Mujeres pioneras

Emilia Pardo Bazán, una escritora gallega feminista y liberal

Nacida en una familia aristocrática de pensamiento progresista, Pardo Bazán se convirtió en una mujer culta y amante de la literatura. Eso le permitió vivir de su oficio y tomar sus propias decisiones en el plano personal, y a su vez convertirse en un referente literario de primer nivel en la España de finales del siglo XIX y principios del XX.

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El pomposo nombre con el que fue bautizada de nacimiento una de las escritoras más importantes de la literatura gallega y española anticipa sus orígenes nobles. Emilia Antonia Socorro Josefa Amalia Vicenta Eufemia Pardo-Bazán y de la Rúa-Figueroa, más conocida como Emilia Pardo Bazán, fue la única hija del matrimonio aristocrático que formaban sus progenitores. Ambos decidieron proporcionarle a su hija una educación a la altura de la nobleza familiar, aunque estuviera fuera de lugar para una niña de su tiempo.

La familia pasó toda la infancia de Emilia en Galicia, concretamente en A Coruña, su ciudad natal y lugar donde poseían algunas viviendas familiares entre las que se encontraba el Pazo de Meirás. José Pardo Bazán, padre de la escritora y militante del Partido Liberal Progresista y más adelante diputado de las Cortes durante el Sexennio Democrático (1868-1874), pasaba largas temporadas en Madrid, adonde se trasladaba el núcleo familiar cada año. Durante estas estancias invernales, Emilia Pardo Bazán completaba su ya refinada formación en un colegio de prestigio donde entró en contacto con la cultura y la literatura francesa, algo que tendría una influencia esencial en su carrera posterior.

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Amor por la lectura

Gracias a las circunstancias excepcionales en las que creció, Pardo Bazán se convirtió en una joven de brillante formación, grandes inquietudes intelectuales y amplia cultura literaria y lingüística. Fue muy precoz en sus hábitos como lectora y escritora, pues compuso sus primeros versos a los 9 años y publicó su primer cuento a los 15, Un matrimonio del siglo XIX. Lamentablemente, la España de ese siglo no estaba preparada para una mujer tan avanzada a su época y no pudo asistir a la universidad por estar prohibida la presencia de mujeres en las aulas.

Fue muy precoz en sus hábitos como lectora y escritora, pues compuso sus primeros versos a los 9 años y publicó su primer cuento a los 15

Pardo Bazán se casó en 1868, a los 16 años, inaugurando un matrimonio fruto del cual nacerían sus tres hijos y que nunca le impidió seguir adelante con su vocación de poeta y escritora. En 1869, su padre dejó Madrid y toda la familia emprendió un viaje por Italia y Francia que expandió todavía más los horizontes culturales de la autora.

Retrato de Emilia Pardo Bazán realizado en 1896 por Joaquín Vaamonde Cornide, un pintor coruñés amigo de la escritora.

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Entre sus primeras producciones literarias destacan obras de ensayo y poesía. Pardo Bazán profesaba una gran admiración a otro literato y gallego ilustre del siglo XVIII, Benito Jerónimo Feijóo, sobre el que escribió una obra de análisis crítico. Con él compartía esa vocación de ir siempre un paso por delante de sus contemporáneos. Por otro lado, en 1881, Emilia publicó una obra poética titulada Jaime, como su primer hijo, en la que demostró sus habilidades líricas y que fue el resultado del trabajo conjunto con su gran amigo Francisco Giner de los Ríos.

Si bien Pardo Bazán cultivó numerosos géneros literarios, fue en la narrativa donde la autora se reveló más prolífica. A principios del siglo XIX, y así como sucedía en casi el resto de las artes, los escritores españoles se movían dentro de los cánones del Romanticismo. Los románticos habían revolucionado el panorama literario con su ruptura frente a las convenciones neoclásicas, pero hacia 1850 la idealización de la realidad y las pasiones exaltadas que veneraba el romanticismo fueron superadas por una nueva corriente literaria. Desde el otro lado de la frontera norte de la Península llegó la influencia del realismo, cuyas nuevas normas desplazaron el agotado romanticismo.

