Manuscritos del mar muerto

Dos escribas distintos escribieron el "Gran rollo de Isaías"

Investigadores de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos, han desarrollado una red neuronal artificial para estudiar el tipo de escritura que presenta este manuscrito del mar Muerto, que se conserva en el Santuario del Libro de Jerusalén, y han llegado a la conclusión de que fue escrito por dos escribas distintos.

El 'Gran rollo de Isaías', donde se ha descubierto la mano de dos escribas.

El 'Gran rollo de Isaías', donde se ha descubierto la mano de dos escribas. Foto: PD

Los manuscritos del mar Muerto, descubiertos hace unos setenta años en las cuevas del desierto de Judea, son famosos por contener los escritos más antiguos del Antiguo Testamento y muchos textos judíos antiguos desconocidos hasta la fecha. Escritos en hebreo, arameo y griego, fueron compuestos entre los siglos III a.C. y II d.C., pero desconocemos quienes fueron sus autores. Ahora, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos, combina ciencias y humanidades para lograr descifrar el misterio sobre quién o quiénes se esconden detrás de estos antiguos rollos. Los resultados de este estudio se han publicado en la revista PLOS ONE.

Tipo de escritura

Aunque no podemos saber el nombre de los escribas que copiaron con tanto celo estos manuscritos, los académicos han sugerido tradicionalmente que algunos rollos deben atribuirse a un solo escriba basándose en el tipo de escritura manual. Sin embargo, estas identificaciones son algo subjetivas y a menudo suscitan acalorados debates. "Intentarían encontrar una 'pistola humeante' en la letra, por ejemplo, un rasgo muy específico en una carta que identificaría a un escriba", explica el paleógrafo Mladen Popović, profesor de Biblia Hebrea y Judaísmo Antiguo en la Facultad de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad de Groninga. También es director del Instituto Qumran de dicha universidad, una institución dedicada al estudio de los manuscritos del mar Muerto, e impulsor del proyecto, iniciado en 2015, "Las manos que escribieron la Biblia", financiado por el Consejo Europeo de Investigación.

De izquierda a derecha, imagen en escala de grises de la columna 15, la imagen correspondiente binarizada usando BiNet y la imagen limpia y corregida.

De izquierda a derecha, imagen en escala de grises de la columna 15, la imagen correspondiente binarizada usando BiNet y la imagen limpia y corregida.

Imagen: Mladen Popović, Maruf A. Dhali, Lambert Schomaker

Los académicos han sugerido tradicionalmente que algunos rollos deben atribuirse a un solo escriba basándose en el tipo de escritura manual. Sin embargo, estas identificaciones son algo subjetivas y a menudo suscitan acalorados debates.

Para intentar resolver el enigma, Popović buscó la ayuda de su colega Lambert Schomaker, profesor de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la misma universidad. Schomaker ha trabajado durante mucho tiempo en técnicas que permitan a los ordenadores ser capaces de interpretar la escritura manual, a menudo procedente de materiales históricos. También ha llevado a cabo estudios para investigar cómo los rasgos biomecánicos, como la forma en que alguien sostiene un bolígrafo o un lápiz, pueden afectar a la escritura manual.

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Analizando una gran cantidad de datos

Popović y Schomaker han contado para el estudio con la ayuda del doctorando Maruf Dhali. Así, los investigadores se centraron en un manuscrito en particular: el llamado Gran rollo de Isaías (1QIsaa), descubierto en la cueva 1 de Qumrán. Se trata del manuscrito bíblico más largo (7,34 metros), se encuentra casi completo y se escribió alrededor del siglo II a.C. El resultado del análisis de este manuscrito sugiere algo muy interesante: "Hemos descubierto que no uno, sino dos escribas copiaron el Gran rollo de Isaías. Compartían un estilo de escritura muy similar, lo que dificulta al ojo humano distinguirlos a lo largo de un rollo tan grande", cuenta entusiasmado Popović.

Hemos descubierto que no uno, sino dos escribas copiaron el 'Gran rollo de Isaías'. Compartían un estilo de escritura muy similar, lo que dificulta al ojo humano distinguirlos a lo largo de un rollo tan grande, según Popović.

Por su parte, Schomaker explica que "este pergamino contiene la letra aleph, la 'a' hebrea, al menos cinco mil veces. Es imposible compararlas todas a simple vista". En este caso, los ordenadores han resultado ser unos aliados imprescindibles para analizar conjuntos de datos tan extensos. Las imágenes digitales han hecho posible todo tipo de cálculos informáticos en el micronivel de caracteres, como por ejemplo la medición de la curvatura (la denominada textura), así como el análisis de caracteres completos (denominados alográficos). "El ojo humano es asombroso y presumiblemente también tiene en cuenta estos niveles. Esto permite a los expertos 'ver' las manos de diferentes autores, pero esa decisión a menudo no es resultado de un proceso transparente. Además, es prácticamente imposible para cualquier experto procesar la gran cantidad de datos que proporcionan los manuscritos", según Popović. Por eso, sus resultados a menudo no son concluyentes.

