Hallazgos en el Cerro de San Vicente

En la Edad del Hierro Salamanca estaba conectada con el Mediterráneo oriental

Durante las excavaciones llevadas a cabo este verano en este yacimiento de Salamanca, los arqueólogos han hecho hallazgos tan importantes como varias piezas de fayenza procedentes del Mediterráneo oriental, entre las que destaca un amuleto de la diosa egipcia Hathor.

El equipo arrqueológico trabajando durante las excavaciones en el Cerro de San Vicente de junio-julio 2021.

El equipo arrqueológico trabajando durante las excavaciones en el Cerro de San Vicente de junio-julio 2021. Foto: Universidad de Salamanca

En el Cerro de San Vicente, en la ciudad de Salamanca, se alzó en su día una aldea amurallada, construida con adobes, que data de la primera Edad del Hierro (900-400 a.C.). Esta colina se ubica frente a otro altozano, llamado el Teso de las Catedrales, donde se erigió un castro en la segunda Edad del Hierro (400-20 a.C.). En San Vicente se han llevado a cabo excavaciones arqueológicas desde 1990 hasta 2021, al principio mediante catas o sondeos estratigráficos con el objetivo de evaluar la potencia de los sedimentos y su grado de conservación. Los resultados indican que el lugar fue ocupado desde el Bronce Final (1250-900 a.C.), aunque los restos mejor preservados corresponden a la primera Edad del Hierro, en cuya fase final se abandonó el lugar (hacia 500 a.C.), que no se volvió a habitar en época protohistórica ni antigua, sino tan solo de nuevo en época medieval y moderna, cuando se instaló allí el cenobio de San Vicente, lo que ha facilitado su conservación a lo largo del tiempo.

Lo que revelan las excavaciones

En 2006 se realizó una excavación para dejar a la vista un amplio sector del poblado; se excavaron seiscientos metros cuadrados en la zona más elevada, en un sector bien preservado, de los que cuatrocientos se han acondicionado y techado, y hoy son visitables por el público. Los trabajos arqueológicos que se llevaron a cabo en el cerro en ese año permitieron apreciar cómo estaba organizada esta aldea de barro (se trata de la arquitectura tradicional vernácula más antigua documentada arqueológicamente, un tipo de arquitectura que perduró en la España rural hasta una época tan cercana como la década de 1970). El lugar estaba compuesto por casas de planta circular y rectangular de hasta treinta metros cuadrados, que disponían de un hogar central y un banco corrido interior. En sus aledaños se abrían basureros o cenizales donde se vertían las cenizas del hogar, los desperdicios culinarios y los detritos domésticos. En el poblado había también pequeños edificios como almacenes, corrales o graneros.

Limpieza del suelo en la Casa 1 del Cerro de San Vicente, donde se halló un hogar en forma trapezoidal.

Foto: Universidad de Salamanca

El Cerro de San Vicente estaba compuesto por casas circulares y rectangulares de hasta treinta metros cuadrados, con un hogar central y un banco corrido interior, junto a las que se abrían basureros o cenizales.

Entre junio y julio de 2021 se ha llevado a cabo la última campaña de excavación en San Vicente, que se ha centrado principalmente en una de estas casas circulares, la conocida como Casa 1. Por su aspecto y proporciones, los investigadores creen que esta vivienda fue habitada por un amplio grupo doméstico de la élite compuesto por un gran señor, su esposa, sus hijos y nueras (las mujeres dejaban su familia al casarse para vivir con la de su marido) y nietos. La Casa 1, que disponía de dos bancos corridos en lugar de uno (que es lo más habitual en el poblado) y un enorme hogar central de forma trapezoidal, fue ocupada durante siglos, hasta que fue abandonada en el siglo VI, un abandono que al parecer se hizo de forma ritual: se prendió fuego al edificio y luego su interior se rellenó con los adobes de las paredes colocados con cuidado a soga, en hiladas concéntricas. La vivienda prometía hallazgos excepcionales, pero los resultados de la campaña han superado las expectativas de los arqueólogos, que han podido conocer más a fondo las actividades que se desarrollaron en la casa y sus aledaños, y comprender mejor los contactos lejanos que al parecer mantuvo esta pequeña comunidad aldeana.

Una casa de la élite

Los trabajos han sido dirigidos por los arqueólogos Antonio Blanco, de la Universidad de Salamanca, y por Cristina Alario y Carlos Macarro, del Parque Arqueológico del Ayuntamiento de Salamanca, y han revelado una imagen insospechada de los habitantes del Cerro a mediados del I milenio a.C. En el interior de la vivienda se ha encontrado una inusual abundancia de molinos para moler cereales, lo que sugiere que aquí se elaboraba un volumen de vituallas mayor que en otras casas del poblado (tal vez se preparaban comidas comunitarias). Sobre uno de los bancos corridos aparecieron dos pequeños recipientes, que posiblemente se usaron como candiles para iluminarse, con grasa animal o aceite de oliva (se ha sabido por los estudios de biomarcadores realizados por Laura Tomé y Carolina Mallol, de la Universidad de La Laguna, que en las viviendas contiguas se elaboró aceite, tal vez con pequeñas almazaras o prensas portátiles). Hasta ahora no se sabía nada del uso de aceite de oliva en la región antes de época romana.

