Juego de la pelota y una posible pirámide

Descubren el que podría ser el primer centro ceremonial olmeca en Puebla

En el estado mexicano de Puebla se ha descubierto un centro ceremonial olmeca, con evidencias de una posible pirámide, que podría ser el primer asentamiento de esta cultura en la zona.

Centro ceremonial olmeca en Puebla 1

Centro ceremonial olmeca en Puebla 1

Carmen Flores

Las fuertes lluvias en el municipio de Juan N. Méndez, en el estado mexicano de Puebla, han llevado al hallazgo de un centro ceremonial olmeca, con cuatro espacios rectangulares que probablemente fueron utilizados para el juego de pelota y evidencias de una posible pirámide. El descubrimiento es especialmente importante porque, según los investigadores, podría tratarse del asentamiento olmeca más antiguo en esta región.

Las estructuras, recién descubiertas, no han sido aún excavadas ni investigadas en profundidad. Por ahora se han identificado cuatro espacios rectangulares, probablemente destinados al juego de la pelota, uno de los rituales más conocidos que practicaron varias culturas mesoamericanas; una serie de piedras adyacentes que podrían haber sido las gradas para los espectadores, ya que fueron talladas; montículos de tierra y piedra llamados tételes que podrían ser espacios rituales; y unos dos metros cuadrados de una estructura que podría ser una pirámide.

Artículo recomendado

 Imagen del bajorrelieve recuperado por las autoridades estadounidenses que representa al "monstruo de la tierra" con sus fauces abiertas.

México recupera "la pieza olmeca más buscada"

Leer artículo

Un asentamiento olmeca temprano

El sitio se ubica en una ladera orientada al Teperueda, un cerro redondo donde, según la tradición, se asentaron los primeros pobladores olmecas de esta zona y desde el cual podían vigilar las tierras circundantes. Podría tratarse del primer centro ceremonial e incluso del asentamiento más antiguo conocido de esta cultura en Puebla, algo especialmente importante para la compresión de la historia olmeca, que se remontaría al segundo milenio antes de Cristo.

El sitio está ubicado en un terreno cultivable, lo que ha provocado que la maleza invada los restos y que algunos restos hayan sido desplazados como consecuencia de la actividad agrícola. Aún se conservan parte de las murallas que protegían el cerro, derrumbadas en algunos tramos; así como tres cuevas donde los expertos suponen que se resguardaba la población civil en caso de ataque, y en las que posiblemente también se ocultaban objetos ceremoniales y de valor.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene registrado este lugar como zona arqueológica, pero no ha sido explorado a fondo. Por ahora, se encuentra bajo supervisión de los guardamontes del municipio.