Impresionismo

Édouard Manet, un pintor incomprendido

Su original estilo y su modo de representar la cotidianidad fueron rechazados por la sociedad de su tiempo, pero a pesar de ello Édouard Manet acabaría siendo reconocido por su obra e inspirando a muchos otros artistas a los que mostraría el camino para desafiar las técnicas pictóricas más tradicionales.

Foto: CC

Con la muerte de Édouard Manet el 30 de abril de 1883 se apagaba la luz del que para muchos había sido, sin lugar a dudas, el creador de la pintura moderna. Difícil de encuadrar en un estilo artístico concreto, Manet está considerado por muchos críticos de arte un gran innovador por la originalidad de los temas escogidos y por el tratamiento pictórico aplicado a sus creaciones. Todos estos factores lo convirtieron, en palabras de Baudelaire, en "el pintor de la vida moderna".

Pintor contra pronóstico

Nacido el 23 de enero de 1832 en París, Manet pertenecía a una importante familia de la burguesía parisina muy bien situada tanto económica como políticamente. Era hijo de Auguste Manet, jefe del departamento personal del Ministerio de Justicia, y de Eugénie-Désirée Fournier, hija de un diplomático y ahijada del príncipe heredero de Suecia. Pero a pesar de ello, el joven Manet pronto simpatizó con las ideas de izquierdas y republicanas (Manet trabaría años después una gran amistad con el escritor Émile Zola, el político Léon Gambetta y el también defensor de la República, Jules Ferry), y se sintió asimismo muy atraído por el mundo del arte.

Una gran amistad unió al escritor Émile Zola y Édouard Manet desde su juventud. Zola defendió el talento de Manet públicamente a pesar de las críticas oficiales, lo que el pintor quiso agradecerle con un retrato suyo en 1868. Actualmente se conserva en el Museo de Orsay de París.

Una gran amistad unió al escritor Émile Zola y Édouard Manet desde su juventud. Zola defendió el talento de Manet públicamente a pesar de las críticas oficiales, lo que el pintor quiso agradecerle con un retrato suyo en 1868. Actualmente se conserva en el Museo de Orsay de París.

Foto: CC

Édouard era hijo de Auguste Manet, jefe del departamento personal del Ministerio de Justicia, y de Eugénie-Désirée Fournier, hija de un diplomático y ahijada del príncipe heredero de Suecia.

Así, el sueño de su padre de que se convirtiera en un abogado de prestigio, aprovechando los numerosos contactos políticos que este podía proporcionarle, pronto se vio truncado. A los dieciséis años, Manet, ante la negativa de su padre a que se matricularse en la Academia de Arte, se embarcó como aprendiz de piloto en un barco mercante con destino a Río de Janeiro. El propósito del joven era ingresar en la Academia Naval Francesa. Pero a su regreso a Francia, en 1849, y tras suspender el examen de ingreso, los padres de Manet accedieron a su pesar a que su hijo se dedicara a la pintura. En 1850, el joven entró a formar parte del taller del artista y profesor de pintura Thomas Couture. A pesar de las notables diferencias entre profesor y alumno (que consideraba anticuados los métodos de enseñanza de su mentor), Manet aprendió con Couture el uso de las técnicas pictóricas y de dibujo que serían fundamentales en su futura carrera como artista. Asimismo, hasta 1856 el joven pintor viajó por Europa, incluida España (que le impresionó grandemente), con el objetivo de entrar en contacto con los grandes maestros.

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Un artista incomprendido

Durante su período de aprendizaje en el taller de Couture, Manet copió las obras de grandes artistas como Tiziano, Rembrandt, Goya, Delacroix, Courbet y Daumier, que estaban expuestas en el Museo del Louvre. Al fin, tras seis largos años, Manet se estableció por su cuenta en un estudio de la calle Lavoisier de París, que compartió con el pintor y grabador Albert de Balleroy, especializado en pintar cuadros de temática militar. De esa época son sus obras El niño de las cerezas (1858) y El bebedor de absenta (1859). Fue en aquella etapa cuando Manet conoció al poeta Charles Baudelaire, que le sugirió que pintase su obra Jardines de las Tullerías (1862). Manet pintó el cuadro al aire libre, y en él se daban cita numerosos personajes del París del Segundo Imperio, como los clientes habituales del Café Tortoni y del Café Guerbois, un local de reunión y discusión muy frecuentado por artistas, escritores y amantes del arte.

El bebedor de absenta, pintado por Édouard Manet hacia 1859, está considerada una de sus primeras obras importantes.

El bebedor de absenta, pintado por Édouard Manet hacia 1859, está considerada una de sus primeras obras importantes.

Foto: Cordon Press

Tras seis largos años, Manet se estableció por su cuenta en un estudio de la calle Lavoisier de París, que compartía con el pintor y grabador Albert de Balleroy, especializado en temas militares.

Entre los años 1862 y 1865, Manet expuso sus obras en la Galería Martinet, y en 1863 se casó con la pianista holandesa Suzanne Leenhoff, que le daba clases de piano y con la cual tuvo un hijo fuera del matrimonio, Leon. Aquel mismo año, el jurado del Salón Oficial de París rechazó su cuadro El almuerzo en la hierba (1863) por considerar que su técnica era completamente revolucionaria y alejada de la ortodoxia. Debido a lo estricto de los veredictos que daba el jurado de esta institución, así como a la crítica por parte de la opinión pública, el emperador Napoleón III decidió celebrar una muestra paralela al Salón Oficial que recogiera todas las obras excluidas por el jurado y que se conoció como Salon des Refusés (Salón de los Rechazados). Fue allí donde el público pudo admirar por primera vez la obra descartada de Manet (que en un principió se llamó El baño).

