte y barcos de guerra. El número de sus tripulantes oscilaba entre 200 (en casos excepcionales) y 16, dependiendo de las dimensiones de la nave.

Un grupo de sacerdotes transporta en procesión la barca sagrada de una divinidad.

Un grupo de sacerdotes transporta en procesión la barca sagrada de una divinidad.

Un grupo de sacerdotes transporta en procesión la barca sagrada de una divinidad.

Foto: iStock

En cuanto a la navegación por el Nilo, las embarcaciones que transitaban a favor del curso del río tomando rumbo sur-norte aprovechaban la corriente como energía natural, complementada por el esfuerzo de remeros y más raramente con el uso de velas. Navegar a contracorriente representaba un esfuerzo adicional, favorecido, sin embargo, por los vientos dominantes del norte.

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Viajes de varios días

No deja de ser instructivo que la acción de navegar hacia el norte se represente mediante un barco con la vela arriada, y la de dirigirse hacia el sur, con un navío con la vela desplegada. Si la embarcación tenía en contra los vientos o una corriente fuerte, sus tripulantes debían ayudarse desde tierra amarrándola por su pora y costados mediante largos cabos que en ocasiones podían llegar hasta ambas orillas, desde donde era arrastrada por los sirgadores.

Si la embarcación tenía en contra los vientos o una corriente fuerte, sus tripulantes debían ayudarse desde tierra.

Unos hombres navegan en esquifes de papiro. Debajo se representa todo tipos de peces.

Unos hombres navegan en esquifes de papiro. Debajo se representa todo tipos de peces.

Unos hombres navegan en esquifes de papiro. Debajo se representa todo tipos de peces. 

Foto: iStock

Un navío de tamaño intermedio que navegara plácidamente aprovechando la corriente y con buenas condiciones climatológicas podía alcanzar una velocidad media de 6 nudos (algo más de 11 kilómetros por hora). De esta forma, una barcaza que transportara carga desde las canteras de Asuán hasta un embarcadero en Giza tardaría en llegar una semana, después de haber recorrido unos 950 kilómetros. El viaje en sentido contrario podía demorarse hasta doce días.

Expediciones a países lejanos

Los egipcios no eran grandes marinos, pero dependían del río como medio de transporte. Las travesías por el Nilo no entrañaban grandes peligros, pero sí era necesario el conocimiento de los bancos de arena y de los rápidos. En el mar era diferente: se enfrentaban a un medio mucho más agresivo, teniendo que utilizar barcos más robustos y con mayor capacidad de carga para poder albergar marineros, soldados e incluso caballos o carros de guerra.

Primero emplearon la técnica de cabotaje: navegaban a la vista de la costa y fondeaban al llegar la noche. Pero conforme adquirieron nuevos conocimientos, se aventuraron a cruzar el mar. Dos de las expediciones marítimas más conocidas se llevaron a cabo durante el Reino Nuevo. La primera y más difundida es el viaje al país de Punt, lugar que algunos autores sitúan en la zona meridional de Sudán o en la franja de Eritrea (Etiopía). Ordenada por la reina Hatshepsut en el año 8 de su reinado, nació con vocación comercial. Sus miembros partieron de Karnak hacia Coptos y, una vez allí, recorrieron el Wadi Hammamat hasta llegar al mar Rojo, donde se embarcaron en cinco naves a vela, con 30 remeros cada una, poniendo rumbo al sur, hacia el océano Índico.

Algunos autores sitúan el País del Punt en la zona meridional de Sudán o en la franja de Eritrea (Etiopía).

Relieve de un barco en el Pórtico del Punt, en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari.

Relieve de un barco en el Pórtico del Punt, en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari.

Relieve de un barco en el Pórtico del Punt, en el templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari.

Foto: iStock

La duración del viaje, ida y vuelta comprendidas, se ha estimado en siete u ocho meses. Teniendo en cuenta que se desconoce el tiempo que la expedición permaneció en Punt, este parece haber sido corto, lo que encajaría con la versión de Plinio que, en su Historia natural, nos dice que se tardó un mes en llegar desde Berenice al País del Incienso. Algunos autores creen que el trayecto se hizo por el Nilo, pero los relieves del templo de la reina en Deir el-Bahari, donde se narra la expedición, reproducen animales propios del mar Rojo, y parece poco probable que en ese momento los egipcios se aventuraran a superar las cataratas y rápidos del sur.

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Batallas navales

La segunda expedición data del año 8 del reinado de Ramsés III, y se trata de la primera batalla naval conocida en Egipto. Librada contra "los pueblos procedentes de las islas de en medio del mar", fue representada en los templos de Medinet Habu y Karnak, y narrada en el Papiro Harris. En ella, los egipcios se enfrentaban a una coalición de bandas de piratas, quizá mezclados con una inmigración de pueblos del Norte, que llegan a Egipto primero por tierra y luego por mar.

Hombres maniobrando en un barco. Relieve del Reino Antiguo. MET, Nueva York.

Hombres maniobrando en un barco. Relieve del Reino Antiguo. MET, Nueva York.

Hombres maniobrando en un barco. Relieve del Reino Antiguo. MET, Nueva York.

Foto: PD

No se trataría, como se había pensado, de una única batalla contra pueblos indoeuropeos que se estaban desplazando, sino que el conflicto podría ser una mezcla de acontecimientos que tuvieron lugar en distintos momentos de la historia. En cualquier caso, el choque parece haber tenido lugar en la costa del Delta o en la desembocadura de uno des sus canales: los arqueros egipcios, apostados en los castillos de proa y popa de cuatro barcos, asaetean a cinco naves del enemigo, mientras 20 o 22 remeros conducen la embarcación.

La conocida como Batalla del Delta podría ser una mezcla de acontecimientos que tuvieron lugar en distintos momentos de la historia.

Finalmente, Heródoto, en el libro IV de su Historia, nos cuenta que el faraón Necao II (610-595 a.C.) empleó a marinos fenicios para realizar la primera circunnavegación de África. Una misión que, partiendo del golfo de Suez, habría conseguido rodear el continente en algo menos de tres años, aunque probablemente no en el curso de una única navegación ininterrumpida.

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