Cuentas de collar o abalorios de fayenza localizados en la Casa 1.

Foto: Universidad de Salamanca

Sobre uno de los bancos corridos de la Casa 1 aparecieron dos pequeños recipientes, posiblemente usados como candiles para iluminarse, con grasa animal o aceite de oliva.

Destaca asimismo la abundancia de vajilla fina de mesa, que ha sido estudiada por Juan Jesús Padilla, de la Universidad de Salamanca. Casi toda la vajilla está hecha a mano (sin torno) y muchas piezas se pintaron en rojo, blanco, amarillo y azul; algunos ejemplares presentan decoraciones incisas con palmetas, estrellas o flores de loto, lo que nos remite a algunos motivos decorativos que se usaron en el Mediterráneo oriental. Estos hallazgos vinculan a esta casa con un artesanado especializado (por ejemplo, entre los múltipes hallazgos de la vivienda los arqueólogos han descubierto un molino para moler ocre rojo y un cuenco con el polvo rojo ya triturado, un trozo de cerámica reutilizado posiblemente por un alfarero como paleta de colores rojo y amarillo).

Objetos procedentes del Mediterráneo oriental

De entre los muchos hallazgos que se han hecho en la casa sobresale por su importancia histórica una concentración extraordinaria de piezas de fayenza (cerámica vidriada), algo inédito hasta la fecha en el interior peninsular. Las piezas de fayenza localizadas son sobre todo abalorios (cuentas de collar) y, lo más extraordinario de todo, un pequeño amuleto, muy esquemático, que representa a la diosa egipcia Hathor, con su distintivo peinado acabado en bucles. Asimismo se ha localizado un fragmento de cuenco, también egipcio, decorado con temas de plantas acuáticas. "Se trata de piezas de tradición orientalizante, traídas por los fenicios, que aparecen en distintos yacimientos, siguiendo el eje de la Vía de la Plata", comenta al respecto Carlos Macarro.

Fragmento de cuenco de fayenza con motivos lacustres.

Foto: Universidad de Salamanca

Las piezas de fayenza (amuletos, escarabeos o cuentas de collar) son bien conocidas en Ibiza y en la costa peninsular mediterránea, muy frecuentada entonces por los fenicios, y se encuentran normalmente en contextos funerarios o rituales del Mediterráneo. Sin embargo, su aparición en el Cerro de San Vicente, en un ambiente doméstico indígena y rural, hace sospechar a los investigadores que la Casa 1 fue algo más que una simple vivienda. Estos objetos tienen su origen en el Mediterráneo oriental (en Egipto o en la costa siropalestina o fenicia) y posiblemente recorrieron más de 5.000 kilómetros hasta llegar a esta remota aldea de Salamanca, casi con total seguridad mediante intercambios con comerciantes fenicios, por entonces muy activos en el litoral de Iberia. En concreto, la factoría fenicia más cercana a Salamanca se encuentra en la costa atlántica, en Santa Olaia (Figueira da Foz, en Portugal).

En la Casa 1 se han encontrado varias piezas de fayenza, sobre todo abalorios (cuentas de collar) y, lo más extraordinario de todo, un pequeño amuleto, muy esquemático, que representa a la diosa egipcia Hathor, con su distintivo peinado acabado en bucles.

Por su parte, en el occidente peninsular se conocen varias representaciones de deidades con el característico peinado hathórico (con raya central y dos grandes bucles laterales que caen sobre los hombros), especialmente en objetos de bronce, como los tres famosos bronces de El Berrueco (Ávila-Salamanca) o el llamado Bronce Carriazo (que se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla). Esta iconografía se asocia a diversas divinidades orientales, como las diosas Astarté, Anat o Hathor. Esta última es la diosa egipcia del amor, la fecundidad y el Occidente. Esta divinidad se asocia al color azul (el de la fayenza y algunos lotos) y no parece casual que fuera representada y reconocida en el extremo occidental del mundo entonces conocido.

Bronce Carriazo, representación de la diosa Astarte. Siglo VII a.C. Museo Arqueológico de Sevilla.

Foto: CC

Intercambios a larga distancia

Los arqueólogos también han hallado durante las excavaciones cerámicas torneadas importadas (un fragmento de cerámica de engobe rojo fenicio) y objetos litúrgicos de terracota (figuritas zoomorfas, un vasito en forma de ave parecido a un askós griego y una especie de mesita con patas) que presentan paralelos tartésicos y mediterráneos. Todos estos hallazgos sugieren que la Casa 1 fue el escenario de una intensa actividad social como sede de un gran señor que organizó banquetes para sus huéspedes y un lugar donde recalaban destacados materiales de procedencia muy lejana.

Los arqueólogos también han hallado durante las excavaciones cerámicas torneadas importadas y objetos litúrgicos de terracota que presentan paralelos tartésicos y mediterráneos.

Una hipótesis que barajan los investigadores es que el Cerro de San Vicente estuviera tan bien conectado con las rutas del comercio de larga distancia gracias a la riqueza de la región en hierro y casiterita (mineral del que se extrae el estaño, elemento indispensable para la fabricación del bronce), metales con una gran demanda en ese momento en todo el Mediterráneo, y que a través de ese continuo tráfico de materiales llegaran a este pequeño poblado conocimientos, objetos y costumbres procedentes del Mediterráneo oriental.

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