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El misterio de los dos asiáticos chinos enterrados en el Londinium romano

El hallazgo de dos esqueletos de origen asiático en el Londinium romano ha reavivado la fascinación que desde siempre han despertado los posibles contactos entre China y Roma. Los arqueólogos aún no se explican cómo estas dos personas pudieron llegar a Britania y cuáles serian sus razones para realizar tan largo viaje y establecerse allí.

Actualizado a 12 de julio de 2021

Uno de los esqueletos asiáticos hallados en el cementerio de Lant Street, en Londres.
Uno de los esqueletos asiáticos hallados en el cementerio de Lant Street, en Londres. Foto: Museo de Londres

Podríamos decir, usando el lenguaje actual, que la antigüedad Roma era la capital del multiculturalismo y de la globalización. En las atestadas calles de una urbe en la que se hacinaban miles de habitantes se escuchaban lenguas de todos los rincones del Imperio y en sus puestos de comida callejeros podían degustarse todo tipo de guisos. La romana era una cultura que asimilaba sin ningún tipo de problemas las variopintas religiones procedentes de cualquier rincón del mundo, adoptaba a sus dioses sin ambages e incluso levantaba templos en su honor. A muchos ciudadanos romanos también les gustaba viajar, a veces a lugares que consideraban exóticos y lejanos. Hasta hace poco tiempo se creía que las fronteras del Imperio estaban más o menos consolidadas, pero eso pareció cambiar con un sorprendente hallazgo que tuvo lugar en Londres en 2016: veintidós esqueletos en un antiguo cementerio situado al sur de la ciudad, dos de los cuales, con casi total probabilidad, eran de origen asiático, muy posiblemente chinos. Ello, evidentemente, representa un nuevo desafío para la arqueología que se ha visto obligada a intentar responder a una inquietante pregunta: ¿Qué hacían dos chinos en el Londinium romano?

Reconstrucción del Londres romano hacia 120 d.C. Museo de Londres.
Foto: CC

Primeras evidencias

Roma y China fueron, sin lugar a dudas, dos de los imperios más importantes del mundo antiguo. Separados por miles de kilómetros y por otras culturas y civilizaciones, tradicionalmente se ha pensado que la relación entre ambas civilizaciones fue limitada o prácticamente nula. Pero lo cierto es que se conocían. Los romanos llamaban seres a los chinos por su lugar de procedencia, Serica, que era como los geógrafos grecorromanos se referían a China: el país de la seda (seres deriva de la palabra griega serikos que significa seda). Por su parte, los chinos, gobernados entonces por emperadores de la dinastía Han, se referían al Imperio romano como Gran Qin. Las relaciones que se establecieron entre ambos mundos fueron mucho más allá de la firma de simples tratados comerciales, y ello queda demostrado con el hallazgo de estos dos esqueletos en Londres.

Bronce de la dinastía Han
Foto: Cordon Press

Los romanos llamaban seres a los chinos por su lugar de procedencia, Serica, que era como los geógrafos grecorromanos se referían a China: el país de la seda.

En el año 2016, investigadores del Museo de Londres descubrieron veintidós cuerpos, dos de los cuales eran asiáticos, en un cementerio del Londinium romano datado entre los siglos II y IV de nuestra era (el cementerio de Lant Street). En palabras de la responsable de la investigación arqueológica, Rebeca Redfern, conservadora del museo, este hallazgo es "absolutamente fenomenal", aunque no es el único de este tipo que se ha llevado a cabo en Europa, ya que en el año 2010 se localizaron los restos de otras personas de origen asiático en la localidad italiana de Vagnari. "Estudiamos la morfología de los esqueletos. Hemos utilizado técnicas macromorfoscópicas [un tipo de análisis forense que permite determinar los ancestros analizando la forma de la cara y otros aspectos morfológicos] y los hemos comparado con poblaciones actuales. Nuestros resultados nos han mostrado que tienen ancestros asiáticos y que estas dos personas no pasaron su infancia en Inglaterra. Por los datos que estamos manejando estos individuos están más cerca de poblaciones japonesas o chinas que de cualquier otro lugar", ha asegurado la investigadora. El resultado de este estudio fue publicado en la revista Journal of Archaeological Science.

