Tesoros y reliquias

El diamante Koh-i-Noor y otras joyas “malditas”

Las historias de tesoros y reliquias malditas son indudablemente atractivas: a lo largo de la historia, varias joyas se han ganado esta fama.

Joyas malditas  Koh i Noor (Franz Xaver Winterhalter, Royal Collection)

Joyas malditas Koh i Noor (Franz Xaver Winterhalter, Royal Collection)

Retrato de la reina Victoria con el diamante Koh-i-Noor engarzado un broche.

Franz Xaver Winterhalter, Royal Collection
Vídeo: Las tres coronas británicas más importantes

Vídeo: Las tres coronas británicas más importantes

Las historias de tesoros y reliquias malditas son indudablemente atractivas: a lo largo de la historia, varias joyas se han ganado esta fama, que a menudo es bastante infundada y fruto de la exageración. He aquí la historia de cinco famosas joyas supuestamente malditas.

El diamante Koh-i-Noor

Joyas malditas  Koh i Noor (PA, Cordon Press)

Joyas malditas Koh i Noor (PA, Cordon Press)

PA / Cordon Press

Con 105,6 quilates, es uno de los diamantes tallados más grandes del mundo y la pieza central de la corona de la reina madre Isabel, madre de la difunta Isabel II y abuela del actual monarca Carlos III; así como de las anteriores Coronas Imperiales del Reino Unido. Lo peculiar de su supuesta maldición es que solo afecta a los hombres.

El Koh-i-Noor formaba parte del Trono del Pavo Real, un trono incrustado de joyas en el que se sentaban los emperadores mogoles de la India. El trono fue tomado como botín de guerra por Nader Shah, emperador de Persia, que en 1740 invadió el Imperio Mogol; el shah se quedó con el diamante y le dio su nombre, que en persa significa “montaña de luz”. La joya pasó de mano en mano entre diversos reyes asiáticos hasta llegar a manos de una dinastía real del Punjab, en la India.

Joyas malditas  Koh i Noor (The Crystal Palace, and its contents)

Joyas malditas Koh i Noor (The Crystal Palace, and its contents)

El Koh-i-Noor en el catálogo de una exposición en el Crystal Palace de Londres.

The Crystal Palace, and its contents

Es en esa época cuando se origina su supuesta maldición, ya que desde los tiempos de Nader Shah todos los hombres que lo llevaron perdieron el trono (algunos de ellos incluso fueron asesinados), incluyendo al último de ellos, el maharajá Gulab Singh, soberano del principado de Jammu y Cachemira. Una leyenda dice que solo un dios o una mujer pueden llevarlo impunemente, y tal vez por ello, cuando cayó en manos británicas se convirtió en un ornamento exclusivo de las reinas, fueran gobernantes o consortes.

Cuando la Compañía Británica de las Indias Orientales se anexionó el Punjab en 1849, el brazalete en el que estaba incrustado Koh-i-Noor fue cedido a la reina Victoria como parte del tratado de dominio británico. Pero su aspecto tosco no gustaba al príncipe Alberto, marido de la reina, que ordenó que lo tallasen de nuevo y lo incrustaran en un broche. A pesar de eso, Victoria manifestó en más de una ocasión su incomodidad por llevar aquella joya tras saber por uno de sus asistentes indios que era un botín de guerra.

Tras la muerte de Victoria, el Koh-i-Noor fue incrustado en la Corona Imperial británica fabricada en 1902 para la reina Alejandra, consorte de Eduardo VII; y de esta pasó a otras dos coronas sucesivas: la de la reina María en 1911 y la de la reina madre Isabel en 1937. La actual reina consorte Camila también llevará esta corona, pero sin el Koh-i-Noor: la decisión se debe a que el diamante es un símbolo del pasado imperial del Reino Unido y con seguridad suscitaría polémicas.

El diamante Hope

Joyas malditas  Diamante Hope (Museo Smithsonian)

Joyas malditas Diamante Hope (Museo Smithsonian)

Museo Smithsonian

Este diamante de 46 quilates y color azul profundo, expuesto en el Museo Smithsonian de Washington, tiene el dudoso honor de ser considerado “la joya más maldita del mundo”, incluso más que el Koh-i-Noor: varios de sus propietarios a lo largo de la historia han coleccionado, supuestamente, una larga lista de desdichas, desde la bancarrota hasta la muerte; algo irónico, ya que su nombre significa “esperanza”.

