Criaturas increíbles

Dragones, la fascinante encarnación del mal en el arte

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Bridgeman

Desde sus orígenes, el hombre ha proyectado sus temores y sus anhelos en criaturas mitológicas y seres mágicos que han inspirado los más diversos relatos y leyendas. De todas estas criaturas legendarias, sin duda la que más fascinación ha ejercido sobre los artistas de todas las épocas ha sido el dragón. Este ser aterrador de mirada penetrante, cuerpo escamado y que escupe fuego por la boca, ha acompañado a la humanidad los últimos 6.000 años desde el rincón más recóndito de China hasta los grandes estudios de Hollywood. Ha sido tallado en figurillas de jade o en catedrales medievales, pintado en lienzos al óleo o sobre porcelana fina y, en el último siglo, ha invadido las pantallas de cine y de televisión gracias a las películas y series de éxito mundial.

Ninguna criatura como el dragón ha representado tan bien la maldad y la ruina en el imaginario de hombres y mujeres, pero no siempre ha sido así, y dependiendo de la región y la época, esta mirada puede ser muy diferente y está llena de matices.

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The Granger Collection / Cordon Press

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El primer dragón

Las primeras representaciones de dragones pertenecen a la antigua China y datan de hace más de 6.000 años, halladas en cerámicas y en pequeños amuletos de jade, como el que aparece sobre estas líneas, de finales del segundo milenio a.C. 

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El cerdo-dragón

Entre estos primeros diseños encontramos una representación de lo que los investigadores han denominado cerdo-dragón, una criatura alargada y enroscada sobre sí misma con una cabeza semejante a la de un jabalí. Estas primeras representaciones de cerdo-dragón se han encontrado en yacimientos neolíticos de la cultura de Hongshan, en la actual Mongolia, Interior. Arriba un fragmento de una de estas piezas fabrricado hacia el año 3500 a.C.

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The Granger Collection / Cordon Press

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Engendros milenarios

En las civilizaciones europeas y del Próximo Oriente también hay un amplio repertorio de criaturas que pueden asociarse a la imagen del dragón. En la antigua Babilonia, Marduk, la divinidad suprema tomaba forma la forma de una temible figura medio dragón medio serpiente, con una lengua bífida, cuerpo cubierto de escamas, patas delanteras de león y traseras de águila. Es una de las figuras que decora la monumental Puerta de Ishtar –sobre esas líneas– y tenía un nombre muy descriptivo: mushjushum, "serpiente aterradora". 

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Serpientes monstruosas

El mimetismo entre dragones y serpientes no es casual. La palabra dragón deriva del término griego drakon, literalmente serpiente, nombre a su vez emparentado con el verbo dérkomai, que significa mirar fijamente, característica de estos reptiles. En la mitología griega abundan los drakontes, serpientes gigantes. Uno de estos episodios es el enfrenta a Hércules con la hidra de Lerna, una gran serpiente acuática de nueve cabezas, a la que el héroe vence y corta sus testas una a una, una lucha recreada en la cerámica de figuras negras de mediados del primer milenio a.C. sobre estas líneas.

El mal

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El mal

Con el triunfo del cristianismo, estas criaturas –que hasta entonces simbolizaban de alguna manera las fuerzas de la naturaleza, muchas veces indomables y portadoras de desgracias– comienzan a ser asociadas con el mal en general y proliferan en todo tipo de soportes. Arriba, representados en la letra A capitular de un iluminado medieval el siglo XII.

Leviatán

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Leviatán

La tradición cristiana fue transformando poco a poco a poco los drakonis, monstruos serpentiformes, en los dragones que todos conocemos. El Leviatán bíblico, del hebreo serpiente enrollada, un monstruo marino que la biblia define como "serpiente veloz, serpiente tortuosa". En el Apocalipsis aparece el fuego, un elemento fijado en el imaginario popular sobre el dragón que se desarrolló a partir de Edad Media: "De su boca salen hachones de fuego; centellas de fuego proceden. De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama". Arriba el Leviatán engullendo pecadores en la puerta del Jucio Final de la catedral de Amiens.