Análisis definitivos

Los investigadores analizaron los isótopos de oxígeno de los dientes y los isótopos de carbono y nitrógeno de los huesos de varios individuos exhumados en el cementerio. Los resultados desvelaron los hábitos alimenticios de aquellas personas, lo que constituyó una prueba más para poder afirmar que la mayoría de ellos provenían de lugares distintos a los de la capital de la Britania romana. Asimismo, gracias al análisis del esmalte dental, ha podido descubrirse que los dos individuos asiáticos enterrados allí no procedían de ningún territorio que formara parte del Imperio romano. Como afirma Redfern, los investigadores llegaron a esta conclusión "gracias al análisis químico de su esmalte dental, que contiene elementos de alimentación".

Esqueleto hallado en Lant Street, en exposición en el Museo de Londres.
Foto: Museo de Londres

Gracias al análisis del esmalte dental ha podido descubrirse que estas personas no procedían de ningún territorio que formara parte del Imperio romano.

Por otro lado, y utilizando la misma tecnología empleada por los forenses para establecer el origen de los restos óseos, se llevó a cabo un modelado estadístico de los cráneos y de los huesos que sugirió el origen asiático de estos individuos. Los investigadores reconocen, sin embargo, que el método empleado no es tan claro ni definitivo como una prueba de ADN, un tipo de análisis que en este caso hubiera resultado mucho más complicado porque los huesos descubiertos en Lant Street se hallaban muy fragmentados.

Utilizando la misma tecnología empleada por los forenses para establecer el origen de los restos óseos, se llevó a cabo un modelado estadístico de los cráneos y de los huesos.

Los arqueólogos aún no han encontrado una explicación convincente sobre el motivo que pudo llevar a estas dos personas de origen asiático hasta una ciudad como el Londinium romano: "Podrían ser guerreros, comerciantes, migrantes económicos o personas esclavizadas [...]. Britania en aquella época no era un lugar glamuroso o emocionante que todo el mundo estaba deseoso de visitar, por eso intentar saber por qué llegaron hasta aquí es bastante difícil", comenta Rebecca Redfern.

La Legión Perdida

Una de las evidencias más claras sobre las posibles relaciones entre China y el Imperio romano podemos encontrarla en un relato chino del año 166 donde se narra la llegada al país asiático de un embajador del emperador Marco Aurelio. Sin embargo, la historia de la mítica legión perdida (contada en una novela del mismo titulo del autor valenciano Santiago Posteguillo), a pesar de que en la década de 1950 fue defendida por por el sinólogo de la Universidad de Oxford Homer Dubs, nunca ha podido ser confirmada por la arqueología. El relato cuenta como una de las legiones que comandó el general Marco Licinio Craso (miembro del primer triunvirato de Roma junto con Julio César y Cneo Pompeyo Magno) contra los partos fue derrotada en la batalla de Carras en el año 53 a.C., y algunos de los supervivientes de la debacle acabaron misteriosamente en las estepas asiáticas.

Busto de Marco Licinio Craso. Museo del Louvre, París.
Foto: CC

Las evidencias más sólidas de las relaciones entre China y el Imperio romano podemos encontrarlas en un relato chino del año 166 donde se recoge la llegada al país asiático de un embajador del emperador Marco Aurelio.

Pero el enigma no solamente lo hallamos en la literatura. Hace unos años se realizó un estudio de ADN a la población de la ciudad china de Liqian, situada a las puertas del desierto del Gobi, uno de los más áridos del planeta. Los resultados fueron sorprendentes: la población de ese remoto lugar posee un cincuenta y seis por ciento de rasgos caucásicos. Surge entonces inevitablemente una pregunta que difícilmente podrá ser contestada: ¿Pueden ser estas personas los descendientes de aquella legión perdida? ¿Chinos y romanos realmente estuvieron más unidos de lo que nos hemos imaginado hasta ahora?

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