El diamante, que originalmente era mucho más grande, procede de la India: según la leyenda, era el ojo de la estatua de una diosa india y fue robado por un sacerdote, que fue capturado y torturado hasta la muerte. La joya fue adquirida o robada por un mercader francés llamado Jean-Baptiste Tavernier, que la llevó a Francia en 1666. Por aquel entonces el diamante tenía entre 110 y 115 quilates, pero el mercader lo talló de nuevo y lo vendió al rey Luis XIV a cambio de dinero y un título de nobleza.

Joyas malditas  Diamante Hope (François Farges)

Joyas malditas Diamante Hope (François Farges)

Ilustración del diamante Hope como parte de un broche de los reyes franceses.

François Farges

El diamante formó parte de las joyas de la corona francesa y pasó a ser conocido como el Diamante Azul por su color intenso, que procede de las impurezas de boro que contiene. Desapareció durante la Revolución Francesa y reapareció en Londres en 1812. Allí fue comprado por el coleccionista y banquero Henry Philip Hope, del cual recibió su nuevo nombre, y de él pasó de mano en mano entre diversos coleccionistas y gente rica atraída por el hecho de poseer un diamante de los reyes franceses.

Su fama de joya maldita procede sobre todo de una de sus propietarias, la rica heredera estadounidense Evelyn Walsh McLean, que pareció haber sufrido una maldición después de adquirir el diamante en 1911: su hijo murió en un accidente de coche; su hija, por una sobredosis de pastillas para dormir; su esposo huyó con su amante y su fortuna; el periódico de su familia quebró, y ella misma se convirtió en alcohólica y murió al cabo de poco. Sus joyas fueron vendidas para pagar sus deudas de su patrimonio y el diamante Hope pasó por otros propietarios, hasta que el Museo Smithsonian lo compró en 1958.

Joyas malditas  Evelyn Walsh (Library of Congress)

Joyas malditas Evelyn Walsh (Library of Congress)

Evelyn Walsh McLean

Library of Congress

Hay que decir que la prensa jugó un papel importante a la hora de publicitar la supuesta maldición del diamante, ya que cuando McLean lo había comprado los periódicos hablaron bastante de la mala suerte que había traído a sus propietarios anteriores y especialmente a la reina María Antonieta, que murió en la guillotina, como si este destino fuera atribuible a una joya concreta entre las muchas que poseía y no al polvorín que era Francia en aquellos tiempos.

El Rubí del Príncipe Negro

Joyas malditas  Rubí del Príncipe Negro (The Crown Jewels of England)

Joyas malditas Rubí del Príncipe Negro (The Crown Jewels of England)

The Crown Jewels of England

El nombre de por sí ya parece el título de una novela de aventuras, y el periplo de esta joya lo confirma. Pero en su historia no es joya todo lo que reluce, empezando por su nombre, ya que no se trata de un rubí: es una espinela roja, una gema muy apreciada en la Edad Media por su parecido con el rubí, aunque de menos valor.

La espinela, de 170 quilates, es la pieza más grande y vistosa que adorna la parte frontal de la Corona Imperial de los monarcas del Reino Unido, así como una de las joyas más antiguas de esta. Ha estado en poder de la monarquía británica desde el siglo XIV.

 

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Brazaletes de oro y lapislázuli decorados con el ojo udyat. Proceden de Tanis. Dinastía XXII. Museo Egipcio, El Cairo.

Las joyas de los egipcios: más que un adorno

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Según la leyenda, la joya fue arrebatada del cadáver del sultán de Granada por el rey de Castilla Pedro el Cruel. Poco después, uno de los hermanos de Pedro le quiso disputar el trono y el rey contrató como guardaespaldas a Eduardo de Woodstock, primogénito del rey inglés Eduardo III, ofreciéndole la espinela como pago por sus servicios: este hombre pasaría a la historia como “el príncipe negro”, por su mala reputación y porque su armadura y escudo eran de este color; de ahí el nombre de la joya.

