Entrevista HNG

"El Museo del Prado es reflejo de la Historia y de la mentalidad del país y la exposición "Invitadas" busca explicar la Historia del arte español"

Aprovechamos la exposición "Invitadas" que se puede ver en el Museo del Prado hasta marzo de 2021 para hablar con Carlos G. Navarro, comisario de esta muestra de espíritu autocrítico que revisa el papel de las instituciones artísticas respecto a la mujer durante el siglo XIX y principios del XX.

Falenas es una obra de 1920 de Carlos Verger Fioretti cuyo título designa una mariposa nocturna de cuerpo delgado y débiles alas, fatalmente atraída por el fuego. Esta descripción era asociada a las mujeres que ofrecían sus servicios como acompañantes en cenas elegantes. 

Foto: Museo del Prado

Hablamos con Carlos G. Navarro, comisario de la nueva exposición de El Prado, Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931). Tras el confinamiento, la gran pinacoteca ha decido abrir sus puertas con una exposición cuyas obras ponen el foco en el papel que le fue otorgado a la mujer en el arte a finales del siglo XIX y principios del XX. La muestra reúne un conjunto de obras que son un reflejo de la imagen que las instituciones querían para las mujeres, el sujeto central de la exposición a quien, siendo la absoluta protagonista, parece que nadie le preguntó su opinión. Inaugurada el pasado 6 de octubre, se podrá visitar hasta el 14 de marzo de 2021.

Historia National Geographic (HNG): La muestra pone frente a los ojos del espectador una sistema artístico que relegaba a las mujeres al otro lado del lienzo y, en muchas ocasiones, representadas en situaciones poco agradables, sumisas, inocentes o incluso encarnando el mal y los peores vicios. ¿A qué responde la decisión de preparar una exposición dedicada exclusivamente al papel de la mujer?

Carlos G. Navarro (C.G.N): Se trata de una exposición de investigación centrada en la propia colección. El núcleo principal de trabajo ha sido el grueso de la colección del Museo, tanto de sus almacenes como de sus depósitos en otras instituciones y ha sido reforzada con un conjunto de préstamos que aumenta la presencia de las mujeres artistas frente a las posibilidades limitadas de la propia colección. El museo, en sus últimos años, desde la dirección de Miguel Zugaza y durante todos los años que lleva al frente Miguel Falomir ha hecho una apuesta por visibilizar a las mujeres artistas en la historia. Esta exposición plantea una reflexión sobre el cambio de mapas que supone la irrupción de la ideología burguesa para las mujeres, con respecto a su relación con el Sistema de Arte del naciente Estado liberal.

Soberbia (hacia 1908), de Baldomero Gili y Roig.

Soberbia (hacia 1908), de Baldomero Gili y Roig.

Foto: Museo del Prado

HNG: La colección de El Prado comprende principalmente los siglos XV hasta el siglo XIX. Pero en este caso, la exposición exhibe obras que llegan hasta el advenimiento de la Segunda República. ¿Son obras adquiridas expresamente? ¿Por qué la exposición muestra obras de este periodo en concreto?

C.G.N.: La colección del Prado comprende la producción de los artistas nacidos hasta 1881 (año de nacimiento de Picasso) por un Real Decreto. Eso significa que, la producción de los últimos se produce en la primera mitad del siglo XX. En la exposición nos propusimos preguntarnos por lo que pasaba con las mujeres que más ha ignorado la bibliografía reciente. Aunque hay trabajos brillantes de recuperación de algunas pintoras decimonónicas, lo cierto es que son muy pocos en comparación con las que nacieron y desarrollaron su carrera en pleno siglo XX.

HNG: La exposición comprende varias etapas de la historia de España. ¿Se ve reflejado algún cambio en cuanto al papel de la mujer se refiere a través de la exposición?

C.G.N.: En la carrera de las artistas se observa los pasos que dieron desde el lugar dado en los años románticos, en los que tenían espacios predestinados de los que difícilmente se podían mover hasta los últimos años que abarca la exposición, en los que muchas mujeres tomaron las riendas de sus propias carreras con mucha más autonomía.

