Fundación Palarq

Los detalles de los primeros pobladores del valle central de Chile

Un equipo internacional de arqueólogos está llevando a cabo un nuevo proyecto de investigación para estudiar cómo vivieron las primeras comunidades humanas del Cono Sur.

Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno.

Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno.

Recreación de las actividades humanas que tuvieron lugar en el lago Tagua Tagua, en Chile, durante el Pleistoceno. Ilustración: Mauricio Álvarez

El antiguo lago Tagua Tagua, ubicado en el valle central de Chile, posee un registro fósil de vertebrados único en el planeta que ha permitido a los investigadores reconstruir con absoluto detalle los antiguos ecosistemas que allí se desarrollaron durante el fin de la glaciación, durante el Pleistoceno final. Este lago también ha sido testigo privilegiado de los cambios ambientales acaecidos durante los últimos 50.000 años, que han podido ser develados gracias al estudio de los sedimentos que albergaba en su fondo. Pero, además, el Tagua Tagua posee evidencias de varios asentamientos de los primeros grupos humanos que habitaron el área, gentes que convivieron con animales hoy extintos, hace unos 13.000 años.

Un antiguo lago desecado

El lago, ubicado en un arco de la llamada cordillera de la Costa, fue desecado artificialmente en 1833. Cuando aún existía, ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en la época de lluvias. Las excavaciones que se llevaron a cabo durante las labores de vaciamiento de su cuenca dejaron al descubierto un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional. De hecho salieron a la luz diversos sitios arqueológicos, como Taguatagua 1 (TT1), de 12.600 años de antigüedad, y Taguatagua 2 (TT2), de 11.700 años, que fueron excavados por los arqueólogos chilenos Julio Montané y Lautaro Núñez, respectivamente. En ellos se han recuperado restos de megafauna hoy extinta y de industria lítica asociada. En ambos sitios se han hallado pruebas de la caza de gonfoterios, unos parientes lejanos de los elefantes modernos.

Vista panorámica del antiguo lago de Tagua Tagua, hoy ocupado por terrenos dedicados a actividades agrícolas.

Foto: IPHES

El lago Tagua Tagua ocupaba una superficie de 31 kilómetros cuadrados en época de lluvias. Las excavaciones que se realizaron durante las labores de vaciamiento de su cuenca exhumaron un patrimonio arqueológico y paleontológico excepcional.

Debido a su relevancia arqueológica, treinta años después de las últimas investigaciones que se realizaron en el antiguo lago, un nuevo proyecto financiado por la fundación Palarq, en el que participan Erwin González de la Universidad de O'Higgins, Carlos Tornero del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), Matías Frugone-Álvarez y Rafael Labarca, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, busca estudiar la relación que tuvieron los primeros habitantes del Pleistoceno del centro de Chile con la flora y los animales extintos que poblaron la región, así como conocer el impacto de los abruptos cambios climáticos que allí se sucedieron durante el período de transición del Pleistoceno al Holoceno.

Riqueza en asentamientos humanos

Entre 2019 y 2020, los arqueólogos exploraron un nuevo sector cercano a los sitios arqueológicos TT1 y TT2, llegando a documentar un tercer sitio, al que pusieron por nombre Taguatagua 3 (TT3), de similar cronología a TT1. Este hallazgo confirma la enorme relevancia arqueológica y científica del lago Tagua Tagua, que ha permitido a los investigadores sostener que el lugar fue ocupado de forma recurrente por grupos de cazadores-recolectores, que explotaron de manera integral los recursos que el lago ofrecía. El estudio de los fósiles recuperados demostró, además, una gran diversidad taxónomica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad, como roedores, marsupiales, anfibios, aves, reptiles... de los que se han contabilizado hasta ahora 28 especies diferentes.

Recreación de la fauna que pobló las riveras del lago Tagua Tagua durante el Pleistoceno.

Ilustración: Mauricio Álvarez

El estudio de los fósiles recuperados en los yacimientos del Tagua Tagua demostró, además, una gran diversidad taxónomica, incluyendo no solo animales hoy extintos, sino también algunos que aún viven en la actualidad.

Particularmente TT2 es uno de los pocos casos en América del Sur donde precisamente se ha podido documentar la caza de gonfoterios, debido al hallazgo de dos puntas de proyectil tipo "cola de pescado" elaboradas con cristal de roca. Estos proyectiles se asocian con un fragmento de anteastil de dardo compuesto manufacturado en una defensa de mastodonte joven. Todos estos elementos se encontraron asociados espacialmente a los restos óseos de gonfoterios desarticulados y apilados. También se recuperó instrumental lítico compatible con actividades de procesamiento de grandes carcasas (láminas retocadas, cuchillos, raederas, raspadores...). Por su parte, las excavaciones iniciales desarrolladas en TT3 han permitido asimismo documentar dos piezas líticas (un raspador y un cuchillo) situadas en una posición estratigráfica muy similar a las documentadas en las ocupaciones de TT1 y TT2. Cerca de estos elementos se registró un fogón, asociado a gonfoterios y a fauna menor. Todos estos resultados aportan nuevos datos a la hipótesis de que el antiguo lago Tagua Tagua funcionó como un polo de atracción para grupos humanos y animales durante la transición del Pleistoceno al Holoceno.

Evidencia arqueológica de un fogón asociado estratigráficamente a una vértebra de un mastodonte.

Foto: IPHES

Visión de futuro

El equipo del proyecto tiene previsto continuar con los trabajos ya iniciados en TT3 y seguir con la búsqueda de nuevos sitios arqueológicos en la cuenca del antiguo lago y sus inmediaciones. En su condición de refugio, se espera descubrir allí una gran densidad de asentamientos arqueológicos tempranos. Además, el principal objetivo de este proyecto arqueológico será facilitar la comprensión de cómo las diferentes especies, tanto las extintas como las que aún viven, respondieron a estos cambios en su entorno físico y biológico (un aspecto aplicable a la biología de la conservación y a la ecología de la restauración). Paralelamente, se llevarán a cabo muestreos de restos orgánicos e inorgánicos para desarrollar nuevas reconstrucciones paleoambientales. Los investigadores están convencidos de que el análisis de estos datos aportará información detallada sobre las respuestas de los ecosistemas que surgieron en torno al antiguo lago a los cambios ambientales, una información muy útil para construir un modelo de estudio respecto al futuro de los ecosistemas actuales frente a la amenaza del cambio climático global.

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