Terminado su trabajo, Woodstock regresó a Inglaterra y años más tarde murió de una misteriosa enfermedad que supuestamente contrajo al recibir la joya; pero nada especialmente raro para alguien que se dedicaba a la guerra. La joya fue transmitida en herencia por los reyes de Inglaterra, varios de los cuales murieron o estuvieron a punto de morir en batalla: de nuevo, nada raro para un rey en la Edad Media.

Esta majestuosa joya sigue formando parte de la Corona Británica. La Reina Isabel II la ha lucido en multitud de ocasiones. Algunas de ellas quedan reflejadas en la edición especial Isabel II, un álbum que contiene fotografías exclusivas del archivo de National Geographic y todos los detalles de la vida pública y privada de la reina. Consíguelo gratis con la suscripción en formato papel + digital de la revista Historia National Geographic y descubre cómo la monarca con el reinado más largo del Reino Unido lucía esta y otras de sus joyas más icónicas en sus compromisos oficiales.

 

El Ojo de Brahma o Diamante Negro de Orlov

Joyas malditas  Orlov Negro (Museo de Historia Natural de Londres)

Joyas malditas Orlov Negro (Museo de Historia Natural de Londres)

Museo de Historia Natural de Londres

La leyenda de este diamante negro guarda bastante parecido con la del Hope: supuestamente era el ojo de una estatua del dios hindú Brahma y fue robado por un clérigo jesuita, lo cual hizo caer una maldición sobre la joya. Aun así, los expertos ponen en duda esta leyenda ya que en la India no se han encontrado grandes yacimientos de diamantes negros, que adquieren este color a causa de impurezas de grafito y solo se encuentran en cantidades significativas en África central y Brasil.

Sea como fuere, el diamante fue adquirido por un comerciante de diamantes estadounidense llamado J.W. Paris, que se suicidó en 1932 tirándose desde un rascacielos: su muerte, más que a una maldición, es perfectamente atribuible a los problemas económicos por los que pasaba en la época de la Gran Depresión. En la década de 1940 el diamante pasó a manos de dos princesas, Leonila Galitsine-Bariatinsky y Nadia Vygin-Orlov, de la cual procede el segundo nombre de la joya. Ambas repitieron el patrón de Paris y se suicidaron tirándose desde un edificio.

Posteriormente, el diamante fue comprado por Charles F. Winson, quien ordenó a un joyero cortarlo en tres piezas distintas para “romper” la maldición y lo engarzó en un broche formado por 108 diamantes, junto con un collar de 124 diamantes. La pieza fue comprada por el comerciante Dennis Petimezas en 2004 y ha sido exhibida en los museos de Historia Natural de Londres y de Nueva York.

El Diamante Blanco de Orlov

Joyas malditas  Orlov Blanco (Elkan Wijnberg, Armería del Kremlin)

Joyas malditas Orlov Blanco (Elkan Wijnberg, Armería del Kremlin)

Elkan Wijnberg / Armería del Kremlin

Las joyas “malditas” parecen tener una predilección por la familia Orlov: junto con el Diamante Negro había otro, el Diamante Blanco, cuya mala suerte supuestamente también les perseguía. Y, cosa nada sorprendente, su leyenda también afirma que servía como ojo de la estatua de una diosa hindú: a estas alturas, ha quedado claro que quitar ojos a las estatuas de divinidades es una mala idea.

El Diamante Blanco de Orlov es una joya de 180 quilates que la zarina Catalina la Grande recibió como regalo de uno de sus amantes, el conde Grigori Grigorievich Orlov, como símbolo de su devoción por ella. Orlov fue el cabecilla del golpe de Estado que en 1762 derrocó al esposo de Catalina, Pedro III, y la colocó a ella en el trono. La nueva emperatriz hizo engarzar el diamante en un cetro encargado expresamente para la joya, en el cual permanece y que actualmente se encuentra en exposición en la Armería del Kremlin, en Moscú.

Sin embargó, el conde cayó en desgracia y la emperatriz lo apartó de su lado. Más que a una maldición, ello puede atribuirse a las repetidas infidelidades de Orlov y a la animadversión que sentían por él otros consejeros de Catalina. En cualquier caso, tras un periodo de exilio el conde volvió a Moscú en 1782, pero murió al año siguiente. La leyenda dice que la maldición del Diamante Blanco hizo que se volviera loco, pero una explicación más razonable es el hecho de que padecía demencia.