La revolución de la escultura

Donatello, el gran maestro escultor del Renacimiento

Cuando se habla del Renacimiento a menudo se obvia que hubo muchos Renacimientos, tantos como artes y disciplinas, con sus respectivos maestros y padres. En el caso de la escultura, este padre fue sin duda Donatello.

Donatello

Foto: Sailko (CC) https://bit.ly/36Nz3JE

Donato di Niccolò di Betto Bardi nació en 1386 en Florencia y, como el artista que sería, no habría podido pedir un lugar ni un momento más idóneo. La ciudad toscana estaba viviendo la llegada al poder de una nueva élite, formada por banqueros y comerciantes, cuyo mecenazgo la convertiría en pocas décadas en una meca de artistas. Era un auténtico punto de inflexión del que él mismo formaría parte como el padre de la escultura renacentista.

Jóvenes en busca de inspiración

Lo que se sabe de los primeros años de aquel muchacho es poco y proviene principalmente de la obra de Giorgio Vasari Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, incluyendo el apodo de Donatello: un diminutivo con el que algunos le llamaban por su carácter refinado y elegante. Provenía de una modesta familia de artesanos de la lana, pero la suerte le sonrió cuando los Martelli, una antigua y respetada familia de la aristocracia florentina, lo tomaron bajo su protección, se encargaron de su educación y uno de los hijos de la familia, Roberto Martelli, se convirtió más adelante en su mecenas.

En su juventud, Donatello y Filippo Brunelleschi viajaron juntos a Roma para estudiar sus monumentos y esculturas. Viéndoles hurgar entre las ruinas, los romanos creyeron que estaban buscando tesoros sepultados.

A los quince años se le menciona como aprendiz en un taller de orfebrería de Pistoia, junto con otro ayudante diez años mayor que él con el que iba a compartir muchas cosas: Filippo Brunelleschi, que pasaría a la historia por la construcción de la monumental cúpula de la catedral de Florencia. Entre ambos nació una amistad fomentada sobre todo por su pasión común por el arte antiguo, que les llevó a emprender un viaje de dos años a Roma para estudiar sus monumentos y esculturas; los romanos los apodaron “la pareja del tesoro” porque, viéndoles hurgar entre las ruinas de los antiguos edificios, creían que estaban buscando tesoros sepultados.

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El artista del mármol

En 1404, al terminar su aventura romana, Donatello volvió a su Florencia natal y entró en el taller de Lorenzo Ghiberti, un orfebre poco mayor que él que estaba empezando su carrera como maestro con importantes encargos para el conjunto de la catedral de Santa Maria del Fiore y la iglesia de Orsanmichele. A Donatello, que por aquel entonces ya había desarrollado una preferencia por la escultura y el relieve, le encargó la elaboración de diversas estatuas principalmente para los nichos de las fachadas.

Entre 1411 y 1417 trabajó en dos esculturas para la iglesia de Orsanmichele -las de San Marcos y San Jorge- en las que desarrolló el que sería conocido como estilo renacentista: las figuras recordaban mucho más a las antiguas estatuas romanas que a las de la Edad Media a la que todavía pertenecía; y causaron tanta impresión que inmediatamente le encargaron más para decorar los nichos del campanario de la catedral. En todas ellas trabajó con mármol, que sería el material que más utilizaría durante gran parte de su carrera.

San Marco Donatello original 3

La escultura de San Marcos (1411-1413) forma parte de un ciclo de catorce estatuas de santos patrones de los oficios, que el gremio de artesanos de la lana encargó para la iglesia florentina de Orsanmichele. Se considera la primera escultura plenamente renacentista de Donatello.

Foto: Museo de Orsanmichele https://bit.ly/3lRKgNA

En aquellos primeros trabajos se hace ya patente una característica del arte de Donatello: su deseo de experimentar constantemente, en vez de repetir una y otra vez los mismos patrones aunque estos hubieran dado buenos resultados. A él se le considera el padre de la escultura renacentista: después de experimentar una fusión entre el arte romano y el gótico, descartó este último en favor del primero. Inspirándose en las que había visto y copiado en Roma, creó figuras ricas en detalles que evocaban el viejo estilo de las esculturas romanas y que captaron inmediatamente la atención de su maestro y sus clientes.

Una característica del arte de Donatello es su deseo de experimentar constantemente, en vez de repetir una y otra vez los mismos patrones aunque estos hubieran dado buenos resultados.

En 1425 la fama de Donatello ya era tal que le permitió abrir su propio taller junto con el escultor y arquitecto Michelozzo, con quien colaboró durante casi quince años. Esa relación fue muy fructífera tanto en el aspecto profesional como en el personal: Michelozzo prefería dedicarse a las obras arquitectónicas que a las estatuas y le encargaron varios trabajos en el baptisterio de Florencia, en la catedral de Prato y en varias iglesias de Roma, que Donatello decoró con sus relieves. Aunque sea principalmente conocido como escultor, su aporte en esta disciplina es muy importante: inventó la técnica del stiacciato, consistente en variaciones milimétricas en el espesor de los relieves, que crean efectos de sombras y dan profundidad al grabado.

