Un descubrimiento singular

Encontrado un cráneo que se exhibió como trofeo en un yacimiento íbero

Un equipo del Museo Arqueológico de Cataluña (MAC) acaba de desvelar el sorprendente hallazgo descubierto en una de las dos torres que guardaban la entrada al yacimiento de Olèrdola, en Cataluña.

La calavera fue descarnada y partida con mucho cuidado para servir de advertencia tanto a amigos como a enemigos.  

Foto: Museu d'Arqueologia de Catalunya

Para comprender las distintas fases de ocupación de este yacimiento catalán, el MAC inició en 2016 una campaña de excavaciones que bajo la dirección de Núria Molist, ha explorado la torre 2 hasta alcanzar los niveles de época ibérica. Fue durante los trabajos realizados en los meses de noviembre y diciembre del pasado año que se realizó este singular descubrimiento. Se trata de la mitad frontal de una cabeza humana de un hombre de entre 18 y 25 años, que colgaría de la muralla a modo de advertencia para demostrar el poder de la comunidad al enemigo.

Al contrario que sus vecinos del norte, que clavaban cráneos enteros en las murallas, los cosetanos preferían colgar solo su rostro.

Foto: Museu d'Arqueologia de Catalunya

La decapitación del enemigo y exhibición de sus cráneos es un elemento característico de los íberos catalanes, aunque hasta ahora solo se había identificado en yacimientos de los pueblos indigentes y layetanos como Ullastret o Puig Castellar, siendo este el primer caso que se da entre los cosetanos y el encontrado más al sur hasta la fecha.

Destrucción y conquista

La calavera se encontró partida en cinco trozos cubiertos por piedras, lo que junto a la presencia de madera quemada dentro de la torre indican que la fortaleza fue destruida a finales del siglo III, seguramente durante la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), dada la presencia de una punta de pilum (un tipo de jabalina romana) entre las ruinas.

La torre 2 se levanta medio derruida junto a la puerta de entrada a la fortaleza.

Foto: Wikimedia Commons

El poblado de Olèrdola fue reconstruido durante el siglo siguiente y aunque se modificó el trazado de la muralla, las dos torres que flanqueaban el acceso a la fortaleza fueron restauradas y ampliadas, quedando las ruinas de la muralla ibérica enterradas bajo las nuevas defensas levantadas por los romanos y sus aliados indígenas.

Los arqueólogos del MAC exploran la torre durante el pasado mes de noviembre.

Foto: Museu d'Arqueologia de Catalunya

A finales de este año Molist y su equipo esperan terminar de excavar la torre y recuperar algún artefacto de las primeras fases de ocupación (siglo IV a.C.), tras lo que continuarán con su exploración de la muralla de este importante asentamiento ibérico.

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