Una hidra cristiana

The Granger Collection / Cordon Press

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Una hidra cristiana

El Apocalipsis está repleto de drakonis. Como el dragón rojo de siete cabezas que recuerda poderosamente a la hidra griega. Una criatura que arrasó los astros con su cola y se enfrentó al arcángel Miguel. Sobre estas líneas, representado en un manuscrito iluminado del año 950.

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Una criatura que muta

Poco a poco esta criatura que había nacido de la imaginación oriental como una bestia marina, una serpiente alargada y gigante se va transformando y adquiriendo nuevos atributos en los imaginativos bestiarios cristianos medievales en los que adoptó fisonomías de felinos, cánidos y aves. Sobre estas líneas, un genio y un monstruo alado de una biblia del siglo XV.

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Dragones medievales

El perfil de dragón que se impondría en la Edad Media es obra de San Isidoro de Sevilla, según este erudito era la más grande delas serpientes, moraba en cavernas, volaba y tenía crestas. Arriba dragones fabulosos de Yuan vistos por Marco Polo en el siglo XIII. Miniatura del siglo XV.

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Lucha entre el Bien y el Mal

El triunfo de esta criatura en la Edad Media se debió a que ejemplificaba muy bien la lucha entre el bien y el mal en unas sociedades masivamente analfabetas. Para los simples campesinos o comerciantes de toda Europa, era una imagen reconocible y fácilmente interpretable. Su representación proliferó por los iluminados. Esta letra R capitular recrea la lucha entre un virtuoso caballero y la maligna criatura.

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Valerosos caballeros

De esta manera, no es de extrañar que surgieran multitud de leyendas y narraciones de luchas de valerosos caballeros (que en la Edad Media simbolizaban la virtud) contra malignos dragones que llevaban a la ruina a diversas poblaciones por todo el mundo. La imagen que abre este artículo representa una de ellas la del arcángel Miguel venciendo al terrible dragón del Apocalipsis. El báculo sobre estas líneas describe la misma escena.

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La aguja más bella

Una de las representaciones más impactantes de esta lucha entre SanMiguel y el dragón se encuentra en la abadía del Mont Saint Michel. No existía en la Edad Media, fue creada a finales del siglo XIX durante los trabajos de restauración encabezados por Eugène Viollet Leduc (responsable también de la recuperación de Notre Dame de París). Mide 3'5 m y pesa 820 kilos, pero lo más impresionante es su ubicación, culmina la aguja de la imponente torre central del templo y se eleva a 170 metros sobre el mar. La estatua del arcángel derrotando al dragón del Apocalisis pesa 820 kilos de peso y mide 3.5 metros de alto.

El dragón más mítico

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El dragón más mítico

Pero sin duda, la lucha del caballero contra el dragón por excelencia es la de San Jorge. El san Jorge histórico fue un soldado de Capadocia al servicio del emperador romano Diocleciano (siglo III d.C.) que murió mártir por no querer renunciar a su fe cristiana. Más adelante surgiría la leyenda según la cual en vida había abatido a una bestia y liberado de su yugo a una ciudad o a todo un reino, por la cual fue canonizado. En la Edad Media, esa bestia se convertiría en un dragón y la atractiva historia lo convirtió en el santo protector de caballeros y soldados. Sobre estas líneas, la interpretación de la leyenda que hizo Pedro Pablo Rubens en el siglo XVII, una escena dramática, con la lanza del caballero rota en las fauces de la bestia –cuyos ojos están inyectados en sangre– que trata de arrancársela. Detrás de ellos, la princesa, de una belleza rolliza tan del gusto rubensiano, con la oveja que iba a ser sacrificada junto a ella.

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El dragón deconstruido

Mucho antes que Ferrán Adrià revolucionara el mundo de la cocina, Antoni GAudí ya había "inventado" la deconstrucción en el mundo arquitectónico. La fachada de la Casa Batlló de Barcelona es una oroiginalísima recreación de la leyenda de San Jorge (patrón de Cataluña) con una piel escamada atravesada por la espada del caballero y en cuyas fauces pueden verse en los balcones del edificio las calaveras de los desdichados predecesores del victorioso san Jorge y la rosa que nace de sus entrañas.

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