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Defensores imprevistos

En 1865, Manet volvió a exponer en el Salón Oficial y, como en la vez anterior, su obra volvió a generar polémica. Esta vez fue su cuadro Olympia (pintado en 1863), en el que la protagonista era una mujer desnuda que miraba directamente al espectador, escandalizó a los críticos que lo consideraron indecente, sobre todo por el hecho de que la mujer representada era una prostituta. Frustrado por la fría acogida de su obra, Manet viajó de nuevo a España, y, aunque su estancia fue corta, allí conoció al periodista y crítico de arte Théodore Duret, quien posteriormente se convertiría en un ferviente defensor de su obra. Durante la Exposición Universal de 1867 que tuvo lugar en París, se rechazó exponer su obra, por lo que Manet decidió seguir el ejemplo de su antiguo maestro Gustave Courbet (que años atrás expuso sus cuadros por su cuenta) e instaló una muestra de 50 de sus obras en un pabellón costeado por él mismo. Entre ellas expuso sus pinturas de toreros y corridas de toros, espectáculos que le habían impresionado profundamente durante su viaje por tierras españolas.

Durante la Exposición Universal de 1867, Manet instaló una muestra de 50 de sus obras en un pabellón costeado por él mismo. Entre ellas expuso sus pinturas de toreros y corridas de toros.

En 1867, Émile Zola escribió un brillante artículo acerca de Manet en el periódico francés Le Figaro. En dicho artículo, y para hacer hincapié en la incomprendida obra de su amigo, Zola señalaba que casi todos los artistas importantes comienzan por ofender la sensibilidad del espectador. El artículo causó una impresión favorable en el crítico de arte Louis-Edmond Duranty y en algunos pintores como Cézanne, Gauguin, Degas o Monet, que muy pronto ser convirtieron en fervientes defensores de la obra de Manet. El año 1874, Manet conocería al pintor impresionista Claude Monet, y aunque al principio su relación se caracterizó por la frialdad, acabaron forjando una excelente amistad, e incluso pintando juntos a orillas del Sena. Ese sería el escenario donde Manet pintó su cuadro al aire libre más luminoso, Navegación (1874).

Le Déjeuner sur l'Herbe (El almuerzo en la hierba), de 1863, es una de las obras más célebres de Manet. Debido a su técnica pictórica revolucionaria fue rechazado por los académicos y se convirtió en uno de los cuadros más emblemáticos del primer Salon des Refusés (Salón de los rechazados).

Le Déjeuner sur l'Herbe (El almuerzo en la hierba), de 1863, es una de las obras más célebres de Manet. Debido a su técnica pictórica revolucionaria fue rechazado por los académicos y se convirtió en uno de los cuadros más emblemáticos del primer Salon des Refusés (Salón de los rechazados).

Foto: CC
El desnudo "sin justificación" de la Olympia de Manet enfureció a la crítica. Fue expuesta en el Salón Oficial de 1865 y tras la mala acogida, Manet decidió pasar una corta temporada en España.

El desnudo "sin justificación" de la Olympia de Manet enfureció a la crítica. Fue expuesta en el Salón Oficial de 1865 y tras la mala acogida, Manet decidió pasar una corta temporada en España.

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Reconocimiento póstumo

En 1880, a pesar de la grave enfermedad circulatoria que afectaba a sus piernas y que a la postre acabaría con su vida, Manet expuso su obra en las oficinas del periódico La vie moderne. En 1881 alquiló una villa en Versalles y al año siguiente se trasladó a la población de Rueil-Malmaison. A pesar del alarmante avance de la enfermedad, Manet aún tuvo fuerzas para asistir a una gran exposición de arte francés en el Burlington House de Londres, mientras en el Salón Oficial de París se exponía su obra El bar del Folies Bergère (1882), una atrevida composición en la que muestra a una chica llamada Suzon apostada delante de un fondo típicamente impresionista, donde, en un espejo que se encuentra a sus espaldas, se ven reflejados las piernas de una trapecista, los palcos y otros detalles del local.

A pesar del alarmante avance de la enfermedad, Manet aún tuvo fuerzas para asistir a una gran exposición de arte francés en el Burlington House de Londres, mientras en el Salón Oficial de París se exponía su obra El bar del Folies Bergère (1882).

El 6 de abril de 1883, Manet desarrolló una gangrena en su pierna izquierda. Tras serle amputada murió diez días después a la edad de cincuenta y un años. Poco antes de su muerte, Manet había logrado el reconocimiento del Salón Oficial de París, que le había otorgado la medalla de segunda clase, y también había recibido el titulo de Caballero de la Legión de Honor. A pesar de que su obra siempre despertó controversia, nadie puede negar la influencia de Manet en la pintura de los siglos XIX y XX. Aunque algunos críticos han calificado la técnica del artista de deficiente, y su enfoque sencillo de los temas urbanos lo distanció aún más de los estándares del Salón Oficial (que en general favorecía los temas narrativos y evitaba la cruda realidad de la vida cotidiana), sería precisamente allí donde se organizó una exposición en reconocimiento al artista ya fallecido en otoño de 1905.

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