Mapas en azul donde se aprecian las diferencias entre distintas letras aleph.

Mapas en azul donde se aprecian las diferencias entre distintas letras aleph.

Imagen: Mladen Popović, Maruf A. Dhali, Lambert Schomaker

Red neuronal artificial

La primera dificultad a la que tuvieron que hacer frente los investigadores a la hora de analizar los datos fue tener que "entrenar" a un algoritmo para que separase el texto (tinta) de su fondo (el cuero o el papiro). Para lograr esta separación, o "binarización", Dhali desarrolló una red neuronal artificial de última generación. Esta red neuronal mantiene intactos los rastros de tinta originales dejados por un escriba hace más de 2.000 años, tal como aparecen en las imágenes digitales. "Esto es importante porque los trazos de tinta antigua se relacionan directamente con el movimiento muscular de una persona y son específicos de cada individuo", explica Schomaker.

Dhali desarrolló una red neuronal artificial de última generación. Esta red neuronal mantiene intactos los rastros de tinta originales dejados por un escriba hace más de 2.000 años tal como aparecen en las imágenes digitales.

Tras realizar la primera prueba analítica, el análisis de Dhali sobre las características texturales y alográficas mostró que las 54 columnas de texto que contiene el Gran rollo de Isaías estaban divididas en dos grupos diferentes aproximadamente hacia la mitad. Con la observación de que podría haber más de un escriba, Dhali entregó los datos a Schomaker, quien volvió a calcular las similitudes entre las columnas, ahora empleando los patrones de los fragmentos de letras. Este segundo paso confirmó la presencia de dos manos diferentes, por lo que se llevaron a cabo varias comprobaciones adicionales. Según Schomaker, "cuando añadimos 'ruido' adicional a los datos, el resultado no cambió. También logramos demostrar que la escritura del segundo escriba muestra más variaciones que la del primero, aunque su patrón de escritura es muy similar".

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Comparación de letras

Posteriormente, Popović, Dhali y Schomaker realizaron un análisis visual. Crearon "mapas de calor" que incorporan todas las variantes de un caracter o letra en el pergamino. Luego produjeron una versión promediada de este caracter para las primeras 27 columnas y para las últimas 27 columnas de texto del Gran rollo de Isaías. La comparación visual de estas dos letras promedio muestra que son distintas. Ciertos aspectos del manuscrito y la posición del texto ya habían llevado antes a algunos estudiosos a sugerir que después de la columna 27, un nuevo escriba había tomado el relevo y había redactado las 27 columnas restantes, aunque esto no fue aceptado por todos los investigadores. "Ahora, podemos confirmarlo con un análisis cuantitativo de la escritura a mano, así como con análisis estadísticos sólidos. En lugar de basar el juicio en pruebas más o menos subjetivas, con la ayuda de un ordenador podemos demostrar que la separación es estadísticamente significativa", afirma Popović.

Imagen escaneada que recoge los análisis de las diferentes columnas del Gran rollo de Isaías.

Imagen escaneada que recoge los análisis de las diferentes columnas del Gran rollo de Isaías.

Imagen: Mladen Popović, Maruf A. Dhali, Lambert Schomaker

Ciertos aspectos del manuscrito y la posición del texto ya habían llevado a algunos estudiosos a sugerir que después de la columna 27, un nuevo escriba había tomado el relevo y había redactado las 27 columnas restantes.

Además de arrojar nueva luz sobre el estudio paleográfico de los rollos, y, potencialmente, de otros corpus de manuscritos antiguos, este estudio sobre el Gran rollo de Isaías sugiere una forma totalmente nueva de analizar los textos de Qumrán en función de las características físicas. Ahora, los investigadores pueden acceder al micronivel de cada escriba y observar con detalle cómo trabajaron en estos manuscritos. "Esto es muy emocionante, porque abre una ventana al mundo antiguo que puede revelar conexiones mucho más intrincadas entre los escribas que produjeron los rollos. En este estudio encontramos evidencia de un estilo de escritura muy similar compartido por los dos escribas del Gran rollo de Isaías, lo que sugiere una formación u origen común. Nuestro siguiente paso es investigar otros manuscritos, en los que podemos encontrar diferentes orígenes o formación para los escribas", explica Popović. De esta manera será posible aprender más sobre las comunidades que produjeron los Manuscritos del mar Muerto. "Ahora podemos identificar a diferentes escribas. Nunca sabremos sus nombres, pero después de setenta años de estudio sentimos como si finalmente pudiéramos estrecharles la mano a través de su letra", concluye el investigador.

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