HNG: El Museo de El Prado y su historia son un reflejo de la historia del país. Algo que se puede comprobar con la exposición que organizó el entonces director del museo durante los enfrentamientos entre carlistas e isabelinos, promoviendo obras que contribuían a legitimar a la reina Isabel II en el trono. Un acto político, sin duda. Salvando las distancias, ¿se podría establecer algún paralelismo entre esa exposición y la actual? ¿Es esta exposición una declaración de intereses?

C.G.N.: El Museo del Prado es reflejo de la Historia y de la mentalidad del país. De ambas. En el caso de las colecciones del siglo XIX existe un miedo a incorporar el análisis de las obras de arte contextualizándolas con su propia ideología histórica, cuando en realidad nacieron precisamente de un contexto muy ideologizado. Ignorar las cuestiones ideológicas históricas supone un acto de manipulación y esta exposición persigue todo lo contrario, aclarar que determinados mensajes proceden de los cambios de mentalidad que operaron en todos los bandos políticos del siglo XIX. La exposición actual no abandona el propósito de explicar la Historia del arte español.

HNG: “Son invitadas porque en todos los casos nunca deciden en qué lugar y de qué manera formarán parte de la acción.” La creatividad que muchas mostraban fue limitada a ciertos tipos de pintura: bodegones, flores, copias de artistas masculinos… ¿Se puede extraer algún aspecto positivo a esta limitación?

C.G.N.: Creo que uno de los efectos más emocionantes de la visita a la exposición es justo ese: el encuentro con artistas que son capaces de sorprendernos con una inventiva y una calidad objetiva de primer nivel en circunstancias de limitación. Incluso en la calidad de las copias puede apreciarse esa circunstancia.

HNG: Sin embargo, existen algunas excepciones que lograron salvar los obstáculos que encontraban para su expresión artística. ¿Nos puedes destacar alguna?

C.G.N.: Adela Ginés, Elena Brokmann o Antonia de Bañuelos son sin duda algunos de los ejemplos más brillantes de mujeres que saltaron muchos obstáculos.

HNG: Uno de los mayores retos a los que se enfrenta el espectador se encuentra en la sección “Desnudos”, donde aparecen niñas representadas en actitud sensual, casi provocando al observador. ¿Es un síntoma de cuán habitual podían llegar a ser estos casos? ¿Hasta qué punto el Estado legitimó este tipo de obras?

C.G.N.: La contemplación de desnudos infantiles sexualizados no fue una rareza en la plástica del siglo XIX y el Estado y la Crítica de Arte los normalizaron. Fueron legitimados con premios y adquisiciones, y con su incorporación al relato de prestigio de las colecciones públicas.

Inocencia

Inocencia

Foto: Museo del Prado

HNG: Son obras directamente opuestas a otras como la también expuesta de Antoni Fillol, que justamente denuncia la violación de una menor. ¿Afectó de alguna manera esta actitud crítica a su carrera de pintor?

C.G.N.: La carrera de Fillol, como ha relatado en su reciente monografía Javier Pérez Rojas, se vió muy afectada precisamente por sus intereses comprometidos con la denuncia de la situación de la mujer en el siglo XIX.

HNG: Las pintoras en ocasiones también optaban por los desnudos. ¿Existe alguna diferencia en la manera en que hombres y mujeres tratan el mismo tema en la época? ¿Hay cuadros de desnudos masculinos?

C.G.N.: El visitante puede comprobar en la expo la forma de representación del desnudo tanto en Lois Weber (Hipócritas) como en Aurelia Navarro, en el que en un caso se trata de un desnudo moralizante y en el otro de una imagen de interés sensual. Hay un desnudo integral frontal masculino en la exposición, obra de Salvador Viniegra.