Naturalista y feminista

Fue en mitad de esta nueva corriente donde se desarrolló la producción novelística de Pardo Bazán, que estaría fuertemente influenciada por el realismo y el naturalismo francés. A finales de 1870 ya habían aparecido sus primeras novelas, pero fue a partir de 1882/83, con la publicación de Una cuestión palpitante, cuando dio un giro definitivo con sus análisis de la obra de Émile Zola y la defensa de un naturalismo a la española.

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La primera novela que confirma esta tendencia es La Tribuna. Publicada en 1883, está considerado como el primer ejemplo del naturalismo en España, con una gran carga de contenido social. El argumento pone en primer plano la historia de una mujer que trabaja como cigarrera en una fábrica de Marineda –la A Coruña ficticia de Pardo Bazán–, utilizando el personaje para tratar los problemas, las condiciones de vida y la existencia general de la clase obrera. A lo largo de la década de 1880 publicó otras novelas de corte naturalista como La dama joven (1885) o Los pazos de Ulloa (1887), una de sus obras más célebres.

La imagen muestra a la autora gallega sentada frente a su máquina de escribir, donde pasaba largas horas, durante la última etapa de su vida. 

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Los últimos años del siglo XIX fueron un periodo de cambios para la escritora. Se materializó la separación de su marido y su literatura empezó a alejarse del naturalismo para acercarse a cuestiones de la vida real, como por ejemplo la situación de la mujer en la sociedad española. Una de sus citas más conocidas aparecida en La mujer española (1890) es la que encierra la idea, entonces radical, de que las mujeres no nacían con el único propósito de ser madres: "todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos. El ser humano no es un árbol frutal que sólo se cultive por la cosecha." Emilia Pardo Bazán fue una firme defensora de los derechos de las mujeres. Uno de los mayores ejemplos fue el proyecto de la Biblioteca de la mujer, con el que se propuso hacer llegar al público femenino obras que transmitían tanto conocimientos como conceptos progresistas sobre la situación de la mujer. Algunos de los títulos que se publicaron bajo su paraguas fueron La esclavitud de la mujer, de John Stuart Mill o La mujer frente al socialismo, de August Bebes, entre muchos otros.

Todas las mujeres conciben ideas, pero no todas conciben hijos. El ser humano no es un árbol frutal que sólo se cultive por la cosecha.

En paralelo a este proyecto feminista, Pardo Bazán también fundó una revista en 1890 que dirigía y escribía ella misma: Nuevo Teatro Crítico. En sus publicaciones, entre las que había ensayos, críticas o noticias de actualidad, se plasmó su interés por las cuestiones políticas y sociales del país y una voluntad expresa de dejar constancia de la vida cultural de la sociedad de su época.

En 1917 se celebró en A Coruña la Exposición Regional de Arte Gallego a la que fue invitada Emilia Pardo Bazán, sentada en la primera fila, en el centro. En la imagen la acompañan otros artistas gallegos como Sotomayor, Palacios, Lloréns o Castelao entre otros. 

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Pasión literaria

Puesto que la autora gallega tenía entre sus círculos habituales a intelectuales, escritores y periodistas de la época, también fue en estos grupos donde estableció relaciones amorosas tras su separación. Se sabe que mantuvo relaciones esporádicas con el escritor Narcís Oller y el empresario Lázaro Galdiano, pero su relación más sonada fue con Benito Pérez Galdós, un vínculo del que se han conocido muchos detalles gracias a la extensa correspondencia que intercambiaron ambos escritores entre 1883 y 1915. Las cartas muestran cómo lo que empieza como una relación de admiración de la gallega hacia el canario termina en una tórrida relación con mucho respeto mutuo, tanto personal como profesional. Mantuvieron un romance clandestino que les llevó de viaje por España y por Europa en varias ocasiones, donde los autores podían dar rienda suelta a su amor sin esconderse en una pasión que, hacia el final de sus vidas, se transformó en una sólida amistad.

Durante los últimos años de su vida, la escritora recibió numerosos reconocimientos. Se convirtió en la primera mujer socia del Ateneo de Madrid en 1905 y fue nombrada catedrática de Literatura Contemporánea en la Universidad Central. El 12 de mayo de 1921, una complicación de la diabetes que sufría terminó con una vida vivida con total libertad, en la que una mujer nacida a mediados del siglo XIX se había convertido en uno de los grandes referentes de la historia de la literatura española.