El festín de Herodes, Donatello

"El festín de Herodes" (ca. 1435). Donatello inventó la técnica del stiacciato, consistente en variaciones milimétricas en el espesor de los relieves, que crean efectos de sombras y dan profundidad al grabado.

Imagen: Musée des Beaux-Arts de Lille

Un artista despistado

La colaboración con Michelozzo también le fue muy bien por lo que respecta a la gestión del taller, una tarea por la que Donatello siempre manifestó un gran desinterés: se olvidaba de pagar el alquiler -por lo cual le cayeron diversas multas-, de visitar a sus clientes y de llevar las cuentas de los gastos. Vasari escribe que su preocupación por los asuntos financieros era casi nulo y que se decía incluso que en su taller colgaba una cesta con monedas para que los ayudantes las tomaran libremente cuando les hicieran falta, sin preocuparse de si realmente las utilizaban para asuntos profesionales o personales.

Giorgio Vasari escribe que Donatello sentía muy poco interés por los aspectos prácticos de la gestión de un taller: se olvidaba de pagar el alquiler, de visitar a sus clientes y de llevar las cuentas de los gastos.

Para su suerte, en esa época Cosimo el Viejo se convirtió en el cabeza de la familia Medici. Era uno de los banqueros más importantes de Florencia y dedicó buena parte de su fortuna al mecenazgo para ganar influencia política. Había conocido a Donatello años atrás y lo apreciaba como artista y como amigo, por lo que no solo le encargó muchas obras sino que, en su lecho de muerte, incluso le quiso regalar una de sus villas de campo, el castillo de Cafaggiolo. Cuando Piero, el hijo y heredero de Cosimo, le comunicó la última voluntad de su padre, el escultor rechazó la oferta diciendo que no habría sabido qué hacer en una casa tan grande; divertido por la respuesta, Piero le concedió en cambio una pensión semanal que le permitió vivir con más tranquilidad los últimos años de su vida.

Fue Cosimo de Medici quien le encargó una de sus esculturas más conocidas, el David. Concebido inicialmente para decorar el patio del Palacio Medici-Riccardi, causó bastante polémica en su momento porque representaba al héroe bíblico completamente desnudo y hubo quien tachó la obra de indecente e incluso blasfema por representar de forma erótica un tema religioso. También fue su primera obra en bronce como maestro, aunque en su juventud había trabajado con este material.

David de Donatello

El David (ca. 1440) es seguramente la obra más conocida de Donatello. Su elegante desnudez fue el modelo para los escultores del Renacimiento, incluyendo a Miguel Ángel, quien haría su propia versión del héroe bíblico.

Foto: Museo Nacional del Bargello https://bit.ly/2VMAMZf

Experimentando hasta el final

Y fue precisamente esta obra la que lo alejaría de Florencia y de sus patrones durante una buena temporada, ya que el bronce era un material bastante caro y para las obras públicas se prefería el mármol. En 1443 Donatello partió hacia Padua, que había caído en la órbita de la rica República de Venecia; el encargo inicial era para realizar el monumento fúnebre del condottiero Gattamelatta, pero finalmente se quedó en la ciudad véneta durante toda una década. Allí pudo dedicarse, como deseaba, a la escultura en bronce, pero su obra más famosa fue precisamente la primera: el Monumento ecuestre a Gattamelatta, para el que se inspiró en la estatua ecuestre de Marco Aurelio en Roma y que se convirtió a su vez en modelo para todas las que se harían en Italia hasta la época de la unidad del país, demostrando de nuevo el papel fundamental de Donatello como maestro de la escultura.

Monumento ecuestre a Gattamelatta

El Monumento ecuestre a Gattamelatta (1446-1453) ocupó a Donatello durante gran parte de su década en Padua. Se convirtió en un modelo para las estatuas ecuestres hasta el siglo XX: el personaje es representado con el bastón de comando en la mano y la mirada fija en un punto lejano, montando el caballo con una de las piernas alzadas en el acto de caminar.

Foto: CC

A principios de 1454, con casi setenta años y tal vez sintiendo la nostalgia de su ciudad natal, volvió a Florencia y abrió un nuevo taller en la plaza de la catedral. Aunque sus trabajos en bronce carecían de la refinada solemnidad de sus esculturas de mármol y no iban en sintonía con las modas artísticas del momento, no le faltó nunca trabajo hasta su muerte. A esa época pertenece otra de sus obras más famosas en bronce, Judit y Holofernes.

Donatello fue enterrado en la basílica de San Lorenzo justo debajo del altar, una posición de honor que ni siquiera Cosimo de Medici ocupaba.

Los últimos años de vida no fueron generosos con el maestro de la escultura, demasiado viejo y enfermo para acabar sus últimos trabajos, unos púlpitos para la basílica de San Lorenzo que terminaron sus discípulos. Murió el 13 de febrero de 1466, a los ochenta años de edad, y se le concedió un honor inusitado: fue enterrado en la basílica de San Lorenzo justo debajo del altar, una posición de honor que ni siquiera Cosimo -muerto dos años antes y enterrado a su lado- ocupaba. En consonancia con su despreocupación por los asuntos financieros, dejó 34 florines pendientes de pagar por el alquiler de su taller.

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