HNG: ¿Cómo afronta un museo de referencia como El Prado una exposición tan autocrítica? ¿Qué papel puede tener una institución como el Museo para contribuir a superar el machismo en el arte?

C.G.N.: Creo que se trata de una exposición crítica con el pasado histórico del Museo y de la sociedad y que debe motivar debates tanto en el seno de la Historia del Arte como en el de las propias instituciones y museos. El riesgo del oportunismo y también el del amarillismo no deben convertirse en obstáculos para repensar en los modelos de discursos que ofrecen los museos y en cómo eso puede perpetuar una percepción del pasado desde estructuras que son machistas. En todo caso, estoy convencido de que visibilizar esta reflexión histórica acarreará consecuencias positivas para la percepción que tenemos de nuestro pasado más inmediato.

HNG: Afortunadamente, en la actualidad la mujer tiene más poder de decisión sobre su propio protagonismo, también en el mundo del arte. Sin embargo, queda camino por recorrer, pues la obra de muchas artistas sigue siendo juzgada desde la perspectiva de su condición de mujer. ¿Crees que el arte sigue siendo machista actualmente?

C.G.N.: No soy un experto en arte contemporáneo, pero percibo que existe una muy alta sensibilidad hacia los discursos feministas en lo que veo y me interesa personalmente del arte contemporáneo. Pero repito que no soy un experto sobre arte actual.

La rebelde (hacia 1904), de Antonio Fillol.

La rebelde (hacia 1904), de Antonio Fillol.

Foto: Museo del Prado

HNG: En una exposición de claro corte feminista como esta, ¿no resulta paradójico que la mayoría de las obras expuestas sean de autores masculinos, esté comisariada por un hombre en un museo dirigido por otro hombre? A pesar de construir un relato feminista, parece difícil conseguir que las narradoras sean las mujeres.

C.G.N.: Las desigualdades estructurales de las mujeres son un fenómeno que sucede en toda nuestra sociedad. En cuanto a esta exposición: la mayoría de autores masculinos en la expo es, cuando menos, pírrica. De 133 obras en la exposición hay que descartar doce libros (sólo dos son de mujeres, pero contrastan con las citas en las salas, en las que los de textos de mujeres constituyen una muy amplia mayoría), 63 son obras de mujeres. Están representadas un total de 41 artistas mujeres.

Esta exposición es fruto de una investigación sobre la colección que se ha hecho en el seno del propio museo y es por tanto una actividad de Historia del Arte, y no de activismo político ni ideológico. Si da un vistazo rápido al catálogo podrá comprobar que la amplia mayoría de las personas convocadas a escribir en el catálogo, y por lo tanto a construir este relato, son prestigiosas historiadoras del arte que imparten clases en la Universidad o que trabajan en Museos e instituciones culturales, y que son todos nombres sólidos en el estudio del siglo XIX español. Sucede lo mismo con las actividades relacionadas con la exposición. Más de la mitad de las conferencias de personas convocadas son mujeres, se ha organizado una editatona con Wikipedia de contenido de mujeres artistas del XIX hecha solamente por mujeres, que ya está publicitada y antes del Covid-19 habíamos planeado y organizado dos conciertos de compositoras hispanoamericanas del siglo XIX y principios del XX, interpretadas exclusivamente por mujeres.

HNG: La exposición despide al visitante con un cuadro de gran potencia. Es el Autorretrato de cuerpo entero de María Roesset. ¿Por qué esta elección?

C.G.N.: María Roesset supone en la exposición un final culminante por su significado ya reconocido en el discurso de la pintura española como una opción de renovación en el cosmopolitismo de los primeros años del siglo. Tiene además un significado añadido, pues aunque pueda considerarse receptora de un cierto legado artístico previo, es sobre todo la generadora de una saga de mujeres artistas renovadoras y modernas. La lectura del documentado y apasionante libro de Nuria Capdevila-Arguelles sobre las mujeres de la familia Roesset permite comprender el fascinante capítulo propio que protagonizaron en el siglo pasado.

Muchas gracias

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